Anónimo Anónimo posted on noviembre 07, 2011 05:00


Viví una conversación entre un venido a la tierra procedente de cualquier lugar de la Galaxia y un terrícola hispano. El primero, el extraño, pertenece a una de esas civilizaciones que califican, sin que yo sepa muy bien por qué, de superéticas, y digo esto porque no sabía que la ética admite graduaciones como las novas, por ejemplo. Yo pensaba que era algo así como un embarazo, en el que no caben cosas a medias. Pero, en fin, dejando eso ahora, el hombre extraño, el del cosmos, no conocía casi nada de nuestro querido planeta y en particular del trozo llamado España. Así que se informó con el segundo de nuestros personajes, un andrógino conceptual, ilustrado en Universidad, de edad en la que el 3 como dígito inicial se acababa de perder, pretendidamente cultivado, practicante de meditación trascendental los sábados y domingos con un grupo de amigos de la urbanización, consumidor de inciensos variados, pero de los importados que son caros y por eso lucen mas, atento -según decía- a los asuntos de su país y muy molesto, por no usar la expresión indignado (no le gusta porque la considera poco elegante) con los políticos, la clase política, el Sistema y otras expresiones verbales al uso.
El encuentro es casual, como todo lo que sucede en el cosmos, claro. Y debido a esa casualidad, el extraño le pregunta al culto como van las cosas por su país, esto es, por España. Y el culto le responde, claro, pues que muy mal, que esto es un desastre, que no tenemos horizonte, que la clase política se ha distanciado de los ciudadanos, que nos consideran súbditos…
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