La Humanidad ha crecido a lo largo de su historia sobre mentiras. Desde la antigua Grecia, pasando por la era Romana hasta llegar al Renacimiento, en el surgir de la era industrial, y hoy, en el siglo XXI, seguimos con las mentiras. Nos hemos mentido todos, unos a otros, en todas las etapas, todas las edades, y en todas las capas sociales. De todas las maneras posibles, y en todos los lugares imaginables. Es la Humanidad la que se ha mentido a sí misma. La mentira ha ido desarrollándose hasta llegar al oscurantismo, ocultismo en el sentido estricto de su definición. Porque ocultar o negar algo a la sociedad, es mentir. No decir la verdad de las cosas, es mentir. Y no dar a la sociedad los medios de mejora necesarios para un desarrollo sostenible en tantos ámbitos como estudios científicos existen, es mentir a unos ciudadanos, que somos considerados un escalón por debajo de los que mienten. Aunque en nuestro escalón también existen las mentiras.
Hace mas de cinco décadas, se estudia sobre las energías limpias, libres y baratas, en algunos casos incluso sin coste alguno, además de ecológicas. Sin embargo, desde determinados círculos de poder se han limitado estas investigaciones, con la manida excusa de que no están científicamente probadas. ¿Por qué no se invierte para que estos proyectos avancen y se prueben científicamente? Porque simplemente sería la perdida absoluta del control político, financiero y económico del mundo, para estos lobbies llenos de soberbia y poder.
Estamos a las puertas de que proyectos de creación de energía con agua, hidrógeno, viento, solar, oceánica, etc., puedan ver la luz y demostrar que hoy, la tecnología nos lleva a entender que las energías sucias como la del petróleo y la nuclear, están llamadas a desaparecer, en pos de otras varias, con usos completamente distintos, ocupen el lugar que le corresponden, tal es la situación de nuestro planeta. Y si en una cuestión ha de derivar esta catástrofe económica que envuelve al planeta y que, simulando la actuación de un virus infeccioso, se está extendiendo por el mundo, incluso a países de los llamados emergentes como Brasil y China, es a adoptar un modelo de vida diferente del que se nos ha creado contra la formación e información de los ciudadanos, es decir, sobre la mentira acumulada en siglos de existencia de la humanidad.
Es en estos tiempos de convulsión general, cuando se ha de cambiar un modelo de vida. Y no se trata de cambiar el sistema financiero, o político, o la constitución, o el modelo laboral que nos persigue como el mayor propagador del virus de la crisis. No. Se trata de cambiar el modelo de vida sobre el que se sustenta la humanidad. La agricultura y la ganadería, agruparon en poblaciones a individuos que después formaron ciudades. La revolución industrial, hizo que esas ciudades evolucionaran en macro-entes, con unas necesidades sociales, culturales, económicas y energéticas de un modo tan irracional, que se ha llegado a un punto en el que el modelo social, de vida, ha de ser modificado para evolucionar otra vez, a otro modelo que asuma lo necesario de unos valores socialmente aceptados como de todos, y para todos. Y desde ahí construir otros modus vivendi no basado en la economía productiva, y en el crecimiento continuo, sino en la calidad de la vida individual, apoyada desde la sostenibilidad de la vida en sociedad. Y no quiero decir que ha de desaparecer o desmontar el sistema como lo conocemos, sino que el sistema ha de ser un vehículo del que nos sirvamos para alcanzar esta calidad de vida que hoy desconocemos. No ha de desaparecer el dinero, ni la política, ni el sistema financiero, ni ninguno otro de los avances sociales que se han logrados tras años de evolución (negativa a veces). Se trata simplemente de que, toda vez que se han eliminado las consecuencias político-económicas y financieras originadas por el valor del dinero-energía, se desmorona per-se el “tinglado” financiero que obliga al sistema político a tomar iniciativas ajenas a las mejoras individuales. Todo ello hará renacer a una “criatura”, que podrá ser educada en el sentido opuesto del recurso energético, para dar cobertura al recurso sostenible, en el que naciones ahora llamadas del tercer mundo, dejarán de serlo, para constituir todas ellas, y todos nosotros un planeta global, en el que abundará el comercio entre culturas diferentes, intercambiando conocimientos para generar entonces un planeta sostenible.
El recurso energético gratis, accesible y universal, cambiaría el sistema de vida humano basado en la economía, por otro basado en el conocimiento.