Estoy leyendo “Mas allá del tiempo” de Krishnamurti y David Bohm. Ayer encontraba este fragmento de una de sus conversaciones y lo encontré significativo especialmente para los momentos convulsos que estamos viviendo, Por eso he pensado en compartirlo con vosotros.
K: Entonces, volviendo al tema, ¿por qué el hombre ha hecho esto?
DB: ¿Hecho qué?
K: Acumular conocimientos. Aparte de la necesidad de poseer conocimientos actuales en ciertas áreas, ¿por qué esta carga del conocimiento ha continuado por tanto tiempo?
DB: Porque en cierto sentido, el hombre ha estado tratando de producir una base sólida mediante el conocimiento. El conocimiento ha tratado de crear una base. Ésa es una de las cosas que han ocurrido.
K: ¿Y qué significa eso?
DB: Significa de nuevo, ilusión.
K: Lo cual quiere decir que los santos, los filósofos, me han educado -en el conocimiento y por medio del conocimiento- para encontrar “la base”.
I: Para crear una base. En cierto modo, solían ser así todos estos períodos en que la humanidad estaba presa en la superstición. Y el conocimiento fue capaz de terminar con eso.
K: Oh, no.
I: Lo hizo hasta cierto punto.
K: El conocimiento sólo me ha incapacitado para ver la verdad. Me atengo a eso. No me ha liberado de mis ilusiones. El conocimiento mismo puede ser ilusorio.
I: Eso puede ser, pero ha aclarado algunas ilusiones.
K: Quiero aclarar todas las ilusiones que conservo, no algunas. Me he liberado de mi ilusión con respecto al nacionalismo, de mi ilusión con respecto a la creencia, con respecto a esto, a aquello. Al final, me doy cuenta de que mi mente es ilusión. Vea, para mí, que he vivido un millar de años, es algo inmenso descubrir que todo esto es
absolutamente inútil.
DB: Cuando usted dice que ha vivido por un millar de años, o un millón de años, ¿significa eso, en cierto sentido, que toda la experiencia de la humanidad es...?
K: ...soy yo...
DB: ...es usted. ¿Siente eso?
K: Así lo siento.
DB: ¿Y cómo lo siente usted?
K: ¿Cómo sentimos cualquier cosa? Espere un momento, se lo diré. No es simpatía, ni empatía, no es algo que he deseado, es un hecho, un hecho absoluto, irrevocable.
DB: ¿Podríamos compartir ese sentimiento, tal vez? Ése parece ser uno de los pasos que están faltando, porque usted ha repetido muy frecuentemente eso como una parte importante de la cosa total.
K: Lo cual quiere decir que cuando usted ama a alguien, no hay “yo”: eso es amor. Del mismo modo, cuando digo que soy la humanidad, es así; no es una idea, no es una conclusión, forma parte de mí.
DB: Digamos que es un sentimiento de que uno ha pasado por todo eso, por todo lo que usted describe.
K: Los seres humanos han pasado por todo eso.
DB: Si otros han pasado por ello, entonces también yo he pasado por ello.
K: Desde luego. Uno no se da cuenta de eso.
DB: No, nosotros separamos las cosas.
K: Si admitimos que nuestros cerebros no son “mi cerebro particular”, sino el cerebro que ha evolucionado por milenios...
DB: Déjeme decir por qué esto no se comunica tan fácilmente; todo el mundo siente que el contenido de su cerebro es, en cierto modo, individual, que él no ha pasado por todo esto. Digamos que alguien, hace miles de años, pasó por la ciencia o la filosofía. ¿Cómo, entonces, me afecta eso a mí? Esto es lo que no está claro
K: Porque estoy preso en esta egocéntrica, estrecha y pequeña celda que rehúsa mirar más allá. Pero usted, como científico, como hombre religioso, viene y me dice que su cerebro es el cerebro de la humanidad.
DB: Sí, y que todo conocimiento es el conocimiento de la humanidad. Por lo tanto, de algún modo todos poseemos ese conocimiento.
K: Por supuesto.
DB: Aunque no en detalle.
K: Entonces usted me dice eso, y yo comprendo lo que quiere decir, no verbalmente, ni intelectualmente; comprendo que es así. Pero llego a eso sólo cuando he abandonado cosas comunes como la nacionalidad, etc.
DB: Sí, hemos abandonado las divisiones y podemos ver que la experiencia pertenece a toda la humanidad.
K: ¡Eso es tan obvio! Uno va a la más primitiva aldea de la India, y el campesino le contará todo acerca de sus problemas, de su esposa, de sus hijos, de su pobreza. ¡Es exactamente lo mismo que en otras partes, sólo que él viste ropas diferentes, o lo que fuere! Para “X” éste es un hecho irrefutable; es así. Él dice: “Muy bien, al final de todo esto, de todos estos años, de pronto descubro que ello carece de sentido”. Pero nosotros no aceptamos eso, somos demasiado listos. ¡Estamos tan empapados de controversias y argumentaciones y conocimientos! No vemos un hecho simple, nos negamos a verlo. Y viene “X” y dice: “Véanlo, está ahí”. Entonces comienza la inmediata maquinaria del pensamiento, y el pensamiento dice: “Permanece en silencio”. ¡Entonces practico el silencio! He hecho eso por un millar de años, y no ha llevado a ninguna parte. Por lo tanto, sólo hay una cosa, y consiste en descubrir que todo cuanto he hecho es inútil, ¡cenizas! Usted ve que eso no lo desalienta a uno. Ésa es la belleza de ello. Pienso que es algo como el Ave Fénix.
DB: Surgiendo de las cenizas.
K: Nacida de las cenizas.
DB: En cierto modo ello implica libertad, estar libre de todo eso.
K: Ha nacido algo totalmente nuevo.