miércoles, 22 de junio de 2011 21:43
Precioso.
Una idea me ha sorprendido en mi diálogo interno. No la he cogido del todo... Pero estaba pensando... Est@s hij@s, no van a tener pensiones como las nuestras, asistencia como las nuestras, esto y lo otro como lo nuestro, y me venía un poco abajo. Pero la idea que surgía es que, tampoco van a tener la esclavitud y el apego colateral que este tipo de contratos suponen. Que igual puede suponer una liberación el que no tengan que someterse a semejantes contratos. Contratos que les imponemos cuando pensamos que es lo mejor para nosotros y por tanto, para ellos... Es como una extraña ventana de liberación que siento abierta. Para ellos. Es como abrir la ventana al pensamiento de que, igual lo difícil es dejarles ser libres, desatarles de nuestros contratos y nuestros negocios con este orden social que nos da pruebas de ineficacia.
Por ejemplo, en el tema de la salud... ¿No estamos ya cansos de comprobar que la medicina en muchos casos ya no cura, sino que solo trata, y que de eso se hace un negocio nefasto y costosísimo? ¿Y si las nuevas generaciones y los nuevos paradigmas consiguen librarse de esa dependencia que se revela insostenible en los parámetros económicos?
¿Cuantos de nuestros conflictos provienen de ese miedo secreto a la llegar a la carencia de lo que nos proporciona el contrato consumista en el que estamos hundidos hasta el cuello? Un contrato que implica consumir los recursos del futuro de los demás, y esquilmar lo no renovable. Eso también enferma, contagia, infecta y mata.
¿Y si los que vienen se ven abocados a librarse de ese miedo por verse entre la espada y la pared y tener que sacar lo mejor de si mismos, y vivir lo mejor de si mismos y de los demás?
Quizá eso nos pueda consolar de cierta frustración por no poder dejarles algo mejor.
No se trata de abandonarles, pero ¿qué tal por lo menos liberarles de nuestras inercias y las cargas que hemos asumido?
Abrazos luminosos
Chus