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Angel Luis Alonso Andujar posted on mayo 13, 2011 05:00 

Me encontraba en mi lugar de trabajo, reorganizando el archivo definitivo de la documentación de la empresa. Las carpetas de clientes clasificadas en orden abecedario, las fiscales por años, el inmovilizado por fechas, etc.; cuando un compañero de trabajo me comenta que ha habido un terremoto en Lorca. Eran las seis de la tarde. El terremoto había sido de algo más de 4 grados en la escala Richter. Mi hijo menor vive en Lorca. Inmediatamente cogí el teléfono y tras varios intentos consigo hablar con él. Me tranquiliza oírle. Está bien y suficientemente sereno. Me cuenta como vivió el primer terremoto. Estaba en casa, descansando la comida en el sofá del salón. El movimiento lo desplazó al suelo, un jarrón se hizo añicos ante su cara. El susto fue tremendo. Ya en la seguridad de que sería el único terremoto, se dispuso a revisar desperfectos, limpiar los rotos, y bajar a la calle para dar un paseo y relajarse. Vive en un sexto piso. Tras cerrar la puerta de la casa y la preceptiva llamada al ascensor, pulsa la tecla que le llevaría al portal del edificio, cuando el mecanismo falla y el habitáculo comienza a caer en caída libre. Gritos, miedo, ahogo. Se para. Los frenos de emergencia lo dejan parado entre el tercer y cuarto piso. Hasta ese momento todo lo ocurrido no pasa del susto y la preocupación comienza. Las alertas funcionan y acuden los vecinos que, tras las puertas de hierro procuran tranquilizar a mi hijo. Le dicen que ya han llamado a protección civil. Que se serene. Transcurren veinte interminables minutos, en los que llama a su madre. Le cuenta la situación y se mantienen al teléfono. Hablando, de forma tranquila pero con mucho temor a que los frenos del ascensor fallen definitivamente. Una caída terrible. Mi esposa no puede llamarme, tiene el teléfono ocupado con mi hijo. Mi hijo está consolado al teléfono con su madre. Yo aún no me había enterado. Me cuenta que en esos momentos pensó en llamarme para poder “despedirse”. Dios!!! Sólo tiene 19 años. Tengo el corazón roto. No puedo hablar y le digo que continúe relatándome. Tras media hora de espera, llegan los efectivos de Protección Civil. Abren la puerta exterior del ascensor y consiguen llegar hasta mi hijo. Consiguen sacarlo por una abertura inferior a medio metro. A salvo. En un primer vistazo, está completamente bien. Sin daños. Los de Protección Civil, ya cumplida su misión, se van con el agradecimiento de mi hijo, de los vecinos, y ahora y muy profundamente el mío.
Con este episodio en el cuerpo, mi hijo prosigue en su primera intención de salir a la calle a tranquilizarse, aún más tras lo ocurrido. Eran ya sobre las seis de la tarde. Mucha gente en las calles de Lorca. Obviamente preocupadas ante lo ocurrido con el seísmo. Mi hijo toma un refresco y vuelve a casa, por las escaleras, claro.
Ya en casa, recibe mi llamada en la que me cuenta lo relatado.
Sigo en mi trabajo, buscando información en Internet y en la radio sobre lo ocurrido. Soy consciente de que vivimos en una zona de alta densidad sísmica. También lo soy que tan sólo una vez en la historia, se ha vivido un terremoto de intensidad suficiente como para causar daños irreparables. De hecho, vivimos tres o cuatro movimientos todos los años, de intensidades hasta 3.5, sin mayores consecuencias. Por ello mi preocupación, al margen de lo ocurrido en el ascensor, es moderada y no pasa por realizar actuaciones extremas. Además, el edificio donde vive mi hijo cumple la normativa murciana sobre la construcción preventiva contra seísmos, por lo que su seguridad no era el motivo de preocupación ya.
A la media hora de colgar el teléfono con mi hijo, vuelvo a llamar para interesarme por él, ver si ya está mas tranquilo y si necesitaba que yo fuera a recogerlo. En ese momento de la conversación al teléfono me grita “- Papá otro, otro, es mas fuerte, el espejo se ha caído, se caen los muebles, papá ven a por mí, corre, esto se viene abajo, papa corre…” Intento serenarme para ver con frialdad la situación. Le digo “- Sal de ahí inmediatamente. Coge tu documentación y sal. Vete a la calle por las escaleras. Mira antes de salir del portal. Corre hacia los aparcamientos del centro comercial, y quédate allí. Salgo para allá ahora mismo. Espérame allí. Tranquilo”.
De un salto, me levanté y corrí hacia mi coche, avisé a mi esposa, llené el depósito del gas-oil y, espero no me detectara ningún radar. 160, 180, 210 kilómetros por hora. Mi esposa en continuo contacto con mi hijo a través del teléfono. Cuenta mi hijo, llorando que hay muertos. Al menos uno, muy cerca de donde están, en el aparcamiento del centro comercial. “-Es un escenario de guerra”, mamá, le dice. “¿qué os queda para llegar?”. Mi esposa blanca por el miedo a la velocidad, me da la espalda y cierra los ojos para no ver ni intuir la velocidad a la que vamos. 35 minutos mas tarde, dejamos la autovía, para entrar en Lorca. Pasamos una rotonda, la segunda y el tráfico en dos carriles, permite que por el centro vayan pasando vehículos de la policía, bomberos, ambulancias. El contacto permanente con nuestro hijo, nos da la tranquilidad de que está bien y a salvo. Por la radio oímos la confirmación de siete muertos y decenas de heridos. Edificios colapsados. La UME (Unidad Militar de Emergencia) se dirige hacia Lorca. La gravedad es extrema. En este momento nos encontramos a unos dos kilómetros del lugar donde nos espera nuestro hijo. Le llamo para que me confirme si, desde donde está, puede salir a nuestro encuentro sin pasar por ningún sitio donde existan edificios. Me confirma que sí. Por la acera de la alameda, junto al cauce de la rambla, no hay edificios. Y quedamos que, ante la imposibilidad de avanzar por el tráfico, sale a nuestro encuentro.
Quince minutos más tarde le vemos. Vemos a nuestro hijo. Sano y a salvo. Le grito que suba inmediatamente al coche y de manera violenta, doy un giro de 180 grados, para salir de Lorca a la mayor brevedad posible, ya que desde los medios alertaban de que sobre las 8 de la tarde se esperaban réplicas y no podían confirmar su intensidad. El tráfico para salir de Lorca, está más fluido. Lo consigo en apenas cinco minutos, y entro de vuelta en la autovía que nos llevaría de regreso a casa. Me alejo del desastre, compungido ante la envergadura de lo ocurrido, y satisfecho de poder tener a mi hijo conmigo. Paro a unos 40 kilómetros. Caigo en la cuenta que aún no había abrazado a mi hijo y necesitaba apretarlo mucho contra mí. Sentirlo. Bajamos del coche y nos fundimos en un abrazo que no se termina, que no quiere terminarse. Y nos “venimos abajo” los dos. La tensión vivida, da paso a la relajación.
Mi solidaridad con todo el pueblo Lorquino. Con todas las fuerzas de servicio publico que han sido ejemplares. Con las familias de los fallecidos de manera muy sentida. Con los heridos en mi deseo de una pronta recuperación.
viernes, 13 de mayo de 2011 7:45
Me alegro que toda tu familia esté bien,y lo siento por todos los demas,los muertos y los heridos y toda la gente que se ha quedado sin nada.A ver si ahora hay dinero para"rescatarlos"que para los bancos bien que lo hay.Prometeran el oro y el moro, ya veremos hasta donde llegan......Animos lorquianos!!!
viernes, 13 de mayo de 2011 8:26
Lo primero que pensé antes de leer. ¿Qué tendrá que ver la foto de Esther con el artículo? Y vaya que si tiene... Nos alegramos de que estéis todos juntos y con salud, AL. Pero cuidao con el pedal, que si te pilla una réplica conduciendo a hipervelocidad... Abrazote máximo Chus
viernes, 13 de mayo de 2011 9:47
Gracias German. Estoy contigo, a ver si de verdad cumplen. Si te digo que sigo la evolucion de la situacion con interes. Y desde el primer momento todos, todos, han actuado con mucha eficiencia, desde la propia ciudadanía, pasando por los servicios públicos de seguridad, bomberos, sanitarios, políticos locales, militares, y ahora desde el gobierno. Espero éste último cumpla, pues de todos los demás ya no tenemos dudas. Chus gracias por tu recomendación. Normalmente cumplo escrupulosamente los límites de velocidad. El día once, el espacio-tiempo era sólo tiempo. El que me faltaba por llegar. No piensas mas que en eso, cuanto queda por llegar.
viernes, 13 de mayo de 2011 11:56
Ostras Ángel, no sabía que eras de Murcia. Me alegro mucho de que toda tu familia esté sana y salva. Puedo imaginar la tensión vivida. Mis ánimos a todas las personas que han sufrido el seísmo de un modo u otro. Yo también espero que el gobierno haga bien su trabajo y se preocupe se sus ciudadanos.
viernes, 13 de mayo de 2011 12:42
Gracias Carolina. No somos de Murcia. Somos de Almería y vivimos en la zona norte, en la comarca del Almanzora o Comarca del Mármol. Es mi hijo el que está en Lorca estudiando.
viernes, 13 de mayo de 2011 13:03
Menuda angustia estar tu en un sitio y saber que tu hijo está en el otro en pleno seísmo. Menos mal que en vuestro caso lo sucedido ha acabado bien.
viernes, 13 de mayo de 2011 16:28
Me alegra mucho que todo saliera bien Ángel Luis, una hermana, sobrinos y cuñado viven en Lorca (están bien), ella vivió el segundo terremoto adelantando a un camión por la autovía camino de Lorca, no daban crédito a los movimiento del coche, desde donde estaban pudieron ver unas enormes torres de polvo que se levantaron a lo lejos en la ciudad a continuación del terremoto; está siendo muy duro para l@s lorquin@s, y más para quienes no pueden volver a sus casas. No sé que pensar, quiero creer que las teorías sobre la provocación a voluntad de los terremotos son falsas pero empieza a mosquearme seriamente el 11, septiembre, marzo, febrero, mayo... Ánimo, luz, serenidad y esperanza para el pueblo de Lorca. Un abrazo
viernes, 13 de mayo de 2011 16:51
Transmite un gran abrazo a tu hermana y familia, Carmen. También tuvieron suerte al estar donde estaban y al no pasar mas que los movimientos. Conspiranoyas aparte, si que es raro lo de los 11´s.

viernes, 13 de mayo de 2011 18:02
Buenas tardes. Mi hijo tenia solo 8 meses, extrañamente se despertó a las 6:30 de la madrugada, le lleve a nuestra cama para que se tranquilizara, fue imposible estaba intranquilo . Mi marido se levanto para ducharse y marcharse a trabajar. Empezó el terror..... abrace a mi pequeño, me marche a la cocina y cerré la lleve de paso del gas del piso, acto seguido al cuadro de luz para bajar el switch. Me dirigí al dormitorio, desde la ventana observaba los edificios de 10, 20 y mas pisos de altura. Unos se balanceaban pero aguantaron otros se desplomaron. Vivíamos en el piso 14. No puedes bajar por las escaleras o el ascensor por ser puntos débiles. ¿ Débil? en un terremoto todos lo que hagas es peligroso, quedarte dentro de tu casa, salir, situarte bajo una mesa, al lado de la cama, bajo el quicio de una puerta, al lado de una pared de retención,junto a un pilar........ Aun hoy en día cuando leo o veo una noticia de algún temblor o terremoto siento nuevamente. Impotencia ante la imposibilidad por salvaguardar a los seres queridos. Ineficaz cualquier movimiento que se pretenda hacer. Pánico ante el ruido que genera la tierra en el momento del terremoto. Desesperación al sentir que el tiempo se ha paralizado, no transcurre. Dolor por el movimiento y caída de los edificios que se desploman ante tus ojos. Terror por los posteriores movimientos que se sabe volverán, superiores o inferiores pero volverán. Incredulidad, estupefacción, posteriores ante la visión del desastre. Unión y solidaridad de la población ante los damnificados. Enfado, cabreo, decepción, tristeza por el comportamiento de los gobiernos, pero más aun, por los sinvergüenzas que habelos haylos aun ante los desastres, que aprovechando las penurias de seres humanos encuentran fructíferos business. El 19 de Septiembre de 1985 viví el terremoto de México. Sentido abrazo a Lorca.
viernes, 13 de mayo de 2011 18:33
Naïf, visité México en 1990, cinco años después del terremoto en el D.F eran bastantes los restos de estructuras de edificios que aún no habían sido demolidas, el recuerdo del desastre me acompañó en los paseos por la ciudad. Vaya experiencia viviste. Un abrazo
viernes, 13 de mayo de 2011 18:47
Angel Luis, un abrazo grande, me alegro de que esteis bien. No se si es posible hacer algo desde la distancia, solo se me ocurre enviar un mensaje de solidaridad y desear que nadie se sienta solo.
viernes, 13 de mayo de 2011 18:53
Naïf, comparto contigo el recuerdo. Nada que ver la fuerza de uno y otro, la devastación y la pérdida de vidas. Creo que de momento, en Lorca las autoridades están siendo ejemplares, desde el primer momento. La solidaridad con la que actuan los lorquinos es asombrosa. Creo Naïf, que las sociedades estamos evolucionando en conciencia, y somos mas perceptivos al dolor ajeno. Reconforta saber que tu familia y tú, contais esa experiencia y me alegro por ello. Un fuerte abrazo de mi parte y mi familia, en especial de parte de mi hijo.
viernes, 13 de mayo de 2011 18:56
Pere, gracias. Recibe otro abrazo de agradecimiento por tu preocupación. Tu solidaridad es importante. Como la de todos. En estos momentos, toda vez que lo básico está cubierto mediante la autoridades, lo mas reconfortante es sentirte arropado, querido y acompañado. Es importante. Gracias Pere.
viernes, 13 de mayo de 2011 20:04
Caramba, Angel Luís, me he quedado de piedra. Lo primero que pensé fué en tí i en Carmen, que estais cerca, pero que no os habría afectado. No se me ocurrió pensar que podíais tener familia en Lorca. Acabo de pasar delante del Ayuntamiento de Mataró, y he visto que las banderas están a media asta. La verdad es que todos sentimos mucho lo que ha pasado y los afectados tienen toda nuestra solidaridad. Y para tí y tu familia, un abrazo muy grande. Estoy muy contento de que todo haya acabado bien. En otra línea argumental, que tomen nota los que creen que aquí se pueden construir centrales nucleares porque no hay peligro de los terremotos.

viernes, 13 de mayo de 2011 21:34
Ángel Luis me ha emocionado mucho la forma en cómo has contado tu experiencia. Pone en evidencia que detrás de cada catástrofe, ya sea natural o provocada, detrás de cada noticia en la que cuentan el número de muertos, heridos, casas destruidas… se encuentran las historias humanas, las singulares historias que viven cada uno de los protagonistas. Las emociones y sentimientos que se desatan. Al leerte, la idea del terremoto iba desapareciendo y en su lugar veía el amor de unos padres por su hijo y más concretamente el de un padre, ya que el que relataba la experiencia en este caso eras tú. Comprobar esos intensos lazos de amor, el mayor regalo que poseemos, conmueve profundamente. Escuchas la voz de tu hijo diciendo: “Papá ven a por mí, corre” y el mundo desaparece, solo existe una autovía sin límite de velocidad que te conduce a Lorca en 35 minutos. Y papá llegó allí a tiempo, porque papá siempre está cuando su hijo le necesita. No importa si tiene 3, 19 o 30 años. Dale un fuerte abrazo de mi parte a tu mujer a la que tengo el placer de conocer personalmente y a tu hijo. Gracias Naif por relatarnos tu experiencia del terremoto de México.
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