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A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.

Nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, cuyas dimensiones y posibles consecuencias son desconocidas por la mayoría de nosotros. Como ciudadanos, percibimos falta de transparencia por parte de las clases políticas e intuimos que seremos principalmente la sociedad civil, los que sufriremos más duramente sus consecuencias, como ha ocurrido siempre en el devenir de la historia.


Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
¡Algo absolutamente nuevo puede emerger!

El nuevo poder de la sociedad civil

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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
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El papel de los medios de comunicación en la política contemporánea nos obliga a preguntar por el tipo de mundo y de sociedad en los que queremos vivir, y qué modelo de democracia queremos para esta sociedad. Permítaseme empezar contraponiendo dos conceptos distintos de democracia. Uno es el que nos lleva a afirmar que en una sociedad democrática, por un lado, la gente tiene a su alcance los recursos para participar de manera significativa en la gestión de sus asuntos particulares, y, por otro, los medios de información son libres e imparciales. Si se busca la palabra democracia en el diccionario se encuentra una definición bastante parecida a lo que acabo de formular.

Una idea alternativa de democracia es la de que no debe permitirse que la gente se haga cargo de sus propios asuntos, a la vez que los medios de información deben estar fuerte y rígidamente controlados. Quizás esto suene como una concepción anticuada de democracia, pero es importante entender que, en todo caso, es la idea predominante. De hecho lo ha sido durante mucho tiempo, no sólo en la práctica sino incluso en el plano teórico. No olvidemos además que tenemos una larga historia, que se remonta a las revoluciones democráticas modernas de la Inglaterra del siglo XVII, que en su mayor parte expresa este punto de vista. En cualquier caso voy a ceñirme simplemente al período moderno y acerca de la forma en que se desarrolla la noción de democracia, y sobre el modo y el porqué el problema de los medios de comunicación y la desinformación se ubican en este contexto.

Primeros apuntes históricos de la propaganda

Empecemos con la primera operación moderna de propaganda llevada a cabo por un gobierno. Ocurrió bajo el mandato de Woodrow Wilson. Este fue elegido presidente en 1916 como líder de la plataforma electoral Paz sin victoria, cuando se cruzaba el ecuador de la Primera Guerra Mundial. La población era muy pacifista y no veía ninguna razón para involucrarse en una guerra europea; sin embargo, la administración Wilson había decidido que el país tomaría parte en el conflicto. Había por tanto que hacer algo para inducir en la sociedad la idea de la obligación de participar en la guerra. Y se creó una comisión de propaganda gubernamental, conocida con el nombre de Comisión Creel, que, en seis meses, logró convertir una población pacífica en otra histérica y belicista que quería ir a la guerra y destruir todo lo que oliera a alemán, despedazar a todos los alemanes, y salvar así al mundo. Se alcanzó un éxito extraordinario que conduciría a otro mayor todavía: precisamente en aquella época y después de la guerra se utilizaron las mismas técnicas para avivar lo que se conocía como Miedo rojo. Ello permitió la destrucción de sindicatos y la eliminación de problemas tan peligrosos como la libertad de prensa o de pensamiento político. El poder financiero y empresarial y los medios de comunicación fomentaron y prestaron un gran apoyo a esta operación, de la que, a su vez, obtuvieron todo tipo de provechos.

Entre los que participaron activa y entusiásticamente en la guerra de Wilson estaban los intelectuales progresistas, gente del círculo de John Dewey Estos se mostraban muy orgullosos, como se deduce al leer sus escritos de la época, por haber demostrado que lo que ellos llamaban los miembros más inteligentes de la comunidad, es decir, ellos mismos, eran capaces de convencer a una población reticente de que había que ir a una guerra mediante el sistema de aterrorizarla y suscitar en ella un fanatismo patriotero. Los medios utilizados fueron muy amplios. Por ejemplo, se fabricaron montones de atrocidades supuestamente cometidas por los alemanes, en las que se incluían niños belgas con los miembros arrancados y todo tipo de cosas horribles que todavía se pueden leer en los libros de historia, buena parte de lo cual fue inventado por el Ministerio británico de propaganda, cuyo auténtico propósito en aquel momento —tal como queda reflejado en sus deliberaciones secretas— era el de dirigir el pensamiento de la mayor parte del mundo. Pero la cuestión clave era la de controlar el pensamiento de los miembros más inteligentes de la sociedad americana, quienes, a su vez, diseminarían la propaganda que estaba siendo elaborada y llevarían al pacífico país a la histeria propia de los tiempos de guerra. Y funcionó muy bien, al tiempo que nos enseñaba algo importante: cuando la propaganda que dimana del estado recibe el apoyo de las clases de un nivel cultural elevado y no se permite ninguna desviación en su contenido, el efecto puede ser enorme. Fue una lección que ya había aprendido Hitler y muchos otros, y cuya influencia ha llegado a nuestros días.

La democracia del espectador

Otro grupo que quedó directamente marcado por estos éxitos fue el formado por teóricos liberales y figuras destacadas de los medios de comunicación, como Walter Lippmann, que era el decano de los periodistas americanos, un importante analista político —tanto de asuntos domésticos como internacionales— así como un extraordinario teórico de la democracia liberal. Si se echa un vistazo a sus ensayos, se observará que están subtitulados con algo así como Una teoría progresista sobre el pensamiento democrático liberal. Lippmann estuvo vinculado a estas comisiones de propaganda y admitió los logros alcanzados, al tiempo que sostenía que lo que él llamaba revolución en el arte de la democracia podía utilizarse para fabricar consenso, es decir, para producir en la población, mediante las nuevas técnicas de propaganda, la aceptación de algo inicialmente no deseado. También pensaba que ello era no solo una buena idea sino también necesaria, debido a que, tal como él mismo afirmó, los intereses comunes esquivan totalmente a la opinión pública y solo una clase especializada de hombres responsables lo bastante inteligentes puede comprenderlos y resolver los problemas que de ellos se derivan. Esta teoría sostiene que solo una élite reducida —la comunidad intelectual de que hablaban los seguidores de Dewey— puede entender cuáles son aquellos intereses comunes, qué es lo que nos conviene a todos, así como el hecho de que estas cosas escapan a la gente en general. En realidad, este enfoque se remonta a cientos de años atrás, es también un planteamiento típicamente leninista, de modo que existe una gran semejanza con la idea de que una vanguardia de intelectuales revolucionarios toma el poder mediante revoluciones populares que les proporcionan la fuerza necesaria para ello, para conducir después a las masas estúpidas a un futuro en el que estas son demasiado ineptas e incompetentes para imaginar y prever nada por sí mismas. Es así que la teoría democrática liberal y el marxismo-leninismo se encuentran muy cerca en sus supuestos ideológicos. En mi opinión, esta es una de las razones por las que los individuos, a lo largo del tiempo, han observado que era realmente fácil pasar de una posición a otra sin experimentar ninguna sensación específica de cambio. Solo es cuestión de ver dónde está el poder. Es posible que haya una revolución popular que nos lleve a todos a asumir el poder del Estado; o quizás no la haya, en cuyo caso simplemente apoyaremos a los que detentan el poder real: la comunidad de las finanzas. Pero estaremos haciendo lo mismo: conducir a las masas estúpidas hacia un mundo en el que van a ser incapaces de comprender nada por sí mismas.

Lippmann respaldó todo esto con una teoría bastante elaborada sobre la democracia progresiva, según la cual en una democracia con un funcionamiento adecuado hay distintas clases de ciudadanos. En primer lugar, los ciudadanos que asumen algún papel activo en cuestiones generales relativas al gobierno y la administración. Es la clase especializada, formada por personas que analizan, toman decisiones, ejecutan, controlan y dirigen los procesos que se dan en los sistemas ideológicos, económicos y políticos, y que constituyen, asimismo, un porcentaje pequeño de la población total. Por supuesto, todo aquel que ponga en circulación las ideas citadas es parte de este grupo selecto, en el cual se habla primordialmente acerca de qué hacer con aquellos otros, quienes, fuera del grupo pequeño y siendo la mayoría de la población, constituyen lo que Lippmann llamaba el rebaño desconcertado: hemos de protegemos de este rebaño desconcertado cuando brama y pisotea. Así pues, en una democracia se dan dos funciones: por un lado, la clase especializada, los hombres responsables, ejercen la función ejecutiva, lo que significa que piensan, entienden y planifican los intereses comunes; por otro, el rebaño desconcertado también con una función en la democracia, que, según Lippmann, consiste en ser espectadores en vez de miembros participantes de forma activa. Pero, dado que estamos hablando de una democracia, estos últimos llevan a término algo más que una función: de vez en cuando gozan del favor de liberarse de ciertas cargas en la persona de algún miembro de la clase especializada; en otras palabras, se les permite decir queremos que seas nuestro líder, o, mejor, queremos que tú seas nuestro líder, y todo ello porque estamos en una democracia y no en un estado totalitario. Pero una vez se han liberado de su carga y traspasado esta a algún miembro de la clase especializada, se espera de ellos que se apoltronen y se conviertan en espectadores de la acción, no en participantes. Esto es lo que ocurre en una democracia que funciona como Dios manda.

Y la verdad es que hay una lógica detrás de todo eso. Hay incluso un principio moral del todo convincente: la gente es simplemente demasiado estúpida para comprender las cosas. Si los individuos trataran de participar en la gestión de los asuntos que les afectan o interesan, lo único que harían sería solo provocar líos, por lo que resultaría impropio e inmoral permitir que lo hicieran. Hay que domesticar al rebaño desconcertado, y no dejarle que brame y pisotee y destruya las cosas, lo cual viene a encerrar la misma lógica que dice que sería incorrecto dejar que un niño de tres años cruzara solo la calle. No damos a los niños de tres años este tipo de libertad porque partimos de la base de que no saben cómo utilizarla. Por lo mismo, no se da ninguna facilidad para que los individuos del rebaño desconcertado participen en la acción; solo causarían problemas.

Por ello, necesitamos algo que sirva para domesticar al rebaño perplejo; algo que viene a ser la nueva revolución en el arte de la democracia: la fabricación del consenso. Los medios de comunicación, las escuelas y la cultura popular tienen que estar divididos. La clase política y los responsables de tomar decisiones tienen que brindar algún sentido tolerable de realidad, aunque también tengan que inculcar las opiniones adecuadas. Aquí la premisa no declarada de forma explícita —e incluso los hombres responsables tienen que darse cuenta de esto ellos solos— tiene que ver con la cuestión de cómo se llega a obtener la autoridad para tomar decisiones. Por supuesto, la forma de obtenerla es sirviendo a la gente que tiene el poder real, que no es otra que los dueños de la sociedad, es decir, un grupo bastante reducido. Si los miembros de la clase especializada pueden venir y decir Puedo ser útil a sus intereses, entonces pasan a formar parte del grupo ejecutivo. Y hay que quedarse callado y portarse bien, lo que significa que han de hacer lo posible para que penetren en ellos las creencias y doctrinas que servirán a los intereses de los dueños de la sociedad, de modo que, a menos que puedan ejercer con maestría esta autoformación, no formarán parte de la clase especializada. Así, tenemos un sistema educacional, de carácter privado, dirigido a los hombres responsables, a la clase especializada, que han de ser adoctrinados en profundidad acerca de los valores e intereses del poder real, y del nexo corporativo que este mantiene con el Estado y lo que ello representa. Si pueden conseguirlo, podrán pasar a formar parte de la clase especializada. Al resto del rebaño desconcertado básicamente habrá que distraerlo y hacer que dirija su atención a cualquier otra cosa. Que nadie se meta en líos. Habrá que asegurarse que permanecen todos en su función de espectadores de la acción, liberando su carga de vez en cuando en algún que otro líder de entre los que tienen a su disposición para elegir.

Muchos otros han desarrollado este punto de vista, que, de hecho, es bastante convencional. Por ejemplo, él destacado teólogo y crítico de política internacional Reinold Niebuhr, conocido a veces como el teólogo del sistema, gurú de George Kennan y de los intelectuales de Kennedy, afirmaba que la racionalidad es una técnica, una habilidad, al alcance de muy pocos: solo algunos la poseen, mientras que la mayoría de la gente se guía por las emociones y los impulsos. Aquellos que poseen la capacidad lógica tienen que crear ilusiones necesarias y simplificaciones acentuadas desde el punto de vista emocional, con objeto de que los bobalicones ingenuos vayan más o menos tirando. Este principio se ha convertido en un elemento sustancial de la ciencia política contemporánea. En la década de los años veinte y principios de la de los treinta, Harold Lasswell, fundador del moderno sector de las comunicaciones y uno de los analistas políticos americanos más destacados, explicaba que no deberíamos sucumbir a ciertos dogmatismos democráticos que dicen que los hombres son los mejores jueces de sus intereses particulares. Porque no lo son. Somos nosotros, decía, los mejores jueces de los intereses y asuntos públicos, por lo que, precisamente a partir de la moralidad más común, somos nosotros los que tenemos que asegurarnos de que ellos no van a gozar de la oportunidad de actuar basándose en sus juicios erróneos. En lo que hoy conocemos como estado totalitario, o estado militar, lo anterior resulta fácil. Es cuestión simplemente de blandir una porra sobre las cabezas de los individuos, y, si se apartan del camino trazado, golpearles sin piedad. Pero si la sociedad ha acabado siendo más libre y democrática, se pierde aquella capacidad, por lo que hay que dirigir la atención a las técnicas de propaganda. La lógica es clara y sencilla: la propaganda es a la democracia lo que la cachiporra al estado totalitario. Ello resulta acertado y conveniente dado que, de nuevo, los intereses públicos escapan a la capacidad de comprensión del rebaño desconcertado.

Publicado en: Hacia la madurez social
Email del autor: 26390eir@gmail.com

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German  Pinto
# German Pinto
martes, 14 de diciembre de 2010 7:55
Detalladísimo articulo,muy elaborado,pero la respuesta es simple:Manipulación,manipulación y manipulación.A qué intereses sirven los llamados medios de comunicación?Hay algún medio independiente,realmente independiente?Sirven a los ciudadanos ésos medios?En que manos estamos con unos medios que manipulan la realidad e informan de lo que sólo a una élite a la quew sirven le interesa?La paranoia es tal y la histeria se ha instalado en todos lados que ya no nos fiamos de casi nada.Hablas de norteamerica,esencia de la manipulación y dirigismo,pero lo mismo en Europa "cuna de la libertad"? ,otro mito que no se sostiene todo lo contrario.La extrema derecha instalada comodamente en todas las esferas de la sociedad,una mordaza puesta a las voces críticas que quedan y un nuevo totalitarismo ahora no de guerra sino llamado mercado.Oh!! nuevo Dios al que inmolar cada vez más inocentes.El Banco de Escocia rescatado con miles de millones de los ciudadanos y sus directivos cobrando bonus millonarios y así muchos más.Cómo vamos a creer en ésta gente.Y por seguir con America pais de ricos y para los ricos,aumento escandaloso de la desigualdad como nunca antes se habia visto.De éso no informan los medios ni los de aquí.Aquí ya tenemos la telebasura que no enseña nada bueno pero y lo que entretiene?A sí vamos.......
chus
# chus
martes, 14 de diciembre de 2010 8:35
Por muy cierto que sea el análisis de Chomsky, que lo es, también es cierto que hoy en día, y a pesar de la confusión y de la desilusión a la hora de dar crédito a las noticias que sirven los medios, existen herramientas y están en uso, para que la información y la cultura lleguen a quienes estén interesados. Y aunque el rebaño esté más o menos hipnotizado, y aunque la información contracultural sea en muchos casos conspiranoica o imposible de verificar más que por la fe (paradoja), aún así es posible recibir, procesar. compartir, y debatir en forma fructífera incluso entre la diversidad de pareceres. Esa página es un ejemplo.
Al fenómeno alienante de la propaganda manipuladora que describe Chomsky, añadiría le penetración en la sociedad de la prevalencia de los intereses individuales y crematísticos, calando hasta la misma actitud cotidiana, y en todas las formas de convivencia económica y en la transformación de sus regulaciones.
En cuanto a los medios, y admitiendo que cada cual sigue o se alinea con un cierto tipo de intereses, es mi opinión que todavía hay diferencias sustanciales en cuanto a planteamientos de respeto, de cultura y de dignidad, a la hora de informar. No me vale que se reduzcan y se rebajen las cosas a bandos, en los que, por el mero hecho de defender uno de ellos ya se tiene derecho a la razón y a la verdad. La misma prueba es el tipo de reacción en los bandos y en sus apoyos mediáticos: mientras que en uno se va hasta la muerte detrás de la bandera, sin importar los compañeros de viaje y sus indignidades, y se perdonan todos los crímenes contra la sociedad, en el otro sobrevive, aunque a duras penas, cierta vergüenza que lleva a la desafección.
Angel Luis Alonso
# Angel Luis Alonso
martes, 14 de diciembre de 2010 9:58
La propaganda condiciona la forma en la que se recibe el mensaje. Pero no se habla en el artículo de algo sumamente importante. Tanto como la relatividad de la propia propaganda que, dirigida a las masas, cada vez mas se detiene en el tiempo para ser observada, criticada o consensuada. Toda propaganda recibida, es asimilada por la masa, desde el posicionamiento de la misma, es decir, la propaganda que transmite un determinado partido político, no es igualmente recibida desde sus partidistas, como desde los contrarios. Dos masas de población opuestas en sus planteamientos políticos, que reaccionan de distinta manera. Y lo que es bueno para unos, será malo para otros. Por esto, desde hace algún tiempo, en muchos sectores de las distintas masas poblacionales, los planteamientos propagandísticos de algunos partidos, dejan de ser influyentes entre sus propios seguidores, pero no por esto pasan a ser masa del opuesto, sino que quedan en un "limbo" espacial, conformando masa crítica, con mayor especialización. En todo caso, esta situación es relativamente nueva, y tendente a crecer en número, lo que significa que a mayor masa de población crítica, menor poder de los elementos que lo ostentan. Es un movimiento, surgido a raiz del inicio de esta brutal crisis, y que removiendo conciencias, está creciendo en número, al margen de la propaganda. Una prueba es la cuestionabilidad de wikileaks.
Creo que se está subestimando el verdadero poder de la sociedad, de los ciudadanos. Y aunque por otra parte, éstos mismos ciudadanos aparecen como una masa adormecida por causa de los acontecimientos, a medida que la envergadura de los mismos alcance proporciones insostenibles, el despertar de la sociedad civil se hará patente, y determinará las acciones adecuadas por los poderes tanto económicos como políticos.
Angel Luis Alonso
# Angel Luis Alonso
martes, 14 de diciembre de 2010 11:19
Hussein Nasr dijo que la Democracia hoy, es una prostituta. No está mal comparada, dado que los mayores demócratas se encaman por dinero con cualquiera que esté dispuesto a pagarles. Luego, democráticamente lanzan propagandas de que se han encamado porque era lo mejor para el pueblo, y el pueblo es el garante de los derechos constitucionales. Y el pueblo se encama tambien con la Democracia cada cuatro años, pagando el precio de su libertad.
German  Pinto
# German Pinto
martes, 14 de diciembre de 2010 11:52
Noam Chomsky es uno de los poquísimos que se atreve a hablar de manera crítica en ésa sociedad de borregos qué es la sociedad norteamericana.Bush,Sarah Pallin,y muchos más han salido de sus entrañas,qué podemos esperar de semejantes personajes y de los medios totalmente entregados al poder allí y aquí.Es mentira que haya una democracia allí,hay más democracia en Cuba o Venezuela que en EEUU DONDE SI NO TIENES DINERO VAS LISTO!!.
Ramon
# Ramon
martes, 14 de diciembre de 2010 13:18
Humanismo es comprometerse con el desarrollo de todas las posibilidades humanas (personales y sociales, individuales y nacionales) que se abren en el momento histórico en el que nos ha tocado vivir.
… para transformar la realidad social hay que tener convicciones, que son las que te marcan el rumbo y dibujan las líneas que no hay que traspasar.

J.M.Lozano
manu
# manu
martes, 14 de diciembre de 2010 13:39
Felicidades por el texto que nos presentas Esther. Me ha parecido muy interesante. A ver como evoluciona el tema. Parece que algo se mueve en la sociedad. Aunque me parece difícil el poder articular un poder civil real, puede que surjan formulas para ello; al fin y al cabo, nada es imposible.
Lali
# Lali
martes, 14 de diciembre de 2010 15:45
Gracias Esther por este regalo chomskiano...además la traducción es muy buena...siempre tan certero y planteando buena temática: qué es autoridad, la madre del cordero...y a la vista de todos ya, como los wikileaks tantas fuentes de información de todos los espectros ....y muchos estamos al corriente de que nos manipulaban y engañaban, por eso para mí el poder lo tenemos cada uno de los individuos que una día reemprendimos el camino interior...l@s que lo habíamos olvidado....y como dice Manu, están naciendo nuevas fórmulas y nada es imposible...me quedo con eso
saludos
Jordi
# Jordi
martes, 14 de diciembre de 2010 16:14
Totalmente de acuerdo con la reflexión de Chomsky. Poco o nada más se puede decir.
Pere Feliu
# Pere Feliu
martes, 14 de diciembre de 2010 17:25
El artículo me parece fenómeno.
Las ideas que me parecen más relevantes son:
1- La idea predominante de democrácia es distinta de la que aprendimos en los libros de texto. Se trata de un sistema en el que la información debe estar bien controlada y la ciudadanía no debe tomar las riendas de su porvenir
2- La propaganda es el arma utilizada por las democracias que conocemos, para conseguir dirigir a la gente "rebaño desconcertado" hacia donde los gobernantes desean
3- El "rebaño desconcertado" en una democracia tiene la potestad de elegir a los líederes cada cierto tiempo, pero no debe involucrarse en la dirección de la sociedad
Creo que Chomsky hace un análisis muy acertado de la sociedad en la que vivimos, evitando juicios de valor. No se trata de una apología de la democracia, sino de entender lo que significa en una sociedad moderna como la nuestra.
No encuentro en el texto una crítica mordaz a la manipulación de los medios de comunicación, sino una exposición de la situación y un razonaminto que ayude a entender algo que a menudo parece no tener explicación. Según este planteamiento chomskyano, los medios de información no son realmente medios de información sino de propaganda. Están cuidadosamente diseñados así. Consecuentemente, la información se tiene que encontrar por otros medios, esto creo que es lo que expone alguno de los post. Existen modos de estar informado, pero van mucho más allá de los autoproclamados medios de información.
La pregunta que no se formula pero que trasciende de este artículo es : ¿Es posible otro tipo de democracia, aquella en la que la ciudadanía deja de ser una masa de borregos para participar en el gobierno? ¿Es deseable? y si es así, ¿se ha dado alguna vez en la historia?
saludos a todos
Maria Oliver
# Maria Oliver
martes, 14 de diciembre de 2010 22:29
Esther, gracias por este magnífico artículo, bien oportuno.
Necesitaré varias lecturas para decir algo, o no, que como decís, no hay nada que decir!
Gracias a tod@s por los comments que van centrando el asunto.

Y, más que la pregunta de Pere, es deseable una democracia (cómo podría ser deseable una democracia de borregos!) me pregunto si es realmente posible... y cuáles serían las condiciones, las premisas necesarias... Me temo que, la primera es desvincular a los supuestos medios de comunicación de su condición de propaganda- Qué "habil" ha sido el poder a la hora de darse cuenta del alcance y poder de la propaganda (Chomsky traza una historia excelente, con casi todos los nombres... hecho en falta la "escuela alemana" con Goebbels al frente...) y la seunda, en paralelo educar, enseñar, permitir que los borregos piensen... No es baladí que, desde hace unos años el otro frente de "caos", de desconcierto haya sido la educación (primaria, secundaria y superior)...
Hay que co-razonar, celebrar la información libre, o más o menos libre, creo, porque el pensamiento, la mente racional, la capacidad de razonar no deja de ser una función fisiológica más, no? Se trata de no dejar que sea alienada por el poder con su sobredosis de propaganda... uf, me pierdo. Es tarde y quiero releeros con detenimiento, que acá hay tela, telita
bona nit
Esther Ibáñez
# Esther Ibáñez
miércoles, 15 de diciembre de 2010 0:35
Gracias por vuestros comentarios.

Colgué este artículo porque Chomsky explica magistralmente la labor de la propaganda para mantener una pseudo-democracia o democracia-light. Ultimamente este hecho se presenta ante mí con una claridad cegadora.

Nos lo han puesto verdaderamente díficil "los chicos de arriba" con tanta información que es necesario escudriñar, separar el trigo de la paja, relacionar, para poder entender mínimamente como nos pueden afectar sus decisiones y que podemos hacer todos nosotros para evitarlo. Lo único positivo es que nos ayuda a desarrollar nuestra inteligencia y nuestra intuición, y al hacerlo de forma grupal podemos alcanzar el nuevo paradigma de pensamiento: el pensamiento en red.

Respondiendo a las preguntas de Pere:

- ¿Es posible otro tipo de democracia, aquella en la que la ciudadanía deja de ser una masa de borregos para participar en el gobierno?
Dicen que todo tiene arreglo en esta vida excepto la muerte. Así que mientras haya vida, habrá esperanza. Lo que no tengo claro es que nosotros lo vayamos a ver, pero a lo mejor gracias al trabajo de ahora, pueda llegar a ser posible para generaciones venideras. Primero tenemos que crecer como individuos, responsabilizarnos de los asuntos públicos y aprender a entendernos, respetarnos y colaborar para llegar a gestionar nuestros recursos de forma justa.

- ¿Es deseable? Para mí sí, desde luego.

- Y si es así, ¿se ha dado alguna vez en la historia? No, nunca.

Un abrazo a todos
M CARMEN
miércoles, 15 de diciembre de 2010 10:33
Hola Esther. Soy Mª Carmen, para que me entiendas Sra. de Barroso. Desde que me comentáste esta página este verano, la he venido siguiendo y me parece fantástica. Hay unas editoriales dignas de felicitación. Había enviado un par de comentarios pero no se si llegaron porque mii torpeza y falta de tiempo hace que no sepa manejar muy bien estas cosas de internet, pero últimamentre me he puesto a la labor y bueno, pues si te llega esto es que ya lo hago bien y puedo continuar. Ahora a por lo importatante: Felicidades por la página, felicidades a los que dedican su tiempo a dejarnos editoriales y a laso que con sus comentarios nos hacen llegar tambien muy buenas reflexiones. Por cieto lo del Belen que acabo de leere, buenisimo.
Lo que me ha extrañado es que no has publicado nada en cuanto al el problema que ha conmocionado el pais esrte puente, los controladores aereos. Yo poco tengo que aportar sobre este tema pero lo que tengo que admirar es que un puñado de personas, básicamente no necesarias para el dia a dia, pusieron patas arriba el pais, cosa que no se logró el dia de la huelga general. Y como sigan en su empeño, con o sin razón, van a hacer que salten chispas y lo que no se consiguió el 29 de Septiembre lo van a conseguir en enero del 2011.
Bueno asi dejo mi pequeña aportación. Os deseo a todos una Feliz Navidad.
Anónimo
# Usuario Anónimo
miércoles, 15 de diciembre de 2010 13:11
http://www.meneame.net/story/noam-chomsky-control-medios-comunicacion
Esther Ibáñez
# Esther Ibáñez
jueves, 16 de diciembre de 2010 12:24
Hola Mª Carmen. Me alegro mucho de que te hayas animado a escribir y de que te guste la página. Muchas gracias por las felicitaciones, dan animos para seguir trabajando.
Publicamos un artículo sobre el tema de los controladores hace pocos días: "Golpe de estado social"
No obstante, estamos buscando información porque el tema tiene mucha miga.
Sagrario Arana publicará algo en los próximos días.
Un abrazo
dazara
# Daniel Zaragoza
jueves, 16 de diciembre de 2010 14:18
Esther, me uno a las felicitaciones de mis compañeros. El artículo no tiene desperdicio, sobretodo porque aborda la cuestión desde sus antecedentes históricos y con ello nos muestra que no se trata de un fenómeno reciente, sino de una supra-ideología que se evidencia por poco que se preste atención.

Lo que sucede con las ideologías es que acaban fallando antes o después. Supongo que se debe a que todo evoluciona, hasta el ser humano más dormido, y las recetas que sirvieron en una época, dejan de tener efectos en otra.

Opino que la situación actual, gracias su globalidad, puede irseles de las manos. Creo que en occidente, el empobrecimiento social generalizado frente a la opulencia generalizada de de los últimos quince años, provocará reacciones desesperadas que haran inevitable una reflexión como sociedad. Lo que me procupa es que el miedo a no poder mantenerse dentro de un sistema no nos deje ver la posibilidad de prosperar en otro alternativo.

Creo que la violencia que se ha porducido en algunos paises europeos es una muestra de la reacción natural. Hasta cierto punto me parece sana y asertiva contemplada como fenómenos de masas, aunque particularmente no este de acuerdo con ella. Pienso que la injusticia social que ha puesto mas de evidencia la crisis es la flagrante impunidad del establishment. No es algo nuevo y otras generaciones ya la han constatado, pero faltaba que se evidenciase nuevamente en esta centuria.

El modelo democrático y social es una pantomima desde que beneficia a los pocos a costa del beneficio de los muchos, desde que limita la soberanía popular, desde que manipula la salud y prosperidad limitando las posibilidades no ya de vivir bien, sino ya incluso de sobrevivir.

Hay un paradigma que nos está llevando a la ruina social. El de la productividad. Si en la ecuación que ha de darnos el resultado, no despejamos la incógnita que contempla del futuro de los seres humanos como individuos, o de la sostenibilidad de medioambiental, no tenemos realmente futuro. Solo cabe esperar a que se den cuenta de ello.
Carles Nebgen
# Carles Nebgen
jueves, 16 de diciembre de 2010 20:10
Es un análisis muy bueno. Y como dice Pere, expone la situación sin entrar a valorar, lo cual es curioso. La verdad es que esto plantea muchos interrogantes, tal como señala Pere en su resumen y contesta Esther. Yo también creo que es deseable la implicación ciudadana en la política. Creo que todos los que estamos aquí lo creemos. Por eso estamos aquí. Y también creo que pocas veces y en pocos sitios se ha conseguido esta implicación.
Hace unos días me explicaron un comentario del filósofo catalán Josep María Terricabres, adscrito a ideas de izquierda. Planteaba hasta qué punto una persona que no va a votar el día de las elecciones porque prefiere irse a esquiar, debe de ser tenida en cuenta igual que otra persona que va a votar despues de analizar y escuchar todos los candidatos y todos los programas de los partidos.
En principio, tiene su punto de razón, pero esto nos aboca a lo que dice el artículo de una clase intelectual al estilo leninista o una élite, al estilo del fascismo y el nacional-socialismo. Si la democracia tradicional hace lo mismo de manera velada, solo hay que añadir que es una hipocresía, pues no complace el principio de igualdad. Pero el problema de base lo seguimos teniendo. ¿Qué hacemos con el personaje que prefiere irse a esquiar? ¿Lo dejamos por inutil?
Por mi parte, no soy muy partidario de echarle la culpa a la prensa por manipularnos. En realidad, esa información nos llega a todos, pero algunos la cuestionamos y otros prefieren creersela porque les da mandra pensar.
Maria Oliver
# Maria Oliver
jueves, 16 de diciembre de 2010 23:16
Insisto, qué pesada!
la clave es la educación, la didáctica... para eso, en eso, los blogs, como este, se han revelado como una eficaz herramienta... dejar de ir a esquiar depende sólo del que vaya a esquiar... Yo no puedo nada, no podemos nada, más allá de co-razonar, dar ejemplo de co-razonar y seducir (que no convencer)... El resto, sólo Dios sabe (o no!)
un abrazo

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Gonzalo Aliaga (1)
Henry Fuerniss (2)
Ignacio S. León (1)
Ignasi Alcalde (2)
Jaime Izquierdo (1)
Javier Monserrat (4)
Javier Arias (5)
Javier Cejudo (1)
Javier Segura (1)
Joan Martí (6)
Joaquim Braulio (3)
Jordi Pigem (6)
Jorge Arráez (2)
Jorge Ramos (8)
José María Hernández (29)
José Carlos García Fajardo (1)
Josep Crusellas (1)
Josep Puig (1)
Juan Carlos Ferrando (4)
Juan Trigo (34)
Julian Prieto (1)
Kico (5)
Koldo Aldai (29)
Lali Valls (6)
Mª Dolors Oller (3)
Manuel Ángel García (1)
M.Vilaseca (2)
Manuel Delgado Ruiz (1)
Miguel Á. Ortega (5)
María Rodríguez (2)
Mario Conde (1)
Marisol Ramoneda (1)
Rafael J. Rodriguez Sanchez (2)
Mesas de Covergencia ciudadana (1)
Miguel A. Delgado Gonzalo (3)
Miguel Angel Múgica (3)
Miguel Haag (2)
Nacho Rivera (25)
Oliver Style (1)
Pere Feliu (6)
Gabriel Fernandez (12)
Principia Marsupia (10)
Rafael Cobo (1)
Sagrario Alia (1)
Sagrario Arana (25)
Santiago Salcedo (2)
Santiago Villar (36)
Sebastian Corradini (1)
Sergio González (18)
Toni Pons (4)
Vicenç Fulcarà (2)
Jose Luis Montes (2)
Walter Trujillo (3)
Xavi Martín (59)
Yago Sobrevías (1)
    
Fechas