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A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.

Nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, cuyas dimensiones y posibles consecuencias son desconocidas por la mayoría de nosotros. Como ciudadanos, percibimos falta de transparencia por parte de las clases políticas e intuimos que seremos principalmente la sociedad civil, los que sufriremos más duramente sus consecuencias, como ha ocurrido siempre en el devenir de la historia.


Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
¡Algo absolutamente nuevo puede emerger!

El nuevo poder de la sociedad civil

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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
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Parece que nuestros tiempos se definen por la proliferación de innumerables terapias para atenuar o erradicar el sufrimiento que nos produce nuestra peculiar “forma de estar en el mundo”. Podemos dedicarnos a diseccionar nuestra “forma de estar en el mundo” para comprender cómo determina nuestra “forma de ser”. La mayoría de las ciencias humanas y sociales escudriñan los hechos para ofrecernos una determinada comprensión de nuestra idiosincrásica “forma de estar en el mundo”. Una asepsia científica honesta nos impediría ir más allá de la interpretación de los hechos, pero parece que nos empecinamos por comprenderlos.

Comprender implica atreverse a perfilar nuestra “forma de ser”. El auge de las terapias paliativas o redentoras se puede explicar desde la necesidad de atender a nuestra “forma de ser”. Así, la mayoría de las terapias trazan sus prácticas con el propósito de adentrarse en nuestra textura intima. Si fuéramos maliciosos podríamos pensar que al no ser capaces de cambiar nuestra “forma de estar en el mundo”, lo que hacemos es adecuar la “forma de ser” a la “altura de los tiempos”. Por otra parte, delinear las fronteras entre el “ser” y el “estar” no deja de ser un ejercicio intelectual, pues la mayoría de nosotros cuando atendemos a lo que sentimos se nos hace difícil distinguirlos.

Nuestros tiempos atribuyen una importancia significativa a comprar bienes y servicios, a obtener la satisfacción o felicidad a través de cosas que pueden comprarse. El hecho de que muchas veces se considere una buena terapia para recuperar el buen humor el ir de tiendas es revelador. No es una perogrullada comprender que el consumismo no existiría si no implicara auténticas satisfacciones, aunque parece ser que cuando se exagera transmuta nuestra “forma de ser”.

El problema del consumo es su pauta global. Se ha destacado que el 20% más rico de la población mundial es responsable del 86% del gasto privado total del consumo. Así, nos encontramos con una “brecha de desigualdad”, que define el paisaje de nuestros pueblos. Los grandes consumidores (el 20%) se resisten a cambiar su “forma de ser”, mientras que la mayoría de los desheredados aspiran a una determinada identidad a través de su consumo.

Schopenhauer afirmó “que la riqueza es como el agua del mar: cuanto más se bebe, más sed se tiene”. Aunque la base ética del capitalismo es la aceptación que los individuos posean riquezas y acumulen capital, parece ser que a la mayoría nos motiva más la anticipación cognitiva de un provecho futuro, que la posesión de un pasivo sustancioso. Aristóteles definió la riqueza como “todo lo que el dinero puede comprar”. Siguiendo al estagirita podemos entrever que el que no gasta está igual que el no tiene recursos para gastar: los dos son pobres. El triunfo apoteósico de la consumoterapia se asienta en que la verdadera medida de la riqueza no es lo que se tiene, sino lo que se gasta. 

La base ética del capitalismo asume que los individuos posean capital y acumulen riquezas. Max Weber estudió los cimientos éticos del capitalismo atendiendo a que los ideales -no sólo las condiciones materiales- determinan  nuestra conducta económica. El deber ético del capitalista era producir riqueza y, por consiguiente, rechazaban a los groseros hedonistas. Hoy en día son pocos los que consideran un “deber ético” la producción de riqueza, mientras son mayoría los que aspiran a un consumo privado y sin límites de sus bienes. 

No cabe duda que podemos argüir que las condiciones materiales prefiguran nuestros ideales, pero asumir “que nos definimos más por lo que anhelamos, que por nuestras necesidades reales” no es una tesis descabellada. Así, la mayoría de las personas anhela un mayor bienestar, aun cuando el aumento de la riqueza no mejore su estado psíquico (Jason Zweig informó en 2007 de que ocho de cada diez personas que se habían hecho millonarias con la lotería, seguían comprando periódicamente boletos a pesar de su súbito enriquecimiento).

Los psicólogos denominan al dinero el “refuerzo secundario”, es decir se trata de un comodín que nos permite satisfacer nuestras necesidades primarias (sexo, alimentación, reconocimiento…). El dinero nos ofrece la promesa del consumo y como las religiones –con su promesa del paraíso- tienen el poder de santificar nuestros anhelos. 
      

Publicado en: Filosofía
Email del autor: svillarp@gmail.com

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Comments

German  Pinto
# German Pinto
lunes, 13 de septiembre de 2010 7:30
Efectivamente a mayor consumo más insatisfaciión a la larga,aunque en ése momento de compras coompulsivas se crea una especie de felicidad absoluta,te sientes la persona mas feliz del mundo.Falso de todas todas.A base de financiar con crédito fácil(homus creditus)la mayoría se empeñó en un consumo exacerbado,se pedian creditos hasta para comprar una bolsa de pipas,.....en fin la cosa explotó como sabeis y ahora todos a llorar y lamentar.Unos fueron engañados,otros la mayoria no tuvieron nada que ver en la crisis desatada por los mismos sinverguenzas que les facilitaban el crédito para todo.Consumo y despilfarro,cóctel perfecto para el desastre.
chus
# chus
lunes, 13 de septiembre de 2010 8:43
Se me ocurre que una parte importante del problema del consumo tiene que ver con una motivación fundamental que se expresa en la dicotomía entre el “ser” y el “parecer.” Cuando la motivación es el “ser”, no se percibe desequilibrio. Por ejemplo: Me compro e instalo calefacción para no pasar frío, o aire acondicionado para no pasar calor y sentirme a gusto. Pero cuando la motivación básica es la apariencia, entran en operación ciertos factores que tienen que ver con una insatisfacción existencial basada en premisas erróneas alimentadas por las campañas de mercadotecnia y sus avanzados conocimientos sicológicos prácticos y su maquiavélico empleo del arte de la mentira, desarrollado hasta límites de impunidad, sutileza y sofisticación superlativos, y con un conjunto de estándares que relacionan la felicidad con la apariencia, estándares que son absolutamente insustanciales aunque parezcan y aparezcan como justo lo contrario.
Un ejemplo: se acerca la temporada de lluvias y necesito unos zapatos buenos que sean impermeables, que sean cómodos para mis pies y duraderos, y en ese sentido, voy y me gasto una pasta. Busco los que cumplan esas necesidades (relacionadas con el “ser”) y no me importa pagar mucho, porque luego los voy a usar y me van a servir durante bastante tiempo. La otra motivación alternativa puede ser la de comprarme “zapatos de marca” o según la moda de temporada, y sacrificar sus funciones a su apariencia. No es la primera vez que busco y busco desesperado por las tiendas un modelo que ya está descatalogado y que en su día me ofreció la mayor comodidad, al que no encuentro repuesto en ese sentido. Y no lo encuentro porque ya no está de moda. Y casi me miran con mala cara los dependientes (como me ocurrió una vez que fui a comprar unas gafas y las quería grandes, y solo me ofrecían modelos de gafas estrechas.)
En cuanto a los estándares, no hay más que verlo con los chavales. Cuando mi hijo cambió de una escuela pública a un colegio concertado al acabar primaria y el ciclo que cubría la escuela, empezó a pedir ropas de determinadas marcas, porque si no, se sentía infeliz, o excluido, se veía en la necesidad perentoria de satisfacer la apariencia y cumplir con el rebaño. Para “ser” guay, tenía que “parecerlo.” A los dos años, está hasta el gorro, y quiere cambiar de imagen para ser más "sí mismo." Bienvenido sea.
Chus
Maria Oliver
# Maria Oliver
lunes, 13 de septiembre de 2010 14:00
Gracias, Santiago, estupendo. rico en implicaciones... Releí a los estoicos, este verano, azuzada justamente por articular una respuesta ética al consumo (ya no hay que añadirle el "patológico", sabemos de qué hablamos)... Se impuso la parquedad, la austeridad como conducta-respuesta, pensar antes de obrar...
En la línea que plantea Jesús y los zapatos para la lluvia... Y pienso en una genial viñeta de El Roto en la que un hombre de puño amenazador grita: "podemos prescindir de lo necesario, pero que no nos toquen lo superfluo"...

Ante esas búsquedas desesperadas de lo que ya no se fabrica (por demasiado eficaz!), ante los imperativos de la moda, cuando "pillo" algo de buen corte y "copiable" me hago uno, en casita, con la máquina de coser... lo de los zapatos es muy otro cantar --y lo de las gafas, o los bañadores o...

Y, me encanta el ejemplo de tu hijo Chus, bien a pelo, las cosas acaban cayendo por su propio peso, basta esperar... the sign of times... bienvenido sea, sí.
Carlos Sánchez
# Carlos Sánchez
lunes, 13 de septiembre de 2010 16:30
En esta sociedad del "tener" cada vez se hace más difícil "ser". Para cuándo, me pregunto, una escuela del conocimiento y del espíritu, una escuela integral. Para cuándo una educación que integre el conocimiento científico con el humanístico. PAra cuando una educación que explque como alimentar es ser y cómo evitar las trampas del ego. Hace pocos días una amiga ma hablaba de una amiga suya que se ha doctorado en económicas en ESADE y que se debatía entre un médico con dinero, y un periodista sin dinero para escogerlo como compañero estable. Le gustaba más el segundo pero el primero le daba más garantías economicas, más estabilidad económica. Pero, ¿acaso una madre no le aconsejaría a su hija que se quedara con el que tenía más "posibles"? Yo conozco a unas cuantas madres que darían ese consejo. También conozco a otras que preferirían que sus hijos se presentaran a oposiciones para el funcionariado. y también he conocido a jóvenes recién salidos de varias escuelas de negocio elitistas y todos ellos querían trabajar en el sector financiero para ganar mucho dinero lo más rápido posible. Esta es la sociedad que hemos construido. Una sociedad con una mirada acrítica, sin energía vital. Una sociedad sin capital ético es una sociedad sin el valor de la confianza. Construirla otra vez costará años y muchos esfuerzos.
Carolina
# Carolina
lunes, 13 de septiembre de 2010 18:12
Carlos, totalmente de acuerdo.
Carolina
# Carolina
lunes, 13 de septiembre de 2010 18:28
Santiago, felicidades por el artículo.

Por cierto Carles, que fuerte el dilema de la amiga de tu amiga. No he visto una manera tan bestia de concebir las relaciones humanas en términos tan descarada y tristemente utilitaristas. Que pena, así nos va, hemos reducido las relaciones a meros útiles de consumo que mientras nos sacien de aquello que se suponen nos deben dar bien y cuando ya no nos dan lo que supuestamente deberían, a la basura.

No podemos pedirle a nuestras relaciones cosas imposibles como se tiende a hacer a menudo, no podemos esperar que llenen todos los vacíos del alma. Debemos empezar a aprender a querer a las personas por lo que son y no por lo que nos gustaría que fueran... y esto se puede hacer extensivo a muchos ámbitos de la vida.

Por todo ello, tampoco podemos llenar esos espacios emocionales a base de objetos.

Maria Oliver
# Maria Oliver
lunes, 13 de septiembre de 2010 18:40
La cuestión es, Carlos, ¿hay otra posibilidad que el intentarlo, a sabiendas de que probablemente no veamos resultados y de que tal vez no los alcancemos --aunque siempre serán rescatados algunos seres en el trecho andado? Amén de que los cambios de conciencia llegan siempre de mano de unos pocos, luego necesitan de tiempo, mucho tiempo y esfuerzo, sí, mucho esfuerzo tesonero...

en todo caso, eso hacemos desde aquí, no? eso ha sucedido con el hijo de Jesús y... esas escuelas integrales, están naciendo... de privada mano (a veces "sospechosa"sí) y a menudo hasta particular y, de momento, para personas que buscan el ser, que están en el ser y no en el estar... pero: es un paso, no?

La verdad, lo necesario, la razón jamás, jamás ha tenido une "prensa fácil", ahora, en la era de la perversa hada publicidad-propaganda (véase esa forma tan humana de pasión-pulsión por la mentira), menos...

Maria Oliver
# Maria Oliver
lunes, 13 de septiembre de 2010 18:48
Carol, te leo ahora... Qué fuerte y oh cuán habitual... madres y padres --Carlos, padres anche, herman@s, tí@s...-- que "velan" por el infeliz acomode de sus hij@s inoculando así el veneno de la infelicidad de generación en generación...
bienaventurad@s l@s rebeldes que rompen con ese sutil yugo, en pos de una alegría, una felicidad y un dolor verdaderos!
SANTIAGO VILLAR PALLAS
# SANTIAGO VILLAR PALLAS
lunes, 13 de septiembre de 2010 19:11
Gracias por vuestros siempre certeros comentarios. Estoy con Germán cuando sostiene que mayor consumo menor satisfacción a la larga.., quizá la clave estriba en la "dosis"..., como los médicos nos dicen "hay un punto (en la dosis) que cualquier remedio puede considerarse letal", así el peligro no sería tanto el consumo sino el consumismo. En este sentido como Chus afirma el "ser" nos llevaría a la búsqueda de nuestras necesidades (no olvidando que nuestros semajantes también las tienen), mientras el "parecer" a la necesidad imperiosa de poseer poder (ser admirado, querido, aceptado...). Así, Carles con maestría nos emplaza al dilema entre "ser" y "tener"... y desgraciadamente las fronteras entre lo que soy y lo que tengo son muy díficiles de establecer..., al "tener" tenemos la ilusión que habita, todo lo agazapado que queramos, un "ser"..., pero quizá ya ni siquiera tenemos "crédito ético" para mantener la ilusión.
Como María resume los estoicos nos enseñan a "pensar antes de obrar", cuando la mayoría "obramos sin pensar"..., pero donde quedan lo que sentimos?... en cierto modo "obramos según sentimos"..., así nos importa más parecer (para ser aceptados) que "ser" (siempre exige una cierta violencia en el orden social)
Carles Nebgen
# Carles Nebgen
lunes, 13 de septiembre de 2010 19:40
Gracias por el artículo, Santiago.
Recuerdo una noticia de la radio (puede que ya lo haya explicado aquí):
Una Universidad americana estudió la relación entre dinero y felicidad. Distinguió dos casos:
En el primero, si las personas que obtenían un súbito incremento de su dinero disponible (caso de que les toque la lotería) provienen de una situación de pobreza severa. Carencia o dificultad de acceso a comida, vivienda, sanidad o educación. En este caso, el dinero, efectivamente, da la felicidad. Y lo considero lógico.
En el segundo caso, el estudio observa a personas con esas necesidades básicas ya cubiertas, que reciben mucho más dinero. En este caso, el dinero no solo no da la felicidad, si no que las hacen más desdichadas. ¿Por qué? Pues sencillamente porque estas personas tenían la ilusión de que cuando les tocase la lotería, iban a ser felices. Y con esa esperanza vivían. Pero cuando tuvieron el dinero, seguían igual de desgraciadas que antes, y no les quedaba ni siqiera la esperanza de que serían felices cuando tuviesen mucho dinero. Estonces se dieron cuenta que la desgracia no estaba en la circunstancia. Estaba en ellas.
Por ejemplo, si voy de vacaciones a un camping de Calella de Palafrugell, puedo pensar que donde realmente sería feliz es en un resort en Bali. Pero si tengo el dinero para ir allí, no puedo pensar que donde realmente sería feliz es en un camping de Calella de Palafrigell, porque ¿quien me impidió haber ido allí?
Aquí está la respuesta al dilema de la amiga de tu amiga, Carlos. Sin ninguna duda, aconsejadla que se case con el médico con dinero. Aunque será una desgraciada, vivirá en un entorno seguro y tendrá la ilusión de que tenía que haberse casado con el periodista, que cualquier día se lo encontrará, y podrán ser amantes. Esto le mantendrá viva la ilusión, que es muy bonito.
Pero si se casa con el periodista, será igualmente desgraciada, porque este tipo de gente nunca son felices. Y no tendrá ni siquiera la ilusión de encontrarse algún día con el médico, pues solo le interesaba por dinero, y esto no deja ninguna emoción.
Carlos Sánchez
# Carlos Sánchez
lunes, 13 de septiembre de 2010 22:23
Pues acabo de oir a Berlusconi, presidente de Italia, decir en una de sus comparecencias públicas que aconsejaba a las mujeres guapas de su país que se casaran con hombres adinerados y así podrían pasar la crisis. Pero, lo peor de todo, es que el público allí congregado lo ha aplaudido por ello. Así que la amiga de mi amiga no es un caso aislado Carolina. Decidme, ¿qué tipo de valores exporta la televisión y sus programas del corazón y de cotilleos? y sus audiencias, nada desdeñables, ¿qué están demandando?. La crisis es mucho más profunda de lo alcanzamos a imaginar, porque la crisis de valores es aún peor.
Carolina
# Carolina
lunes, 13 de septiembre de 2010 22:42
Tienes razón Carlos, la crisis alcanza profundidades que no alcanzamos a captar.

Y lo de Berlusconi, en fin, este personaje no deja de alucinarme. Es patético, pero los que le aplauden son más patéticos todavía.
Maria Oliver
# Maria Oliver
martes, 14 de septiembre de 2010 0:35
...sólo las guapas tienen opción al matrimonio con ricos... a salvarse pues y sólo las soeces, las pelandruscas absolutas, las histéricas de lo soez devienen subeaudiencias deseadas por programas de m**. el panorama es abominable, funcipona a base de básicos y bajos arquetipos... hay que apagar la tele, definitivamente; ese discurso que se ha colado en todos los hogares desinformando y deformando... La crisis de valores, la bazofia como alimento para un espíritu rebajado a... no sé a qué, pura pulsión de nopensamiento ha calado muy, muy hondo --acompañada de comida basura, ropa basura, educación basura, política basura, vida basura, enuna palabra: el consumismo es, por simple regla de tres, basura!...-- La degradación ES hoy nuestro modo de estar en el mundo: una degradación preconizada y enaltecida -- Berlusco; la tele; el plan Bolonia en la uni... Yo creo que sí alcanzamos a captar las simas abisales alcanzadas por la crisis de valores... La cosa es mantenerse firmes en una ética de valores... desde lo más nimio a lo más estructural... Desde el falso dilema de la amiga de la amiga; hasta la tele; la educación... En definitiva: negarse a comer m**, del tipo que sea.
en definitiva, todo puede resumirse en una frase: el pollo alimentado con mierda, ve maíz y dispara... Bien, pues yo creo en la resiliencia, en la existencia --aun embrutecida!-- y poder del alma, en la capacidad de reconocer la mierda y dispararle... NO es una capacidad colectiva, al principio; por la via de la didáctica, del ejemplo, de la dulce firmeza, se convierte en una capacidad contagiosa... El loto flota en la ciénaga...
Y además, como muestra Carles, queda siempre la ácida ironía... oh cuán didáctica! (prueba a hacerle llegar el comment de Carles a la amiga de tu amiga, carlos... ;-)
German  Pinto
# German Pinto
martes, 14 de septiembre de 2010 7:06
Es una sociedad donde todo se basa en el consumo para tirar y comprar y volver a comprar,es un consumismo que nos ahoga.Es a todas luces insostenible e inhumano abocado al colapso.Se puede vivir con menos,nos crean necesidades ficticias ahogándonos en un mar de d eudas y "el homus creditus" se lanza al desafuero imperdonable de consumismo salvaje como todo en ésta crisis lo és.En Alemania hay tiendas donde ni se compra ni se vende.La tienda se autoalimenta de donaciones y cualquiera puede llevarse lo que quiera sin dar un duro.Se espera que la gente no sea egoista y se lleve lo que realmente necesita.La idea que subyace es que la sociedad produce másd de lo que necesita pero está mal repartido y genera una reflexión sobre el modelo de crecimiento imperante.Sus implicaciones son muchas y muy variadas.Poco a poco iran calando ,aqui tambien,ojalá.
chus
# chus
martes, 14 de septiembre de 2010 9:51
María, me encanta la imagen y la realidad de alguien que se busca un patrón que le guste, se compra la tela, el hilo (y la máquina de coser en algún momento dado), y dedica parte de su tiempo, (que se convertirá en algo precioso) afanada en su confección minuciosa, seguro que en momentos de confortable intimidad (sin capataces esclavistas supervisando). Y luego se lo pone y va por la vida y por la calle con la sensación y la firma de “esto me lo he hecho yo a mi gusto,” un slogan con el que nadie le ha bombardeado.
Me encanta.
Y además, ha invertido en tela, hilo, etc., lo cual no es baladí

En cuanto a la elección de marido, si médico forrado o si periodista menesteroso… Me gusta mucho el consejo de Carles. Muy práctico.
Yo me pondría más romántico y le aconsejaría que eligiese a quien más amase. Pero amor en un cierto sentido retributivo que suele pasarse por alto. Se dice que el amor es una fuerza, una energía impersonal, que enriquece a quien lo deja fluir a su través, se conecta con su Fuente, y se ve o se experimenta a si mismo o misma expresándolo. O sea que, en última instancia, quien se puede experimentar a si mismo en el acto de dar, de entregar, de ayudar, de dejar fluir y canalizar, esa energía tan poderosa, encuentra una poderosa y enriquecedora retribución. Muchas veces, el objeto de nuestro amor, en un principio, es precisamente aquello que estamos buscando, indirectamente, para poder expresar esa pulsión de la naturaleza del amor: el espejo magnético perfecto. Ahí está la razón de muchas extrañas parejas o atracciones.
Claro que para eso hay que tener el perfil. Y si no lo hay, la verdadera motivación surge más del consejo de Carles, que es la lección que suele dar la vida.
Abrazos luminosos
Chus
Maria Oliver
# Maria Oliver
martes, 14 de septiembre de 2010 13:42
ante la enfermedad que nos embarga, "decrecimiento" (no creo que valga la pena entrar a discutir el término, sinónimo de austeridasd y crecimienti eb una nueva dirección, por otras vías, de otras cosas) y acción: campaña de recogida firmas para pedir a naciones unidas que la lucha real contra el hambre sea una prioridad:

http://www.othercrisis.org/es/,

¿para cuándo un plan de rescate para los 1.000 millones, 1.000!!! de gentes --sobretodo cri@s-- que mueren de hambre hoy? de la ONG

http://www.accioncontraelhambre.org/

Hagan juego hermanos!
Carolina
# Carolina
martes, 14 de septiembre de 2010 15:01
Voy a navegar por estos enlaces, gracias Maria.

Estoy contigo; decrecimiento y acción.
Lali
# Lali
miércoles, 15 de septiembre de 2010 8:51
Buenos días:
gracias por el artículo, Santiago, temazo que has sacado, de ahí el debate, a mí personalmente lo que me sorprende es cómo el ir de compras puede suplir la insatisfacción de los individuos, es algo que no he experimentado en mis carnes, eso sí, me encanta que haya salido esa gran verdad de que la gente con menos medios descubre, cuando los tiene, que esa esperanza de que "cuando tenga dinero tendré la felicidad" era una falacia, de ahí la responsabilidad que los países en los que sobran medios, la llamada "sociedad del bienestar" tiene respecto a los países en los que no hay ni para comer, gracias María por los enlaces.
Respecto a la decisión de la hija sobre la elección de marido, si yo fuese la madre, aparte de sentirme triste por la superficialidad de la hija que he criado, optaría por dejar que fuese ella quien decidiese su vida en vez de aconsejarle lo que a mí me parece más práctico (muy terrenal tu consejo Carles), pues a mi entender el problema que subyace bajo el consumismo se origina precisamente en este tipo de acción que está muy extendida en nuestra sociedad y de la que no se habla, y que consiste en, con la mejor intención, aconsejar a gente cercana (o a la lejana mediante pago) en decisiones importantes que sólo la misma persona puede tomar...diferente ayudar en el proceso de análisis previo a la toma de decisión....precisamente con los consejos que damos fomentamos la irresponsabilidad en las personas, es decir, que deleguen las decisiones importantes de su propia vida en los demás en vez de llevar a cabo el proceso por sí mismas...
De esta manera este mundo está lleno de seres humanos que no asumen, casi nunca, las consecuencias de las decisiones que toman, siempre podrán ir a comprar algo para ayudarles a aliviar las penas cuando resulte que el matrimonio no funciona como esperaban en función de sus fantasías....
Así vamos, así son los que nos dirigen...por eso para mí el único camino es adueñarse de la propia vida, desarrollar la propia responsabilidad o capacidad para responder ante lo bueno y lo malo de la vida.
saludos
Carles Nebgen
# Carles Nebgen
miércoles, 15 de septiembre de 2010 17:30
Me parece, Lali, que eres la única persona que no me ha entendido la ironía.
María y Chus han captado mi pensamiento perfectamente.
El consejo es de una amiga a otra, no de una madre a su hija. A lo mejor, mezclamos dos historias diferentes. De ahí el error.
Lali
# Lali
miércoles, 15 de septiembre de 2010 21:55
Ya me extrañaba Carles, y encima que te siguiesen el juego...debe de ser que hace tiempo estoy fuera de juego de los post y desconectada de tus ironías :-) me alegro pues
saludos
Carles Nebgen
# Carles Nebgen
jueves, 16 de septiembre de 2010 18:57
Eso quiere decir, Lali, que tendrías que venir a vernos más a menudo. Se aprende más aquí que en el Facebook.
Una abraçada.
Nemo
# Nemo
jueves, 16 de septiembre de 2010 20:10
Santi, esto es una prueba para ver si queda grabado el texto. Aprovecho para decirte que me ha parecido un excelente artículo. Muy bien escrito, por cierto. Se nota que tienes madera de escritor.

Un saludo.
Nemo
# Nemo
lunes, 20 de septiembre de 2010 23:32
Somos una mezcla de materialismo y espiritualidad, aunque a veces confundamos el materialismo con la necesidad y la espiritualidad con la religión.

El aspecto más valorado del materialismo es el consumismo - más incluso que la productividad-, no hay más que ver los grados de endeudamiento a los que somos capaces de llegar en aras del consumo.

El consumo se ha convertido no sólo en un elemento de evasión, sino también en una demostración de poder respecto al prójimo. Los valores sociales actuales parecen haber obrado el mlagro.

Ya no basta con ser como los demás; hay que ser más que los demás. Eso parece habernos inculcado la sociedad con valores como la competitividad o la productividad. Estos "valores" provocan sufrimiento en la mente humana, porque por muy competitivo o productivo que se sea, siempre habrá alguien que te supere o lo pretenda.

El que cree en este juego (en el fondo todo es cuestión de creencias) a corto o medio plazo sólo encontrará ansiedad y sufrimiento. La terapia del consumo consigue enmascarar ese sufrimiento, pero no lo elimina.

El consumismo es una especie de huída hacia delante; una ficción que nos aleja artificialmente de una realidad dolorosa que somos incapaces de soportar.
No hay que creer en los "valores" que nos aíslan (aquéllos que exaltan las diferencias con los demás), porque nos impiden la felicidad (que siempre es compartida).

Lo que anhelamos -que casi nunca coincide con lo que necesitamos, porque en la mayoría de los casos es fruto de la vanidad-, tal es el caso de la riqueza o el consumo, no ayudará a mejorar nuestro estado psíquico. Mezclar economía y psicología (materialismo y espiritualidad) es como confundir los verbos "ser" y "tener": nadie es más persona porque tenga más, o viceversa.

Si, como decía Jason Zweig, la riqueza material es como el agua de mar; la riqueza espiritual es como un océano de sabiduría.

chus
# chus
martes, 21 de septiembre de 2010 9:58
Bien cierto, Nemo.
"Consum ergo sum."
Saludos
Chus

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