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A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.

Nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, cuyas dimensiones y posibles consecuencias son desconocidas por la mayoría de nosotros. Como ciudadanos, percibimos falta de transparencia por parte de las clases políticas e intuimos que seremos principalmente la sociedad civil, los que sufriremos más duramente sus consecuencias, como ha ocurrido siempre en el devenir de la historia.


Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
¡Algo absolutamente nuevo puede emerger!

El nuevo poder de la sociedad civil

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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
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Ulises abandona Ítaca por una guerra que no quiere. Deja a su mujer Penélope y a su hijo Telémaco porque siente la obligación moral de restituir el orden del mundo que la guerra ha trastornado. Todo su periplo se alimenta de una lucha titánica contra el caos que se ha generado con la desmesura (hybris) de algunos hombres. Ulises encarna el hombre esclarecido porque sabe lo que quiere y adónde va.

Para Ulises su existencia tiene un “sentido” y, quizá para alguno de nosotros, podría ser un prototipo de un “hombre auténtico”. No vivimos tiempos épicos y parece que la mayoría de nuestros héroes vegetan en su propio vergel, ajenos al orden del mundo. Casi todos nuestros ídolos han adquirido la inusitada pericia de sortear las obligaciones morales.

Nos hemos despertado de un sueño dogmático, abnegándonos a una existencia que con unas cercas impenetrables han ignorado a los parias. Descreídos hemos olvidado el paraíso porque nuestro jardín es la totalidad del universo. A veces, observamos atónitos a los que son capaces de olvidarse de su edén para encontrar un paraíso sin excluidos. Desgraciadamente, muchos de los que son capaces de sacrificar su propia existencia individual lo hacen en nombre de un paraíso con fronteras inamovibles (de fieles y de infieles o de metecos y de ciudadanos). Los seres juiciosos (que se alimentan de la prudencia) nos ayudan a precavernos de todas las promesas de un paraíso. Los hombres prudentes nos recuerdan cómo la mayoría de las promesas de “un mundo feliz” o un “mundo perfecto” (ordenado, donde cada uno ocupa su supuesto lugar natural) nos hacen desdichados porque parece ser que la libertad es una sustancia imprescindible en los mortales.      

En nuestra particular Ítaca hemos vivido placidamente, olvidándonos que una vida auténtica es el tránsito desde nuestra infantil ignorancia primigenia (muy saludable y gozosa) a nuestra conciencia adulta (dolorosa y sabia) del orden de los acontecimientos. Ulises se convierte en un ser armonioso porque ha pasado por una multitud de experiencias. Los griegos entendían su identidad en base a la memoria y la pertenencia a su comunidad. Así, el griego sabía que cuando perdía la vida se convertía en anónimo, perdía su individualidad y dejaba de ser persona. En occidente nuestra memoria flaquea porque en nombre del progreso hemos decidido tratar a todos los hombres como unidades (de producción o de consumo) y erradicar por improductivo cualquier sistema político-social que su razón de ser sea “cultivar” a sus ciudadanos.

Un arquetipo de la sabiduría de los antiguos es recuperar el lugar en el mundo y poner la casa (oikos) en orden. Nos podemos preguntar; ¿qué tipo de arquetipo legará nuestros tiempos?

Desconfiamos de las promesas de un paraíso en cuanto la ciencia (la hija más fructífera del proceso de racionalización en occidente) se encarga de construir un mundo desencantado. Fue Max Weber quien entendió que la progresiva racionalización de todas las esferas vitales produce un inevitable desencantamiento del mundo. Ya no hay paraísos, lugares para mecer como si fuera nuestro lugar en el mundo (nuestra verdadera morada, oikos).   

Platón nos explica que Prometeo (en el diálogo “Protágoras”) además del fuego ha robado las artes y las técnicas a Atenea, de modo que el hombre corre el peligro algún día de creerse igual que los dioses. Los hombres, al igual que los dioses, se convierten también en verdaderos creadores. Así, los hombres somos en un peligro para el cosmos porque a veces nos embriagamos con la hybris (desmesura). Así, el mito nos enseña que la libertad y la creatividad son fundamentalmente antinaturales y anticósmicas.

Aunque los mitos aspiran al orden cósmico (donde los inmortales conviven con los mortales, y en cierto modo los dioses envidian a los hombres) nos han legado la paradoja de nuestro paraíso terrenal: “no hay vida sin muerte, ni orden sin desorden”. Tenemos algo que hacer porque somos libres, porque en nuestra alma anidan tantos dioses como demonios.

La promesa de un paraíso sin demonios puede ser resultar demoníaca. Quizá nos queda ir desgajando nuestra textura (aderezada de dioses y demonios) en nuestras sucesivas vivencias, para reconocernos como unos meros transeúntes que aspiramos a no ser engullidos por nosotros mismos.

 

 

Publicado en: Filosofía
Email del autor: svillarp@gmail.com

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Comments

Maria Oliver
# Maria Oliver
miércoles, 07 de abril de 2010 13:56
Muchas gracias Santiago, me parece un artículo re importante...

un pulcrrisimo razonar con emoción en pro de la senda, el crecimiento, la maduración, el incremento de conciencia... de un@ más un@ --de esos odiseos que podemos ser al todo, a la conciencia del mundo...

me gusta especialmente la mención a Weber, ese grande, (¿para cuándo un artículo sobre él, amigo filósofo? se me hace que sus razones serían hoy puro latir del corazón!)

"Fue Max Weber quien entendió que la progresiva racionalización de todas las esferas vitales produce un inevitable desencantamiento del mundo."

porque de eso se trata, no? desde la razón, el corazón y la sabiduría, no desencantarse del mundo, más: incrementar su encanto, no en forma de canto de sirena, sino de necesario tesón en pro de uno mejor, de encanto recuperado...
un abrazo
Maria Oliver
# Maria Oliver
miércoles, 07 de abril de 2010 13:58
Entiendo que es el encanto una forma de orden... del cosmos. aquello que no contribuimos a desordenar...
Maria Oliver
# Maria Oliver
miércoles, 07 de abril de 2010 14:02
seamos transeúntes sin tanta huella, en un mundo de preservado encanto... no ya para los que vengan, sino por respeto, porque tiene y da sentido... Gracias Santi, mil
(y paro, que el campo ibicenco, tan intacto y con su paisaje, paisanaje y casas tan... en fin, humildes, apenas una huella, tan igual a sí misma desde hace tanto! me pone cosméticotranseúntaecologica)
Carolina
# Carolina
miércoles, 07 de abril de 2010 14:18
Que artículo tan precioso!! Ahora mismo no puedo decir más, por la noche me dejo caer por aquí.
dazara
# Daniel Zaragoza
jueves, 08 de abril de 2010 0:09
Gracias Santiago. Encuentro excelente tu artículo. La metáfora sobre Ulíses y su Odisea. Lo desorientada que se haya la sociedad un vez que han cesado los cantos de Sirena y los escollos han recuperado su apariencia real. Muy buena idea lo de recuperar a los Clásicos para poner un poco de orden en las ideas y reconocernos desde una perspectiva edificante.
Esther Ibañez
# Esther Ibañez
jueves, 08 de abril de 2010 0:22
"Nuestra textura aderezada de dioses y demonios" Me ha gustado mucho esta frase Santi, reconocer que poseemos ambas cosas y que el reconocimiento e integración de nuestros demonios, puede servir para que aún continuando siendo demonios, trabajen para los intereses de los dioses.

"La ciencia se encarga de construir un mundo desencantado". La ciencia intenta controlar el entorno, creando la falsa ilusión de que la vida es un proceso que se puede tener bajo control, afortunadamente no es así y espero que poco a poco vayamos aceptando el "no control". Es mucho más creativo y gratificante.

Respecto al mito de Ulises, no he podido evitar acordarme de Penélope tejiendo y destejiendo mientras esperaba. Quizás si Ulises se hubiese marchado con ella, ahora estaríamos en otro punto de la civilización.

Un abrazo
Nemo
# Nemo
jueves, 08 de abril de 2010 17:18
Sobre la base de una mesura exquisita, Ulises construyó su cosmos, su orden, su paraíso. Pero, nunca ajeno a la realidad, percibió, más allá de su cosmos, la amenaza del caos, de la desmesura, de la guerra. Troya suponía una amenaza para Ïtaca. Ulises lo sabía, y por eso, para preservar su paraíso, marchó a combatir el caos.

Los héroes griegos sentían el peso de la obligación moral, contaban con la protección de sus dioses, y tenían una identidad cimentada en la memoria y en el sentido de pertenencia a la comunidad. Junto, todo ello, proporcionaba sentido a sus vidas. Es decir, sabían lo que querían y adónde iban.

El héroe actual es un mero superviviente, un náufrago a la deriva de la desmesura y el caos. La ciencia y el conocimiento, portadores del progreso, también han traído consigo la racionalización y el desencanto. Probablemente, Weber tenía razón. Como Leibniz, cuando dijo que este era el mejor de los mundos posibles. Si el mundo es como es, quiza sea porque el hombre es como es.

El progreso ha transformado al hombre en recurso (hombre-unidad, recurso humano); colectivo e individualidad con capacidad para producir y consumir.
La tecnología parecía contener la clave de un mundo perfecto; pero el hombre, creador de la misma, sólo la ha utilizado para magnificar y dar mayor relevancia a sus carencias.

Si la mesura fuese un atributo de lo perfecto, el hombre no podría formar parte de esa perfección. Porque el hombre es desmesura, por exceso y por defecto. Por lo tanto, si lo que se pretende es un muindo perfecto, el hombre nunca podrá formar parte de él. Por ello, siendo la perfección del mundo una ilusión imposible; el hombre,en su imperfección,sólo puede aspirar a la armonía.

El hombre de hoy es un apátrida sin paraíso, un romántico sin dioses que ha dejado de creer en los cantos de las sirenas. Sin embargo, conserva su libertad y se afana por construir su destino. La isla de Ïtaca ya no existe, pero la creatividad humana hará emerger nuevas islas en donde complacer el espíritu; en donde el hombre pueda seguir jugando a ser un dios, y en donde la vida sólo sea una Odisea convertida en pretexto y excusa para el amor.

Un saludo, Santi. Excelente artículo.





Andrea Sydow
miércoles, 14 de abril de 2010 12:44
Gracias por el artículo, Santiago. Siempre es un gran placer encontrarme con los clásicos.

Sin embargo me pregunto, quién seria el que estipularia el "mundo perfecto” (ordenado, donde cada uno ocupa su supuesto lugar natural)? A quien le daríamos la autoridad para definir: este si, es un mundo perfecto, ahora todo está en "su lugar natural"? Cuál es este orden natural? No lo estoy cuestionando de forma hipotética, filosófica sino de una manera pragmática, práctica de forma que la respuesta nos sirva realmente de guía en el día a día, en nuestras relaciones cotidianas.

Me pregunto si el orden, tal cuál está, no es desde ya el orden perfecto? Que pasaría si pensáramos que todos estamos haciendo la experiencia perfecta, si todos estamos vivenciando el caos justamente porque vinimos a este planeta para hacer experiencias relacionadas con el caos, la separación y la dualidad.

Qué ocurriria si empezáramos a mira a la vida con curiosidas en vez de rechazar ciertos acontecimientos como algo que en realidad no debería estar ocurriendo? Creo que sería un viaje hacia dentro que nos ayudaria a vislumbrar nuestra textura. Este viaje, de mente abierta, nos permite conocer nuestra alma que "anida tanto dioses como demonios."

Diosis y demonios siempre coexistieron. Creo que es muy triste querer lograr ser puramente buenos, ordenados y armónicos, rechazando y condenando a todo lo que asi no fuese. Esto si sería un infierno...

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