Comienzo citando un fragmento de un comentario que Daniel Zaragoza dejó al pie de la primera parte de este artículo mío que pretende reflexionar sobre la indefensión aprendida y sus consecuencias. Él dibuja un panorama de lo que yo también, y cada vez más gente, vemos que puede estar aproximándose, teniendo en cuenta la incapacidad de las personas para reaccionar y tomar decisiones:
“Siento ser tan sombrío, pero comparto con vosotros esa situación de indefensión aprendida que se respira por doquier. La gente, la sociedad civil no acaba de creerse lo que está sucediendo.
Es tan dramático, hay tanta gente padeciendo por las circunstancias, que resulta inevitable asumir que, de un modo u otro, todos padeceremos las circunstancias que hayan de venir en mayor o menor medida. Pero aún así preferimos creer que todo va bien y que, tal como hace nuestro gobierno, "al final vendrán los buenos y nos salvarán".
Observo a mi alrededor y ¿sabéis qué imagen me viene cuando habláis de la indefensión aprendida? Sí, esa misma. La de miles de personas muriendo en los campos de exterminio, mientras los judíos eran hacinados en Guetos a la espera del próximo tren que los fuera a recoger. Asumiendo sumisa y silenciosamente el sino que les había tocado en suerte, sin poder creer que los próximos serían aquellos mismos que observaban en silencio como desaparecían sus vecinos o familiares, hacinados peor que los animales, en vagones con destino al matadero.
Nadie puede asumir una catástrofe, no en el continente de la opulencia. No en la cuna de la civilización moderna y del Estado del Bienestar. ¡Viene el lobo, viene el lobo! y las ovejas, adiestradas con engaños y manipulaciones, sólo pueden mirar hacia el pastor, que, acongojado, se ha subido a una rama.” (…)
Hasta aquí las palabras de Daniel Zaragoza, que hablan de la posibilidad de un futuro bastante oscuro si no somos caces de reaccionar a tiempo.
El experimento básico que condujo a Martin Seligman a describir la indefensión aprendida es de una gran simplicidad y elegancia. En un recinto preparado al efecto, utilizaba pares de perros emparejados, a los cuales se les aplicaba, en distintos momentos, una descarga eléctrica. Del par de animales, sólo uno de ellos tenía acceso al mecanismo capaz de interrumpir la descarga. Una vez que el perro descubría el mecanismo, era capaz de detener la descarga eléctrica, que en ese momento finalizaba para los dos perros.
Es importante entender que lo que era sustancialmente diferente para ambos perros en este experimento no era la situación aversiva en sí misma, ya que la frecuencia e intensidad de las descargas eléctricas era idéntica para ambos, sino la situación respecto al control, pues aunque ninguno de los dos perros podía evitar el comienzo de las descargas, uno de ellos tenía la posibilidad de interrumpirlas una vez iniciadas.
En sucesivas repeticiones del experimento, una vez realizado el aprendizaje de esta situación experimental, se cambiaba a los animales a una nueva. En ella, ambos perros tenían acceso al mecanismo que podía interrumpir la descarga.
En ese momento lo que se observaba era que el perro que en la situación inicial no había tenido acceso al control, había desarrollado lo que en Psicología se conoce como “expectativas de fracaso”. Unas expectativas que le impedían descubrir que se hallaba en una situación diferente… unas expectativas que iban a marcar su actitud ante la vida. A esa incapacidad de reaccionar ante una situación estresante -existiendo la posibilidad de hacerlo- es a lo que Seligman llama “indefensión aprendida”.
El aprendizaje realizado por el perro que había tenido permanentemente acceso al control era muy distinto. Aunque recibía las mismas descargas que su compañero, no dudaba de su habilidad para detener la descarga. Su personalidad era la de quien está seguro de su capacidad de modificar su entorno de alguna manera. Sus expectativas eran de éxito.
Esas observaciones son las que le permiten a Seligman enunciar un modelo de la depresión en humanos. Al igual que el perro de esta situación, la persona deprimida ha desarrollado unas expectativas de que las cosas están mal y van a estar eternamente mal, porque ella no puedo hacer nada para modificarlas… Se trata de un aprendizaje que se suelo hacer pronto en la infancia, cuando las figuras de apego, por sus propias carencias, son incapaces de ofrecer al niño las circunstancias de aprendizaje adecuadas.
Empezando desde el colegio, pasando por la religión, y continuado por todas las demás estructuras sociales, se ha fomentado en nosotros permanentemente la idea de sumisión. En ese sentido, nuestra situación experimental (y quizá no es descabellado denominarla así) no puede ser, en general, más parecida a la del perro que aprende a ser indefenso.
Una legión de “expertos” en todas las áreas actúan como el perro que tiene el control de la situación. Expertos en política, en educación, en salud pública, en finanzas, en nutrición… en los que hemos ido delegando todo control.
Por ejemplo, en muy poco tiempo, casi sin darnos cuenta, una buena parte de la sociedad se ha vuelto incapaz de criar a sus niños sin la ayuda de los expertos, y ha tenido que recurrir a los psicólogos y a las Super Nannys, quienes han debido acudir a auxiliar a unos padres que, con su falta de tiempo y su exceso de permisividad, se han vuelto incompetentes en su tarea, en la medida en que han dejado de entender el esencial aspecto limitante que toda buena educación debe también contener. De esta forma, nos encontramos con que niños pequeñísimos y adolescentes se han vuelto los “amos de la barraca”, y aterrorizan a unos padres que han perdido el control de la situación y, de nuevo, tienen que pedir ayuda a otros expertos: esta vez a la policía y a los jueces.
Pero de pronto, de la noche a la mañana para muchos, como despertando de un mal sueño… esa sociedad entretenida, manipulada desde los medios de comunicación y completamente delegante, se encuentra en medio de una crisis, de un montón de crisis, en las que se ha puesto de manifiesto que la mayoría de los expertos tampoco tenía ni idea, y que no eran más que servidores haciendo eco a la voz de su amo. Y que las voces independientes de los más agoreros, que hace tiempo anunciaban lo que venía -y que fueron ridiculizados y amenazados-, son los que han ido demostrando tener razón.
Y nadie sabe qué es lo que viene ahora en el guión, y a quién hay que pedir explicaciones. Nosotros que nos habíamos acostumbrado a que siempre hubiera alguien a quien reclamar o a quien echar la culpa…
En la primera parte de este artículo, yo centraba la atención en el hecho de que estábamos tratando de iniciar una acción que pretendía conseguir que un número importante de personas dirigiéramos, vía correo electrónico, un mensaje a nuestros políticos. Pero decidir el contenido y el tono de ese mensaje no era tan sencillo, especialmente desde lo que parecía ser un sentimiento de “indefensión aprendida”, que se apreciaba en la base de muchos de los comentarios de los participantes en el debate. Un sentimiento de que cualquier acción que pudiéramos emprender estaba destinada al fracaso, en la medida que no iba a conseguir que nuestros políticos tomaran en serio nuestras llamadas de atención.
Aunque los descubrimientos de Seligman pueden parecen desesperanzadores, se encuentran, sin embargo, en la base de la llamada Psicología Positiva, que es una rama relativamente nueva de la Psicología, que fija su atención en las fortalezas del ser humano, y no en sus debilidades o en los aspectos más traumáticos, que han sido, mucho más frecuentemente, el objeto de estudio preferente de la Psicología.
El núcleo de los hallazgos de Seligman -el que nos interesa si queremos desarrollar la soberanía individual- tiene la forma de un mensaje extraordinariamente positivo. Y es que, lo mismo que se puede aprender la indefensión, se puede aprender y practicar la seguridad en sí mismo, que es lo que está en la base de las expectativas de éxito.
Entendiendo esto, nos podemos dar cuenta de que la forma de contrarrestar el sentimiento de indefensión tiene que ver con ser capaces de diseñar una acción que no subestime, de partida, la importancia de conseguir un cierto éxito desde el principio. Porque la forma de ir rescatando parcelas de soberanía es, precisamente, a partir de acciones que nos demuestren que estamos incidiendo en el medio. Y esto puede adquirir muchas formas, pero lo importante es que suceda alguna de ellas.
En la primera parte de este artículo, yo anunciaba mi intención de realizar una propuesta de acción dirigida a los políticos, y trataba de reflexionar sobre la parte de responsabilidad que cada quien pueda tener en la actual situación. Con las reflexiones anteriores sobre la forma en que se produce la indefensión, y la importancia de planificar acciones que contribuyan a desarrollar e incrementar nuestras expectativas de éxito, paso ahora a exponer la propuesta de acción, dirigida a los políticos, que había anunciado que quería plantear.
Se trata, en realidad, de apoyar una acción que ya está en marcha. La inició el médico Juan Gérvas el 19 de enero de 2010, y la recoge en un texto que titula ”Razones para pedir el procesamiento político y penal de la Ministra y de los Consejeros de Sanidad de España por la gestión de la crisis de la gripe A”
Juan Gérvas fue la primera persona que, a título individual, y como médico y científico, a finales de agosto de 2009 elaboró y difundió un texto en forma de carta abierta a la Ministra y los Consejeros de Sanidad, para advertirles públicamente de los errores que estaban cometiendo. Fue aquel un texto altamente esclarecedor, que se difundió rápidamente por Internet, y que ayudó a muchas personas a la hora de tomar la decisión de vacunarse o no frente a la Gripe A.
Ahora Gérvas, sobre la base de que la Ministra y Consejeros de Sanidad, hicieron caso omiso de las indicaciones que tanto él como otras organizaciones médicas y de salud les habían realizado, prosiguiendo con sus acciones, que han terminado costándonos muy caras en lo económico, y también en otros aspectos, inicia una acción para depurar responsabilidades.
Entender la acción que propongo, de apoyar la iniciativa de Gérvas, conlleva un trabajo y una planificación. Un trabajo, porque hay que leer completo el texto de Gérvas, porque hay que volver a recordar todo lo sucedido con el “Culebrón de la Gripe A”, justamente ahora que parece que está perdiendo fuerza, y cuando nuevas crisis se presentan en el horizonte mediático, haciendo pensar que lo pasado ya ha pasado… y que es mejor no removerlo.
Defiendo que las acciones tendentes a promover “expectativas de éxito” que sustituyan a las “expectativas de fracaso” tienen que ser precisamente eso: ACCIONES, y no REACCIONES. En la reacción hay visceralidad e impulsividad sin la menor planificación; la reacción se agota en sí misma. La acción es producto de la reflexión, y sabe bien hacia dónde se dirige y qué es lo que quiere conseguir.
Una campaña ciudadana que apoye la petición de Gérvas, que está perfectamente fundamentada, a la hora de exigir responsabilidades a la Ministra y Consejeros de Sanidad es –a mi entender- una acción. Una acción con posibilidades de éxito, en la medida en que iría dirigida a movilizar en un acción común a los 200 blogs y bitácoras del movimiento http://gripeycalma.wordpress.com/, a miembros de la Organización Médica Colegial o de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria y de la Asociación Española de Pediatría y la Sociedad Española de Medicina de Familia, que según expresa Gérvas en su texto, son los que fueron sumándose, con sus acciones, alrededor de su iniciativa.
En estos momentos de confusión es urgente comprender la importancia de diseñar acciones capaces de involucrar cada vez a más personas. Ese tipo de acciones es el que nos puede proporcionar un sentimiento de seguridad en nosotros mismos que necesitamos con urgencia. Creo también que “perder el tiempo” tomando conciencia y reflexionando sobre todos los aspectos que, actuando de lo inconsciente, nos están restando fuerzas, es, probablemente, una forma de ganarlo.