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A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.

Nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, cuyas dimensiones y posibles consecuencias son desconocidas por la mayoría de nosotros. Como ciudadanos, percibimos falta de transparencia por parte de las clases políticas e intuimos que seremos principalmente la sociedad civil, los que sufriremos más duramente sus consecuencias, como ha ocurrido siempre en el devenir de la historia.


Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
¡Algo absolutamente nuevo puede emerger!

El nuevo poder de la sociedad civil

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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
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“Qué época tan terrible esta en que unos idiotas conducen a unos ciegos”

William Shakespeare

Del mismo modo que las grandes iglesias están fracasando a la hora de dar respuestas a las inquietudes espirituales de los individuos, los partidos políticos con estructuras jerárquicas y piramidales están fracasando a la hora de cumplir su papel como cantera de gestores de lo público y el liderazgo social de los políticos está en franca decadencia.

En lugar de ser una plataforma para aquellos cuya vocación es el servicio público, los partidos políticos jerarquizados, se han convertido en un coladero de personas muy hábiles a la hora de mezclar sus intereses privados con los de los ciudadanos a los que supuestamente deberían representar y servir. La consecuencia inmediata es el divorcio que padecemos entre los ciudadanos y sus supuestos representantes.

Algunas de las perversiones que pueden justificar la fuerte crisis institucional que nos acompaña:

Despilfarro: Cualquier persona acostumbrada a gestionar recursos queda, cuando menos, sorprendida del uso que los organismos públicos hacen de los fondos de los ciudadanos. Los presupuestos completamente sobredimensionados se emplean en muchas ocasiones para ejecutar proyectos innecesarios y de dudosa utilidad. La gestión se hace, en el mejor de los casos, bajo criterios de clientelismo y búsqueda de votos para mantener el poder y, en el peor, con la cruda premisa de enriquecerse. La larga lista de representantes públicos imputados así lo atestigua.

Burocratización: El entramado jurídico-institucional decimonónico que tenemos no está a la altura de los tiempos. Los rápidos cambios que la sociedad de la información ha generado ha dejado completamente obsoletas la mayoría de instancias públicas que nos son capaces de reaccionar frente a los retos de nuestro tiempo: crisis financiera, cambio climático, caos energético, globalización económica, colapso de la justicia, cohesión social… la sensación que perciben los ciudadanos es una carga burocrática kafkiana, que no forma parte de la solución sino que agrava aún más los problemas.

Corrupción: Los casos de corrupción política en nuestro país y en nuestra comunidad no son una anécdota ni un caso aislado. Todos los grandes partidos políticos han sido investigados en numerosas ocasiones por financiación ilegal. Y, de hecho, la financiación de los partidos políticos es tremendamente opaca. Las tramas urbanísticas, por poner un ejemplo, urdidas a través de partidos políticos e instituciones públicas han estado a la orden del día en los últimos años.

Alejamiento: El lenguaje de los políticos ya no conecta con la gente. El hecho de que los candidatos se hagan los simpáticos cada cuatro años para obtener el voto y después hagan despropósitos con él ya no contenta a nadie. Esto supone que cada vez se tenga que gastar más dinero en campañas publicitarias para captar la atención de los cada vez más hastiados ciudadanos. La atención desproporcionada que los medios de comunicación convencionales prestan a los representantes políticos está únicamente justificada por las grandes inversiones publicitarias de las instituciones en dichos medios. En este momento los grandes medios de comunicación y los partidos políticos han formado un híbrido bendecido con el dinero de las instituciones que ha pervertido en gran medida las responsabilidades de ambos.

Falta de separación de poderes: Si Montesquieu (pensador que diseño los equilibrios y compensaciones entre el poder legislativo, ejecutivo y judicial) levantase cabeza y observase el carácter puramente partidista de los dirigentes del poder judicial no daría crédito. O si tomara conciencia de que existe un cuarto poder, los medios, que ni siquiera fue incluido en el diseño inicial. Pero lo que le daría un verdadero disgusto sería cuando descorriera el velo final y descubriera que detrás de ese entramado existe un único poder, el económico, que actualmente controla a todos los demás.

Ritmos: Los problemas de los ciudadanos no pueden ser resueltos con los ritmos de los partidos políticos. Cuatro años de legislatura en los que el primero se dedica a aterrizar en las instituciones y el último a hacer campaña electoral con inauguraciones apresuradas, deja como resultado un ritmo caótico de acciones efectistas y poco fundamentadas que raramente resuelven problemáticas reales.

Nueva élite: Todos estos factores dan como resultado la aparición de una nueva aristocracia parasitaria formada por los representantes públicos que disfrutan de una serie de privilegios, en muchos casos desproporcionados. Este hecho provoca que se anteponga el interés de conservar dichos privilegios sobre la prioridad de servir a los ciudadanos.

Paralelamente y, en parte como consecuencia, a esta degeneración se está produciendo un despertar de la sociedad civil, que apoyada en herramientas como Internet ha comenzado a movilizarse frente a este proceso. Los ciudadanos, azuzados por la crisis económica y el elevado número de casos de corrupción destapados, están pasando de la impotencia al cabreo y se comienzan a despertar del letargo. Se empieza a poner en duda la viabilidad de un sistema que no resuelve los problemas de la gente. Salvando las distancias, hablamos de algo similar a lo que se vivió hace algo más de 200 años, en la Revolución Francesa, cuando un sistema obsoleto, incapaz de dar respuesta a las necesidades sociales, dio paso a otro más acorde con el espíritu de los tiempos. Ahora toca una nueva renovación. Las herramientas de comunicación y participación a nuestra disposición en este momento permiten apostar por la democracia participativa en la que los ciudadanos toman decisiones reales sobre lo que se hace con su dinero. Mientras no se remedie la hipertrofia de la clase política, es necesaria una cura de urgencia que proporcione verdaderos mecanismos de control sobre los representantes públicos, ya que los actuales dan claras muestras de ser insuficientes y la brecha entre estos y los ciudadanos es cada vez mayor.

Toca una segunda y decisiva transición en nuestro país. La que establezca la democracia real, ya que hasta ahora hemos tenido una únicamente formal.

Todo ello nos invita a plantearnos qué tipo de líderes necesitamos, y cual es el verdadero significado del liderazgo. Un verdadero líder es responsable, es decir, asume sus valores y predica con el ejemplo porque sabe que es un referente, la expresión de la psique colectiva. Como consecuencia de lo anterior, el líder es alguien que está al servicio de los demás. Un líder no busca la fama, busca la integridad.

Los líderes son los que hacen lo que predican. Aquellos que jamás piden a alguien que haga algo que no hayan hecho ellos antes. Hay coherencia entre las palabras y sus acciones. Y sobretodo un líder es alguien capaz de reconocer sus errores y limitaciones. Cuando alguien busca el beneficio personal, pierde la cualidad de liderar, aunque siga ostentando el poder.

www.revistanamaste.com

 

Publicado en: La sociedad, Denuncia
Email del autor: contenidos@namasteweb.com

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Comments

Sagrario Arana
# Sagrario Arana
miércoles, 13 de enero de 2010 7:58
Muchísimas gracias, Alberto, por tu artículo, que define con gran claridad lo que está pasando y señala la dirección de por dónde tendrán que ir las cosas.
Rafael Javier Rodiguez Sanchez
miércoles, 13 de enero de 2010 8:11
Excelente texto. Varios matices :

1/La necesidad de una democracia real no es solo de este país donde vivimos.
2/Sobre la separación de poderes: Precisamente esos tres poderes fueron pensados para contrapesar el poder absolutista. Hoy ese poder absolutista, es el poder económico. Ahí radica todo ahora mismo, y el problema es que todos le damos a su maquinita a través de buena parte de nuestras acciones para que siga su dinámica. La única posible alternativa para modificar esto es a través del replanteamiento de nuestras decisiones cotidianas (en el consumo, en el trabajo.....)

Un saludo
Maria Oliver
# Maria Oliver
miércoles, 13 de enero de 2010 8:13
Alberto, muchísimas gracias (y con las de Sagrario son ya muchisísimas!)
Estupendo artículo. como dice Sagrario. me gusta ese repaso ponderado y tranquilo; mejor visión...
Estoy especialmente de acuerdo con los últimos parrafos. En efecto, podemos dar hoy un paso más en la misma dirección de l'Esprit des Lois, sí (El espíritu de la Ley) y la enorme y, a la vista está, no suficientemente profunda y ecuménica, empatía -universal- como forma de ser y estar, de transitar por este mundo y organizarnos. Gracias!
Maria Oliver
# Maria Oliver
miércoles, 13 de enero de 2010 8:43
Rafael, nos pisamos. Sí, ese segundo punto es esencial y en relación al consumo, se pueden plantaer muchas acciones en red (hijas de esas decisiones cotidianas, justamente, insoslayables.) Hay que "dar" donde más duele, y el consumo, la ceguera en relación al consumo, hacer del consumo un tapabocas para el ansia es lo que ha hecho y quiere mantener a toda costa el neoliberalismo que nos ha impregnado (pringado?)
host
# Marta Soler
miércoles, 13 de enero de 2010 10:46
el consumo es nuestra fuerza ¿qué consumimos? ¿cómo consumimos?
Carolina
# Carolina
miércoles, 13 de enero de 2010 11:25
Me ha gustado mucho el artículo, más claro el agua.
german
# german
miércoles, 13 de enero de 2010 12:36
Buen articulo en lo que dices y muy acertado, pero decir que es algo como la revolucion francesa es demasiado dcecir. Ojala las conciencias se despertaran de una p... vez pero creo que en lugar de eso estamos mas perdidos que nunca, aunque algo muy lentamente va surgiendo y prueba d ello es esta blog. Esther amiga, he utilizado un nik,para el blog , se puede no? Que mas da el nombre lo importante son las ideas.
José Manuel
# José Manuel
miércoles, 13 de enero de 2010 15:06
Apreciado Alberto:

Te felicito por este excelente artículo, destaco la frase con la que lo inicias de William Shakespeare: “Qué época tan terrible esta en que unos idiotas conducen a unos ciegos”

Pensemos, Razonemos, Meditemos, Abramos los Ojos y Actuemos.
superviviente
# superviviente
miércoles, 13 de enero de 2010 16:10
Excelente, una apostilla, no solo somos ciudadanos, somos consumidores, votantes y contribuyentes, hagamoslo valer. Saludos.
Carles Nebgen
# Carles Nebgen
miércoles, 13 de enero de 2010 16:43
Muy bien expuesto y con toda la razón del mundo.
Sobre los líderes que necesitamos, podríamos decir que no queremos políticos, sino estadistas. Un político se preocupa de ganar las próximas elecciones. Un estadista se preocupa de preever las necesidades de sus ciudadanos en los próximos 50 años.
¿Alguien se ha preocupado de realizar un plan serio y masivo de repoblación forestal en las amplias zonas deserticas del Estado Español? No,por lo que he apuntado. Sus resultados se verán a partir de 20 años, cuando se note que se ha creado un bosque y los frentes atlánticos ya no pasen por encima de la península sin descargar el agua y estos lo hagan finalmente en la lines costera mediterranea, creando inundaciones torrenciales. Los árboles atraen la lluvia, y una península plagada de bosques produciría una lluvia uniforme. Pero si empezamos ahora, el resultado lo veremos dentro de 20 o 30 años. ¿A qué politico le interesa esto? A ninguno. Necesitamos estadistas.
Un saludo.
Gabriela Germain
# Gabriela Germain
miércoles, 13 de enero de 2010 17:27
Para que se cumpla la premisa de Shakespeare se necesitan idiotas y ciegos. Para que un idiota pueda estar en la conducción, sin duda será porque los conducidos son ciegos. Ciegos son los que no ven, los que no saben, no conocen. Los idiotas no tienen culpa de ser idiotas, pero los ciegos son responsables de elegir no ver.
Anónimo
# Usuario Anónimo
jueves, 14 de enero de 2010 8:52
El ocaso de la élite
Alberto D. Fraile Oliver
jueves, 14 de enero de 2010 11:05
Gracias a todos por vuestros comentarios. Es un placer colaborar en este blog. Este texto surgió inspirado por una manifestación expontánea que se produjo en Mallorca, mi tierra natal, donde 2.000 personas salieron a la calle (sin que ninguna organización establecida les convocara). Fue un acto convocado a través de las redes sociales. Aquel día me emocioné y al llegar a casa escribí este texto que he compartido con vosotros.

Es evidente que hay un cambio de paradigma ¿conseguiremos que ese cambio se materialice en unos sistemas de organización social más acordes a los nuevos tiempos?

Un abrazo
Alberto D. Fraile Oliver
www.revistanamaste.com
Nacho Rivera
# Nacho Rivera
viernes, 15 de enero de 2010 16:46
Cierto, faltaba una herramienta libre y no manipulable que diera rienda suelta a las inquietudes individuales. Hasta ahora votar cada cuatro años y tragarse las tertulias amañadas de marras era lo único que teníamos...

Este caos de información que es la red, va sin duda tejiendo un cambio de paradigma que poco a poco va cogiendo forma. La evolución siempre acaba encontrando su camino. Y está claro que el camino pasa por una nueva forma de gestionar nuestras vidas individuales y colectivas, que nada tiene que ver con esta casta fanático-mafiosa únicamente interesada en el poder.

En nuestras manos está que el cambio sea más rápido.

Gracias Alberto por el artículo.

Yo honro el lugar dentro de ti...
adobagar
# adolfo barrios
lunes, 18 de enero de 2010 23:31
Sí, totalmente de acuerdo con todo el planteamiento, pero...
De verdad creemos que por que nosotros nos mandemos mensajes y artículos por internet algo relativo a las estructuras de poder va a cambiar? Si algo tengo claro es que para cambiar las cosas no basta con hacer anáisis sesudos, por buenos y acertados que estos sean.
Historicamente los avances sociales se han conseguido con lucha. Entre otras cosas por que ese poder económico que como decís está detrás de todo este entramado partitocrático, no va a dejar que las cosas cambien sin luchar. Y como sabéis sus armas son muy poderosas, y no tienen escrúpulos. Harña falta acción, crear plataformas participativas y trabajar duro en transmitir el mensaje, realizar movilizaciones masivas y .... ¿Alguien imagina que tendría que pasar en España para que tan siquiera se consiguiera reformar la constitución? Algo imprescindible por otra parte si queremos una verdadera democracia representativa. Es más ¿De verdad queremos una democracia representativa?¿Qué estoamos dispuestos a jugarnos cada uno personalemente para consegurila?....

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