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A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.

Nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, cuyas dimensiones y posibles consecuencias son desconocidas por la mayoría de nosotros. Como ciudadanos, percibimos falta de transparencia por parte de las clases políticas e intuimos que seremos principalmente la sociedad civil, los que sufriremos más duramente sus consecuencias, como ha ocurrido siempre en el devenir de la historia.


Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
¡Algo absolutamente nuevo puede emerger!

El nuevo poder de la sociedad civil

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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
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El tema ya ha sido anunciado y es prácticamente una tesis: ya es hora de que tengamos una educación para el desarrollo humano. Conlleva también la convicción implícita de que sin una educación para el desarrollo humano, difícilmente llegaremos a tener una sociedad mejor.

Hasta la fecha, hemos vivido una larga historia de nobles propuestas y revoluciones encarnizadas por el cambio social que descuidaban el cambio individual, y pareciera que ya es hora de que entendamos que, si queremos una sociedad diferente, necesitaremos de seres humanos más completos: no se puede construir algo de tal naturaleza sin los elementos apropiados.

Este es un tema que me viene interesando desde hace muchos años, interés que se despertó al empezar a intuir el valor político de la educación del individuo y, por supuesto, utilizo el término “político” en el gran sentido de la palabra, que alude al bien público y no al maquiavelismo de la política de poder. Pensaba entonces que la comprensión del potencial de la educación para la evolución social sería una cosa muy fácil de trasmitir a personas receptivas en el sistema educativo, que a su vez podrían hacer lo necesario para que la educación se tornara más relevante al cambio. Pero ya llevo unos quince años dándome cuenta de que sucede algo muy extraño en la educación: se trata de una institución muy bien intencionada, un gremio en el que en cada país se habla continuamente de reformas posibles y particularmente de currículos complementarios o alternativos, se celebran conferencias, se invierte mucho dinero, y no cambia nada fundamental, pues domina una gran inercia institucional. Y a mí esto me parece trágico, como también me parece trágico que entre todos los males del mundo, éste sea uno casi invisible.
 
Pienso que el desarrollo humano es fundamental no sólo para conseguir una sociedad viable, sino para lograr la felicidad del individuo, pues no creo que estemos en este mundo simplemente para sobrevivir, y pienso que nos convendría más pensar en nuestro planeta como en una especie de purgatorio al que hemos llegado para hacer un trabajo interior: cultivar nuestro espíritu y abandonarlo siendo mejores que cuando llegamos.

Hasta un materialista empedernido o un agnóstico doctrinario puede reconocer que “no sólo de pan vive el hombre”. Pero ¿cómo es posible que tras milenios de reflexión acerca del destino humano, de la felicidad que trae la virtud y de la perfectibilidad de nuestra condición, exista en el mundo civilizado una institución que se llama “educativa” y que no se ocupa más que de cosas relativamente insignificantes? Pues es evidente que en lugar de ocuparse de ayudar a las personas a ser buenas personas para que así tengamos un buen mundo, se ocupa de enseñar materias que, se supone, van a servirnos en nuestra vida de trabajo o que, se supone, van a servir para la educación de nuestra mente, pero que ni siquiera sirven de gran cosa en la preparación de los estudiantes para una futura vida de servicio, sino sólo para la educación de ciertos aspectos de la mente en detrimento de otros. Más que nada, la educación actual sirve para pasar exámenes y así lograr un lugar privilegiado en el mercado de trabajo, por lo que es exacto decir que el órgano social al que correspondería velar por el desarrollo humano se ocupa de irrelevancias, olvidado de su función –y esto justo cuando el desarrollo humano se ha tornado sumamente urgente en el estado actual del mundo.

Hoy día se habla de crisis en la educación. ¿Por qué se habla de crisis? Porque los educandos jóvenes no quieren la educación que se les ofrece. Y, porque es eso fundamentalmente lo que lleva a la institución a hablar de “crisis”, bien pudiera decirse que lo que tiene lugar es una crisis de marketing, interpretada muy unilateralmente y comprendida a medias.Se le echa la culpa a la juventud, principalmente. Se piensa: “Estamos en crisis porque la juventud ya no se interesa como antes en sus estudios”, “los jóvenes ya no son tan serios como en otros tiempos”, “los jóvenes toman drogas y por eso no son capaces de escuchar a la gente seria que quiere traer estas materias tan importantes al aula.” Y no se piensa que tal vez sea al revés: bien pudiera ser que los jóvenes estén adquiriendo una conciencia más despierta que los docentes que han sido programados para hacer una enseñanza tradicional, y que a los jóvenes les basta un contacto breve con la escuela para darse cuenta que no les interesa. Incluso el efecto de las drogas (a las cuales se les echa tanto la culpa en Estados Unidos, y por eco de la política norteamericana en el resto del mundo) ha sido principalmente el de abrir cuestiones existenciales, darle un sentido a los jóvenes de que hay muchas cosas en la vida que son urgentes y que en el aula se ignoran como irrelevantes. En ella, los asuntos existenciales se ven sistemáticamente ahogados por una situación en la que falta el encuentro humano, el diálogo en torno a lo que pasa en las mentes, familias y entorno de los alumnos, a los que se exige estar quietos en sus bancos y se entrena en la obediencia. A propósito, actualmente está probado que la inhibición del impulso lúdico causa un considerable daño cerebral, pues hay sinapsis que son específicamente estimuladas por el juego y que después se pierden. Yo pienso que ir al colegio hoy en día es como comer arena –comer algo que no alimenta– cuando se intuye que hay otra cosa que sí sería relevante, y es criminal hacer perder tiempo, energía, años de vida a la gente con el supuesto de que esto es lo que necesita. Lo que se necesita es otra cosa: algo que ayude al desarrollo humano.

El desarrollo humano es mucho más que información y, sobre todo, mucho más que el tipo de información que ahora ocupa a los educadores, que no es ni siquiera para la vida, sino, como decía, para obtener un papel que indique que uno tiene derecho de entrada al próximo curso. Al decirlo no pretendo que se desestime la evaluación del aprendizaje o se deje de lado el proceso de selección en las universidades o en el mercado de trabajo.

Sólo quiero llamar la atención a lo aberrante que se ha vuelto la educación desde que el aprendizaje se hace más desde la consideración de las buenas o malas calificaciones que desde el interés en aprender.
Es tan difícil cambiar nada en la educación, que a diferencia de otros tiempos en que era optimista, estoy llegando a pensar que así como se ha hablado de un complejo militar industrial en el cual se confunden la violencia consciente y la tiranía del dinero, tal vez debamos preguntarnos si la educación, a sabiendas o no, no es el brazo secreto de este sistema opresor: una institución cómplice del sistema económico, que en vez de ayudar a la conciencia humana y al equilibrio de la sociedad está sirviendo a la perpetuación del status quo1 y a la vez, hipócritamente, a la ignorancia (ignorancia en el sentido más profundo de la palabra, que no guarda relación con la alfabetización sino con entender lo que nos pasa y lo que pasa en torno a nosotros). El que comprende a fondo lo que pasa no puede dejar de conmoverse y de sentir que hay una tragedia implícita en la disfunción de nuestro sistema educacional. A mí, por de pronto, lo que percibo me mueve a hablar más y más.

Publicado en: La sociedad
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Roberta
# Roberta
lunes, 22 de diciembre de 2008 23:03
El exceso de racionalismo de la sociedad actual, nos hace olvidarnos de los aspectos fundamentales del ser humano, que son los que dan realmente sentido a nuestras vidas. Nuestros hijos, esos pequeños seres, en cuyas caras se refleja una gran ilusión por la vida, van siendo empobrecidos por la televisión, los ordenadores, el consumismo, la comida basura...
Siento estar pesimista, pero cada vez me gusta menos la sociedad en la que vivimos. Por eso estoy aqui....
manu
# manu
martes, 23 de diciembre de 2008 18:12
Gracias y mil veces gracias Claudio por poner en palabras algo que siempre intuí, incluso llegue a pensar. Muchísimas gracias, ha sido un verdadero placer leer por fin esta idea escrita en negro sobre blanco.
simon
# simon
sábado, 27 de diciembre de 2008 9:36
Creo que todos en cierta medida repercutimos en nuestro alrededor, ha tenido que pasar situaciones tragicas para despertar cambios por otro lado necesarios. Conoczo educadores (profesores) en USA (cuya sociedad sabemos no constituye ejemplo de ideal espiritual) cuyos cursos o pstgrados son precisamente de indole espiritual donde ayudan al individuo al contacto con su esencia y a partir de aquí poder transmitir unos valores que la sociedad carece .
Una buena esperanza de cambio , no os parece?
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sábado, 24 de abril de 2010 15:39
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