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Santiago Villar Pallás posted on septiembre 30, 2009 05:00 
El uso que hacemos del lenguaje para comunicarnos expresa nuestra manera de ser. Algunos sentencian como jueces, otros dudan como investigadores, otros escuchan como niños u otros se cobijan en el silencio como místicos. Nuestra manera de estar en el mundo puede destilar rabia o amor, podemos detestar a todo aquel que no se doblegue a nuestro monólogo o podemos aspirar a comprendernos a través de la mirada de nuestros interlocutores.
Muchos de los que optan por el silencio se han dado cuenta que “hablar por hablar” es un modo de huir del vacío de una existencia anodina. Han entendido que el artificio de una verborrea portentosa es el desagüe de sus incomodidades vitales y buscan en expresiones concisas el auténtico sentido de su vida. El silencio como la resaca de una retahíla de palabras vanas puede hacernos comprender la dimensionalidad intrínseca de nuestros juicios.
Los que sentencian utilizan unas categorías, que con unas fronteras inviolables diluyen la complejidad con una pasmosa autoridad. Necesitan discernir, sin atisbos, la verdad de la falsedad porque no soportan los que persisten en los claroscuros. Desde la seguridad de sus categorías viven ajenos a la inquietud de la mayoría de los que dudan y sus juicios una vez dictados son inamovibles.
Los que investigan dudan porque pretenden descubrir una regularidad que les permita predecir el orden de los acontecimientos. Utilizan categorías para clasificar, acercándose más a los que utilizan el cálculo de probabilidades que a los agoreros. Los que aman investigar siempre están dispuestos a volver a revisar sus juicios.
Los que escuchan aceptan la dimensionalidad de cualquier juicio porque sin prejuicios se dejan empapar por “el decir del otro”. Al escuchar se licuan las fronteras entre lo blanco y lo negro, entre los que saben y los ignorantes, entre los que pretenden salvar el mundo y los que quieren ser protegidos o entre los que creen tener razón y los que sólo tienen razones.
Tenemos la tendencia natural a juntar en grupos cosas diferentes, y parece que nos damos cuenta cuando algún objeto está fuera de su sitio. Cada cultura tiene sus propias categorías y, por consiguiente, la consistencia interna de las mismas es arbitraria. La consistencia interna proviene de una definición de atributos que nos permiten clasificar los miembros de los no-miembros. Tenemos el ejemplo cuando intentan colocarnos una categoría de raza en nuestras visitas a Estados Unidos: podemos ser tanto latinos, como blancos…, es decir, la definición de los atributos nos sitúa en una categoría u otra. En las categorías más abstractas como el bien o el mal, la libertad o la esclavitud todavía tenemos más dificultades para trazar los límites. Cuando conocemos alguien inconscientemente lo agrupamos en una categoría: es libre o es esclavo, es bueno o es malo. En la medida que vamos profundizando más en la relación vemos que los límites de nuestras categorías se difuminan y sostenemos sin rubor que el libre no es tan libre y que el esclavo no es tan esclavo. Al pensar comprendemos que los atributos que manteníamos con firmeza pierden su poder explicativo y optamos por posiciones más dimensionales; “tengo o tienen algo de bueno y de malos, de libres y de esclavos”.
Escribió el periodista Ryszard Kapuscinski que “si de entre las muchas verdades eliges una sola y la sigues ciegamente, ella se convertirá en falsedad, y tú en un fanático”. Así, aunque necesitamos de las categorías tenemos que tener el valor de cambiarlas para no convertirnos en unos fanáticos. Decía Nietzsche que al “hablar redondeamos”, es decir, obviamos los decimales, los matices que enturbian nuestra percepción clara y distinta.
Publicado en: Filosofía
Email del autor: svillarp@gmail.com

# Rafael Javier Rodriguez Sanchez
miércoles, 30 de septiembre de 2009 8:54
Bello texto, Santiago........Efectivamente al hablar se redondea (se nos olvidan los decimales), y por ello normalmente es mucho más sencillo acercar posturas cuando las partes están abiertas a ello . De todas formas, esos decimales, los pequeños detalles son importantes, y si queremos engarzar nuestras ideas en un colectivo, tenemos que darles su importancia sin caer en el "narcisismo de las pequeñas diferencias" que decía Freud. La incapacidad del lenguaje (oral o escrito) para expresar todos esos pequeños matices es la que nos lleva a que las ideas nos distiendan en numerosos gropúsculos (la mayoría de las veces, de un sólo individuo). Se necesitarían horas, y horas de debate interactivo para expresar todo lo que queremos exponer cada uno e intentar engarzarlas en un "corpus" homogeneo. Y eso, precisamente, el tiempo es nuestro bien más escaso y que claramente más se nos ha robado (Recordar "Los ladrones de tiempo" de Momo).
miércoles, 30 de septiembre de 2009 15:31
Muy oportuno y muy esclarecedor y totalmente de acuerdo con el primer comentario. En efecto Rafael no permitamos que nos roben mas nuestro tiempo y utilicemoslo para construir en vez de destruir.

miércoles, 30 de septiembre de 2009 17:23
Gracias Santiago por esta magnífica reflexión sobre las causas que nos imposibilitan la comprensión mutua. Gran herramienta el lenguaje, pero tamnbién gran problema a veces. El lenguaje, aunque rico, no puede expresar la infinidad de matices del ser humano, creamos un código de comunicación, pero en el fondo es muy básico. Algunos creen que la autentica comunicación llegará con el desarrollo de la telepatía, otors piensan que el ser humano se comunicaba de manera efectiva telepáticamente antes del desarrollo del lenguaje, quizás los animales lo hagan. La categorización de las cosas ha sido necesaria para mantener la sensación de seguridad vinculada al sentimiento de pertenencia a algo, cuya raiz nace en la seguridad de la pertenencia a la familia,. Es importante entender cuando enfrentamos puntos de vista, que la amenaza a nuestra seguridad o sentido de pertenencia algo, también la siente la parte contraria. Normalmente cuando una categoría puede enfrentar, creo que en el fondo no es tan importante.

miércoles, 30 de septiembre de 2009 17:28
La verdad que el artículo llega que ni pintado. Te felicito por el artículo y por el don de la grata oportunidad. Hay tanto de envoltura, tanto de condicionamiento y de ego que nos olvidamos de la esencia. Nos olvidamos que sin toda esa superficialidad somos UNO. Que cualquier diferencia sólo es ficción. Categorizar, etiquetar, es una forma de condicionamiento. Jean Gebser habla de la libertad aperspectivista. Multiplicidad de puntos de vista y no privilegia automáticamente ninguno de ellos sobre los demás. Pero cuando uno empieza a tener en cuenta todas las posibles perspectivas, todo comienza a moverse vertiginosamente. Pero el hecho de que todas las perspectivas sean relativas no significa que no haya puntos de vista más adecuados. ¡El hecho de que todas las perspectivas sean relativas no significa que unas no sean relativamente mejores que otras! La afirmación de que "todo es relativo y de que no hay nada mejor ni peor que otra cosa" soslaya el hecho de que esta misma actitud es mejor que las actitudes alternativas, cayendo entonces en la llamada contradicción performativa. Antesala de la locura. Un abrazo taxativo.
miércoles, 30 de septiembre de 2009 18:47
muy buenas reflexiones, creo que en como digamos las cosas y el lenguaje que apliquemos es muy importante, creo que el poder de la palabra es fundamental en el ser humano en como digamos las cosas es muy importante si van acompañadas de una enorme humanidad para el ser humano y sobre todo con mucho amor y bondad.

miércoles, 30 de septiembre de 2009 19:07
"Al pensar comprendemos que los atributos que manteníamos con firmeza pierden su poder explicativo y optamos por posiciones más dimensionales; “tengo o tienen algo de bueno y de malos, de libres y de esclavos”. Gracias Santiago, ese es el quid... cosa que no implica relativismo, o cínico laxismo, sino justamente compromiso con el pensar, con una verdad no con la verdad (menuda quimera), compromiso matizable a cada paso, no fijo y esclerosado... un compromiso que se toma el tiempo, como señalais, para ser revisado. Y, para ser revisado, necesita escuchar, atender y razonar mlultipes puntos de vista: que eso es lo que llamamos verdad, no? un punto de vista... se trata de escoger un buen ángulo, una bella y buena vista... Nada de estrechez de miras categórica, estéril... Pensar es, por definición, un arte --técnica-- humilde (nada de narcisismos primarios o de nimias diferencias...) el pensamiento soberbio, el pensamiento que no atiende razones, el categórico... ¿es pensamiento o habría que retirarle tal denominaión? un abrazo
miércoles, 30 de septiembre de 2009 19:10
ah! y los poetas, los poetas!, ni se xcansan de afirmar que las palabras no bastan... y sin embargo, ahí estamos condenafdos a ellas y a entendernos, más abrazos
miércoles, 30 de septiembre de 2009 19:46
Muy bonito artículo Santiago. Posiblemente la necesidad de archivarlo todo, de ponerle a todo una etiqueta sea un punto de partida, una reminiscencia de la infancia, que nos da seguridad y nos simplifica el trabajo. La verdadera madurez sería, como dice Esther, cuando nos podamos comunicarnos telepáticamente, o volver a hacerlo, tal vez. Entonces podremos no solo transmitir ideas, sino tambien sentimientos. Un abrazo.

miércoles, 30 de septiembre de 2009 20:35
Gracias Santiago, por proponernos un tema tan apasionante. Estoy muy de acuerdo con todo lo que dices acerca de los juicios. Al respecto permíteme aportar que los juicios hablan más de los que los emiten que de aquellos a los que van dirigidos. Concuerdo contigo en que la clave para una buena comunicación está en escuchar, pero no creo que el lenguaje se nos quede cortos y al contrario, creo que es una de las obras mas geniales de los hombres, si no la mas importante y creativa de todas. No deja de maravillarme el acceso que tenemos todos a un repertorio tan vasto de palabras que, según como las ligamos u ordenamos nos brindan la posibilidad de construir ideas y mundos nuevos. Creo que ese redondeo al que alude Nietsche, esa resta de los decimales, tiene que ver mas con nuestra incapacidad de ser precisos, que con el lenguaje en si. Y al escribirlo recuerdo la cita de Wittgenstein: “Los límites de mi mundo son los límites de mi lenguaje”. Pero si de citas se trata, mi favorita es de Aristóteles cuando dice que lo más bello ante todo es ser poseedores de la metáfora, porque una buena metáfora implica la percepción intuitiva de la semejanza entre cosas desemejantes. Hablar es ir amarrando palabras que al relacionarse entre si van ensanchando el mundo de las posibles lecturas e interpretaciones. Allí radica la importancia de saber escuchar. Una buena escucha percibe el espacio entre las palabras. Ese que cada uno llena con sus propias ideas, conceptos, cultura e historia. ¿Habrá algo mas subjetivo?
miércoles, 30 de septiembre de 2009 22:59
Hola. Enhorabuena por el artículo. Nada más cierto: el lenguaje lo es todo, porque, contrariamente a lo que podría parecer, el lenguaje es lo que crea a la persona y no al revés, el lenguaje afecta a nuestra manera de pensar, los discursos construyen los fenómenos del mundo, las identidades personales son construídas socialmente a través del lenguaje y del discurso, etc. Eso dicen los construccionistas sociales, y creo que son reflexiones muy interesantes. Me permito recomendar un libro que habla de eso y de mucho más: en catalán es "Introducció al construccionisme social", de la Dra. Vivien Burr (no sé si está traducido al castellano). Saludos
jueves, 01 de octubre de 2009 0:18
Hola J.C., "El lenguaje afecta a nuestra manera de pensar" En esto estoy totalmente de acuerdo. Las palabras con su significado y su "significante",pueden condicionar nuestro comportamiento. Por ejemplo, una palabra determinada puede estar llena de matices para una persona y su uso puede condicionar ciertas reacciones que "a priori" no se contienen en su significado, pero en si en su "significante". Lo mismo ocurre con la sociedad y las palabras, de ahí las modas que adquieren ciertas expresiones o palabras según el momento que socialmente se experimeta. Palabras sobre utilizadas en estos momentos en todo tipo de debates, como ocurre con "demagogía" "aunar".No estoy de acuerdo en que el lenguaje crea a la persona, por el mismo motivo que el aumento de PIB no genera más bienestar social. Primero siempre va el hombre en conjunto con la naturaleza y luego sus creaciones, las buenas y las malas creaciones. Perdona mi indiscrección ¿Eres sociólogo? Un saludo

jueves, 01 de octubre de 2009 3:33
Hola JC! Tus ideas sobre el lenguaje me resultan inquietantes y estimulantes. Respecto a que afecta nuestra manera de pensar, creo que, si al ampliar el repertorio de palabras se amplía el repertorio de ideas o conceptos, naturalmente se modifica el modo de pensar. Al respecto es interesante lo que pasa cuando se adquiere otro idioma. Ahora, respecto de la idea de que el lenguaje crea a “la persona” yo haría una modificación y diría que el lenguaje puede crear personas. De hecho tu eres en este momento, una creación en mi mente, hecha de los fragmentos que percibo que te constituyen y de los que intuyo o simplemente invento. Ni siquiera se si eres hombre o mujer, pero puedo “conversar” contigo. Como dice Santiago, vamos construyendo a los otros a fuerza de juicios o de escucharlos. Lo que a mi me parece claro es que no tenemos la capacidad de ver nada en su totalidad. Y en ese sentido también me resulta interesante el lenguaje (hecho de fragmentos que pueden ordenarse en combinaciones infinitas), como sistema o herramienta para la interpretación del mundo. Al parecer todo se trata de pasarse la vida haciendo relaciones. Hoy diríamos linkeando fragmentos de lo que percibimos. El tema es que en tanto sigua habiendo vacíos seguirá habiendo terreno fértil para la imaginación y la creatividad. El mundo no es el mundo.

jueves, 01 de octubre de 2009 10:41
Parece que el lenguaje nos sirve para comunicarnos..., por lo menos a través del dialogo podemos encontrar una expresión lingüística que se ajusta (siempre en constante revisión) a lo que sentimos y pensamos. En el debate hay dos posturas que magistralmente Wittgeinstein esbozó en su reflexión sobre el lenguaje a.- Positivismo lógico ("Tractatus"). Teoría pictórica de la realidad que presupone que el lenguaje es como una copia de la realidad (en realidad se cimienta en la sintáxis), así se pretende crear un lenguaje formal, exento de errores y vaguedades, que nos permita aseverar verdades. b.- Analítico ("Investigaciones filosóficas"). Más allá de la sintáxis el lenguaje es pragmática. El lenguaje es una "caja de herramientas", de ahí que los "limites de mil lenguaje son los límtes de mi mundo" e "inventar un lenguaje es inventar una forma de vida". Así, pienso que el segundo Wittgeinstein nos permite acercarnos al construccionismo. Por otra parte los tres clásicos pensadores de la sospecha (Freud, Nietzsche y Marx) sospechan en la medida que sienten que el redondeo de los decimales les escuece..., así vamos construyendo y descontruyendo. Gracias María por señalar que no se trata de un relativismo, pues el régimen de verdades vigente es absoluto (en el sentido que no podemos escapar de sus implicaciones en nuestra cotidianidad), se trata de saber que algunos osados nos venden una "perspectiva" como la única (Nacho nos propone la libertad aperspectiva)... y como no tenemos tiempo somos incapaces de pensar sobre ella (como Gabriela afirma pensar sería el proceso inacabable de ir linkeando fragmentos de lo que percibimos). El tiempo (como Rafael y Eduardo nos advierten) o la necesidad de respuesta rápida menoscaba la capacidad de ir creando nuevas relaciones... Nietzsche defenía al filósofo como el "maestro de la lectura lenta"..., en este sentido Foucault decía "que es importante pensar lo que se deja de pensar cuando se piensa" Buena idea la de las metáforas de Aristóteles..., parece que nos sostenemos sobre metáforas que las vestismos de verdades inquebrantables para vivir con cierta seguridad. Finalmente, como dice Esther "gran herramienta el lenguaje, pero también gran problema a veces" y como decía el poeta "allí dónde esta el peligro está la solución". Muchas gracias por todos los comentarios. Abrazos humanistas y nada relativos.
jueves, 01 de octubre de 2009 23:39
Amigo Santiago tu siempre persiguiendo la perfección en y con la Filosofía.En quien estarias tu pensando cuando hiciste el articulo. Respecto de los juicios estoy totalmente de acuerdo con Gabriela,cuando dice que estos hablan más de quien los emite que de aquellos a los que van dirigidos yo incluso añadiría aquel dicho popular "dime de que presumes y te diré de que careces..." Pensadores del universo,no dejeis de vivir ni un solo pensamiento,porque por insignificante que os parezca,puede que sea la oportunidad de vuestra vida... Un abrazo

martes, 06 de octubre de 2009 0:10
Descartes en su método para extractar la verdad, ponía como regla primera la percepción clara y distinta de la cosa. Con ello, pretendía alejarse de juicios, prejuicios y dudas. Con percepciones claras y distintas, el hombre elabora ideas y abstracciones que se concretan en conceptos. Los conceptos son la base del lenguaje, pero sobre todo del pensamiento. Cada palabra es un concepto diferente, una riqueza que la mente humana pone a su disposición para mejorar su capacidad de pensamiento. Sin conceptos (palabras) no hay pensamiento. Por otra parte, cuanto mayor es el número de conceptos que manejamos, mayor profundidad y precisión alcanza nuestro pensamiento. Al hablar redondeamos, porque para comunicarnos la mente elabora una síntesis de pensamiento. Obviamos los decimales, los matices que aportan policromía y riqueza al lenguaje. Para que una persona llegue a tener un conocimiento adecuado de sí misma, debe profundizar en el lenguaje (en su lenguaje), y adquirir conceptos nuevos que faciliten esa profundización. Al profundizar en el lenguaje, nuestro pensamiento va eliminando barreras, propias y ajenas. Y los límites, categorías y grupos comienzan a desbibujarse, a fusionarse, a mezclarse, a relativizarse de tal manera que resulta imposible cualquier diferenciación. Para comprendernos no pueden existir categorías o dimensiones. Comprender significa abarcar: cuando comprendemos algo, ese algo ya forma parte de nosotros. Las diferencias son sólo apariencias, ilusiones de nuestra individualidad, limitaciones que nuestra ignorancia impone. El pensamiento busca, a través de los conceptos del lenguaje, superar los límites y las barreras de la mente. Contemplar la realidad en su conjunto, supone abandonar esa visión parcial y particular que de nosotros mismos tenemos. Los conceptos del lenguaje, de los que el pensamiento se alimenta, sirven sobre todo para eso: para eliminar barreras, categorías y dimensiones. La trascendencia del lenguaje no está en la palabra (que siempre es susceptible de interpretación), sino en el pensamiento (que es de donde emana el verdadero conocimiento). Santi, en muchos artículos es común que sean muchas las palabras y pocas las ideas. Los tuyos son siempre ricos en ideas, éste es un ejemplo. Felicidades. Un abrazo.
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