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A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.
Nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, cuyas dimensiones y posibles consecuencias son desconocidas por la mayoría de nosotros. Como ciudadanos, percibimos falta de transparencia por parte de las clases políticas e intuimos que seremos principalmente la sociedad civil, los que sufriremos más duramente sus consecuencias, como ha ocurrido siempre en el devenir de la historia.
Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
¡Algo absolutamente nuevo puede emerger!
El nuevo poder de la sociedad civil
¡Forma parte!
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Santiago Villar Pallás posted on julio 15, 2009 05:00 
En Atenas se introdujo una división tripartita del trabajo social, así algunos problemas debían ser debatidos en público, otros decididos en privado y otros delegados a expertos. Hoy las fronteras entre los tres ámbitos parecen difusas, mientras lo público se equipara a lo político (“basado en intereses”), lo privado a la conciencia y conducta personal (“decisiones basadas en mis valores”), y los “expertos” aparecen (con su “jerga profesoral”) para aleccionarnos sobre lo que “deberíamos hacer”. El mandato de la ilustración que nos empujaba a la “mayoría de edad” presupone que podemos tomar nuestras propias decisiones, que no podemos seguir a un puñado de visionarios que se creen portadores de unas soluciones mágicas en base a sus conocimientos técnicos. ¿Por qué nos abstenemos de pensar y dejamos que los “expertos” piensen por nosotros?
El experto griego era un como un investigador contratado por “obra y servicio” que satisfacía a su cliente (independientemente de sus fines). En nombre de la complejidad actual, algunos expertos se erigen en portadores de fines (del “deber ser”) y más allá de técnicos se atreven a discernir sobre aquellos temas que exclusivamente se atienen a nuestra autonomía como ciudadanos. En las polis griegas los clientes y ciudadanos tenían poder para actuar con autoridad como controles externos. Por el contrario, los expertos de nuestras sociedades hablan con autoridad, pero sin el control de la ciudadanía. Los ciudadanos actuales ocupados y preocupados por su subsistencia material carecen del tiempo libre que tenía todo ciudadano griego (¡hay que tener en cuenta que eran pocos los ciudadanos¡) para dedicarse a la ciencia y la política. Nos podemos plantear otra pregunta ¿estamos sujetos a la acción política de unos expertos profesionales, sin poder ser agentes de nuestra propia autonomía?
A los sofistas (que cobraban por su capacidad de hacer que su sabiduría proporcionase éxito a sus clientes) Platón los tildó de “retóricos”, mientras laureaba a su maestro Sócrates porque buscaba exclusivamente la verdad. En el desacuerdo de Sócrates con los sofistas subyacen dos tipos de creencias: la existencia de una verdad universal (¡que la mayoría desconoce!) y una pluralidad de verdades que se construyen en nuestra interacción social (al carecer de base ontológica, podemos acogernos aquellas que nos sean más útiles). Sí apuramos el escepticismo sofista llegaremos al nihilismo, mientras un intelectualismo moral intransigente nos proporciona el fundamentalismo. Entre el nihilismo y el fundamentalismo hay una posición que atiende a responsabilizarnos de nuestras propias decisiones. Cualquier decisión requiere al menos de dos opciones; la manida frase “es lo que hay” es una argucia que muchos supuestos expertos arguyen para convertirse en líderes de un rebaño obediente.
El experto decente es el que nos presenta opciones, que no camufla la complejidad con una supuesta simplicidad genial. A menudo nos oponemos a un “solución científica” porque sentimos que nuestra experiencia personal y nuestra capacidad de emitir juicios independientes no se ha tomado en consideración. Algunos experimentos como la “democracia deliberativa” o “conferencia de consenso” en un principio tenían como objetivo el delegar poder en las comunidades locales sobre asuntos o materias que les concernían directamente (planificaciones urbanísticas, gestión de residuos…) y demostrar que el público no experto podía tomar decisiones políticas. Hoy, las comunidades virtuales son foros que permiten esbozar una “democracia deliberativa”. La llamada “sociedad en red” puede ser un nuevo modo de extender la idiotez o de ir creando una “conferencia de consenso” para dar voz a nuestros valores.
Cuando los expertos nos asestan su consabida defensa “es un tema complejo” tenemos que ser capaces de pedirles explicaciones. Cuando nos atrevemos a plantear preguntas nucleares, a no aceptar que sólo hay una única opción podemos asumir la responsabilidad de nuestras propias decisiones. Decidir no es fácil, es más cómodo pensar que somos un mero engranaje de un sistema que nos supera. Al final, parece que la responsabilidad nos abruma.
Publicado en: Filosofía
Email del autor: svillarp@gmail.com

miércoles, 15 de julio de 2009 12:26
Brillante artículo Santi, te felicito. Has apuntado una reflexión sobre un elemento clave en estos momentos: la autorresponsabilización de la sociedad civil en la gestión de nuestros recursos. Solo nos queda esta alternativa para seguir adelante, una vez abierto los ojos y comprobado el desastre financiero en el que nos han metido esos "supuestos expertos" que hablan de la economía con una jerga incomprensible, utilizando incluso palabras que no pertenecen propiamente a su lenguaje, como por ejemplo "activos tóxicos", más propios de un lenguaje médico que económico. Hablan de tóxicos como si fuera algo que hemos ingerido accidentalmente y que va a perjudicar nuestra salud. Y si, lo hemos ingerido accidentalmente por falta de responsabilidad, por no haber cuestionado el método que nos ofrecian los expertos: el hiperendeudamiento para generar consumo. Gracias también por recordarnos la polaridad nihilismo-fundamentalismo, el nada es versus solo existe esto. Un abrazo
miércoles, 15 de julio de 2009 14:06
Gracias Santi (casi digo parakalòs!!!), estupendo artículo, nfantástica remisión al origen para resituar eso que es la responsabilidad (sine qua non) en democracia. El experto real, el verdadero experto, el que sabe de verdad (como demuestran todos tus artículos, este en especial) es aquel que sabe explicar sencillamente lo complejo, no? Y me digo desde mi aproximado conocimiento de la filosofía griega... ¿no serán los estoicos (zenón en particular.por aquello de que todos, to dos, somos ovejas de un mismo rebaño) un buen ejemplo para esa vía media entre nihilismo y fundamentalismo --vía que ojalá alimente eso del 2.0 y las plataformas cívicas que allí surjan, como apuntaba ayer Gabriel--? Qué piensas de eso? Un abrazo, y mil gracias... y sí, Esther: alertas al lenguaje en la vía de toma de conciencia...
lunes, 20 de julio de 2009 14:43
Buen artículo, enhorabuena. Estoy de acuerdo con todo, sólo una puntualización, cuando al final dices: "es más cómodo pensar que somos un mero engranaje de un sistema que nos supera"... Pensar eso no es cómodo, y no creo que nadie piense eso conscientemente. Simplemente no pensar es más cómodo, aunque creo que a la larga ser un robot humano no es nada cómodo. Saludos

miércoles, 29 de julio de 2009 20:40
Hagamos lo que hagamos, queramos o no, hemos tomado la decisión de hacerlo. Siempre que hacemos algo, hemos decidido de ante mano hacerlo. La decisión es siempre nuestra: sigamos o no la decisión de otro. Por lo tanto, si la decisión es siempre nuestra, la responsabilidad también lo será. Y, precisamente, al ser ineludibles decisión y responsabilidad, estamos -como diría Sartre- condenados a ser libres. Es imposible responsabilizar a otro de nuestros aciertos o errores, porque la decisión última es nuestra. Yo soy quien decido seguir a alguien o no; hacerle caso o no. Por todo ello, es fundamental formar y educar el pensamiento. En el mundo actual existe un exceso de información, que tiene un efecto muy parecido a la falta de información. Además, por lo general, la información que recibimos no es neutra, sino que nos viene sesgada y adulterada. Es decir, los medios de comunicación no sólo se dedican a informarnos de hechos concretos, sino que vierten de forma oscena opiniones y juicios de valor para transmitir de forma interesada esa información. Es una obligación nuestra, si pretendemos ser libres de verdad, formar nuestro pensamiento. De esta manera evitaremos a todos estos "expertos profesionales", que en la mayoría de los casos son periodistas, oradores interesados y políticos que sólo persiguen mantener su poder a través de la manipulación. Hace ya mucho tiempo que la verdad dejó de interesarles. Excelente artículo, Santi. Enhorabuena.
jueves, 30 de julio de 2009 14:40
Cuando uno hace algo no siempre lo hace por una decisión previa, no tiene nada que ver moverse por impulsos internos que hacerlo por externos. ¿Es dejarse llevar una decisión? ¿Es actuar motivado por el miedo una decisión? Puede que lo sean, pero siempre serán decisiones "débiles", con mucho grado de inconsciencia, nada que ver con las decisiones que se toman cuando la mente está despejada, libre de presiones ajenas y la conciencia bien despierta. Hablas de responsabilidad, pero en mi opinión solo se puede aplicar la responsabilidad a quien es auténticamente consciente de sus actos.

viernes, 31 de julio de 2009 15:17
Diego, dejarse llevar es una decisión. Es como cuando decido no elegir: he elegido(decidido) no elegir. Otra cosa es que se haga de manera consciente o no. Actuar motivado por el miedo no es una decisión, es una circunstancia. Lo importante a tener en cuenta es que, siempre que actuamos, hemos decidido hacerlo. Detrás de cada acción exite un motivo- o varios- que determinan la decisión. Y en la elaboración de esa decisión o respuesta, siempre intervendrán aspectos diferentes de nuestra mente, de nuestra personalidad. En cada decisión entran en juego aspectos racionales e irracionales(sentimientos, pasiones, miedos, etc), conscientes y subconscientes de nuestro intecto. Y, al final, se produce una especie de síncretismo que tiene como consecuencia una determinación, una decisión, una elección. A partir de aquí, la acción se pone en marcha -por cierto, no actuar también es una forma de actuar. El hombre es un ser limitado e imperfecto, cuyos principales atributos son la carencia y la necesidad. Estas bases tan exiguas abocan al hombre constantemente al error. Pero, ¿qué sería del aprendizaje sin la bendición del error? No aceptar nuestras decisiones es no aceptar nuestros errores. Y el que no acepta sus errores como propios está inhabilitado para el aprendizaje. Podemos hacernos responsables o no de nuestros actos, la decisión es nuestra, pero en juego está nuestra propia libertad como individuos.
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