Manel Vilaseca posted on diciembre 12, 2008 05:00

Wikipedia: “El Muro de Berlín cayó en la noche del jueves, 9 de noviembre de 1989, al viernes, 10 de noviembre de 1989, 28 años más tarde de su construcción.”
Meses más tarde a la caída del muro de Berlín, aún se podía escuchar aquella cantinela, tan irónicamente expresada por mucha gente en Occidente de: “El capitalismo ha triunfado sobre el comunismo”.
Tengo la firme convicción de que el universo está hecho de equilibrios y esa afirmación tan rotunda del triunfo de un sistema sobre el otro me parecía lo menos, una propaganda barata del virtual vencedor de la guerra fría.
Pero, si el universo y por ende el mundo están basados en equilibrios, eso me llevaba a pensar como no, en el fin del capitalismo. Y la pregunta que seguidamente me vino a la cabeza fue: ¿Y cual es el talón de Aquiles del capitalismo? ¿Bajo que parámetros se desplomará?
Una reflexión obligada era el análisis del fundamento del sistema: “Cada año más beneficio”. En resumen el capitalismo se basa en eso. Pero analicemos a grandes rasgos que significa tal afirmación.
Primero, más beneficios es igual, o bien a más margen de beneficio, o bien a más rotación de venta con menor o mismo beneficio. Eso me lleva a pensar en que además cada año por un mismo tipo de bien de consumo (por ejemplo un simple cepillo de dientes), aparecen no solo nuevos modelos muchas veces manteniendo los antiguos de una misma marca, sino que además aparecen nuevas marcas con sus distintos modelos. Este ejemplo llevado a gran escala, con todos los bienes de consumo que se hacen en el planeta, simplemente me dio vértigo. Por que si bien numéricamente el sistema tiene cierto sentido, extrapolar esos números a los límites inherentes del planeta como recursos naturales disponibles traducidos a productos terminados, convertibles en desecho al cabo de poco, por una humanidad también creciente me parecía del todo desfasado y sin sentido.
La “crisis financiera” no es más que un síntoma de la verdadera enfermedad que inevitablemente azotará a la mayoría de sociedades de este planeta. El sistema capitalista como todo invento humano, no es más que un espejismo que se disolverá en la nada. El problema viene luego, un planeta superpoblado, habituado y engarzado en un estilo de vida que no solo se paraliza sino que además pierde toda traza del sentido que con la publicidad muchos quisieron darle y otros tantos creyeron.
La humanidad, carne de cañón de tubos catódicos bombardeada con la más brutal manipulación jamás soñada ni por el propio Joseph Goebbles, se verá de pronto desnuda y aun más aturdida de lo que lo estuvieron los alemanes al terminar la II Guerra Mundial y descubrir horrorizados todo lo que no quisieron o pudieron ver sobre los campos de exterminio. Solo que esta vez el holocausto ha sido causado al antes tan hermoso planeta Tierra en nombre de una falsa libertad basada en el consumo compulsivo.