Esther Ibañez posted on diciembre 05, 2008 05:00

¿Cómo podemos los ciudadanos influir en las grandes decisiones económicas?
¿Podemos influir en la economía del mundo?
El sistema capitalista ha creado una amplia clase media en occidente con el claro propósito de convertirnos en consumidores y así generar grandes beneficios. El mercado nos necesita y eso nos confiere poder, poder que no hemos sabido utilizar nunca. Como consumidores nuestra política de compras puede ser una importante palanca de fuerza en la toma de decisiones de las empresas. El potencial es muy grande, pero está poco trabajado y organizado. Como ahorradores, si cabe el potencial es aún mayor, sobre todo en estos momentos. Los españoles ahorramos unos 100 billones de pesetas. Esta ingente cantidad de dinero es gestionada por entidades bancarias y financieras con una regla: la maximización del beneficio.
Tal es nuestro poder en ese sentido que últimamente los gobiernos nos están suplicando que consumamos y que no retiremos nuestros ahorros de los bancos.
Hoy hablaremos de bancos, de la banca ética.
Hacia los años setenta comenzaron a surgir las primeras iniciativas que consideramos como el origen de la banca ética: bancos que intentaban conseguir simultáneamente dos objetivos compatibles y necesariamente complementarios: por un lado, la financiación de actividades económicas que tuvieran un impacto social positivo y por otro, la generación de beneficios. Una característica importante en la que coinciden los diferentes bancos éticos es la transparencia: el inversor es informado de las iniciativas que reciben los créditos de la entidad, de las condiciones y criterios aplicados,… de forma que éste tenga la información suficiente para decidir si está de acuerdo con el uso que se hace de su dinero.
Sin nuestro consentimiento, bancos, cajas y fondos de pensiones utilizan nuestro dinero para financiar incluso industrias de armamento, empresas con explotación infantil, empresas contaminantes...
El dinero fue creado inicialmente para servir a las personas, pero hemos acabado siendo nosotros los que servimos al dinero. Incluso el capitalismo ha creado una especie de Dios pagano llamado el Mercado, cuyos templos de culto son hoy en día los edificios más altos dedicados a actividades financieras, como antaño habían sido las catedrales.
La banca ética, sin dejar de ser una entidad financiera -porque busca beneficios como toda empresa-, actúa bajo criterios exclusivamente sociales y alejados de todo tipo de especulación. Sus responsables han denominado esta nueva tendencia ética: economía social y solidaria. Tiende a invertir en empresas de menor tamaño que tienen más posibilidades de crecimiento y que se adaptan más fácilmente a un entorno de mercados cambiantes.
El aumento alarmante de desempleo podría conducirnos a apoyarnos en la banca ética para estimular la creación de cooperativas e iniciativas de autoempleo.
Publicado en: Economía
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