Tienes miedo, mucho miedo, te asalta la duda, todo el camino recorrido y ahora llega el momento. Tus impulsos y sentimientos de ser humano te traicionan, afloran salvajemente. El instinto de protección, de vida, de sobrevivir se adueña junto con la adrenalina de tu miedo, de tu pavor. Tiemblas, sufres, sudas, la desesperación te asalta. Los demás te dicen, te ruegan e insisten que huyas, que luches, te dicen que no entienden por qué tiene que acabar de esta manera, que han abandonado a sus familias, sus bienes, sus vidas, por seguirte y no entienden este sufrimiento, no entienden de que va a servir, por qué este final, por qué ahora.
Solo, te apartas en la oscuridad, el miedo te ha tirado al suelo en una agonía de ansiedad y frío. Arañas la tierra, cierras los ojos, el pulso es ingobernable, eres humano y persona.
Abres los ojos, hablan. Hablan de determinación, hablan de Fe, hablan de misión, hablan de obediencia, hablan de futuro, hablan de cumplir. Sabes que has venido a esto, a que te prendan, sabes que te insultarán, se mofarán de ti. Sabes que te harán daño, castigo atroz, hiriente, público, de escarnio, de humillación, de dolor, hasta que no te queden lágrimas, hasta que no te quede sangre, hasta que te revienten, hasta que te maten, despacio, cruel, desolador.
Lo aceptas. Te levantas. Los esperas. Ya vienen a buscarte con antorchas, con rabia inusitada y con venganza.
Tus ojos, tu mirada ahora es de futuro, de paz, de amor, de ejemplo, de perdón, de humildad, de entrega, de fe.
Así empezó el mejor ejemplo de amor hacia los demás. Todo lo demás me da igual. Todo lo demás me importa poco, pues no hay ejemplo similar en la historia del hombre de semejante entrega.
No nos pide que hagamos lo mismo. Solo que intentemos comprender por qué lo hizo…….