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A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.

Nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, cuyas dimensiones y posibles consecuencias son desconocidas por la mayoría de nosotros. Como ciudadanos, percibimos falta de transparencia por parte de las clases políticas e intuimos que seremos principalmente la sociedad civil, los que sufriremos más duramente sus consecuencias, como ha ocurrido siempre en el devenir de la historia.


Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
¡Algo absolutamente nuevo puede emerger!

El nuevo poder de la sociedad civil

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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
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Un conjunto de circunstancias determinantes conducen a configurar el nuevo protagonismo emergente de la sociedad civil. La conciencia cada vez más nítida del ideal/horizonte producirá una exigencia ética de compromiso en un número cada vez superior de ciudadanos. Además, el proyecto UDS (Proyecto Universal de Desarrollo Solidario) irá adquiriendo presencia social inequívoca a través de las declaraciones que serán promovidas por obra de los intelectuales. Pero los elementos determinantes decisivos serán: 1) La conciencia de que la rigidez funcional de la sociedad democrático-liberal bloquea indefinidamente, como hemos visto, todo cambio posible; 2) La conciencia de que la misma sociedad civil es un poder autónomo frente a la sociedad política; 3) La conciencia de que esa misma sociedad civil posee los recursos de actuación necesarios para imponer su voluntad sobre el poder político; 4) La conciencia ética de la responsabilidad de ejercer ese poder y 5) finalmente, la conciencia de la necesidad de organizarse para ello. Esta conciencia civil emergente, en último término, la conciencia ética imperativa de algo solo realizable por la misma sociedad civil y de la necesidad moral consecuente de asumir la responsabilidad de acción organizativa conducente hacia ello.

Pero la circunstancia que infundirá confianza en la compleja empresa que deberá ser afrontada por la sociedad civil será la firme persuasión de que el futuro esta realmente en sus manos. Esta firme convicción hará entender que el esfuerzo asumible tendrá su recompensa porque el futuro podrá ser transformado y podrá hacerse realidad todas las instancias éticas contenidas en el ideal/horizonte que se trata de alcanzar. Sin embargo, tras muchos siglos de inoperancia, de frustración y desconfianza en que los ideales éticos puedan hacerse realidad puede no parecer creíble decir hoy que el futuro esta realmente en las manos de la sociedad civil. Puede parecer una extravagante boutade intelectual, o un devaneo de ciencia-política-ficción. Pero se impondrá al fin la confianza fundada en que, por las circunstancias históricas hoy concurrentes, la sociedad civil puede sobreponerse al poder político todavía prevalerte, venciendo todas las perversas tramas de dominación que la reducen a la inoperancia y llegando a imponer la realización de sus ideales éticos en la historia futura.

Esta conciencia sobrevenida en un cierto momento de la historia se constituirá en aliento fundamental que dote de optimismo a la sociedad civil que se verá abierta a ser protagonista emergente de uno de los cambios cualitativos más importantes de la historia: El Tiempo Nuevo que se abre al terminar El Tiempo viejo de la confrontación bisecular entre modernidad y comunitarismo. La mística de esta conciencia de protagonismo eficaz se extenderá por doquier y hará converger a la sociedad civil en la empresa de todos.

¿Dónde se funda el poder de la sociedad civil? Depende de la misma organización democrática nacida de la modernidad, tal como sigue siendo defendida como pilar fundamental de las sociedades modernas. La democracia política es hoy uno de los más importantes baluartes ideológicos de la modernidad; se piensa igualmente que no haberla respetado en la medida necesaria ha sido uno de los grandes déficits de los proyectos fracasados del comunitarismo (y en especial del socialismo-marxista). Ahora bien, la democracia es la organización política que, al menos en su intención, pretende poner el gobierno en manos del pueblo: de la sociedad de ciudadanos con dignitas dispuestos a ejercer sus derechos y a participar responsablemente en el gobierno de la res pública. La democracia es así un sistema político para ejercer la soberanía popular: o sea, la soberanía de la sociedad civil. La democracia, pues, debiera ser el ejercicio de la soberanía popular: pero de hecho, como hemos explicado, el funcionamiento consuetudinario de la democracia ha llevado a generar un conjunto complejo de trampas perversas que han silenciado la voz del pueblo por diversas formas de manipulación. Ya conocemos las facetas de esta trampa perversa: la rigidez y la  exclusividad fáctica de los partidos hoy existentes, su control interno por densas redes de intereses nacionales e internacionales, el control manipulativo de la opinión pública a través de las leyes mediáticas sometidas a intereses y criterios personalistas que filtran cuanto debe llegar a ser conocido por la sociedad, las tácticas de adormecimiento alienador de la sociedad… Las facetas multiformes de esta trampa perversa han sido denunciadas por el republicanismo, por Popper y los popperianos, por Haberlas y la escuela de Frankfurt, por el anarquismo y otros muchísimos pensadores y escuelas. Por consiguiente si el poder civil aparece perdido en el enmarañamiento democrático, arrastrado por las derivas ideológicas del pasado, ¿Cómo recuperar el poder popular? ¿Cómo hacer efectivo el poder popular, el poder de la sociedad civil?

La persuasión firme de que el futuro esta en las manos de la sociedad civil parece suponer, en efecto, que es posible recuperar el poder alienado en otros por trampas perversas tendidas en el marco democrático. Y esta persuasión se funda en la confianza en que es posible a la sociedad civil denunciar esas trampas, salir de ellas, organizarse e imponer a través de la democracia la voluntad popular. Después de años y años de impotencia y desmoralización, parece casi desconcertarnos- sonarnos a “cuento chino”- entender de pronto que la solución era tan evidente y estaba tan cercana como esto: como decir que el pueblo, la sociedad civil organizada puede imponer su voluntad en la democracia frente a las redes perversas de dominación unidas a través del sistema político ordinario. El poder del pueblo se hace posible, pues, por la organización democrática, por la democracia. Todo depende de que la sociedad civil caiga en la cuenta de la situación, neutralice las redes de dominación tendidas, se organice y haga valer su poder en democracia.

 

Publicado en: Filosofía
Email del autor: jmonserrat@res.upcomillas.es

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Comments

Nacho Rivera
# Nacho Rivera
jueves, 16 de abril de 2009 10:25
Excelente artículo que daría para mucho,muchísimo.

Necesitamos de una sociedad civil inteligente,formada e informada, con conocimiento y rebelde. Todo lo pasado ha sido un completo desastre, todas las ideologías han sido un total fracaso.

Pero la casta política utiliza todos los medios a su alcance para que esta sociedad civil actúe como masa y no como la suma de individuos, y así sea facilmente manipulable. Apoyándose con cobertura informativa y subvenciones que acallan muchas voces.

Necesitamos de librepensadores apolíticos, dispuestos a despertar a la masa y convertirla en ciudadanos con voz y voto real. Pero rehuyámos de pseudo-inteléctuales y eruditos varios, ávidos de protagonismo. Ya sabemos donde nos han llevado.

Un abrazo a tod@s y felicidades Javier por el artículo.
Sergio Gonzalez
# Sergio Gonzalez
jueves, 16 de abril de 2009 11:14
Nacho, no te envales, no te envales. No todo es malo, y hay políticas buenas, y políticos honrados. La rebeldía es buena contra la pereza, pero siempre bien encauzada. Hablas de que todas las ideologías han sido un fracaso. Un poco radical, no ?? no cometas el error de incendiar el granero.........
Esther Ibañez
# Esther Ibañez
jueves, 16 de abril de 2009 12:03
Creo que todas las ideologias no han sido un fracaso, pero mientras exista una dominación vertical, su puesta en marcha fracasa, siempre acaba con el privilegio de unos pocos y el sufrimiento de muchos.
Jamas a lo largo de la historia hemos disfrutado de una amplia parte de la población con acceso a estudios universitarios o formación especializada y herramientas tecnológicas para comunicarnos entre nosotros y desde diferentes partes del mundo. Esta novedad histórica no puede/no debe pasar desapercibida. Creo que hay un problema de falta de confianza en nosotros mismos y no somos plenamente conscientes del poder que tenemos.
Javier nos demuestra que es una mente avanzada para su tiempo, yo siento una especial admiración por él. Gracias Javier por tu valiosa colaboración.
Sergio Gonzalez
# Sergio Gonzalez
jueves, 16 de abril de 2009 16:36
En efecto, Esther, nunca hemos estado mas bien que ahora, nuca ha habido menos pobres que ahora, ni nunca ha habido menos derechos que ahora. Y eso no lo vamos a tirar por la borda. Por supuesto, debemos mejorar. Lamentablemente, los que participamnos o leemos esta página, minoría, gozamos de una cultura y un acceso a la misma, que como bien dices son herramientas de auténtico privilegio. Pero sin una guía, se convierten en estériles e inutiles. De ahí el ínice de suicidios en los paieses mas desarrollados o de las depresiones en la fantástica sociedad occidental. Sinceramente, hemos avanzado en muchos campos, en otros, hemos retorcedido de manera alarmante. Abogo por una vuelta a la humildad, a la renuncia, y a la reflexión. Ayer vi una serie sobre La Pasión de Jesús. Que vigente, que ejemplo, que actual, que esperanzador.........y ya han pasado 2.000 años............
María José Simonet
# María José Simonet
jueves, 16 de abril de 2009 18:29
Además de estar de acuerdo con Esther en la falta de confianza en nosotros mismos en esta sociedad occidental, añadiría la falta de educación que existe y que todavía no hace que la sociedad civil arranque como debiera, cayendo a veces en el escepticismo ideologico, quizá no es que a traves de acontecimientos históricos como los que se han vivido en este país en los últimos treinta años, lo hayamos adquirido , sino que simplemente no ha dado tiempo a educar a la gente para que cada uno tome sus propias decisiones y tome conciencia de que manera ,es el conocimiento, la educación ,lo que permite elegir , ser más libres en definitiva. Es cierto que ahora hay muchos más medios para "crecer", tecnologicos, universitarios que permiten que accedamos a una comunicación mayor , pero sigue siendo una minoría y fundamentalmente creo que una sociedad no uniforme en el acceso a la educación,hace que la sociedad pueda ser manipulada por aquellos que democraticamente han sido elegidos ,sin llegar a ser el poder del pueblo realmente los que tiendan los brazos a esa sociedad civil tan deseada y a veces tan útopica.
María Oliver
# María Oliver
jueves, 16 de abril de 2009 19:38
La fe mueve montañas... y la fe razonada y razonable, cordilleras! Gracias Javier por el lúcido artículo, grracias. Y a Esther por la iniciativa de este blog y... a todos, nos/me recuerdo que el movimiento se demuestra nadando, o andando.

Y si, el no acceso a la educación hace manipulables a.... los pobres de espíritu. Véanse las sociedades aun orales, con una tasa de analfabetismo enorme y sumidas en la pobreza... pero ricas en "alma", en sentido común, un sentido común que se transmite por la sabiduríia popula´las cansiones, el respeto a los ancianos y un gran sentido de la comunidad (pienso en Senegal y Mali) Me pregunto si en ellas, la corriente indirecta o directa de transmisión del islam no es el sufismo... ¿sabes algo de ello, Juan Trigo?
gallofa
# gallofa
miércoles, 19 de mayo de 2010 13:24
No se puede controlar a todo el mundo. El mundo evoluciona y las personas también ( para bién ó para mal ). Pero para el mal, hay un límite ( siempre que no sea la destrucción) y aún así, ese límite, pude ser el comienzo del bién.

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