miércoles, 13 de mayo de 2009 21:37
Entramos en crisis cuando entramos en conflicto con nosotros mismos.
El hombre, a lo largo de su vida, va acumulando experiencias. Experiencias que desde su visión particular, y por lo tanto parcial, intenta interpretar de la mejor manera posible.
Interpretar significa dar un sentido a algo, formarse una idea sobre ese algo. Por supuesto, a cada interpretación o idea formada, se le asigna un componente sentimental negativo o positivo, y de mayor o menor intensidad.
La crisis sobreviene cuando una idea o concepto que tenemos formado sobre algo que es importante para nosotros, cambia de forma radical o empieza a tomar un cariz diferente. Es decir, lo vemos o empezamos a verlo de forma distinta.
En consecuencia, lo que antes tenía sentido, deja de tenerlo. El individuo se ve entonces a la deriva, como un náufrago, habiendo perdido, de alguna manera, el control de una parte de su vida.
Pero ser significa, ante todo, perseverar en el ser. Y, por lo tanto, nuestra naturaleza nos lleva a reinventarnos, a asumir la equivocación provocada por la parcialidad de nuestra perspectiva individual y a intentar dirigir de nuevo nuestras vidas.
En la perseverancia cristaliza la pasión humana por la vida. Cada individuo sabe que es diferente al resto de individuos. Por eso, aunque es un medio para la perpetuación de la especie, es un fin en sí mismo. Esto es también lo que diferencia la humanidad de la animalidad (como decía Kierkegaard).
Sólo cuando un hombre contempla a otro como un fin puede surgir la amistad. Esa amistad, antesala de la felicidad, que nos hace más comprensible el mundo y nos aleja de las soledades no deseadas, que son las más duras de soportar.
Deseamos, o queremos, lo que no tenemos. Pero lo que en realidad tenemos es poco tiempo y pocos amigos. La lógica de la felicidad debiera incitarnos a desear lo que ya tenemos, y a disfrutar de ello. Tendriamos que aprender a valorar lo que tenemos - es un contrasentido valorar algo que no se tiene y que desconocemos.
En las relaciones humanas lo que tenemos es lo que somos. Por eso, somos los amigos que tenemos. Lo demás, sólo es tener por tener sin consecuencia ninguna.