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A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.

Nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, cuyas dimensiones y posibles consecuencias son desconocidas por la mayoría de nosotros. Como ciudadanos, percibimos falta de transparencia por parte de las clases políticas e intuimos que seremos principalmente la sociedad civil, los que sufriremos más duramente sus consecuencias, como ha ocurrido siempre en el devenir de la historia.


Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
¡Algo absolutamente nuevo puede emerger!

El nuevo poder de la sociedad civil

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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
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06

Amanece una mañana luminosa en Managua. Una fresca brisa recorre la ciudad e invita a caminar ligero y animoso. Aunque el 11 de septiembre de 2001 comprendí que los cielos azules no anuncian siempre buenas noticias, a menudo lo olvido y, en esos días, me entrego al placer de caminar despreocupado. Como si todos los males del mundo hubieran sido alejados por esa fresca brisa y derretidos por aquel templado sol. Sonrío. Pienso que de nuevo todo está en su sitio. Camino. Hago planes. Creo sentir que la claridad del día ilumina mi mente. Perdono a enemigos y añoro a los amigos.

Absorto en mis pensamientos, no me percato de que alguien se ha parado delante de mí. De pronto, escucho una voz que me implora: señor, señor, en nombre de Jesús. Mi hija se ahoga, se muere, tuvo un ataque de asma y está en el hospital. Necesita urgente esta medicina. Dice mientras me extiende un papel blanco y arrugado en el que se ha escrito a mano “Ventolin”. Miro hacia abajo. Una menuda mujer con un bolso apretado al cuerpo me está mirando con intensidad mientras me habla.

El cielo sigue muy azul, el sol brilla muy arriba. El mundo debería seguir en su sitio. Asi que le pregunto cuánto necesita. Trescientos pesos señor. Hago rápido el cálculo, quince dólares. No puede ser, pienso. Tanto no tengo, miento. Tenga cincuenta.

La mujer toma mecánicamente el dinero, murmura algo parecido a gracias y se aprieta mas el bolso junto al cuerpo mientras comienza a alejarse de mí. Yo también continúo mi camino, pero mi mente se ha ensombrecido. Me asalta la eterna duda del donante callejero. Le dí poco? Le dí mucho? No lo tengo claro, pero pienso que le dí mucho. No la creo. No me gustó su mirada. Sin pensarlo, vuelvo sobre mis pasos y me dispongo a seguirla. Necesito ver en qué se emplea mi dinero. Investigar.

No se ha alejado demasiado, asi que la sigo durante un tiempo con la vista hasta que comienzo a caminar tras ella a una distancia prudencial. Parece que tiene claro dónde va. No titubea. No mira hacia atrás. De pronto, gira y comienza a subir las escaleras de un edificio. No alcanzo a verlo bien, pero imagino que es un supermercado al ser una especie de cubo blanco. Me aproximo mientras pienso que quizá me pidió dinero para comida, en lugar de para medicinas. Al instante, comprendo, mientras leo en grandes letras azules: Aladdin. Casino.

La indignación se cristaliza en rabia y se me nubla la mente. El corazón se me acelera, mis músculos se contraen. Aprieto los dientes. Pienso en entrar y gritarle, zarandearla, insultarla. Decido esperar a que salga. Al fin y al cabo, poco mas de dos dólares no pueden dar para mucho y es mejor esperar a que consume por completo su afrenta contra mi buena voluntad. Pero se va a enterar, de una u otra manera se va a enterar. Le voy a dar una buena lección.

Mientras espero en la puerta, junto al vigilante, leo en un subtítulo: “Aladdin, donde tus sueños se hacen realidad”. La decoración externa es poco elaborada, pero parece querer reflejar la opulencia que nos espera dentro. Cada dos ladrillos hay un símbolo de dólar y debe de haber mas de 5.000 ladrillos en cada uno de los lados del cubo.
Trato de relajarme y de pensar lo que le diré cuando salga. Mientras tanto, entran y salen mas señoras de aspecto vulgar. También entra un hombre con cazadora de cuero y bigote. No me relajo y solo se me ocurren insultos para lanzárselos como puñales cuando salga.
Efectivamente, los 50 pesos no dan para mucho y el objetivo de mi ira vuelve a aparecer por la puerta y comienza a bajar las escaleras con aire de indiferencia. Cuando llega a pie de calle me acerco a ella. ¿Aquí es donde compra las medicinas para su hija”?. Ahora es ella la que no había advertido mi presencia y me mira sorprendida. No me reconoce. ¿Que dice, señor?. Se lo repito tratando de dejar bien clara mi indignación y mirándola directamente a los ojos.

Es entonces cuando veo unos ojos extraños, que proyectan una mirada vacía, maligna, sin fe en nada ni nadie. Sorprendida pero en absoluto asustada, me dice mecánicamente que ya compró la medicina y que aquí vino a hacer un “mandado”. Miente, le digo apuntándola amenazante con el índice, y por su culpa mucha gente se quedará sin ayuda. Pero ya no me atrevo a mirar esos ojos extraños ni a pedirle los 50 pesos. Siento miedo. Un escalofrío me recorre el cuerpo mientras  comienzo a alejarme murmurando un váyase al infierno, hija de puta.

La mujer se aleja de mi y del casino a la misma velocidad que se aproximó, apretando el bolso contra el cuerpo y sin mirar para atrás. Sin correr. Yo me quedo de pie, inmóvil, asustado y confundido, tratando de adivinar dónde irá. Entonces pienso que la vida es un gran casino en el que todos tratamos de hacer trampas para que nuestros sueños se hagan realidad. Pero la banca siempre gana.

Los casinos, que se multiplican de manera indiscriminada e imparable por las ciudades de Centroamérica, se convierten en templos paganos que concentran todas las contradicciones y miserias del mundo que vivimos. Por un lado, son la mejor manera de blanquear el dinero que los ricos amasaron en actividades ilícitas. Por otro, es la única alternativa que los pobres perciben para alcanzar un mundo mejor. El poco dinero que tienen, piden o roban, no es para comer ni para comprar medicinas. Es para tratar de comprar, a bajo precio, un billete al mundo de lujo y bienestar de las telenovelas que ven, mediante un golpe de suerte que les cambie definitivamente el destino. Alcanzar sus sueños depende de las fichas de plástico que fabrican y venden los mismos que les condenaron a ese destino negándoles una oportunidad para poder prosperar mediante el trabajo. Probablemente este fenómeno no sea muy diferente al de los Bingos en España.

Mientras, en los infinitos casinos que florecen como oasis de lujo cutre en cada esquina de las ciudades mas miserables de la región, las máquinas, impertérritas, no paran de tragar fichas en forma de sueños y esperanzas depositadas por manos toscas, temblorosas y poco adornadas.

Falsas promesas, falsas historias, falsas ilusiones, dinero falso, mundo falso

 

Publicado en: La sociedad
Email del autor: gab.fer65@gmail.com

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Comments

Sergio Gonzalez
# Sergio Gonzalez
lunes, 06 de abril de 2009 8:41
No podemos pretender culpar la manera de actuar de esta señora, que solo vive el momento y su meta es pasar el día. De hecho es gente que no tiene tiempo de deprimirse, no como en nustra soceidad de bienestar. Lo que si podemos hacer, es condenar la hipócrita solidaridad para con estas sociedades mientras mantenemos con nuestro silencio en el poder a dictadores, dictadorzuelos y demás desgracia para estos paises............en fin, no me extiendo mas, que alguno se austará....
Claudia Sandigo
# Claudia Sandigo
lunes, 06 de abril de 2009 18:10
Hola.-
Muchas veces damos dinero en la calle más por culpa que por otro motivo. Nos mueve la necesidad de ser mejores seres humanos. Creo que la culpa no debe de ser un buen motivo para ayudar. Pensemos en la cantidad de niños que son explotados por estas personas a las que les es más fácil mendigar en la calle que aceptar un trabajo, que mucha gente les ofrece y hasta se indignan.
Una vez me puse a reflexionar en que ¿porque razón les debería yo dar mi dinero a estas personas? Yo me levanto diariamente a las 5:30 AM y trabajo todo el día y después llego a mi casa a continuar con el trabajo doméstico si es que aún no debo hacer algo extra de la oficina. Y así diariamente mi día termina si bien me va a las 11:00 PM, así que he dejado de sentirme culpable a este tipo de personas y ahora lo hago a través de una institución oficial.
Existen muchas instituciones a las que podemos hacer llegar nuestra ayuda económica, como casas hogar, el DIF aquí en México, o alguna otra, a fomentar la explotación de niños, ancianos o el mantenerles el vicio a drogadictos, borrachos o como esta señora jugadores (el juego también es vicio) y permanezcan en las calles porque es una manera fácil de obtener dinero despertando la compasión y la culpa de los demás.
Creo que más que ayudarlos les quitamos su dignidad y permitimos que permanezcan en las calles. Busquemos formas de garantizar que nuestra ayuda llegue a las manos que realmente la necesite y quiera recibirla.
Saludos
María Oliver
# María Oliver
lunes, 06 de abril de 2009 23:07
Exacto Claudia, y eso es lo que me gusta del artículo de Gabriel, que VE a esa mujer (amén del retrato de la situación). Se trata de acabar con la lógica tramposa de la culpa, Sergio... La mujer no es culpable, es mentirosa, mezquina, sí víctima de su situación, víctima también de la falta de conciencia y capacidad de organización en que se ha bandeado a los que ya ni son proletariado, sólo miserables (de espíritu también, muchos)... No, no somos culpables de ello, es el famoso sistema pero si somos proactivos, no hay porqué sentirse culpable. Y para sacar a alguien de la miseria moral (que de eso se trata), hay que ofrecerle la posibilidad de recuperar su dignidad mediante la vinculación a una comunidad. Creo que eso es eficaz, no falaz.
O sea, como apunta Claudia, puestos a dar, a asociaciones etc que hagan buen uso del magro pecunio que donamos--comparado con lo que despilfarran todas las formas de poder--- Como Gabriel, debemos conocer a que se destinan nuestros donativos...

A los rascacielos de las corporaciones, habrá que añadir los casinos-galpón (variante "humilde" y más obscena si cabe de Las Vegas)... los nuevos accesos al cielo... Obsceno que los templos de hoy sean eso, puertas falsas al falso paraíso del tener... Escatológico, sin la lucidez de la verdadera escatología... Poderoso caballero es don dinero...
Un saludo
Un saludo a todos (transoceánico para Claudia, bienvenida!)
Gabriela Germain
# Gabriela Germain
martes, 07 de abril de 2009 2:30
Observo a una anciana y humilde mujer detenerse a la sombra de un árbol para aliviar su cansancio. Ha recorrido ya unas 20 farmacias buscando precios más bajos para comprar los medicamentos que necesita su marido.
No ha debido caminar mucho, porque en cada cuadra hay a lo menos tres farmacias grandes, modernas y bien abastecidas.
Más que cansancio siente desazón. En todas ha encontrado los mismos precios, y no puede pagarlos.
Mientras piensa en cómo hacer para darle alivio a su marido tiene la mirada puesta en un tragamonedas situado a la entrada de un almacén en la vereda de en frente con el slogan “Has que tus sueños se hagan realidad”.
Casi como un suspiro se le arranca una queja: ¡Y ahora quien podrá ayudarme!

De inmediato, como por arte de magia, aparece envuelto en su flamante capa azul el Súper Justiciero de la Libre Competencia exclamando: ¡No te preocupes mujer! Yo investigaré para encontrar una solución a tu problema.
Unos días después en medio de un gran revuelo periodístico el Súper Justiciero declara sospechar que las tres cadenas de farmacias que controlan el 95% del mercado de los fármacos se han coludido para subir los precios de gran parte de medicamentos de uso permanente. La mujer se entera así, por la televisión que ha estado pagando por los medicamentos que su marido necesita para mantenerse vivo, precios elevados hasta en un 4000%.

Llena de ira, quiero gritar mi rabia, pero me detengo y pienso en esos pobres empresarios. En cuanta codicia envenenará sus almas para llevarlos a lucrar a costa de las necesidades de los enfermos.
Y me pregunto entonces, quiénes están más enfermos.
Carlos Sánchez
# Carlos Sánchez
martes, 07 de abril de 2009 11:41
Qué grande Gabriela!!!!
Es cierto que todos los problemas o situaciones ante las que nos podamos detener tendrán varias formas de ser analizadas. Para mi, esta es la grandeza de esta página. Todos me enriquecéis a diario.

Respecto de la visión de Gabriela, en España pasa pero menos y de difrerente manera. Los farmaciéuticos no pueden cambiar los precios de los medicamentos a placer puesto que tienen los precios marcados por el Estado. Pero, en cambio, si que controlan el número y cantidad de farmacias que se pueden abrir desde el colegio de farmacéuticos cerrando la puerta a la libre competencia. Es un problema de derechos adquiridos.

Comentar que todas las apuestas, casinos, bingos, etc., son un gran negocio no solo para sus propietarios sino para el propio Gobierno que recauda enormes cantidades de dinero. Lo triste de todo esto es que la adminsitración se convierte en una especie de Leviatán, como así lo explicaba Thomas Hobbes en su obra del mismo nombre, que cuanto más grande se hace más hambre tiene y más engorda en un círculo vicioso sin fin. Si la administración tiene por objetivo velar por sus administrados, es una práctica correcta la recaudación de fondos por la vía que sea a pesar de sus efectos colaterales?
Marí­a Oliver
# Marí­a Oliver
martes, 07 de abril de 2009 13:43
No, no lo es... y menos aun es licito que se deje en manos de "la codica de esos pobres empresarios" el fijar el precio de medicamentos... vitales...
Ese tema, la salud, la necesidad --ne ce si dad-- de la defensa o reivindicación absoluta de una sanidad pública, ni que sea en parte, y sobretodo, del cotrol de precios de los medicasmentos, es, junto el acceso a la educación, un pilar.

¿Cómo hacemos, qué proponemos, qué inventamos, qué pedimos, qué organizamos para garantizar el acceso a la atención médica y a los medicamentos? Hay banca ética... qué hay de pensar cómo podrían funcionar farmacias éticas?
Maria Oliver
# Maria Oliver
domingo, 19 de abril de 2009 9:42
Hay algún farmacéutico en la sala? ya no hay nadie en esta sala... a buenas horas amanezco!
En fin, ¿qué de una banca de medicamentos en lugar de farmacias.... cómo? voy a farmacéuticos sin fronteras web, pero, algo tiene que poder hacerse "desde casa y para casa"...
Gabriela Germain
# Gabriela Germain
domingo, 19 de abril de 2009 16:17
¡Ay María! Produce tanto desaliento contemplar lo que ocurre. Ver las noticias es decepcionante.
El problema es que si tomamos en cuenta que las emociones son predisposiciones para la acción, veremos claramente el círculo vicioso en que estamos entrampados.
¿Cómo hacer para recuperar un buen estado anímico para la colectividad?
He estado pensando mucho en esto.
He pensado en cuanto se nos manipula. En cuanto se conducen nuestras emociones.
Ocurre que la infelicidad es un excelente negocio. Es la madre del consumismo.
El esquema vigente NECESITA nuestro descontento. Nos necesita carenciados, o en el estado anímico de la carencia, para GARANTIZAR nuestra participación como CONSUMIDORES. (Y no personas). (Ver video “La historia de las cosas” publicado en este Blog).

Me gusta saber que cuando me he retirado por unos días de los noticieros y de la contingencia me he sentido más feliz y esperanzada.
O al revés si lo prefieren: cuando me he sentido feliz y esperanzada he dejado de escuchar la permanente amenaza de que viene el lobo.

Ha sido tan potente esta reflexión que hasta me he llegado a cuestionar mi participación en un Blog que nos reúne bajo un título que alude a la Crisis. La pregunta es cuanto hay de “realidad” en la crisis y cuanto hay de un emocionar en crisis, conducido y manipulado por un esquema que se niega a morir.
Es una paradoja.
Elijo quedarme con la acepción de la palabra crisis que alude a oportunidad.
El problema, insisto es que el tipo de emociones detrás de la idea de crisis son muy distintas al tipo de emociones ligadas a la idea de oportunidad.

¿Farmacéuticos para la depresión que nos causa estar en crisis?

¡Bailemos, pintemos, cantemos!
Tenemos la oportunidad de volver a conectarnos con nuestro cuerpo, con nuestras emociones, con el amor.
Esther Ibañez
# Esther Ibañez
lunes, 20 de abril de 2009 0:21
Gabriela, no nos dejes por favor, tus contribuciones son muy valiosas y viendo como la sociedad puede manipularse tan facilmente no podemos permitirnos el lujo de perder personas como tú. Si quieres cambiamos el nombre de la página, pero yo creo que no es conveniente, ya que gracias a este nombre nos encuentran muchísimo a través de búsquedas en Google. La palabra más buscada en este momento es precisamente CRISIS y lo que interesa es que nos encuentren, que participen, que aporten y poder crecer como colectivo humano solidario. Lástima Gabriela que no pudiste venir a la cena de autores que se celebró el pasado viernes en Barcelona, estuvo cargada de optimismo y esperanza. Mañana Carlos Sanchez publica su agradecimiento a los participantes a la cena.
Un abrazo
Gabriela Germain
# Gabriela Germain
lunes, 20 de abril de 2009 1:36
¡Que amorosa eres Esther!
No quiero dejar este blog. Lo encuentro verdaderamente nutritivo. No sabes lo bien que me hace conversar con todos ustedes. Han ampliado notablemente mi mundo. (Ni hablar de cuanto me gustaría algún día compartir un evento como la cena de que me hablas).

Tal como dije más arriba, me quedo con la parte de la palabra crisis que alude a oportunidad.
Sin embargo mantengo lo que expuse respecto de los estados de ánimo. Ya sabrás que son contagiosos y por ese motivo me asusta de pronto que solo se hable de crisis, y no me refiero solo a este blog. Por todas partes se ha vuelto la explicación para todos los males. Porque la tendencia es a observar los hechos y acciones, sin prestar a las emociones que subyacen.
Es en ese sentido que advierto el riesgo de dejarse llevar por la desconfianza y el miedo. Eso era. Solo un comentario.

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