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A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.

Nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, cuyas dimensiones y posibles consecuencias son desconocidas por la mayoría de nosotros. Como ciudadanos, percibimos falta de transparencia por parte de las clases políticas e intuimos que seremos principalmente la sociedad civil, los que sufriremos más duramente sus consecuencias, como ha ocurrido siempre en el devenir de la historia.


Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
¡Algo absolutamente nuevo puede emerger!

El nuevo poder de la sociedad civil

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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
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Podemos partir de la hipótesis que el proceso de racionalización de la dominación legal ha burocratizado gradualmente todas las instituciones sociales. En todos los ámbitos se imponen reglas racionales para lograr la máxima eficiencia o el máximo rendimiento. En este proceso nos hemos olvidado de las personas y por doquier surgen voces de individuos que se sienten mutilados. Una de las peores consecuencias de este proceso de racionalización es la pérdida del individuo. ¿Cómo podemos ser esclavos de nuestras propias construcciones institucionales y sociales?

Propongo volver a pensar el concepto de “carisma” como la posibilidad de producir cambios revolucionarios:

Los análisis del liderazgo carismático proceden del campo religioso. En el discurso teológico cristiano significa el “don de la gracia”, asemejándose en algunos sentidos a la idea griega de “hombre divino”, o al concepto romano de “facilitas”. Así, los primeros teóricos lo entendían como un liderazgo basado en el llamamiento trascendente de un ser divino en el que creían la persona llamada y sus secuaces. La mayoría de los teóricos apuntan a que el líder carismático es capaz de movilizar en base a creencias. La hipótesis es que los seres humanos nos sostenemos en base a nuestras creencias y en este sentido el líder carismático es capaz de apelar a nuestra sustancia más intima. La clave de la reacción carismática de los secuaces al líder estriba en la desgracia que éstos experimentan. El liderazgo carismático es por naturaleza específicamente salvador o mesiánico. ¿Los líderes carismáticos son capaces de aglutinar en torno a una conciencia colectiva a diferentes conciencias individuales que ha perdido su norte?

Por su propia capacidad de cambio tanto puede inspirar odio como amor.  El poder carismático puede subvertir el poder establecido, pero también puede ser una estrategia para movilizar a las masas. Me centro en el carisma al servicio de las fuerzas sociales espontáneas y creadoras, aunque tenemos que ser conscientes que puede resultar un mero artificio de estrategia política.

Aún centrándonos en los efectos benéficos del poder carismático, lo que deberíamos pensar es que el carisma acaba arrutinándose al llegar a ser una parte sustancial del poder establecido. La dialéctica entre carisma y rutina se decanta por la preponderancia de la racionalidad formal que asfixia a los gobiernos carismáticos. En el tipo de dominación carismática el centro de tensión e inestabilidad se encuentra en el proceso de despersonalización del carisma. No cabe duda que la gran cuestión de la dominación carismática es la sucesión. ¿La dominación carismática tendría que desaparecer una vez se han conseguido el cambio anhelado?

La burocratización y racionalización crecientes acarrean una paradoja básica: la máxima eficacia que resulta de la creciente burocratización del mundo moderno constituye la mayor amenaza para la libertad individual y las instituciones democráticas de las sociedades occidentales. Así, el desafío puede ser la lucha contra toda estructura que reclamando entidad metafísica o validez general asfixie las demandas concretas de los individuos. Debemos luchar como Simmel nos advirtió contra la cosificación /no somos objetos, somos sujetos). Olvidarnos que el hombre es un ser que siente y que el componente no racional del comportamiento humano (emociones, creencias, valores basados en decisiones éticas) es imprescindible. En este sentido Vilfredo Pareto afirma que el elemento no racional del comportamiento humano supera al racional. En su opinión hay ciertos “sentimientos” relativamente invariables en la vida humana, a cuya expresión denomina “residuos”, que constituyen los determinantes de la acción. ¿El liderazgo carismático es capaz de apelar a los “residuos”?

Una burocracia muy desarrollada constituye una de las organizaciones sociales más difíciles de destruir, bien sea desde dentro (por los propios funcionarios) o desde fuera (por los dominados). En toda organización hay un claro proceso de disciplina que mitiga la fuerza del carisma.   

Una ética del éxito nos puede conducir a la idea de un hombre de negocios insensible, egoísta, algo así como un hedonista grosero y sensual. La ética de las convicciones nos permite el juicio moral, el sacrificio de los intereses egoístas o hedonistas a los intereses del bien común. Para que los hombres no se conviertan en robots inhumanos, la vida debe de estar guiada por decisiones conscientes. Si queremos tener dignidad tenemos que elegir nuestro propio destino.

Publicado en: Filosofía
Email del autor: svillarp@gmail.com

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Comments

Nacho Rivera
# Nacho Rivera
martes, 17 de marzo de 2009 18:25
Una vez más la política ha prostituido una bonita palabra. Como casi todo lo que tocan.

Necesitamos líderes que nos hagan ver el valor de ser uno mismo. De no ser autómatas...

Un saludo.
Esther Ibañez
# Esther Ibañez
martes, 17 de marzo de 2009 23:04
La sociedad actual continua necesitando líderes carismáticos, como muestra la elección del nuevo presidente de EEUU. Personas sobre las cuales la sociedad en su conjunto proyecta en ellas sus necesidades, deificándolos, otorgándoles cualidades divinas. Proyectamos en otros nuestras necesidades y responsabilizamos al otro para que nos las resuelva. Otra vez volvemos a la idea del padre protector que nos cuidará y protegerá. Para crecer debemos olvidernos de los líderes, ya sean carismáticos o no.
Nemo
# Nemo
jueves, 19 de marzo de 2009 23:16
El carisma es la condición que identifica al verdadero líder. Un lider sin carisma no es un líder, sino un hombre de paja que es manejado por otros desde la sombra.
La condición carismática de un lider convierte a éste en una persona con credibilidad. Credibilidad que se expresa en su capacidad de mobilizar a las masas.
Este carisma, en sí mismo, no supone, a priori, para el que cae bajo su influencia, ninguna ventaja o desventaja. Todo dependerá de las intenciones o pretenciones del que es erigido líder.
Históricamente ha habido líderes excelentes, pero también líderes nefastos. Y tanto unos como otros han ejercido de guías casi espirituales, y han surgido en momentos especialmente críticos.
Las masas necesitan líderes a quien seguir. Pero hay personas que no se identifican ni aceptan este concepto de masa, porque hacerlo supondría para ellos aceptar la indiferenciación que ello comporta.
La indiferenciación es una degradación de la intelectualidad particular, y corrobora la idea de Simmel del paso de sujeto a objeto. Si a esto añadimos el tratamiento que el sistema empresarial y burocrático hace del individuo- que lo ha reducido a un simple número-, entonces sólo nos queda la abstracción total.
Sujeto, objeto y número.
Que alguien llegue a asumir que es un simple número, indica básicamente dos cosas: que ha renunciado a su individualidad, y que ha renegado de su libertad.

La dignidad del individuo no necesita la figura de un líder ni el cobijo de la masa.
La independencia de la persona ha de forjarse desde dentro. Desarrollando una dialéctica interna que le reconcilie consigo mismo y que le haga responsable de su propia libertad. Sólo así podrá algún día el individuo recuperar su dignidad y ser dueño de su propio destino.

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