jueves, 19 de marzo de 2009 23:16
El carisma es la condición que identifica al verdadero líder. Un lider sin carisma no es un líder, sino un hombre de paja que es manejado por otros desde la sombra.
La condición carismática de un lider convierte a éste en una persona con credibilidad. Credibilidad que se expresa en su capacidad de mobilizar a las masas.
Este carisma, en sí mismo, no supone, a priori, para el que cae bajo su influencia, ninguna ventaja o desventaja. Todo dependerá de las intenciones o pretenciones del que es erigido líder.
Históricamente ha habido líderes excelentes, pero también líderes nefastos. Y tanto unos como otros han ejercido de guías casi espirituales, y han surgido en momentos especialmente críticos.
Las masas necesitan líderes a quien seguir. Pero hay personas que no se identifican ni aceptan este concepto de masa, porque hacerlo supondría para ellos aceptar la indiferenciación que ello comporta.
La indiferenciación es una degradación de la intelectualidad particular, y corrobora la idea de Simmel del paso de sujeto a objeto. Si a esto añadimos el tratamiento que el sistema empresarial y burocrático hace del individuo- que lo ha reducido a un simple número-, entonces sólo nos queda la abstracción total.
Sujeto, objeto y número.
Que alguien llegue a asumir que es un simple número, indica básicamente dos cosas: que ha renunciado a su individualidad, y que ha renegado de su libertad.
La dignidad del individuo no necesita la figura de un líder ni el cobijo de la masa.
La independencia de la persona ha de forjarse desde dentro. Desarrollando una dialéctica interna que le reconcilie consigo mismo y que le haga responsable de su propia libertad. Sólo así podrá algún día el individuo recuperar su dignidad y ser dueño de su propio destino.