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ean-Jacques Rousseau (en el “Ensayo sobre el origen de las lenguas”) nos dice “Es de creer que las necesidades dictaron los primeros gestos y que las pasiones arrancaron las primeras voces. No se comenzó por razonar sino por sentir”. Tenemos que lidiar con los sentimientos que se destilan de nuestras vivencias; nuestra energía o impotencia se derivan de lo que nos afecta, que tanto nos puede movilizar como paralizar. Así, el primer significado de “virtud” fue “energía” y el de “vicio”, “impotencia”, “debilidad”. En el trasfondo de las virtudes y los vicios subyace el poder, el dominio de los límites que somos capaces de interponer a cada uno de nuestros sentires.

Cuando nos sentimos atrapados, subyugados a unas pasiones que nos atenazan podemos aparecer -con los ojos de los otros, que siempre nos miran- virtuosos o viciosos. Parece ser que nos valoramos por nuestras intenciones, mientras los otros nos juzgan por nuestras acciones. Si valoramos los hechos –ética de la responsabilidad- podemos constatar que acciones intrínsecamente no virtuosas pueden producir conductas virtuosas: ejemplarmente, el ethos de nuestro capitalismo se cimienta en que “los vicios privados producen beneficios públicos”. Si valoramos las intenciones –ética de las convicciones- podremos justificar las injusticias en nombre de una ingenuidad genuina.

Los que han pensado sobre la banalidad del mal nos han legado la idea que cualquiera de nosotros puede zambullirse en su espiral: que “bajo determinadas circunstancias” (cuando las pasiones nos nublan) podemos ser el brazo ejecutor de un iluminado. El iluminado –único portador de las soluciones mágicas para nuestros pesares- nos fascina con su pasión desmedida y desaforada. Como verdaderos acólitos somos capaces de olvidarnos de nuestra independencia personal y de cometer las tropelías más insospechadas porque nos sentimos impelidos por una pasión irresistible. Las pasiones son como las olas, nunca sabemos dónde van a romper. Cuando somos conscientes del poder constructor y destructor de las olas podemos pensar sobre los vicios y las virtudes que nos definen.

En nuestros tiempos solemos juzgar con base al éxito o al fracaso de nuestras empresas. Así, podríamos pensar que el vicio es siempre un fracaso y la virtud un éxito. Cimentar las virtudes y los vicios exclusivamente en una ética de la responsabilidad (en las consecuencias producidas por nuestras acciones), sin tener en cuenta la emoción que subyace en nuestras acciones implica difuminar las fronteras entre la ética y la política. Paradigmáticamente Kant propone una ética universal (no dependiente de las circunstancias históricas) basada en la “buena voluntad”.  

Ateniéndonos a la tesis que cuando actuamos bajo el yugo de las pasiones soslayamos nuestra capacidad de discernir; podemos proponer que los vicios y las virtudes son hábitos que incitan a actuar, mal o bien. Para Aristóteles el hábito es una pauta de respuesta estable, aprendida, que facilita la acción, las hace más sencilla, agradable y eficaz. Los hábitos contienen tanto una ética de las convicciones como una ética de la responsabilidad. Los hábitos definen la personalidad, incluyendo el temperamento y el carácter.

Del mismo modo que hay hábitos de libertad hay hábitos de servidumbre. Los hábitos virtuosos son los que me hacen más libre porque aumentan mis posibilidades. Cogemos un vicio cuando un hábito inflexible se enquista, cuando impermeabilizamos nuestro cerebro a los nuevos aprendizajes y nos resistimos a realizar nuevas conexiones neuronales. La creatividad es un hábito que implica el constante cotejo de lo que uno sabe con lo que le proporciona sus vivencias, como también lo es la rutina que al parapetarse en una supuesta seguridad aboga por la inflexibilidad. 
 

 

Posted in: Filosofía

Comments

maria oliver
# maria oliver
lunes, 09 de enero de 2012 21:33
Bueno, Santiago, nos has traído una pastrilla de caldo concentrado!... Hay que añadirle agua, días de reflexión, para que despliegue todo su aroma tu condensado escrito, creo. O eso es lo que atino ahora a dejar acá...En todo caso. que la virtud está del lado de la libertad, o la libertad del lado de la virtrud... eso le da vuelo a aquello de "de la necesidad -la vicisitud-, virtud" ; y a aquello otro de "contra el vicio de pedir, la virtud de no dar"... En todo caso, se me hacen tus lineas, argumentos para vivir la libertad/creatividad, como una virtud contra el vicio del parapetarse en los miedos, contra el vicio de lo viciado: la rutina inflexible... construyamos nuevas sendas, diariamente, íntima-mente,en todo gesto, a ver si dan en nuevas conexiones neuronales...Gracias
Esther Ibáñez
# Esther Ibáñez
lunes, 09 de enero de 2012 23:30
Gracias Santi por tu reflexión filosófica.
“No se comenzó por razonar sino por sentir” Todos los comienzos empiezan por el sentir. Las pasiones son las grandes impulsoras de los cambios. La pasión moviliza, el miedo paraliza. Son dos fuerzas contrapuestas que buscan continuamente el equilibrio. La razón siempre es más afín a los miedos que a la pasión, tiende a buscar el status quo, la homeostasis y siempre intentará apagar la pasión porque no puede controlarla. La razón necesita control, entender el por qué de todo lo que sucede. La pasión solo quiere entregarse y no le importa a qué precio. Pasión sin razón es locura. Razón sin pasión es inflexibilidad, rigidez, caducidad y por eso tenemos que tener cuidado con intentar dominar en exceso los límites. Cuando necesitamos desesperadamente cambiar un hábito para continuar evolucionando necesitamos la pasión. Ella nos proporciona el tesón necesario para penetrar a través de nuestros propios límites, para descubrir nuevos caminos, para deshacernos del miedo que nos aferra a hábitos que nos impiden progresar.

Cuando nos convertimos en el brazo ejecutor de un iluminado, realmente no estamos nublados por nuestras propias pasiones sino invadidos por las pasiones de un tercero.
Nemo
# Nemo
domingo, 15 de enero de 2012 22:21
Vicios y virtudes son pasiones. El hombre es un animal irracional. Homo sentimentalis. En el hombre todo son afecciones. Todo nos afecta. Todo lo sentimos. La razón modula esa afectación y la interpreta.

Entre el vicio y la virtud- como entre el amor y el odio- existe una sutil frontera de forma que, cuando es atravesada, la similitud entre uno y otra es total. Quizá la verdadera diferencia entre uno y otra, es decir, entre vicio y virtud, es que en el vicio el placer precede al dolor, y en la virtud es el dolor(esfuerzo) el que antecede al placer(satisfacción).

Lo que está claro es que los vicios y las virtudes nos definen, porque ambos forman parte de nuestros hábitos y de nuestra forma de ser.

Todo en el fondo es hábito y rutina. De hecho, no hay ninguna diferencia entre ambos términos, los dos se basan en la repetición: la creatividad es una efeméride que nos crea una ilusión de evasión. La novedad también tendría unos efectos similares.

Así pues, sólo el aprendizaje, transformado paradójicamente a su vez en hábito y rutina, sería capaz de librarnos de éstas. El aprendizaje es la sublimación de ambos.

steam cleaning Boise
lunes, 27 de febrero de 2012 8:36
Un joli beaucoup un grand poste ici. Vraiment impressionnant. merci!