Gabriel Gutierrez posted on marzo 09, 2010 05:00
En una cierta fase del desarrollo del intelecto humano se nos ocurrió pensar que, para saber más -tal es nuestra voracidad-, nos iría bien fragmentar la percepción de lo real en especializaciones. De este modo, concentrando cada mirada sucesivamente en cada aspecto de la realidad estudiable, podríamos profundizar y extraer un inventario más profuso de lo observado. Sin embargo, ahora lo vemos, esta fragmentación es causa de diagnósticos distorsionados y soluciones equivocadas. La realidad que se pretendía fragmentar permanece integrada por más que nos obstinemos en lo contrario.
Una consecuencia de todo ello nos la encontramos ahora con la denominada “crisis económica”. Como si se tratara de algo circunscrito a alguno de esos aspectos con que fragmentamos lo real, y puesto que nos han dicho que se trata de una crisis económica, acudimos a economistas para que nos digan qué, quién, por qué y cómo. Sin embargo, y puesto que el acontecimiento no es sólo económico, el asunto se nos desborda del marco de referencia y pone de relieve la incompetencia ocasionada por la especialización ante situaciones complejas como la actual. Esos qués, quiénes, por qués y cómos requieren de un cambio de paradigma que nos lleve a recordar cómo gestionábamos el conocimiento antes de la fragmentación.
En el ámbito médico sucede lo mismo: un especialista en un órgano diagnostica una disfunción que afecta al Todo que es nuestro cuerpo y nuestra vida. Si no tiene en cuenta este factor, el dignóstico puede resultar técnicamente correcto pero resultar antisistémico y, por ello, llevar a una solución únicamente analgésica en la que todo parece volver a estar correcto. Sin embargo, y puesto que un órgano pertenece al Todo que es el cuerpo y al Todo que es la vida de la persona, y si no se ha hecho un trabajo holístico y respetuoso con ese Todo, la dolencia vuelve a la latencia a la espera de reaparecer.
Un diagnóstico fruto de una percepción fragmentada puede proponer soluciones equivocadas que aparentemente funcionan pero que, a la larga, pueden generar más desventajas y efectos secundarios. Es necesario, pues, entrelazar el conocimiento para ampliar la mirada. Por otro lado, este hecho nos va a llevar a relacionarnos de otro modo.
De momento, vivimos en una sociedad enferma en la que todos los diagnósticos que se hagan desde la especialización van a resultar desafiados por el curso de los acontecimientos.
Un experto en consultoría creativa, Gerard Delespesse, recomienda a las empresas que las personas que sean consultadas no sean necesariamente especialistas o expertos. Gerard sostiene que éstos últimos suele tener prejuicios derivados de su especialización y que resulta mucho más creativo que se combine y mezcla a expertos con inexpertos. A través de esta vía las soluciones tienen un alcance mayor y son mucho más creativas.
Acabo con una cita de Nicholas Taleb: “Los economistas se inventan un mundo imaginario que se presta a sus modelos matemáticos”