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Santiago Villar Pallás posted on marzo 05, 2009 05:00 
La sociología se ocupa de la sociedad tal como es, mientras la ética social se preocupa de cómo debería ser. Cualquier proyecto que pretenda transformar lo que nos acaece no puede santificar “lo dado” y debe ir más allá con base a unos valores que orienten nuestras acciones. Marx afirmó sin tapujos “que los filósofos se habían dedicado a interpretar el mundo, que había llegado el momento histórico de transformarlo”…, así que más allá de un análisis económico-social nos proponía una determinada ética social. Una ética social cimentada en la erradicación de la explotación. Nos ofrecía como ideal una sociedad en donde la libertad estaba engarzada a nuestra intrínseca sociabilidad. El ideal de una sociedad sin explotación parece que no se ha cumplido, en el fondo parece que una burocracia todopoderosa puede ser más sangrante que una multitud de empresarios abusadores.
Max Weber entendió que los principios éticos establecen la posibilidad de que un determinado sistema económico resulte humano o inhumano. Comprendió que el afán desmedido por la riqueza personal es un leitmotiv que no se cimienta en un ética social (no se creía la idea que “los vicios privados generan beneficios públicos”). Su análisis de las afinidades entre el protestantismo y el capitalismo pretendía demostrar que se podían crear proyectos en base a una ética social. Los protestantes creían que un signo de ser escogidos era realizar un buen trabajo, generar riqueza e implicarse con los problemas de su comunidad. Pensaba que una vez el capitalismo se había envestido de su carácter ético perviviría sin la necesidad que sus portadores se sustentasen en una determinada ética social. En sus términos podríamos decir que una racionalidad en relación a valores se transvierte en una racionalidad formal: un sistema que olvida a las personas en nombre de la eficacia y la misma supervivencia del sistema. Nos podemos preguntar: ¿el capitalismo actual ─en red, globalizado, de carácter financiero (o como queremos definirlo)─ contiene alguna ética social?
Una ética social tendría que tender puentes entre el análisis de la realidad de nuestra organización social y el proyecto de cómo debería ser. Para Kant la naturaleza está subordinada a la voluntad, así el objeto de la moral no es la felicidad, sino la buena voluntad. La buena voluntad se rige por principios universales, así se opone al utilitarismo. A pesar que tengo mis reparos a la formulación de una “ética formal”, la reflexión kantiana nos puede servir para entender que lo auténtico de nuestra naturaleza es la creatividad: proponernos fines y conseguirlos.
Los fines son los motores de la acción y el valor de una ética social no se debe medir exclusivamente en función de su éxito. Su teoría nos puede hacer pensar que estamos ante una sociedad desmoralizada, que hemos erradicado la crítica de nuestro horizonte. No es posible una crítica sin una filosofía de la esperanza. Una filosofía de la esperanza presupone que somos agentes de nuestra propia vida y que tenemos un cierto margen de maniobra para edificar el sentido de nuestra propia existencia. Nos podemos preguntar: ¿somos capaces de tener nuestras propias esperanzas o asumimos aquellas que nos han embuchado desde nuestra tierna infancia?
Decían los pensadores de la escuela de Frankfurt “que cuando se secan los manantiales de la utopía surge la barbarie”. Quizá una educación que nos incapacita para ir más allá de lo fáctico nos impide constituir una auténtica filosofía de la esperanza. Podemos preguntarnos: ¿seremos una mera tramoya de la orquesta que por azar nos ha tocado o seremos unos incansables buscadores de un sentido propio para nuestra existencia personal y colectiva?
Publicado en: Filosofía
Email del autor: svillarp@gmail.com
jueves, 05 de marzo de 2009 12:41
No dejemos que se sequen los manantiales de la utopía, que sus aguas nos inunden hasta que tengamos que nadar en vez de andar. buceemos en esas aguas buscando el tesoro olvidado de algún pirata o aquel coral rojo que vimos el verano pasado, o para recojer las latas de cerveza que tiró algún desaprensivo. Pero buceemos a pulmón, con snorquel o con botella, es igual. Buceemos. Y salgamos de cuando en vez a tomar el aire de la sensatez y del respeto. Si la barbarie nos persigue, tenemos que ser más rápidos. Construyamos una filosofía de la esperanza. pintemos de colores nuestras grises ciudades llenas de grises esperanzas y de grises sueños olvidados. No ovidemos que somos, cada uno de nosotros, los únicos responsables de nuestras vidas. Y únicos artífices. Un fuerte abrazo Santi. Tus palabras siempre son como una inyección de esperanza y de sabiduría. Gracias por estar.
jueves, 05 de marzo de 2009 15:48
Santi, veo que las musas han hecho bien su trabajo. "¿somos capaces de tener nuestras propias esperanzas o asumimos aquellas que nos han embuchado desde nuestra tierna infancia?" La utopía esta mal vista en nuestros días, no es practica, tanta energia puesta en algo practicamente imposible de conseguir, pero el ideal utópico es el impulso necesario para evolucionar. Así que brindemos bebiendo juntos del manantial de la utopía. ¡Salud!

viernes, 06 de marzo de 2009 19:47
Buena pregunta: “¿seremos una mera tramoya de la orquesta que por azar nos ha tocado o seremos unos incansables buscadores de un sentido propio para nuestra existencia personal y colectiva? “ Siempre he creído que la esperanza está en quienes hoy apenas cuentan pocos meses de vida. El problema es que recibirán educación (y si tienen suerte aprendizaje) que quienes como nosotros tuvimos que construirnos las múltiples corazas del ego y un elenco de nuestra propias autoimágenes para sobrevivir a una cultura que bloquea a cada minuto los estímulos naturales que procura muestro entorno, como a cualquier especie viva. Nuestra esperanza ya la sabemos, es la medida de nuestro coraje y sinceridad con nosotros mismos para ir ganando grados de libertad, y sobre todo poder comprobar estos avances en base a que “lo auténtico de nuestra naturaleza es la creatividad: proponernos fines y conseguirlos”. Y aunque no nos dejemos deslumbrar por la sociedad del competir sino que nos decidamos a disfrutar la sociedad del compartir, relegaremos a segundo término el conseguir esos fines que nos propusimos a favor a vivir la experimentación de los pasos intermedios. Cuando estudiaba Yoga, hace muchos años, me dijo una vez Swami Sivananda que lo importante no es llegar a la cumbre de la montaña, sino cómo vives el camino de la ascensión, qué encuentras, que descubres, qué experimentas.

martes, 31 de marzo de 2009 20:10
Si, como se afirma, el hombre es la medida de todas las cosas, la sociedad debería de estar hecha a imagen y semejanza suya. Tal vez, en sus origenes, la sociedad sí tuvo un carácter marcadamente antropocéntrico, pero, posteriormente, esa realidad creada, trascendió al propio hombre y éste dejó de ser centro y protagonista de su creación. El hombre creó la sociedad para dominar su propia vida, para, aun haciendo algunas concesiones, preservar su libertad. Con el paso del tiempo, el hombre ha ido perdiendo esa libertad y ha pasado de dominador a dominado. El hombre, con su voracidad legislativa, ha conseguido atarse de pies y manos. Después la maquinaria burocrática del Estado ha hecho el resto. La ética social originaria hace tiempo que desapareció. El hombre ya no es lo que es - ni lo que fue-, sino lo que tiene. Los bienes materiales conforman su estatus y su estima. El centro de gravedad del hombre ya no está en su foro interno, sino que se ha desplazado fuera de sí. Y es precisamente ese vaciamiento interno lo que provoca en él el conocido vacío existencial. Vacío existencial que el hombre interpreta como una falta de sentido en su vida. Por lo tanto, ni el Estado, como eje central del sistema social, ni sus empresas, como motores del mismo, podrán hacer que el hombre recupere su humanismo y su sentido vital. El hombre necesita con urgencia aprender a pensar; necesita recuperar esa ética social ancestral y primigenia - casi de clan integrador-, que le devuelva la esperanza por su futuro. Para ello, debe cuestionarse los dogmas sociales existentes y poner en tela de juicio su propias ideas. El hombre debe también desmarcarse de aseveraciones categóricas y penetrar en el reconfortante campo de la crítica y la duda. Quizá, de esta manera, podamos tener alguna oportunidad para que la esperanza ocupe ese vacío interno que nos angustia. Y el hombre vuelva a tener el dominio y el sentido que su vida necesita.

lunes, 06 de abril de 2009 23:45
"Decían los pensadores de la escuela de Frankfurt “que cuando se secan los manantiales de la utopía surge la barbarie”." Nos recuerda Santiago, gracias por esta estupenda "lectio" que leo a deshora, pero que me alegra... El conocimiento, el conocer a Kant, Marx, la escuela de Frankfurt, en fin, la transmisión del saber acumulado a lo largo de la historia, es fundamental para pensar, luego para decidir si somos mera tramoya o buscadores de sentido... La educación es importante, fundamental, pero ante el estado de la cuestión (la "calidad" de los bachilleratos, la nueva universidad europea, en la que ya no hay estudiosos sino científicos, investigadores y expertos ), es más importante si cabe, que los blogs y demás comunidades virtuales funcionen como los ateneos (anarquistas)... como foros (esos e-topos --e de electrónico, topos, lugar en griego--) del conocimiento, de la remisión a los nombres de los que nos han precedido y pensado. Sin complejos, pero con seriedad y ganas, que las bibliotecas están llenas de referencias. Que se nos facilite el camino, cuando se nos da una referencia, basta con que nos acerquemos a sacarlos en préstamo! Para que no se sequen los manantiales de la utopía,hijos de la fuente Sofía y que van a dar al mar Cultura, a la Utopía de Tomás Moro me remito y al Elogio de la Locura, de Erasmo, fantásticas lecturas para estas vacaciones de Pascua... (Formas de crítica, de esa suspensión del juicio, del prejuicio, puro ejercicio de liberación de dogmas y aseveraciones catagóricas) Gargantúa y Pantagruel, esos gigantones ávidos de saber y farsa, señores del reino de Utopía, puro acicate para el ejercicio libre del juicio, quedarán para el verano. en fin, que por todo ello es una gozada leer los artículos de crisis, porque combinan conocimiento con empujes a la proactividad. Gracias
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