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También es importante que nos envieis vuestros artículos para publicarlos en esta sección.

Somos conscientes, que en muchas ocasiones, algunos artículos pueden resultarnos difíciles de leer por falta de algunos conocimientos de base en ese tema específico. Nuestra intención es ir comentándolos entre todos y facilitar la labor de comprensión. No dudeis en preguntar sobre cualquier término o concepto que no os resulte comprensible, por básico que os parezca.

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En realidad, lo que está en juego es la propia democracia: la globalización rompe su hábitat natural –un territorio circunscrito por unas fronteras en el cual viven unos ciudadanos determinados– al tiempo que la generación de exclusión social que provoca va contra la raíz misma de todo orden democrático, ya que niega la ciudadanía misma.

La pervivencia de la democracia requiere el control de las grandes corporaciones y organizaciones transnacionales por parte de la política democrática, evitando la creciente apropiación privada de las competencias estatales. Asimismo, se nos muestra cada vez con más urgencia la necesidad de subordinar la tecnología a la democracia para evitar su uso selectivo y parcial. También podemos constatar la necesidad de tener una fuerza articuladora de lo que es internacional (relación entre estados) y de lo que es transnacional. En suma, lo que es realmente importante en la configuración de un nuevo orden mundial no es tanto el Estado cuanto la democracia y este nuevo orden ha de procurar garantizarla, al menos en alguna medida.

Además, no se trata de pensar sólo en una democracia a nivel local: un mundo tan interdependiente reclama un orden democrático mundial, condición necesaria para el desarrollo económico de las sociedades locales y la actuación democrática de sus estructuras de gobierno. Solamente un orden democrático mundial, por naturaleza inclusivo, puede afrontar el proceso de globalización introduciendo medidas encaminadas a hacer que sus beneficios y oportunidades puedan llegar a todos los pueblos.

Si de verdad queremos gobernar la globalización, haciéndola más humana, y que sus logros lleguen a todos, es preciso que seamos capaces de trasladar la democracia más allá de las fronteras de los estados. Porque no podemos vivir la democracia local si las instancias de gobernación global no son democráticas. Y ello no es tarea fácil sino muy compleja. En este sentido, nos urge diseñar una nueva arquitectura, de tipo democrático, para las instituciones globales, y ser capaces de concebir un sistema de reparto equitativo del poder mundial que dé la palabra a los necesitados o a sus representantes, proteja la libertad de todos, tenga en cuenta el medio ambiente y la sostenibilidad, y equilibre las relaciones de poder. 

Nuestro mundo necesita, en definitiva, un poder democrático que sea transnacional, y que se exprese a través de la gobernanza mundial. El proceso de globalización es irreversible, pero lo que sí puede cambiar es la forma en que se está llevando a cabo, muy selectiva. Y ello mediante la sujeción de los múltiples actores e intereses a una instancia de coordinación y gestión superior, representante y garante de los intereses de la humanidad y del planeta, lo cual sólo puede tener lugar en un marco democrático.

Entendemos por “gobernanza” algo más amplio que el concepto clásico de gobierno. Supone una capacidad para tomar decisiones, responder a los conflictos y gestionarlos. Y que esto se haga con legitimidad y eficacia, principios interrelacionados. Una legitimidad derivada de la creencia en la validez del sistema político, producto de la razón y el buen juicio de los ciudadanos; y una eficacia que tenga como objetivo y consecuencia la justicia. Solamente así podremos hablar de una gobernanza verdaderamente humana, garante de la justicia.
De hecho, es necesaria una estructura capaz de gestionar la actividad de los estados y también la de otros organismos intergubernamentales (por ejemplo las Naciones Unidas), las ONG’s y movimientos sociales transnacionales, las empresas de este tipo, etc., y en la cual pudieran incardinarse todos estos actores sociales, influyéndose mutuamente. Y como es fácil deducir, un sistema tan complejo que debería posibilitar la asunción de responsabilidades compartidas, no puede funcionar con garantías si no se arraiga precisamente en la democracia. 
 
Nos hace falta una democracia “polimórfica”, que pueda adoptar muchas vías y formas, y que haga converger libertad e igualdad; democracia directa y democracia representativa; democracia política, democracia cultural y democracia económica; democracia presencial y democracia virtual; haciendo posible la satisfacción del máximo de libertad e igualdad con el mínimo de coerción. Una democracia estructurada de abajo a arriba, daría lugar a un nuevo orden político que ayudaría a superar los efectos desintegradores de la globalización y podría desvelar a una ciudadanía pasiva, consumidora en lugar de constructora de democracia, implicándola en la construcción de la realidad.

Para que esa democracia global funcione adecuadamente es indispensable establecer una división e intercomunicación de poderes, de competencias y de responsabilidades, a distintos niveles. Lo cual implica la configuración de una estructura compleja, basada en la lógica del principio de subsidiariedad que permita un reparto, no solo de competencias, sino también de soberanías entre los distintos entes e instituciones.  Hay que delimitar escrupulosamente los ámbitos de decisión (subestatales, estatales, supraestatales). Así, deberían encaminarse hacia el ámbito subestatal, en los distintos niveles, aquellas materias cuya gestión y ejercicio permitan una implicación mas directa de la ciudadanía; al ámbito estatal deberían reservársele aquellos asuntos que afectan a problemas y cuestiones colectivas que no superen los respectivos ámbitos territoriales estatales; finalmente, al ámbito global le serían reservados aquellos temas que necesitan una mediación transnacional, dada la interdependencia e intercomunicación mundiales

Por otro lado, la constatación de la creciente interdependencia entre los diferentes ámbitos de intervención, exige la responsabilidad compartida de actores de diferente naturaleza y con posibilidades de actuación también de diferente alcance. En cada uno de esos niveles ha de ser patente a quién se pueden exigir la rendición de cuentas, pues el principio de responsabilidad es fundamental en todo orden democrático, mientras que la irresponsabilidad perjudica a todos, pero especialmente a los más débiles.

En esta nueva vertebración del poder político, los individuos podrían ser miembros y participar en las diversas comunidades cuya actividad pueda afectarles, y así acceder a formas variadas de participación. En consecuencia, se debería establecer un concepto de ciudadanía flexible, capaz de permitirles a los individuos el ejercicio de su condición de miembros, simultáneamente, de diversas comunidades políticas, tanto globales como más particulares. Obviamente este entramado de organización del poder debería enraizarse en la autonomía individual, vinculada directamente con la forma democrática de organización política, ya que ésta supone que los miembros de la comunidad política son libres y capaces para determinar el curso de ésta, es decir, se trata de individuos capaces de autodeterminarse.

En definitiva, estamos yendo hacia una nueva concepción del poder político, como forma mucho más flexible de organización, capaz de articular relaciones entre los diversos niveles de poder (supra-estatal, estatal, sub-estatal) que establezcan alianzas de forma variable, en función de intereses concretos en cada momento y dando porotagonismo a diversos tipos de actores. Hemos de construir un sistema de gobernanza “glocal”, en el que lo global y lo local no resulten excluyentes sino más bien sean como las dos caras de la misma moneda. Si es democrático, un poder de alcance mundial ha de ser a la vez descentralizado y permeable a lo particular. Ha de superarse claramente la dicotomía local –global; ha de ser posible vivir  integradamente estas dos dimensiones.

Esta nueva estructuración nos da la oportunidad de reconocer la diversidad y otorgar los instrumentos necesarios para que los colectivos étnicos, lingüísticos, culturales, religiosos, las naciones sin Estado, etc., puedan disponer de un ámbito de poder propio suficientemente representativo. Solamente así se puede conseguir una integración justa y plena de tales grupos en el nuevo mundo que emerge. Este sería, sin duda, el mejor antídoto contra nacionalismos excluyentes y sectarios, y fundamentalismos de toda índole. Y es en el marco de estas nuevas formas de organización política donde pueden conciliarse la autonomía de ciertas colectividades humanas y el interés general, al tiempo que se compatibilizan los principios de autodeterminación y soberanía.

En cuanto al principio de soberanía, conviene apostar por un redefinición de la misma que permita pasar de la actual soberanía excluyente de base territorial a una soberanía incluyente, basada en una visión pluralista que permita mantener la compatibilidad entre sistemas sobrepuestos y en constante interacción. Es así como iremos construyendo un mundo como hogar (cosa, por cierto, que también podríamos predicar de nuestras comunidades más cercanas). 
                             

Publicado en: La sociedad
Email del autor: md.oller@ono.com

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Comments

Esther Ibañez
# Esther Ibañez
lunes, 02 de marzo de 2009 15:17
Gracias Mª Dolors por aportarnos esta perpectiva "glocal". Creo que este será el siguiente paso histórico de organización territorial. Pasamos de los "feudos" al "Estado-Nación" y de éste a la "alianza entre paises", donde nos encontramos ahora en el mundo occidental. Debemos pasar del G-20 al "G-todos".
Construir un mundo como hogar es una visión muy femenina (Yin) absolutamente necesaria en un mundo fundamenalmente depredador. Si no equilibramos estos dos polos nos acabaremos destruyendo. Una visión de gran familia viviendo en el planeta tierra que es nuestro hogar, donde los recursos deben ser compartidos de forma equilibrada por todos sus habitantes.
Para conseguir una gobernanza mundial se necesita que el impulso se genere desde abajo,desde la ciudadanía, a través de un trabajo en red "glocal", múltiples corpúsculos interconectados entre sí. Gracias.
Nacho
# Nacho Rivera
lunes, 02 de marzo de 2009 18:34
Sinceramente bonito, y que comparto en su totalidad, pero difícil de llevar a la práctica. Ahora que las naciones están adoptando posturas nacionalistas y proteccionistas...más difícil si cabe.

Mientras que como individuos no seamos capaces de ejercer la libertad sin miedos y asumamos nuestras responsabilidades, no seremos capaces de construir un mundo global, una casa de todos.

Como ha pasado con la ONU, bonita carta, cargada de preciosas palabras, pero vacía de practicidad y obligaciones por parte de sus integrantes.
O el espectáculo de Israel y Palestina, donde el problema no era actuar y ayudarles, no, el problema era posicionarse con uno u otro bando mientras iban muriendo inocentes. Bonita ayuda.

Como bien dice Esther hay que actuar desde abajo.

Un cordial saludo.

Santiago Villar
# Santiago Villar Pallás
lunes, 02 de marzo de 2009 22:30
La democracia es un experimento griego que surgió en las "polis" ciudades-estado que permitía lo que se podría llamar una democracia directa. Aristóteles nos legó una clásica visión de los distintos gobiernos (monarquía-tiranía, aristocracia-oligarquía, timocracia-democracia). El gobierno del demos (pueblo) surgió por una serie de circunstancias culturales y sociales, pero la historia nos ha mostrado cómo se ha producido una polisemia que ha creado mucha confusión con respecto a la democracia. Hoy nuestras democracias se definen como representativas, considerándose como el sistema de gobierno menos malo. Por otra parte se ha introducido la idea de valores democráticos que suelen traducirse a nivel legislativo en "derechos". Así, puede entenderse que en los sistema democráticos se violen los derechos democráticos.
Como afirma Mª Dolors el proceso de privatización del poder en unas corporaciones, que legítimamente tendría que asentarse en el demos, es peligroso para la supervivencia de los valores democráticos.
La democracia representativa surgió como un instrumento para gobernar un gran número de poblaciones. Sostengo que el estado-nación es un invento reciente que poco a poco va perdiendo su consistencia. Con la globalización las identidades se difuminan y nos vamos convirtiendo en una masa de individuos. Digo de individuos porque se nos va olvidando que somos ciudadanos..., la democracia requiere de ciudadanos, mientras el mercado se afana por hacernos todos "individuos consumidores".
La idea de una democracia global puede ser pensado con el concepto de glocalización (una forma de aunar lo local con lo global). Pienso que sólo a través de la educación podemos formar ciudadanos con valores democráticos.

Santi
Carlos Sánchez
# Carlos Sánchez
martes, 03 de marzo de 2009 17:44
Santi ha dado en el clavo. ¿Cómo podemos esperar que nuestro sistema evolucione hacia un sistema más participativo sin que exista la inquietud ciudadana y la reclamación ciudadana de una mayor participación? Sin una educación orientada al profundo concocimiento de las instituciones y del sistema de oraganización política el artículo de Dolors no podrá ser seguido ni entendido por la mayoría de personas que se acerquen al texto. Es así de triste. No educamos a la población para hacerse preguntas basadas en el conocimiento profundo de lo que hay. Pienso que más que una democracia, vivimos en una aristocracia.

El concepto de "glocal" me recuerda una campaña publicitaria que rezaba "Think global Act local" que quedó sólo en eso: en eslogan. Aunque creo que es el camino, ciertamente.

Para empezar a actuar localmente deberíamos exigir el destino de los recursos proporcionales al nivel local o municipal. Mientras en Suecia el 52% del IRPF se destina a los ayuntamientos, en España sólo se destina el 14%. Mientras ha habido un proceso "democratización" por el ingreso en la Unión Europea, perdiendo algunas atribuciones estatales en favor de la Union (política monetaria, Derecho Civil, Derecho Mercantil, Derechos Humanos, entre otros), se ha mantenido el poder central del Estado en contra de las Autonomías y, sobre todo, de los Ayuntamientos.

Por último, anotar que todo nos lleva al mismo sitio: el trabajo en red, las asociaciones, cooperativas, y colectividades unidas trabando por unos intereses comunes.
Mª Dolors
# Mª Dolors Oller
martes, 03 de marzo de 2009 23:11
Gracias por todas vuestras reflexiones y aportaciones. Quiero hacer hincapié en que hablamos de gobernanza global, no de gobierno global. Y gobernanza significa capacidad para tomar decisiones, responder a los conflictos y gestionarlos. Y ello desde la corresponsabilidad de los viejos y nuevos actores de la escena internacional. En otras palabras, los retos que tenemos planteados no sólo los deben afrontar los Gobiernos de los Estados, sino también organizaciones como las ONG's, Movimientos Sociales y empresas, especialmente las transnacionales. Y es obvio que las organizaciones están compuestas por individuos que han de saber actuar con principios éticos.

Una precisión más: hay que tener cuidado de no caer en la trampa de configurar un Estado imperial mundial. Esto sería nefasto. De hecho, con la globalización tal como funciona desde el punto de vista económico y con la homogeneización made in USA que se está produciendo a nivel cultural, el ámbito político es crucial si no queremos hacer el juego al imperialismo. Y este peligro, especialmente después del 11-S, es muy real. Lo que pretendemos no es una especie de Estado Supranacional. Se trata de evitar la analogía con la lógica política de los Estados-nación, entre otras cosas porque la lógica heredada de la Europa del s. XVII (Tratado de Westfalia) ha sido la del conflicto de estados y de sus intereses. No podemos olvidar que una de las consecuencias de los estados soberanos es el imperialismo de los más fuertes sobre los más débiles. En otras palabras, no podemos reproducir las estructuras de los estados a nivel macro. Ahora bien, el nuevo sistema de gobierno mundial ha de ser verdadero poder político y no, por tanto, una mera Liga o coalición de estados.
Sergio Gonzalez
# Sergio Gonzalez
jueves, 05 de marzo de 2009 15:27
Vuelvo a lo que decía en mi artículo de Derecho Natural. Es necesario ponernos de acuerdo en que es Dercho Natural para todos ( local ), para así, globalmente, poder configurar un derecho Positivo Justo. En cuanto a la organización de ese derecho piositivo, la importante es ceder. Solo se construyen grandes acuerdos cediendo. Solo se crece cediendo, solo se ama cediendo. Para eso, hace falta humildad, sabiduría y mucha inteligencia.
Mª Dolors
# Mª Dolors Oller
domingo, 15 de marzo de 2009 21:16
Estoy de acuerdo con todos vuestros comentarios y aportaciones. Los retos que tenemos planteados son de tal calibre que es necesario contar con todos aquellos grupos, colectivos, etc que puedan aportar ideas y poner en juego su responsabilidad. Y ahí caben también las aportaciones de las tradiciones religiosas. En mi opinión, el hecho religioso no está "normalizado" en nuestro país. Y deberia haber una evolución hacia una laicidad intercultural que tuviera esto presente. Pienso que las tradiciones religiosas tienen también algo que decir si de lo que se trata es de apostar por nuevos estilos de vida. Porque es evidente que sólo el cambio de los hábitos de consumo, ahorro, estilos de vida, en definitiva, puede ayudarnos a avanzar hacia otra manera de hacer la economía; y sólo con la escucha de las necesidades reales de la población y con capacidad de servicio podremos apostar por otra manera de hacer política, etc. Si os interesa yo tengo un poco trabajado el tema de qué pueden aportar las tradiciones religiosas, en interacción y diálogo con las laicas, a la convivencia, y también a la cultura democrática.

Esther Ibañez
# Esther Ibañez
domingo, 15 de marzo de 2009 22:36
Por supuesto Mª Dolors que nos interesa el tema de lo que pueden aportar las diferentes tradiciones religiosas en interacción y diálogo con las laicas en la cultura democrática.
Gracias Mª Dolors
Carlos Sánchez
# Carlos Sánchez
lunes, 16 de marzo de 2009 23:18
Hoy, precisamente hoy, he asistido a una conferencia que ha dado Hans Küng en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona. Uno de sus comentarios era precisamente el que propones. Me parece muy interesante. Actualmente existe un divorcio irreconciliable entre confesionalidad i laicidad. De la misma forma que todas las confesiones están condenadas a dialogar, entenderse, respetarse y quererse mutuamente, la confesionalidad y la laicidad están condenadas a respetarse y a admirarse mutuamente. Es la falta de espacios comunes no excluyentes y tradición integradora universal la que enriquecerá la vida de nuestras sociedades. Mª Dolors, por favor, no te cortes. Espero en candeletas tus reflexiones.
University T Shirt printing
viernes, 30 de diciembre de 2011 6:33
Thank you for sharing This knowledge.Excellently written article, if only all bloggers offered the same level of content as you, the internet would be a much better place. Please keep it up!..

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