Transcribo parte de una entrevista realizada al Profesor Arcadi Oliveres y publicada en: Centro de Investigación para la Paz (CIP-Ecosocial) – Boletín ECOS nº 4, septiembre-octubre 2008.
ENTREVISTA A ARCADI OLIVERES
“La globalización actual es la antítesis de lo que debería ser la economía: la satisfacción de necesidades humanas”
Nuria del Viso
Arcadi Oliveres es catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Barcelona. Fundador de ATTAC en España, actualmente preside la ONG Justicia i Pau.
- Al neocolonialismo de la segunda mitad del siglo XX se une ahora el proceso de globalización, mientras la brecha Norte- Sur se sigue ensanchando. ¿Cuáles son, en su opinión, los problemas prioritarios en este mundo globalizado? ¿Cuáles son las tareas más urgentes?
- Arcadi Oliveres: La globalización es la forma actual que reviste hoy la economía, pero en un sentido contrario completamente a lo que la economía bien entendida debería ser. La primera vez que puse los pies en una facultad de Economía, hace ya tiempo, me dijeron que la Economía es aquella ciencia que intenta administrar los recursos escasos que nos da la Naturaleza para transformarlos y obtener bienes y servicios que puedan satisfacer necesidades humanas. Como definición es muy adecuada, lo que pasa es que si miramos la Economía desde este punto de vista, las necesidades, incluso las básicas, de una parte importantísima de la población mundial no están cubiertas, por lo cual uno llega a la conclusión de que la Economía no cumple con su deber. La globalización es la forma actual de dominio económico pero de una forma completamente contraria a lo que debería ser un sistema económico adecuado. Por tanto, estamos en una economía que se puede definir como globalizada, pero que es la antítesis de los que de verdad debería ser la economía: la satisfacción de necesidades humanas.
Hace ahora unos 17 ó 18 años se dio por finiquitado el sistema socialista, y seguramente se hizo bien porque era evidente que no había cubierto las expectativas de la gente, porque no era verdadero socialismo, sino capitalismo de Estado, y además completamente militarizado, así que, de esta forma, no podía satisfacer las necesidades de la gente. Se le dio por perdido. Sin embargo, no fracasó ni por la economía planificada ni porque los medios de producción fueran de propiedad pública; fracasó por el militarismo y nada más que por el militarismo. Entonces, fracasado el socialismo se dio por triunfante al capitalismo, lo cual es una enorme contradicción porque que el socialismo (real) había llevado a la pobreza a 400 millones de personas es una obviedad entonces ¿Cómo puede salir triunfante el
capitalismo, que había llevado no a la pobreza, sino a la miseria, no a 400 millones sino a 4.000 millones de personas? Completamente absurdo. Desde entonces, en los años noventa se entra en una enorme vorágine neoliberal que, por suerte, ha sido un poco más calmada en esta década. Una de las razones es que a finales de los noventa se iniciaron los primeros movimientos de protesta frente a esta situación como podía ser el de Seattle (noviembre de 1999), o los Foros Sociales Mundiales.
Respecto a las tareas más urgentes, el primer y mayor problema es el del hambre, lo que más vidas humanas se lleva por delante. En una charla que escuché hace poco, Federico Mayor Zaragoza decía que cada día mueren de hambre 60.000 personas. Aunque trabajamos en temas de paz, es evidente que el hambre mata mucho más que la guerra. Ni todas las guerras juntas se llevan 60.000 vidas humanas cada día. Y además, calladamente, sin salir en ningún noticiario. No sólo es el problema más básico, sino también escandaloso porque en el mundo no faltan alimentos, y bien distribuidos entre la población mundial, todos tendríamos las calorías diarias necesarias para vivir. Es una situación absurda. Igual ocurre con el agua potable o con el tratamiento del HIV/SIDA: en los países desarrollados, con el tratamiento adecuado, una persona puede esperar vivir bastantes años, pero el que tiene SIDA en África lo único que puede esperar es la muerte, porque las farmacéuticas no venden el producto barato. Lo que ocurre es que no hay voluntad política, por tanto, hay falta de comida, de agua, de fármacos, faltan sistemas de salud… todo ello indica que hay déficits importantísimos en esta economía.
- La globalización ha desdibujado los poderes del Estado nación, pero todavía no estamos instalados plenamente en una comunidad global. Carecemos de instituciones con capacidad para gestionar los problemas de carácter global. ¿Hacia dónde vamos?
- Arcadi Oliveres: Si la economía esta globalizada los órganos de control políticos de la economía deberían estar también globalizados. Supuestamente, cuando las economías tenían nivel nacional había una empresa estatal y un gobierno que le daba permiso. Se podía suponer que existía un control, aunque tampoco era totalmente cierto porque en muchas ocasiones pudimos ver que las empresas acababan dominando a los gobiernos. Ahora a nivel internacional sucede un poco lo mismo. Son las llamadas trasnacionales las que están dominando a los poderes políticos, incluso de una manera organizada, como podemos ver con las reuniones de Davos, donde se reúnen anualmente los poderes fácticos -en este caso económicos- que dominan la vida política. Los políticos son sus servidores, no están por encima del poder económico, que es lo que debería ser.
- Enlazando con lo que mencionas, en un momento histórico en que la democracia está ampliamente extendida en el mundo, nos encontramos que buena parte de las decisiones realmente importantes se toman en otra parte, en foros privados y en instituciones internacionales nada democráticas, como la OMC o el G-8. Usted ha indicado que del mundo real sabemos muy poquito ¿en qué medida podemos considerar que vivimos en sociedades democráticas?
- Arcadi Oliveres: En casi ninguna. En el mejor de los casos, baste recordar que nos hallamos en lo que se denomina democracia representativa, pero democracia participativa, en absoluto. Si empezamos por aquello que es lo más fundamental en una democracia, que es el partido político, vemos que son la antítesis de la democracia. En un partido nadie abre la boca, porque si hablan, el secretario general les hace callar.
Como decía Alfonso Guerra, “el que se mueva, no sale en la foto”. Resultado, no hay elecciones primarias, ni listas abiertas, no hablemos de los procesos electorales, con la famosa ley d’Hondt, que otorga los votos sobrantes a aquellos que son partidos mayoritarios y los menos valorados acaban siendo los más perjudicados. Si del nivel del estado pasamos a nivel europeo, la vergüenza del Tratado de Maaschtricht, la vergüenza de la Constitución europea, redactada dictatorialmente por el Sr. Giscard D’Estaing con un grupo de 102 secuaces, que ni proponen nada interesante ni representaban a nadie, aunque vienen en nombre de los partidos mayoritarios. Le ha seguido la vergüenza del Tratado de Lisboa, que no quiere hacer caso de lo que han dicho los irlandeses. Es impresentable en todos los sentidos. En Derecho Constitucional me enseñaron que los poderes se separaban entre legislativo, ejecutivo y judicial ¿Quién hace las normas de la UE? El Consejo de Ministros. El Parlamento, como mucho, les da el visto bueno. Y si subimos más escalones y llegamos a Naciones Unidas, cinco países tienen derecho de veto en el Consejo de Seguridad. Andorra tiene un voto y la India tiene un voto ¿en qué cabeza cabe? Y si además sigues y miras al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, la cosa empeora aún más, es un completo escándalo.
- De modo que tenemos un sistema que no tiene legitimidad económica ni tampoco política…
- Arcadi Oliveres: En teoría, tiene sus cauces de legitimidad, pero en la práctica, el poderoso domina y establece las normas… hasta el punto de que los lobbies en Bruselas redactan documentos comunitarios que favorezcan sus propios intereses. Los políticos son los que hacen las leyes, pero van un día a Bruselas y regresan a su casa.
Los que hacen los reglamentos son los que están allí, que son funcionarios. Ya lo decía el Conde de Romanones, “hagan ustedes las leyes, que ya haré yo los reglamentos”. Y en esos reglamentos influyen los lobbies. Por ejemplo, en Pesca, la UE dice no se pesquen peces pequeños y que se utilicen redes con una cuadrícula mayor, una buena norma; llega el reglamento y establece los milímetros que deben tener las redes entre sus hilos, una distancia muy pequeña, exactamente la que había defendido la patronal de la pesca. Por tanto, la UE aprueba no lo que habían aprobado los ministros, sino lo que deseaba la patronal.