El pasado martes 10 de febrero se celebró una conferencia-coloquio, organizada por ESADE ALUMNI, que llevaba el título de este artículo y que fue impartida por el profesor Ángel Castiñeira, que es el director del departamento de Ciencias Sociales de ESADE.
El profesor Castiñeira escogió el título de “La riqueza ética de las naciones” rememorando el libro “La riqueza de las naciones”, que Adam Smith publicara en 1776 y que se convirtió en uno de los libros de cabecera del liberalismo económico. En él, Adam Smith explicaba cómo la riqueza de las naciones se constituía sobre la base de tres tipos de capital: el físico (recursos naturales), el económico (recursos financieros) y el laboral (población activa). Mientras que el capital físico, el de sus recursos naturales, es una suerte del destino, los otros dos tipos de capital provienen, según A. Smith, de la determinación de cada nación en forjarse un futuro y competir con el resto de naciones.
El profesor Castiñeira añade otros dos libros que aportarán, con posterioridad, nuevas visiones y nuevas propuestas al universo de A. Smith. Estos libros son Making Democracy Work – Civic Traditions in Modern Italy de Robert D. Putnam y The Rise of the Creative Class de Richard Florida. En ellos se explica cómo la densidad asociativa de las sociedades redunda en un mayor Capital Ético, acuñando este cuarto pilar que viene a añadirse a los tres ya mencionados en la obra de A. Smith, asegurando –este Capital Ético- un mayor rendimiento económico, político y democrático. Contrasta este asociacionismo y sus beneficios con el actual individualismo imperante en las sociedades modernas que tiene como efecto la pérdida del valor de la confianza.
Se pregunta el profesor Castiñeira qué es lo que las sociedades han entendido como progreso ¿que los caníbales coman con tenedor?, y acto seguido enseña la imagen de Richard S. Fuld Jr., CEO de Lehman Brothers, escogido ejecutivo mejor valorado en 2003, y que condujo a LB a la banca rota. El profesor nos recuerda que ahora llamamos irresponsabilidad a lo que hace muy poco era reconocido como éxito. Y nos recuerda, asimismo, aquellos valores que deben ir ocupando un mayor espacio en nuestras vidas y profesiones que no son otros que los de la adaptabilidad, la flexibilidad, la movilidad y la disposición al cambio, y bromea con el “activismo” de algunos ejecutivos que se parece al de los hamster cuando corren sin parar dentro del tambor, consumiendo mucha energía sin moverse del sitio. O a aquellos directivos y organizaciones que él denomina “marxistas” (no por Karl sino por Groucho) que lucen una ausencia de valores provenientes de una ausencia de vocación, recordando aquella evocadora frase de Groucho que decía “estos son mis principios, si a usted no le gustan, tengo otros”. ¿Será que nuestra sociedad actual tiene una moral camaleónica?, o quizás, como intuye el profesor Castiñeira, ¿una mirada acrítica sin energía vital?
Volviendo al concepto de riqueza social de las naciones, deberíamos plantearnos cómo queremos ser vistos por los demás y qué modelo ponemos en práctica para alcanzar nuestro objetivo. El valor central y básico para el desarrollo de una economía libre de mercado es la confianza. La define como la expectativa que surge en una comunidad con un comportamiento ordenado y cooperativo, basándose en normas y valores compartidos por todos sus miembros, como la lealtad, la honradez y la fiabilidad, entre otras. El profesor Ángel Castiñeira nos recuerda que este capital ético, forjado a través de la capacidad de asociarse, de organizarse y de movilizarse de la sociedad civil, es la mayor fuente del valor de la confianza. ¿Porqué le da tantas vueltas a este valor el profesor? Pues porque la fortaleza de la “marca país” que posee cada nación está íntimamente ligada con la imagen de confianza que emana. ¿Hasta qué punto queremos ser reconocidos como un país generador de confianza, de capital ético?
Por último, hace un recorrido por los diferentes indicadores internacionales y cómo éstos sitúan la imagen de España en el contexto internacional. Cita el índice de percepción de la corrupción, ranking en que España ocupa el décimo séptimo lugar de Europa y vigésimo octavo del mundo. En el índice de calidad democrática ocupamos el lugar décimo sexto del mundo.
El profesor Ángel Castiñeira menciona otros desequilibrios que deberían corregirse urgentemente como la privatización de los beneficios frente a la socialización de las pérdidas de toda actividad económica. O la poca integración ética ante una vida en la que asumimos diferentes roles: de ejecutivo/a, de padre o madre, de presidente/a de la escalera de vecinos, de miembro/a de un club deportivo, miembro de la Asociación de Madres y Padres de alumnos, etc…
El profesor Castiñeira anima a la sociedad a organizarse, a movilizarse, a trabajar en red, dando todo su aliento a lo que él llama esas “minorías de choque proféticas”. Todo un golpe de aire fresco y unas palabras de ánimo que no caen en saco roto, al menos entre los que colaboramos con este proyecto llamado
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