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Somos conscientes, que en muchas ocasiones, algunos artículos pueden resultarnos difíciles de leer por falta de algunos conocimientos de base en ese tema específico. Nuestra intención es ir comentándolos entre todos y facilitar la labor de comprensión. No dudeis en preguntar sobre cualquier término o concepto que no os resulte comprensible, por básico que os parezca.
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Santiago Villar Pallás posted on noviembre 18, 2011 05:00 

La mayoría de nuestros sentimientos no reflejan sin más los acontecimientos externos, por el contrario dependen en gran medida de nuestras ideas, de las noticias que nos difunden los medios de comunicación, de nuestros recuerdos o expectativas. Se han argüido diferentes “marcos de encuadre” para aglutinar aquello que es común, subsumiendo el conjunto de diferencias, en Occidente. Así, Popper ha propuesto al sociedad abierta, Bauman la sociedad líquida, Beck la sociedad del riesgo, Weber la sociedad racionalizada y desencantada; otros la sociedad de la información, la sociedad globalizada, la sociedad del paro, las democracias liberales… El “marco de encuadre” implica unos sentimientos que provienen de las representaciones asociadas al marco mismo, que a su vez generan estados de ánimo.
Habitualmente, la mayoría de los análisis parten de los acontecimientos externos para explicar aquella representación común y compartida más allá de la diferencias de los países, religiones, culturas o ideologías. Otra propuesta sería plantearse la comprensión de los estados de ánimo para buscar su correspondencia con una determinada representación común y compartida. La mayoría de los que habitamos en las sociedades occidentales nos hemos contagiado de un estado de ánimo propio del ocaso, de una especie de inanidad por transitar en las postrimerías de lo que nos ha mantenido durante mucho tiempo.
El estado de ánimo actual se puede caracterizar de muchas maneras, aunque una mayoría nada desdeñable se ha parapetado en la desesperanza. Spinoza definió la esperanza de la siguiente manera: “no es otra cosa que una alegría inconstante, que surge de la imagen de algo futuro o pasado, de cuyo resultado en cierta medida dudamos”. La alegría inconstante de la esperanza es un sentimiento que se cimienta en un conocimiento precario sobre la sucesión de los acontecimientos. Es precario en cuanto no podemos tener certezas y, por consiguiente, no tenemos todo el poder que desearíamos. Desde Bacon hemos comprendido que el “saber es poder” y paradójicamente en nuestras “sociedades del conocimiento” cada vez nos sentimos más atrapados. Atados a fuerzas que nos sobrepasan, nuestra desesperanza surge cuando no podemos negar que el sufrimiento es consustancial a nuestro presente, y el futuro aún será más triste.
La probabilidad o previsibilidad de una hecatombe se asienta en un determinado tipo de desesperanza. Una desesperanza que implica que hagamos lo que hagamos nuestro destino es ineludible. Así, junto al sentimiento de impotencia se une el sentimiento de que no tenemos margen de maniobra. El sentimiento de impotencia se contagia de unos a otros y como un círculo viciado socava nuestra libertad más genuina.
La libertad más genuina incluye la posibilidad de salirse del sistema. La esperanza en los límites del sistema, que nos sustenta, se ha convertido en una pasión triste. El miedo nos atenaza, haciéndonos siervos de nuestras propias construcciones. Así, un sistema que emergió para generar constantemente un estado de ánimo en la que esperanza –la posibilidad de construir nuestra propio guión de vida- era el sostén fundamental se ha travestido en estado de ánimo desesperanzado. Es lo que podríamos denominar “la paradoja de la consecuencias”, en la medida que consecuencias no previstas –diametralmente opuestas en el capitalismo- definen actualmente la esencia misma del sistema.
Quizá lo más triste es que lo que antes era previsible o probable cada vez más parece ser más cierto y seguro. Podemos plantearnos: ¿hasta que punto nuestro estado de ánimo desesperanzado influirá para cerciorarnos que es posible otro sistema?
viernes, 18 de noviembre de 2011 7:23
Nuestro estado de ánimo es muy pesimista ante lo que tenemos y lo que se nos viene encima,somo como cobayos que unos insensatos cuando no criminales están haciendo que el mundo se despeñe.El domingo son las votaciones,y qué? otra farsa más, a quién votar?todos defienden el sistema tal como está,nos pondrán unos tecnócratas como Itali y Grecia impuestos por ésta troika siniestra que nadie ha elegido.Creo que la abstención será muy superior a otras veces.La gente ya no está para bromas.Habrá que resistir las estampidas que nos vengan pero la incertidumbre,miedo o lo que quieras llamarlo es palpable en la calle,pero resistiré,resistiré o todo está perdido ya.Ahora bien si gana el pp como es casi seguro ,entonces que nadie se llame a engaño porque éstos ya están diciendo aunque por lo bajinis lo que nos espera,en fin peor que una pelicula de terror y lo que ha hecho zapatero y sus mariachis no será nada para lo que venga.......

viernes, 18 de noviembre de 2011 10:52
Gracias Santiago, por escribir acerca de estos elementos tan líquidos, los estados de ánimo, emociones y sentimientos. Efectivamente, lo que impera mayoritariamente es la impotencia, el desánimo, la indignación y la desesperanza. O sea, estados de ánimo que indican la vulnerabilidad del ser humano, la pequeñez de una hormiga dentro del grupo, y a mí personalmente no me alegra que impere este tipo de estado de ánimo, y a la vez encuentro el sentido que sea así...pues desde hace más de 5000 años el ser humano se ha creído dueño del universo, de la naturaleza y de todo lo que le rodea, y bueno, "GRACIAS" a estos energúmenos como zapatero y sus mariachis la mayor parte de los ciudadanos estamos obligados a retornar a lo esencial de la vida (comida, techo, buenas compañías) más allá de los sueños de grandeza que todos y cada uno de nosotros hemos experimentado cuando nos sentíamos "potentes". Personalmente lo veo como que a la humanidad le toca, en estos principios del sXX1, volver a los orígenes, a lo esencial, a lo realmente necesario en la vida de cada uno...y ese es el aprendizaje. Ahí está la libertad. La puerta de la esperanza....cuando uno se despoja de todas las posesiones que le hacen esclavo (casas, coches, hipotecas, compras a plazos, etc) descubre que vive más simple y fácilmente...y valora más la vida y lo poco que tiene. Eso sí, es humillante para el ego, rompe todas las fantasías de grandeza, nos hace verdaderamente humanos. Quizás esta crisis y la idoneidad esperpéntica de quien nos representa sea para eso: para que volvamos a lo real. Sólo desde ahí construiremos unos buenos cimientos para el nuevo paradigma que está emergiendo....que está claro no los pueden imponer los políticos, atrapados en sus propias fantasías de grandeza. Desagradable, pero real, como la vida misma...el camino directo a la libertad...para quien se atreva a aventurarse. Os dejo un link que recibí ayer y que me resultó muy interesante.... http://www.onirogenia.com/enteogenos/ayahuasca-y-el-destino-humano-dennis-j-mckenna/ abrazos

sábado, 19 de noviembre de 2011 22:57
Santiago, En tu artículo centras muy bien un elemento que a mí me interesa de una manera muy particular, dentro de todo lo que estamos viviendo. Hablas de desesperanza... (...) La probabilidad o previsibilidad de una hecatombe se asienta en un determinado tipo de desesperanza. Una desesperanza que implica que hagamos lo que hagamos nuestro destino es ineludible. Así, junto al sentimiento de impotencia se une el sentimiento de que no tenemos margen de maniobra. El sentimiento de impotencia se contagia de unos a otros y como un círculo viciado socava nuestra libertad más genuina. Hablas de miedo (...) El miedo nos atenaza, haciéndonos siervos de nuestras propias construcciones. Para mí lo más importante a entender de todo lo que está sucediendo es, precisamente, que esa desesperanza y ese miedo son inducidos. Creo que no se puede repetir lo suficiente ese importantísimo concepto. Los medios de comunicación, además de desinformar y confundir pretenden inocular mido y desesperanza. Conocer las tácticas que las elites están empleando con nosotros es el remedio más eficaz contra el miedo y contra la desesperanza. Lo sé por mí misma y también por otros. Por ello, considero fundamental trabajar a nivel social en ese sentido: invitando a las personas a querer saber de verdad lo que se esconde detrás de las apariencias. Se llama Nuevo Orden Mundial, y es la hipótesis que mejor explica todo lo que está sucediendo. La esperanza y el valor que en estos momentos necesitamos como el aire que respiramos, jamás van a venir de cerrar los ojos a la realidad. Este es el centro del mensaje que siempre trato de transmitir con mis artículos, y en mi vida a cotidiana a todos los que me lo permiten...

domingo, 20 de noviembre de 2011 12:13
Quiero explicar un poco más lo que trato de decir en el comentario anterior, porque un tema clave es el entender que no podemos permitirnos el lujo de caer en la desesperanza y el miedo. Es completamente falso que no haya más alternativas que las nos están tratando de hacer creer vía medios de comunicación. Pero si nos seguimos alimentando de las noticias que ellos nos cuentan, sólo vamos a ver la realidad desde esa perspectiva: es decir, sólo vamos a ver caos, destrucción y escasez. Y esa visión es la que pretenden implantar en nuestras mentes (sus razones tienen para hacerlo así). Pero no podemos permitir que eso suceda, entre otras cosas porque es rotundamente falso. Que un 0,0001% de población controle al otro 99,9999%, que es lo que está sucediendo, sólo se puede hacer consiguiendo el control mental de la población. Y eso sólo lo pueden hacer por la implantación del miedo y la desesperanza, haciéndonos creer que no hay nada que hacer, volviéndonos débiles, inseguros y dependientes... de las soluciones que ya tienen preparadas para el caos que previamente se han encargado de generar. Soluciones que no nos van a gustar nada, ni van a ser de la conveniencia del 99,999%. Por eso, como Ulises, ante el canto de las sirenas –que no le convenía escuchar porque sería su destrucción-, tenemos que atarnos al mástil de nuestra embarcación para poder sustraernos a su influjo... En nuestro atarnos al mástil equivaldría a apagar la televisión y dejar de leer la prensa que nos conduce hacia una percepción monolítica, estrecha, desesperanzadora, y sobre todo, radicalmente falsa de la realidad. Entendemos que esa realidad es falsa en la medida en que tomamos conciencia de nuestro propio poder... nuestro poder de crear otra realidad. Y por eso, es imprescindible trabajar en esa dirección, y apoyar a los que lo están haciendo. Así que, por favor, ¡que no decaiga! ... Tenemos que deshacernos de ideas que ya están viejas, obsoletas, que sirvieron en otro momento, pero que ya no sirven. Estamos entrando en una nueva época. Y todo esto no lo van a hacer los políticos. No podemos seguir pidiéndoles nada, porque ellos son los que menos entienden lo que está sucediendo. Están tan dentro del Sistema que no lo ven. ¡Dejemos de votar! ¡Es el sistema entero el que está podrido! ¡Pongámonos en pie y trabajemos para contrarrestar, con todas nuestras fuerzas, los cantos de sirena que pretenden hacernos creer que lo que nos cuentan la televisión y la prensa del sistema es todo lo que existe! ¡Apaguemos la televisión, dejemos de comprar los periódicos y pongámonos a trabajar con otros, sin esperar a que las soluciones nos vayan a venir de este SISTEMA que se cae en pedazos, y que es bueno que se caiga! Y todo esto sin negar, en ningún momento, lo que está sucediendo alrededor... Visitando los medios alternativos para ello, haciendo nuestras propias investigaciones y búsquedas. ¡Hagamos de nuestro tiempo libre un tiempo de crecimiento y de cocreación de lo que de verdad queremos que sea nuestra realidad!

miércoles, 30 de noviembre de 2011 23:55
Actualmente, los acontecimientos externos requieren una alta dosis de racionalidad, individual y colectiva. Pero en este caso, como en la mayoría de ellos, la racionalidad sola no basta, no es suficiente. Para superar situaciones críticas el individuo debe aportar, además, su irracionalidad; lo mejor de su irracionalidad. Es decir, emociones, sentimientos y creencias particulares deben jugar a favor de la superación colectiva. En situaciones críticas, en condiciones adversas, una irracionalidad positiva es la base sobre la que debe apoyarse nuestra racionalidad. Sentimientos tales como el pesimismo, la tristeza, el miedo, el desencanto o la desesperación sólo sirven para agravar situaciones como esta. La idea actual del Occidente decadente, además de ser una falacia, sólo contribuye a la desesperanza. Occidente, a lo largo de su historia, ha conocido momentos álgidos de bonanza y momentos críticos e inciertos como el que ahora atravesamos. La historia no es lineal, es cíclica; se repite constantemente. Y en ese "eterno retorno" reside su capacidad de renovación y evolución. Los sistemas (políticos, sociales, etc) tienen sus etapas vitales, son como organismos vivos. Y como tales, llevan el "germen" de su propia destrucción. Las crisis pueden ser una oportunidad para revitalizar el sistema; una ocasión de regeneración. La acción política tiene un peso importante en tales circunstancias, pero los sentimientos que emanan del "inconsciente colectivo" son determinantes. Ante una previsible o probable hecatombe, debe prevalecer la idea de que cierto sufrimiento será necesario, aunque pasajero. Y que ante la duda razonable de un futuro incierto, debe imponerse la certeza irracional de una ilusión que nos haga creer que ese futuro es posible: somos libres, la elección es nuestra.

sábado, 10 de diciembre de 2011 19:55
Es cierto que la mayoría de los que habitamos en las sociedades occidentales nos hemos contagiado el uno al otro con pesimismo, negatividad junto al sentimiento de impotencia. Los medios de comunicación sin duda aportan lo suyo. En el artículo se habla de los marcos de encuadre, los que equivaldrían a las normas de una convivencia en una sociedad. Desde que el ser humano ha aprendido caminar, ha aprendido que solamente con aquellos marcos una sobrevivencia de su especie es posible y siguió evolucionando estas normas constantemente aplicándolas a nuevas circunstancias. En los últimos 40 años, la velocidad de la evolución del ser humano se ha disparado. Cada dos por tres salen novedades al mercado que, en una bandeja de plata, nos presentan una vida mucho mejor, mucho más cómoda. Inicialmente, estos nuevos inventos estaban previstos para que nos garantizaran una vida más cómoda y lujosa. Nosotros en el occidente, nos hemos evolucionado progresivamente y nos hemos hecho más humanos gracias a nuestra vida avanzada. Gracias a la eliminación de preocupaciones principales, gracias a un sistema de protección de las bases de la vida, hemos tenido la fuerza y la energía para mejorar nuestros marcos de convivencia. Hemos creado derechos a favor de la mujer, de los niños, de los discapacitados, de los animales. Como dice Gandhi “la cultura de un pueblo se mide por el modo de tratar a los animales”. Creo que hasta allí ya hemos avanzado aunque …queda mucho por hacer! Sin embargo, este nuevo lujo nos está provocando eructos, nos hemos vuelto gordos y vagos. Se busca el dinero fácil y rápido. Es cierto que los políticos están fallando al pueblo, pero, francamente ¿es necesario ir tan lejos? ¿No sea que cada uno de nosotros ya hemos cometido algún delito de enriquecernos en un momento oportuno? ¿El fontanero del bario nos ha engañado una u otra vez con una factura adimensional? ¿Cuántas veces nos hemos enterado de una estafa, un fraude dentro de nuestro ayuntamiento, sucursal del banco del bario, etc,etc? ¿O sea, los políticos son el espejo de la gente cotidiana? Los últimos estudios de Transparency International indican que España está en posición 32 de 180 países investigados por corrupción. Para tener una referencia, Nueva Zelanda es el país con menos corrupción, seguido por Dinamarca y Singapur. Estamos cómodos en casa y pedimos que el Estado nos mantenga esta irrealidad la que todos nosotros hemos creado durante las últimas décadas. Hemos perdido cómo que volar y arriesgarnos, somos demasiados gordos y con falta de autodisciplina. Criticamos que el colegio de nuestro hijo está en mal estado, pero no somos dispuestos a poner manos a la obra. Para esto está el Estado, exigimos que eso lo arregle el Estado. Pero como el Estado ya está exprimido, todo seguirá igual, y seguiremos quejándonos sin hacer nada. Nos da pena que los zapatos ya no se fabrica en España, pero somos nosotros quienes compramos ropa y zapatos hechos en la India, Vietnam o China. Preferimos pagar € 12 para una camisa que no aguanta ni 4 lavados, en vez de mirar por alguna prenda de calidad que a lo mejor nos costará el doble o más. Pero,.. aguantará mucho más y, contribuimos en puestos de trabajo nacionales. Es necesario continuar esta vida de comprar y tirar? Sí, … estamos obligados a retornar a lo esencial de la vida. Cuando uno “ se despoja de todas las posesiones que le hacen esclavo” realmente no será feliz. Ya no podrá evaluar lo que es la posesión de un artículo valioso porque ya tiene demasiados. Esta ausencia de valores básicos genera frustración, desánimo, aburrimiento. Tendríamos que enseñar a nuestros hijos lo que realmente vale un móvil, un nuevo juguete. Tenemos que educarlos volviendo a los origines, las grandezas que nos hacen realmente humanos. Los valores de ser una familia y que siempre hay una cura contra la desesperanza y el miedo: la acción Con esta actitud, el ser humano del Siglo XXI seguramente no irá al caos, ni a la destrucción ni a la escasez. Es tarde, eso es cierto, pero, aún no demasiado. Si nos levantamos ya del sillón, si apagamos ya la tele y si pondremos manos a la obra: en nuestro vecindario, en nuestra familia,.. enseñamos a nuestros hijos los valores que han hecho sobrevivir al ser humando, para que en un futuro próximo, nuestros políticos serán sabios y cuidadosos en todos sus actos y al favor del pueblo. Si todos al final nos levantamos y empezamos, podremos conseguir un cambio en nosotros. Cuál es el Hecatombe? Es fácil de contestar, eso ya pasó una vez cuando Moisés subió al Monte Sinaí…
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