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03

Empecemos señalando que la identidad debe ser valorada como algo positivo: somos seres con identidades personales y colectivas. Y así como la vida de una persona no se puede realizar a costa de otra, negándola, menospreciándola, oprimiéndola, tampoco la vida  de ningún pueblo puede construirse a base de negar, menospreciar o dominar la vida de los otros. Hay que tener presente al respecto que toda sociedad comporta una conciencia de pertenencia social, de ser miembros de un grupo, de una forma de vida compartida intersubjetivamente. Implica la relación del individuo con los demás, pues éste solo llega a convertirse en sujeto gracias a su participación en una práctica común. La persona no puede ser concebida fuera de una familia, de un pueblo, de una sociedad y de una cultura propios.

La conciencia de la diferencia se ha elaborado a lo largo de la historia como un “nosotros”, un pueblo cohesionado hacia adentro y diferenciado hacia fuera. Y desgraciadamente, muy a menudo, la afirmación de uno mismo ha ido acompañada por la negación del otro. Las formaciones identitarias históricamente se han pensado y vivido de forma excluyente, dado que la autoconciencia y la integración social se han construido a partir de mentalidades llenas de barreras y de recelos hacia aquellos que no eran “de los nuestros”. Por este motivo, las nociones de cultura e identidad no han resultado nada pacíficas, sobre todo en sus dimensiones sociopolíticas, y las guerras y las violencias han sido unas constantes en la historia de la humanidad.

Deberíamos apostar por una construcción de la identidad dialógica, dinámica, fiel a las necesidades reales, que explore las necesidades y los deseos básicos, las creencias y valoraciones compartidas y trate de construir un proyecto inclusivo, dibujado entre todos, que responda a esa realidad. Es la hora de una identidad como relación multidimensional: la pertenencia a un mundo único, más humano y habitable sólo puede construirse hoy desde la apertura mental y los contactos sociales y mestizajes culturales que hagan realidad fecunda la interconexión e interdependencia que la globalización ha evidenciado. Nuestra identidad cada vez está más hecha de pertenencias múltiples que han de poder ser asumidas con naturalidad.

En cuanto a la ciudadanía, la globalización debería encaminarse hacia el ideal de una ciudadanía cosmopolita, hacia un mundo en que todas las personas se sepan y se sientan tratadas como ciudadanos. Y hay que recordar que el Estado ha sido el tradicional espacio para su ejercicio. Sin embargo, en el contexto actual de lo global-local y debido a la creciente conciencia de muchos ciudadanos de pertenencia a distintos grupos dentro y fuera del Estado, existe también una necesidad creciente de conceptualizar la ciudadanía en los distintos niveles en los cuales los ciudadanos realizan sus vidas. Bajo esta concepción, el espacio estatal no sería más que uno de los lugares en los cuales se puede ejercitar la ciudadanía. Es más, en un mundo global, para no ser excluyente, la ciudadanía debe ser progresivamente desnacionalizada, desterritorializada y democratizada.
Surge así, la noción de ciudadanía global o cosmopolita –correspondiente a una identidad colectiva global-, que se enmarca dentro de las propuestas de democracia cosmopolita (Held, Beck, etc.) y, por tanto, con sentimiento de pertenencia a una comunidad global, lo que va ligado a su vez a unos derechos y deberes que adquieren una dimensión supraestatal. Las personas podrían disfrutar de múltiples ciudadanías, de acuerdo con la pertenencia política a las diversas comunidades de las que forman parte. Serían ciudadanos de sus comunidades políticas inmediatas y de las redes regionales y globales que afectan significativamente sus vidas.
Pero para que ello sea factible, esta nueva concepción de la ciudadanía ha de ser expresión de la integración harmoniosa del sentido de pertenencia a un pueblo, a una determinada comunidad cultural, política, y del saberse partícipe de la comunidad humana.  Dicho de otra manera, hay que aunar la participación en una determinada comunidad con el vivir elementos cosmopolitas. El cosmopolitismo significa, pues,  estar comprometido en lo local y global al mismo tiempo.

Es necesario vivir la sana tensión entre identidad y globalidad, así como recordar que para que haya diálogo intercultural y respeto a las diferencias tiene que darse el reconocimiento a “ser”, a tener una identidad propia. Por tanto, hablar de cosmopolitismo no ha de significar en absoluto no ser de ningún sitio. Es una ilusión peligrosa imaginar la posibilidad de una ciudadanía cosmopolita que se basara exclusivamente en una idea abstracta de humanidad: el gobierno democrático requiere la existencia de unidades menores en las cuales la soberanía popular pueda ejercerse. No hay que olvidar que sólo podemos vivir como ciudadanos del mundo si en los niveles más cercanos hemos vivido el sentido de pertenencia a una comunidad y nos hemos implicado en su construcción.

En suma, debería animarse a todo el mundo a asumir la propia identidad como producto de diferentes pertenencias, en lugar de confundir la identidad con una sola pertenencia suprema, siempre peligrosa y proclive a usurpar los derechos de los demás y a convertirse en instrumento de exclusión o incluso de guerra. El enriquecimiento de esta perspectiva se tendría que completar con otro rasgo fundamental. Habría que incluir dentro de lo que consideramos como identidad propia un componente nuevo: el sentimiento de pertenecer también a la comunidad humana a la que nos une un destino común, que no pueden borrar las pertenencias particulares pero que las puede hacer vivir de otra manera.

Es así como sería posible la existencia de una ciudadanía con lealtades múltiples, complejas, complementarias y compartidas; una ciudadanía cosmopolita en el ámbito europeo y mundial, plurinacional en el ámbito estatal y plurinacional en el ámbito nacional, siendo la lealtad fundamental es la última, vivida siempre desde la no exclusión de ninguna persona o colectivo. Porque podemos  pertenecer a diferentes lugares y comunidades al mismo tiempo y por ello podemos hablar de pertenencias múltiples. Y la pertenencia múltiple conduce a relaciones más flexibles, a la vez que genera formas de identidad más complejas, da también lugar a formulas de recepción y de integración del otro, conciliando diferentes tradiciones.

En este contexto, la ciudadanía universal o cosmopolita se nos aparece como espacio de participación en el ámbito trasnacional, con agentes muy heterogéneos cuyas actividades van desde lo extremadamente local hasta la global, pero que están inspiradas por una conciencia ética que convierte en una realidad tangible la perspectiva cosmopolita.

 

Publicado en: La sociedad
Email del autor: md.oller@ono.com

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Comments

Esther Ibáñez
# Esther Ibáñez
martes, 03 de febrero de 2009 15:18
Gracias Mª Dolors, por compartir tus pensamientos con nosotros.

El concepto de ciudadanía global nos lleva a idea del reparto justo de los recursos del planeta entre todos los que habitan en él.

"En suma, debería animarse a todo el mundo a asumir la propia identidad como producto de diferentes pertenencias, en lugar de confundir la identidad con una sola pertenencia suprema, siempre peligrosa y proclive a usurpar los derechos de los demás y a convertirse en instrumento de exclusión o incluso de guerra."

Este párrafo es importante tenerlo en cuenta de cara a los enfrentamientos sociales que pueden llegar a suceder entre autóctonos y extranjeros por un puesto de trabajo, enfrentamientos que ya se han augurado en Davos.

"Habría que incluir dentro de lo que consideramos como identidad propia un componente nuevo: el sentimiento de pertenecer también a la comunidad humana a la que nos une un destino común, que no pueden borrar las pertenencias particulares pero que las puede hacer vivir de otra manera."

No es excluyente pretencer a una cultura, amar nuestra cultura y convivir con otras.

simon
# simon
martes, 03 de febrero de 2009 16:48
Creo que es la mejor manera de implicarse con la sociedad, entrando en un concepto más libre y verdaderamente solidario. si borramos(en nuestro interior) las fronteras somos capaces de sentir algo más nuestro los problemas de los otros.
Ana P.
# Ana P.
martes, 03 de febrero de 2009 21:36
Gracias por colaborar con nosotros. Esperamos entusiastas más artículos.
Sergio Gonzalez
# Sergio Gonzalez
jueves, 05 de febrero de 2009 11:45
Quizá ha llegado el momento de cuestionar les Estados como tal, la organización social actual, evolucionando hacia una concepción de organización global. Ciencia Ficción ?? No ! pura, necesaria e inevitable evolución social.
Carlos Sánchez
# Carlos Sánchez
jueves, 05 de febrero de 2009 13:02
Excelente reflexión Dolors. Tan necesaria como urgente. El momento que vivimos no puede ser más oportuno para darnos cuenta que mientras vivamos nuestra vida enfocados sólo en lo local no ejercermos de ciudadanos del mundo. Esta crisis va a empujar a muchos fuera de su círculo de confort. Entonces muchos se preguntarán porqué se encuentran es esta nueva situación. Sin una sociedad abierta real, sobre la Karl Popper,
Carlos Sánchez
# Carlos Sánchez
jueves, 05 de febrero de 2009 13:13
...perdón, continúo con mi reflexión: sobre la que tanto reflexionó Karl Popper, no será posible una civilización humana que haga justicia a nuestra condición humana. Fijaros que el problema de la ausencia de conciencia está flotando detrás de cualquier reflexión que intente aproximarse a la comprensión del problema que estamos viviendo. Una de las urgencias mayores que detecto es el sistema educativo que a fuerza de avanzar en la especialización del conocimiento ha abandonado su, en mi opinión, primer compromiso que no es otro que el de formar a personas, a seres humanos, a ciudadanos del mundo. El humanismo de tu artículo, Dolors, es el mismo que falta en la formación, luego en la cultura de las generaciones que tendrán que administrarnos en el futuro. Espero que nunca sea tarde para dar un golpe de timón en los contenidos de la educación de las próximas generaciones.
Mª Dolors
# Mª Dolors Oller
jueves, 05 de febrero de 2009 18:18
Grácias por vuestra acogida. A mi juicio deberíamos repensar el modelo democrático en un sentido más participativo, yendo, además, más allá del paradigma liberal de la democracia representativa, pues éste se nos muestra insuficiente para hacer frente a los nuevos retos. Deberíamos optar por una democracia apta para gestionar la diversidad. Y ello implica asumir no sólo el pluralismo ideológico sino también asumir el pluralismo cultural, lo cual conlleva poner la libertad al servicio de la inclusión social y la desigualdad al servicio de la diferencia cultural. Y deberíamos partir también de un concepto de identidad plural: en vez de pensar el "yo" como monocéntrico e individualista, hay que hacerlo como policéntrico einteractivo y por tanto sin lealtades exclusivas y absolutas, siempre peligrosas. Ello conlleva cambios en el concepto de ciudadanía que debería también ser repensado en un sentido flexible, múltiple y transnacional.

Por otra parte, si esta profundización de la democracia la hiciéramos a nivel cercano (democracia local, dentro de las fronteras de los estados), tendríamos mucho de ganado, pero sería insuficiente, puesto que en un mundo interdependiente como es el de la globalización, para tener democracia de verdad en los niveles cercanos debe haber un marco democrático de gobernanza a nivel global. De ahí que la democracia deba trascender las fronteras de los estados y globalizarse también.

Seguiremos con la reflexión.
Esther
# Esther Ibáñez
jueves, 05 de febrero de 2009 20:28
Mª Dolors, ¿Como podemos ir hacia una democracia participativa? El actual modelo de democracia no nos lo va a permitir, pues no le interesa el reparto de poderes, de esta forma lo tienen todo controlado. Si los ciudadanos se involucran, aunque en este momento todavía estamos muy lejos de esto, encontraremos resistencias por parte de los organismos de poder actuales.
Cierto es, que antes de que llegue ese momento debemos aprender a aceptar la pluralidad de ideas, la pluralidad de personalidades, la pluralidad de culturas, sin perder nuestra identidad.
Mª Dolors
# Mª Dolors Oller
domingo, 08 de febrero de 2009 23:44
Democracia es participación y participar va más allá de lir a votar. En este sentido, el Estado Social puede considerarse una profundización de la democracia pués significa una mayor participación de los ciudadanos en la riqueza del país.
Ahora bien, ciertamente los organismos de poder recelan de los ciudadanos, pero lo que si es cierto es que la opinión pública juega un papel importante en las democracias. Se trataría de trabajar para tener cada vez más una masa crítica de ciudadanos que pudiera hacerse oir. Se me dirá que ello es muy difícil puesto que la opinión pública puede ser muy manipulada por los medios de comunicación y ello es cierto. No es cosa fácil ayudar a formar ciudadanos maduros y críticos. Y ahí nos encontramos de nuevo con el papel importante de la educación: es imprescindible recrear el sujeto político individual (también el colectivo, por ej., los partidos políticos); ayudar a construir personas con libertad interior capaces de saber discernir entre opciones distintas y de saberse mantener en las opciones tomadas.

Seguiremos compartiendo.
Carlos Sánchez
# Carlos Sánchez
lunes, 09 de febrero de 2009 0:01
Estoy absolutamente convencido de que en el sistema educativo actual está la explicación de tamaño despropósito y en la revisión del mismo está la clave del futuro. Este es un tema sobre el que deberíamos ahondar. ¿No os parece?

Muchas gracias Dolors.
Esther Ibañez
# Esther Ibañez
martes, 10 de febrero de 2009 11:28
Cierto es que el papel de la educación política y social es básica para el ciudadano, debería ser enseñada en las escuelas. Pero ahora no tenemos tanto tiempo para esperar que futuras generaciones sean más concientes de su papel de ciudadanos. Internet puede actuar en ese sentido de una forma más rápida. ¿Creeis que los ciudadanos tenemos poder para cambiar las cosas? ¿Podemos dirigir nuestro consumo hacia los sectores que más nos interesen? ¿Podemos destinar nuestros ahorros a entidades financieras éticas que apoyen un crecimiento económico sostenible? ¿O dejamos nuestros ahorros en el Santander o BBVA que invierten dinero en negocio armamentístico? ¿Nos quedamos paralizados dejando que los acontecimientos transcurran o podemos hacer algo? ¿Que va a pasar con los mas de 3 millones de personas desempleadas? El mercado de trabajo no pude reabsorberlas a corto, medio plazo. ¿Vamos a permitir que pequeñas y medianas empresas continuen cerrando y creando más desempleo sin hacer nada?
Creo necesario dejar de pensar en nuestra individualidad y pensar en el colectivo, es un hábito nuevo a desarrollar. ¿Nos podemos sentir bien teniendo nuestras necesidades cubiertas mientras cada vez más personas a nuestro alrededor no las tienen?
Mª Dolors
# Mª Dolors Oller
jueves, 12 de febrero de 2009 19:24
Ciertamente, no podemos esperar. E Internet puede ser de gran ayuda. De hecho ha sido y es el instrumento que ha ayudado a que la llamada sociedad civil mundial tome cuerpo, aunque todavía sea de forma muy germinal. Creo que debemos apostar por el trabajo en varios frentes a la vez, todos complementarios. Así, hay que actuar en educación y también en las redes, para transformar las redes-poder en redes-servicio y hacer que las ventajas de la globalización lleguen a todos. Y aquí entroncaríamos con el macro tema del modelo sostenible.

Hoy se habla mucho del poder del consumidor y de cómo las asociaciones de consumidores pueden presionar, haciendo de contrapoder. ciertamente, en especial en otras latitudes, ello es esperanzador. Pero querría poner sobre la mesa un tema al que llevo dándole vueltas:

Uno de los problemas que padecen nuestras democracias es el de la colonización de la vida política por la economía y su lógica, lo que ha traído como consecuencia que el estatuto de consumidor, y su lógica, se haya ido afirmando sobre el de ciudadano, y ello ha supuesto la mercantilización de la vida política, quedando eclipsada la dimensión ciudadana. Y quizás debamos recordar que el mercado, aún siendo el paradigma de la libertad, produce desigualdad y no ayuda a configurar el ejercicio responsable de la libertad, al proporcionar modelos de discusión privados en lugar de públicos y, por tanto, al impedirnos hablar como ciudadanos sobre las consecuencias de nuestras acciones en común. Pues bien, mi sospecha es si las asociaciones de consumidores no estarán fomentando a la postre la lógica del consumidor en vez de la del ciudadano. Con ello quiero decir que la acción que llevan a cabo a mi juicio no basta para profundizar en la democracia participativa, aunque sin duda puede ser una acción complementaria de gran valía. Pero hay que incidir en la formación ética de las personas y recrear la moral pública.

Carlos Sánchez
# Carlos Sánchez
viernes, 13 de febrero de 2009 23:41
La especializción de la enseñanza no puede divorciarse de una visión humanista y universal. Humanismo. Humanismo. Humanismo. Humanismo. No hay otro camino. Absolutamente de acuerdo contigo Dolors. Esta es la gran deuda que el sistema educativo ha adquirido con la humanidad. Es por ello que hemos abandonado la gerontocracia en las sociedades modernas. Hay que recuperar la voz de los mayores, de la sabiduría. Las respuestas no están tan lejos. Las tenemos en casa, en nuestra conciencia, en cualquier geriátrico. La ciencia y la razón han sido de gran ayuda, pero no debemos mover al Hombre y a la naturaleza del centro de todo. Cualquier avance en el conocimiento que sacrifique al Hombre y a su enotorno es darle la espalda a nuestro destino universal.
 University T Shirt printing
jueves, 29 de diciembre de 2011 12:21

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jueves, 29 de diciembre de 2011 12:24
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