martes, 26 de abril de 2011 9:26
Curioso, Germán. Como dices, parece que muchas veces nos falta. Sin embargo, el silencio es un recurso natural, inagotable, a disposición democrática global. Incluso cuando se le busca, aparece al intento. Es el juez más justo, porque escucha desde lo imparcial, desde lo que no está sesgado, y es la propia esencia de la actitud de escuchar, de la expectativa, y de la contemplación desapegada que es libre y concede libertad a lo contemplado.
En las fronteras del silencio se hallan las puertas del porvenir y de la renovación.
En el silencio de la tierra germina la semilla; la semilla que, además de agua, solo necesita quietud, oscuridad y paz para desarrollar el potencial que lleva en si, el potencial de todo un bosque.
Como arriba es abajo, como dentro, fuera: para la expresión del potencial de nuestro ser, la presencia del silencio es protagonista imprescindible.
Algo que considero ahora un error, es la noción de que el silencio, o el vacío, está relacionado con la muerte, con la ausencia de vida, con el "no ser." Es justo lo contrario. El silencio está vivo, lo mismo que el vacío. (De hecho, hay una enigmática sentencia rosacruz que dice "en ninguna parte hay un vacío.")
Creo que una de las experiencias más gozosas y renovadoras a la que puede aspirar un ser humano es la de descubrir que (tras un esfuerzo consistente en muchos casos) el estado contemplativo del silencio es un estado de intensa experiencia de la vida, de que existe vida en el silencio, en el espacio entre pensamientos y explicaciones, sobre todo cuando se es capaz de ampliar ese espacio a voluntad y permanecer despierto y consciente. Además, es un estado en el que se recargan intensamente las baterías de la psique y del cuerpo.
Es más, el día en que se descubre que existe vida en nosotros más allá, o más acá del estado de pensamiento y explicación constante, todo cambia. Me refiero a vida despierta, no a la siesta o al sueño. La exploración del silencio es una aventura que depara descubrimientos insospechados, una auténtica reencarnación en vida.
Ahora mismo, si yo buscase un Dios que colocar en ese altar vacío, si buscase algo a lo que adorar, expresar reverencia y respeto, invocar ayuda real, armonía y paz, quizá sería el silencio, mi dios. O al menos, el silencio sería el Arcángel de ese Dios inabarcable, innombrable inasequible, que tantos esfuerzos baldíos humanos han tratado de delimitar y definir, y comprender.
Un par de citas:
El hombre es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios. (¿Proverbio latino?)
Y otra que tiene mi hijo puesta en el tuenti:
"Es mejor permanecer callado y parecer estúpido que hablar y disipar toda duda." (jojojo)
Abrazos luminosos
Chus