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Permítanme que empiece esta aportación parafraseando aquella genial película de Gillo Pontecorvo, “La Batlla de Argelia”, que, en 1966 obtuvo el León de oro en la Mostra de Venecia, por recrear la larga lucha del pueblo argelino contra el poder colonial francés.

¿Quién tiró la primera piedra?

Para abordar un análisis siquiera superficial del conflicto árabe-israelí debemos remontarnos en el tiempo hasta encontrar la médula de la política colonial británica, por lo menos hasta tiempos de la Reina Victoria, coronada en 1838, que tan ilustrativamente explica Richard Lavebiere en su libro documental “La Trastienda del Terror”, en el que trata de encontrar las raíces de fenómenos tipo Al-Qaida. Dos personajes que alternaron el poder de primer ministro, Disraeli y Gladstone, diseñaron al alimón una precisa y estudiada estrategia de conquista de Oriente próximo y el Asia Central, de lo que llamaron “El Territorio”, como aquel que designa sin más una explotación agrícola enclavada en sus vastas posesiones. Y en los manuales y ordenanzas que llevó al ejército británico, con su famosa determinación y racismo a ultranza, se escribió la historia moderna desde Egipto hasta Birmania. Ignorar esa parte de la historia supone seguir sin entender nada.

Con la caída del Imperio Otomano al terminar la Primera Guerra Mundial en 1918 empezó lo que podríamos llamar la Gran Descolonización por la cual los conquistadores europeos tuvieron que ceder sus antiguas colonias a los pueblos autóctonos, todas menos las del Imperio Británico que siguieron bajo la influencia de la City Londinense gracias a un astuto ardid que solo a los ingleses pudiera habérseles ocurrido, la Common Wealth. En realidad los ingleses no perdieron nada, siguieron disfrutando del comercio preferencial de materias primas y se ahorraron el elevado costo de mantener sus ejércitos en el país ocupado. Pero al parecer eso no satisfizo demasiado al gen conquistador de los ingleses, ya que tuvieron que inventarse una última colonia, la creación del Estado de Israel en 1948. Aunque eso no supuso la conquista de ningún territorio sino insertar un miembro extraño en un cuerpo enfermo. Los ingleses, y por extensión los estadounidenses, no podían (y aún no pueden) abandonar la idea de que aquel Territorio, por alguna razón, les pertenece, y por ello han tenido que clavar en aquel desierto una fortaleza artificial. Como aquel “Yanqui en la Corte del Rey Arturo” de Mark Twain, que instalara una tienda de ordenadores en pleno bazar medieval. 

He pasado mis últimos 32 años viajando muy frecuentemente por Oriente Próximo (fíjense como los ingleses cometen a propósito el error de llamarte Oriente Medio, cuando geográficamente eso correspondería a la India y en general al Asia Central) y les transmito el sentir de la gente de por allá, para quienes el enemigo manipulador, corruptor y ladino conquistador a toda costa es el inglés (como en ultramar es el español o el portugués, aunque su coeficiente intelectual sea bien distinto, entre otras cosas porque se mestizó, en lugar de exterminar a los aborígenes o recluirlos en insalubres reservas). Por tanto que el conflicto árabe-israelí pretenda resolverlo el anglosajón es poco más que un mal chiste. Para entender algo del concepto que los ingleses tienen de los pueblos de Oriente Próximo recomiendo leer a un clásico: “Orientalism” de Edward Said.

¿Qué hace que un pueblo sea conquistable?

Esa es otra cuestión. Arguyen algunos ingleses tratando, con escaso ánimo de defenderse, que solo conquistas a quien se deja conquistar, y corrompes a quien se deja corromper. Pero aunque unas generaciones se dejaron corromper/conquistar, sus descendientes puede que no sean de la misma calaña y se rebelen. Es lo que está ocurriendo en Gaza. Hamas es la respuesta de la población oprimida ante la corrupción de Fatah durante las eras Clinton, Bush padre, Reagan, etc. Los mantuvo a duras penas Arafat en base a su propia historia personal y su ejemplo, pero muerto el ídolo se destapó el manipuleo. ¿Cuál es su fuerza? La misma que la de Hezbollah, están al lado del pueblo, aunque lo utilicen. Pero los habitantes de las comunidades más pobres de la tierra les da igual que la multitud de instituciones de caridad y la pureza coránica de costumbres puedan formar parte de una estrategia de combate. Han crecido en los llamados campos de refugiados, verdaderos bastiones de resistencia irreductible, alimentados día a día por las bombas del ciego revanchismo israelita, incapaz de comprender que la violencia solo engendra violencia.

La reciente invasión de la Franja de Gaza (revancha de Israel por la derrota de la última guerra de Líbano) no ha hecho más que consolidar el odio y multiplicar por millones el caldo de cultivo de una guerra interminable. ¿Quién puede pensar que los niños supervivientes hoy de la invasión de Gaza no serán los irreductibles guerreros de mañana contra Israel? Y el problema es hoy por hoy irresoluble, porque se ha vertido demasiada sangre e infringido demasiada violencia. Los pueblos oprimidos  terminan por sublevarse, especialmente cuando no tienen nada que perder. La estrategia Clinton de sobornar a los que parecían detentar el poder fue incluso peor, porque a los que se quedaron sin reparto, además de hambre recibieron escarnio. Pero en aquel momento había que escoger.

Una de las preguntas puede ser: ¿Tiene derecho Israel a su existencia? Pues, bueno, puestas así las cosas, ¿por qué no? Son seres humanos libres de dirigir sus destinos y si la elección de crear el Estado de Israel se basó en la debilidad y desunión crónica de las naciones árabes, como lo sigue siendo, salvo raras excepciones en la actualidad, pues que sigan defendiendo su territorio. La creación del Estado de Israel gozó de las consecuencias de una barbaridad tan estúpida como el Holocausto, pero hoy esas raras excepciones, Hamas, Hezbollah, etc. van a dejar de serlo para convertirse en naciones capaces de librar la Batalla por Gaza. ¿Qué francés hubiera imaginado que aquellos “palurdos e ignorantes” montaraces  pudieran expulsarlos de aquel vergel que llamaron “El Archipiélago”, Al-Djazaïr (plural de la palabra árabe Al-Djazira, isla; antiguamente Argel se asentó en un conjunto de islas pegadas a la costa)? ¿Quién puede pensar que el fuego se apaga con fuego?

Una última pregunta: ¿Puede Israel conceder la independencia a Gaza?

Publicado en: Denuncia, Historia
Email del autor: juan@tmp.es

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Comments

Sergio Gonzalez
# Sergio Gonzalez
lunes, 02 de febrero de 2009 12:18
Impresionante lección de Historia sobre el imperio Victoriano y su evolución. A partir de aquí, podrías profundizar también un poco en el Derecho Internacional vigente, el cual reconoce:
1.- El Estado de Israel.
2.- El derecho a defenderse.
Por otro lado, para pueblos oprimidos, el judio, lo que pasa, es que ha salido respondón, con inteligencia y medios. Parece que han aprendido con el tiempo.......
Manu
# Manu
lunes, 02 de febrero de 2009 18:10
Interesante página en pro de la paz del conflicto árabe-israelí

http://www.avaaz.org/es/


Dario
# Dario
lunes, 02 de febrero de 2009 21:08
Que el derecho internacional reconozca el Estado de Israel, a mi no me convence sobre la ética del proceso. Se han realizado muchos crímenes amparados bajo el derecho internacional. Las leyes son creadas por los que tienen el poder y normalmente les favorece a ellos. Desde aquí queremos cuestionar seriamente el mundo en el que nos movemos, este conflicto me parece un excelente ejemplo a cuestionar
Ana P.
# Ana P.
lunes, 02 de febrero de 2009 23:30
Gracias Juan, por aportarnos una visión "desde el otro lado".

"les transmito el sentir de la gente de por allá, para quienes el enemigo manipulador, corruptor y ladino conquistador a toda costa es el inglés"



Juan Trigo
# Juan Trigo
martes, 03 de febrero de 2009 0:27
Gracias a todos por vuestros comentarios. No soy abogado ni entiendo de derecho internacional, pero pienso que la letra escrita puede sostener montañas de falsedades más inimaginables con tal de que (Goebbels) se repitan el suficiente número de veces para que la gente lo crea. La historia la escriben los vencedores y por ello es una gran mentirosa, pero aún más lo es la mayor víctima de todas las guerras: La información. Tengo un sobrino trabajando en una ONG en Gaza, que regularmente me envía información y fotos de lo que ha podido ver. Todo es una gran mentira.
Lo que pienso es que al colonizador no le interesó insertar el Estado de Israel cuidando de crear las condiciones para el diálogo y la armonía entre los vecinos, sino todo lo contrario, necesitaba utilizar la rabia inconsciente de las generaciones jóvenes de judíos humillados por Hitler para crear un punto caliente en esa zona (Henry Kissinger dixit) que distrajera de los otros problemas irresolubles. Antes de 1944 judíos, árabes, cristianos, agnósticos compartían esa tierra habiendo llegado a un entente que reconocía los límites y los derechos de todos. ¿Por qué no se siguió un proceso de negociación y reparto de las tierras concediendo a los judíos huidos del holocausto un lugar donde vivir? ¿No lo permitieron los árabes? Qué extraño, para los árabes todo es comprable y vendible, sobre todo un pedazo de desierto. La pregunta tal vez debería ser, ¿qué utilidad podría tener al imperio anglo-norteamericano el gasto que supuso la creación del Estado de Israel sin compensaciones geoestratégicas? Ninguna, y por lo tanto crearon las condiciones específicas para el conflicto. Por otro lado, derrotado el monstruo, ¿Por qué no se quedaron los judíos donde estaban, Alemania, Polonia, etc., y, con el reconocimiento internacional del Holocausto, rehacer la vida que habían llevado antes de Hitler? Seguramente lo hubieran deseado, de no ser porque se les convenció de esa utopía que consistía en recrear el Estado de Israel arrasado hace casi dos mil años por los romanos.
Ahora ya es tarde. No importa si es cuestionable el derecho internacional a la existencia del estado de Israel ni tampoco tiene sentido el derecho a defenderse de los desesperados ataques de los desesperados suicidas de un campo de concentración (¿Quién lo ha dicho recientemente?) que se llama la Franja de Gaza. No tiene ningún sentido sorprenderse de que esos que no tienen nada que perder se lancen contra los muros de sus carceleros volcanto todo el odio que les han hecho cumular. Si yo fuera palestino y viera morir a mi hijo (lo peor que le puede pasar a un padre, no hay nada peor) no lo dude nadie, saldría a matar israelitas con lo que tuviera a mano y donde pudiera. No lo dude nadie. Y no tendría sentido plantearme si existe o no un derecho internacional, porque en ese momento me sonaría a mero juego de salón, como el de los postulados de la ciencia económica que cuyos vaivenes son la impredecibles como la codicia de los que poseen información privilegiada.
Por otro lado con los mil y pico muertos declarados y los no sé cuántos heridos y la montaña de sufrimiento, el gobierno de Israel ha cavado su propia tumba en manos de esa multitud de guerreros ciegos de rabia y desesperación que serán mañana los niños enmudecidos de espanto de hoy.
Carlos Sánchez
# Carlos Sánchez
martes, 03 de febrero de 2009 1:09
Juan, me libraré yo de enmendar tus palabras, que han sido más precisas en tu respuesta que en tu propio artículo, porque yo no he estado en la zona nunca y sólo sé lo que he leido y he oido en los medios de comunicación.

El pueblo judío merece toda mi admiración y respeto. Debemos recordar que tiene un amplísimo espectro social que no siempre comulga con las decisiones de sus gobernantes y que anhela con toda su fuerza un futuro de paz y de harmonía con su entorno. No debemos caer en las generalizaciones, sobretodo porque creo que se está propagando un sentimiento antisemita entre la población que cree cuanto ve por la tele. La desinformación es muy perversa y tiene consecuencias deleznables. En todos los sentidos.

La aproximación histórica que haces me parece muy ajustada. Creo que la política geoestratégica está plagada, todavía hoy, de decisiones que afectarán a las generaciones venideras de formas todavía desconocidas. Es el caso, por poner un ejemplo, de la escisión de Serbia y Kosovo patrocinada por Alemania sin ir más lejos. Pero volviendo al problema Palestino-Israelí, este es un drama que debería avergonzarnos a todos, europeos incluidos. Unos por acción y otros por omisión. Porque la política internacional tiene muchas varas de medir y utiliza aquella que conviene en cada momento. Porque todavía hoy el Comité de Seguridad tiene miembros permanentes con derecho de veto. Porque todavía hoy los estados ricos continúan vendiendo armamento al tercer mundo y entre ellos, España, que continúa fabricando y vendiendo bombas de racimo. No me apetece señalar a un culpable porque todos lo somos. Y mientras escibo esto siento vergüenza.

Hoy sólo cabe perder el tiempo en pensar cómo debería solucionarse el problema de forma creativa. Cómo imbuir de amor tanto odio. Cómo cambiar el signo de la historia. Cómo repensar este mundo para que quepamos todos.

Querido Juan, te pido desde aquí que nos ilumines con tu sabiduría y nos regales otro artículo con propuestas para la región. Me pongo a tu disposición para realizar esa relfexión de forma conjunta. Sembremos semillas que puedan crecer. Porque la realidad es tan cruda y cruel como nos la has explicado y sólo cabe añadir a esa realidad la aportación de tu inteligencia, de nuestra inteligencia y de nuestro mejor deseo para esa zona del mundo que nos vió nacer a todos y que tanto le hemos quitado. Y porque debermos luchar para que nuestros hijos no tengan que seguir viendo ese magnífico error de la humanidad. Un fuerte abrazo. Con todo mi cariño.
Juan Trigo
# Juan Trigo
martes, 03 de febrero de 2009 8:14
Estimado Carlos, agradezco con emoción tu envite, y con respecto de los pueblos déjame que reproduzca la distinción que hacen en la tierra de mi esposa, Irán, entre judío e israelita, son dos cosas distintas, judío es un ciudadano iraní tan respetable como un musulmán o un mazdeísta o un cristiano, e israelita es el soldado a suelo de la última colonia, y exponga, para centrar la cuestión, mi acratismo visceral: Creo en los pueblos, jamás en los imperios, creo en el ser humano, jamás en el poder administrativo. Cuando hablo de la última colonia del imperio anglo-norteamericano (en otra ocasión podremos hablar del imperio español o del romano, que la esencia es la misma, dominación de los pueblos) empleo la palabra Israel e israelita, y si se me desliza la palabra judío suplico perdón a mis amigos entrañables judíos tanto de Israel como cualquier parte del mundo. Para mí todos los pueblos, sin excepción forman parte de mí y yo soy uno con ellos. Ese es mi patrimonio como viajero que soy por el mundo desde que tenía 15 años. Te pondré otro ejemplo, por cuestiones de trabajo tuve que vivir un tiempo en Kiev, y experimenté la misma sensación, me sentí ucraniano tanto en la cultura como en sus reivindicaciones contra el imperio del Kremlin, etc.
Es una opción personal y automática, me siento en la piel de la gente del país al que visito. Otro ejemplo, durante la guerra entre Irán e Irak (1981-1989) yo les decía a mis colegas persas que me gustaba Teherán y me sentía bien en esa ciudad. Me miraban tratando de escudriñar si les tomaba el pelo o si me faltaba algún tornillo en la azotea. Pero eso no me bloquea observar sus defectos, es decir la alienación a que se dejan someter por sus gobernantes, como las gentes de Gaza al ser utilizadas como moneda de cambio, o escudo, por Hamas.
La integración en la propia conciencia consiste, a mi modo de ver, en eso. Impregnarse de todo lo que constituye una persona o un pueblo, sea el que sea o sea quien sea, de todo, y lo que diríamos bueno, o malo. Y mi instinto insurreccional va contra la utilización de la necesidad (irreal) de un pueblo a sentirse protegido por un líder, por una consigna, por una religión, nada de cuyas cosas le hará libre. Yo trato de ver en judíos, árabes, cristianos, agnósticos, etc. la libertad potencial que hay en ellos, y me rebelo contra todo intento de coartarla.
No he contestado a tu demanda, Carlos, lo haré en otro momento, pero ahora que creído necesario explicar que si matan a mi hijo me vengaré a tiros sea de quien sea y tenga el color que tenga, porque no lo habrá matado ningún pueblo sino la utilización que de él haga la voracidad de los imperios.
Carlos Sánchez
# Carlos Sánchez
martes, 03 de febrero de 2009 11:21
Querido Juan, subscribo todas y cada una de tus sabias palabras. Quedo a tu disposición para trabajar las posibles propuestas o reflexiones para la paz que desde este blog podamos ofrecer. Porque no debería morir ni un sólo hijo más.

Agradezco tu explicación. Un fuerte abrazo,
Juan Trigo
# Juan Trigo
miércoles, 04 de febrero de 2009 0:43
Estimado Carlos, ¿Qué podemos hacer que no estén haciendo ya la multitud de ONGs que trabajan en Gaza o periodistas como Jon Sistiaga, etc. informando puntualmente de lo que ha pasado? Hacer algo más supone un salto de gigante, porque empieza por interiorizar la humildad, por reconocer que no somos mejores que ellos ni por supuesto superiores.
- Hay que reconocer, aunque duela, que no se fían de nosotros, de nuestros programas de ayuda, de que les impongamos nuestra democracia, de que no respetemos su forma de vida.
- Supone interiorizar que lo que ellos desean es ser libres, que les dejemos en paz, es decir, que les ayudemos a pasar el trance, si es eso lo que queremos hacer, pero sin mensaje, sin tratar de enseñarles a vivir, sin suponer que nuestra llamada civilización está por encima de su forma de vida. Ayudarles simplemente y cuando ya les hayamos ayudado pues nos marchamos. Siempre que nos queramos quedar seremos intrusos, colonizadores, confirmarán nuestras sospechas.
- Supone reconocer que fueron el centro del mundo, el tesoro de la cultura y las ciencias hace siete siglos, cuando nosotros no éramos más que ignorantes fratricidas, bestias hambrientas y asesinas que asolaron la Europa medieval con guerras como la que duró cien años.
- Ganarnos su confianza supone la humildad de aprender algo de su historia, por ejemplo que la palabra Mahoma es un insulto despectivo hacia el Profeta, acuñado por el clero católico del siglo XV, así como la palabra Moro. Es decir, observar que en ningún idioma se llama "mahometanos" sino "musulmanes". Es decir aprender que los hemos tratado de enemigos por el lavado de cerebro del clero católico. Atreverse a leer que el Corán donde encontramos representadas las tres religiones, donde se reconoce a Jesús como el más grande de los profetas, incluso por encima de Mohammed, donde el misterio de la virginidad de Maria esta descrito como en los evangelios, donde esta explicado el sacrificio de Abraham, el de Moisés, etc.
¿Cómo vamos a hacer nada por la paz de un pueblo si no sabemos de él ni lo más elemental, o lo que es peor, si no "tenemos tiempo" para aprender algo de él? Como vamos a ayudar a quien consideramos retrasado en la escala de la civilización y que “no está a nuestro nivel?
¿Qué podemos hacer desde aquí? Tal vez acercarnos con el corazón humilde como a un amigo al que preguntamos si necesita algo, pero que si no necesita nada de nosotros lo dejamos en paz. Y de un amigo nos gusta conocer cosas de él, quién es, que hace, qué piensa de la vida, etc. En definitiva supone compartir e intercambiar su concepto de la existencia.



Carlos Sánchez
# Carlos Sánchez
miércoles, 04 de febrero de 2009 10:02
Vuelvo a estar de acuerdo en todo lo que dices. Yo, en mi librería, tengo un Corán que he ido leyendo. Quiero decirte con esto que siento que occidente siempre se haya proyectado como una cultura superior y más evolucionada. Porque, en realidad, lo único que somos es más depredadores que los demás. Me horroriza oir como mucha gente se atreve a hablar del islam e incluso a afirmar falsedades del Corán, del cual nunca han visto ni las tapas.

Pero, ¿no crees que la solución del conflicto palestino-israelí debería pasar por la creación de un mercado común del Próximo Oriente que podría liderar Israel y aprovechar la gran bolsa de mano de obra que tendría además de poder contar con un mercado de muchos millones de habitantes? Claro, entiendo que la devolución de los territorios ocupados por Israel al margen de la resolución de la ONU, debería ser condicion sine qua non.

¿Tan incapaz es la comunidad internacional para orquestar la creación de un gran mercado común en Oriente Próximo? ¿No sería apadrinado un proyecto así por la Liga Árabe y por Europa? No exsisten interlocutores válidos que puedan ser reconocidos por la partes para mediar y aunar todas y cada una de las facciones?

¿Vamos a tener que vivir el resto de nuestra vida asistiendo a tamaño despropósito?

¿Juan, cuál es el camino? y ¿Qué se puede hacer desde un foro como este, aparte de denunciar? (que está bien porque es necesario hacerlo).

Mis preguntas son ingenuas y escritas desde la consternación crónica. Gracias otra vez Juan.
Juan Trigo
# Juan Trigo
miércoles, 04 de febrero de 2009 19:14
Un mercado común sí, pero no de esclavos sino de seres humanos de igual a igual. ¿Quién es capaz de convencer a los ultraortodoxos israelitas, a los colonos, etc. de que los palestinos son iguales a ellos? Mmmm me parece…
Pienso que no hay voluntad por parte de ninguna de las naciones en conflicto porque a todas interesa mantener un punto caliente para distraer a la gente de la corrupción en suelo propio. Eso es el ABC de la geoestratégica. Y además mejor que la comunidad internacional no lidere nada porque lo hará en beneficio propio, o de forma folclórica como lo son ejercicios pintorescos tipo Portoalegre, que por tan alegre la gente no se toma en serio. Y además ya tenemos bastante con el espectáculo lamentable de UN.
En mi opinión simplemente hay que dejar a la gente que se organice la vida a su aire, según sus costumbres y según sus apetencias. No hemos de ser nosotros quienes enseñemos a los árabes a comerciar. Es impensable trasladar el mercado común europeo a a Oriente Próximo como lo es imponerles nuestro tipo de democracia, simplemente porque ellos tienen otro concepto de las relaciones y del mundo, y porque a la vista de los resultados, mejor que no impongamos nada.
¿Qué podemos hacer? Dije que el siguiente paso era de gigante porque implica dos cosas a las que nuestra sociedad infantil no está dispuesta: esfuerzo y paciencia. Esfuerzo por aprender, compartir y divulgar, y paciencia porque tal vez nuestros nietos puedan ver los resultados, pero no poder ello hay que dejar de andar. Ya se sabe la sociedad infantil se distingue por seguir dando por verdadero aquel lema de la canción de los Queen: “Lo quiero todo y lo quiero ahora”. Es decir, podemos poner otro parche a nuestro desasosiego, pero como que lo haremos a nuestro modo y según nuestra cultura sin pararnos a pensar que queremos aplicarlo a una cultura totalmente distinta, el resultado será otro fracaso pseudocolonial más.
Si queremos hacer algo positivo empecemos por nuestra casa, y lo más evidente es cuestionar seriamente los sistemas educativos de nuestros hijos bajo un riguroso punto de vista antropológico. Punto de vista que se transformará luego en psicológico, etc. Y a partir de ahí podremos analizar las causas de la separación y distancia entre culturas, que provocan las guerras y las muertes de niños, y empezar a darnos cuenta que lo único útil que podemos hacer es aprender.
Pero claro, ya entiendo que este planteo no resulta tan excitante como salir a la calle enarbolando una bandera y gritando consignas e ideales, aunque no nos hayamos parado ni un minuto en analizar qué es lo que estamos gritando ni de donde salió esa bandera.
Pasar de los 60 tiene muchas ventajas, una de ellas es que vas comprendiendo que el tiempo no es absoluto sino solo una pura comparación (Einstein dixit) de la velocidad de dos acontecimientos. Y cuando ya te metes en esa apasionante aventura de envejecer más y más, entonces entiendes la respuesta de Bab’Aziz cuando, preparándose para morir, su discípulo le lanza con desesperación aquello de que con la muerte se acaba todo, “¿Cómo quieres que acabe algo que no ha empezado?”. Pero bueno, eso es otra historia, aunque tiene que ver con la paciencia.
Un abrazo
Esther IbaÃñez
# Esther IbaÃñez
jueves, 05 de febrero de 2009 9:18
Precioso debate, gracias
Carlos Sánchez
# Carlos Sánchez
jueves, 05 de febrero de 2009 13:16
Gracias Juan. Dios te guarde muchos años entre nosotros.
Dario
# Dario
viernes, 06 de febrero de 2009 0:39
Impresionante debate, del cual extrraemos que al desconocido se le demoniza sin saber si quiera como es, sin saber nada de él . Seguramente el Coran está mucho más cerca del cristiannismo de lo que creemos. Aqui amigo Juan nos puedes iluminar un poco acercándonos un poco la idea del Coran y las enseñanzas que transmite.
Juan Trigo
# Juan Trigo
viernes, 06 de febrero de 2009 12:29
Gracias a vosotros por esta genial resonancia.
¿Qué podría deciros el Corán? Ante todo es útil que aclare mi posición para orientar la información que pueda daros, aunque sobre este punto lo tenéis todo en mi novela biográfica “Encuentro en Irán”. Tuve que convertirme al Islam para casarme con mi actual esposa, aunque hacía años que estudiaba el Corán a partir de la literatura Sufí, pero no soy un buen musulmán porque no abandoné nunca la dieta mediterránea, ya me entendéis (tal vez porque nunca abandoné tampoco el espíritu de la canción de Serrat “Yo nací en el Mediterráneo”) tampoco cumplo con los 5 rezos diarios ni con el ayuno. Pero sí he hecho dos veces el pequeño peregrinaje a La Meca (el Umreh) por pura exploración mística (soy de los que se apuntan a cualquier peregrinaje, El Camino de Santiago, Lourdes, Chartres, etc. ya perdí l cuenta).
Pero sí puedo hablaros de la aproximación al Islam que hubo en Europa antes de la Revolución de Khomeini , cuando intelectuales como Roger Garaudí (Ex Secretario general del Partido Comunista Francés), Titus Burkhard, René Guenon, Richart Burton (el explorador), etc. encontraron en el Islam un oasis de tolerancia, consejo y humanidad frente al despotismo totalitario de la Iglesia Católica. Y ahí me he quedado a pesar del último fundamentalismo en la Tierra, el islamismo. Por poner ejemplos, dejadme dar algunas pinceladas de lo que me acercó en aquella época, como a tantos otros, a la mística del Islam.
- No hay intermediarios entre el ser humano y Dios, lo que hagas con tu vida religiosa solo te concierne a ti. Por ejemplo no existe la confesión, porque cualquier dignatario de la Iglesia musulmana no es mejor que tu, solo, tal vez, ha leído más el Corán y puede indicarte donde encontrar lo que estás buscando, nada más. Nadie ha de redimirte más que tú mismo. Nadie representa a Dios, nadie habla en boca de Dios. El Sufismo va mucho más lejos, Dios está en ti, y cuando consigas aniquilar el Ego ya no habrá ningún obstáculo para estar en Dios. Nadie puede hablar en boca de Dios, solo tú mismo contigo mismo. Es inútil buscar fuera de ti, todo lo que necesitas lo tienes en el corazón (no se refiere al órgano sino al “centro” de la persona.
- La ventaja de leer el Corán es que está escrito en la misma lengua en la que fue revelado. Aprendiendo árabe puedes leer directamente la revelación. No ocurre así con la Biblia, desgraciadamente, y mucho menos con los evangelios, a parte de la severa mutilación que fueron sometidos. Me refiero a los llamados “apócrifos”.
- Ejemplo de interpretación Sufi de la parábola del sacrificio de Isaac. Uno de los capítulos de Corán está dedicado a Abraham (Ibrahim en árabe) y es la base de la costumbre de sacrificar un cordero para alejar el mal. Cuando Dios quiere probar la fe de Abraham pidiéndole que sacrifique a su hijo, significa en sufismo que quiere probar su fe pidiéndole que aniquile su Ego, la base de las enseñanzas sufíes.
- En fin, hay un capítulo dedicado a Maria (Mariam, en árabe) donde se relata el milagro de la virginidad, en base a que Jesús (Isa, en árabe) es el más elevado de los profetas, incluso por encima de Mohammed, y por lo tanto necesitaba ser engendrado por una mujer sin mácula. Algunos textos sufíes señalan a Jesús como un ser angélico encarnado. En ningún caso tiene sentido hablar del “hijo de Dios”, porque siendo Dios la energía universal, la Unidad de la que todos formamos parte, o todos somos sus hijos, o Jesus es un enviado, o no tiene sentido hablar de un único hijo. ¿Hijo de quien, de la energía universal? Un rayo de luz podría hacer las funciones de eso.
Recomendaría algún libro, “La Esencia del Corán” de Thomas Cleary, (Edtorial El Arca de la Sabiduria, 1994), o cualquier obra de Henri Corbin sobre los místicos del Islam como Sohrevardi, etc.
En fin, podría estar hablando meses sobre mis experiencias y comprensiones del Islam desde el punto de vista del viajero observador y amante, que eso es lo que soy únicamente. Otro día si queréis podemos hablar del Raja Yoga, del Budismo Tibetano, de la esencia del Tao. Etc.
Un fuerte abrazo a todos
Carlos Sánchez
# Carlos Sánchez
viernes, 06 de febrero de 2009 21:11
Me gustaría que nos siguieras alumbrando con tu sabiduría y experiencia. Yo, como mero seguidor iniciado en el Cuarto Camino de Gurdjieff me interesa todo lo que sea el conocimiento y compresión del ser humano y sus debilidades, así como de sus caminos de iluminación. Tienes en mi un ferviente lector a la espera de nuevas aportaciones tuyas. Como dijo aquel, "soy tan suyo (de usted) que apenas me pertenezco".
Juan Trigo
# Juan Trigo
viernes, 06 de febrero de 2009 23:39
Eso me sugiere el epitafio que Gurdjeff ordernó escribir a aquel de sus hijos (físicos o espirituales) que lograra encontrar la tumba de su padre:
Yo soy tu,
Tu eres yo,
Él es nuestro,
Los dos somos de él,
Que todo sea para
Nuestro prójimo

Todos nos alumbramos unos a otros y nadie es más sabio que nadie. Formamos parte unos de otros y cada uno tiene su cometido.Todos somos Uno con la Unidad, solo las ilusorias costras del Ego nos hacen ver distintos.

Recuerdo un antiguo cuento de un buscador que tras largas jornadas de camino llega por fin a encontrar al Gran Maestro de la Iluminación, como le llamaban discípulos y devotos en todo el país. Estaba sentado en meditación junto a un manzano del que colgaban algunas manzanas.
Al cabo de las horas de espera el Iluminado accedió a responder a las preguntas del peregrino. Este, entre otras, le preguntó porque pasaba su vida junto al manzado en meditación.
- Es la medida de mis pruebas, cuando caiga la última manzana habré alcanzado la Realización.
- No debe faltar mucho - aventuró el peregrino - porque quedan pocas manzanas.
- Cierto, ya siento que estoy a las puertas de la Realización y habré llegado a lo más alto.
En esto el peregrino volvió la vista hacia el manzado y vió, asombrado, como de golpe el arbol se había llenado de manzanas.
Sergio Gonzalez
# Sergio Gonzalez
lunes, 09 de febrero de 2009 18:09
Juan, respeto profundsamento tu visión del Corán y de la religión musulmana, pero veo innecesario, infantil y poco acorde con el espíritu de este foro hablar de la Iglesia católica, como totalitaria, usando arquetipos y argumentos tan típicos que agotan. Creo que debemos respetar las religiones, pues quizá todas sean diferentes interpretaciones de lo mismo. La Iglesia católica, también tiene su lado bueno, que creo sinceramente pesa mas que el malo, no en vano está formada por hombres. Yo mismo he encontrado verdad, humildad y ejemplo en la Iglesia de la que formo parte. Defenderla, no incluye cargarme las demás. Insisto, no lo encuentro coherente ni acertado. De hecho, es curioso, se busca la espirirualidad en todos lados menos en el mas cercano........curiosa esta sociedad occidental.....no obstante, que cada cual encuentre su camino de la forma que mejor considere. El católico, es muy exigente........
Juan Trigo
# Juan Trigo
lunes, 09 de febrero de 2009 23:30
Muchas gracias Sergio por tu vehemencia, sinceramente, lo aprecio de verdad, y por lo que añadiré a continuación no creas que rehúso el debate, todo lo contrario, porque me encanta el cuerpo a cuerpo, pero:
¿Quién soy yo para criticar a la religión Católica? ¿En base a qué principios, praxis o conocimientos tengo algún derecho a criticar a ninguna religión? ¿Es que me creo tan sublime, tan iniciado que solo puedo entender la experiencia mística a mi manera? Por otro lado, y contestando con infinidad de respuestas validas a esas preguntas que yo me hago, ¿Quién demonios me creo yo siquiera para discriminar lo que es bueno de lo que es malo de la Religión Católica o de cualquier otra? En definitiva, y sin exagerar, yo soy menos que nadie para atreverme criticar cualquier religión, primero porque ninguna religión necesita que la defiendan, tampoco la católica, y porque es el sentir compartido de millones de personas, seguramente mucho más lúcidas que yo. Solo por eso ya debo retirarme de cualquier debate. Ciertamente no tiene sentido criticar las creencias de nadie, porque nadie está en posesión exclusiva de la Verdad, cada uno tiene su verdad, y la expresa sintiendo que tiene razón, y por ello todos tenemos razón. Así es la humanidad, no hay nada que objetar, ni nada que debatir.
Dicho esto, déjame aclarar el calificativo de “El totalitarismo de la Iglesia Católica”. Mira, en el fondo de mi conciencia considero una pérdida de tiempo y si mucho me apuras una estupidez postular nada, atacar o defender nada, levantar bandera o pontificar doctrina, solo busco la experiencia mística, y esta es personal e intransferible, la búsqueda solo está en el interior. Lo digo a propósito de mi frase “El totalitarismo de la Iglesia Católica”, que tanto parece haberte molestado y me disculpo por ello (ya sé que soy un adicto a disculparme y pedir perdón, pero soy sincero). Se trata de parte de mi propia experiencia en la búsqueda del Castillo Interior de Santa Teresa o del atisbo del Monte Carmelo de San Juan. A los 15 años quise entrar en el seminario para hacerme misionero. Claro, corrían los años duros del franquismo y del nacional-catolicismo. Yo creí que entrando en la Iglesia acatando todas las disciplinas podría penetrar aquel enjambre de misterios con que me (nos) bombardearon desde muy niño. Y eso por una simple razón. Antes de esa fecha me enzarzaba más frecuentemente de lo que prudencia me hubiera aconsejado en discusiones sobre múltiples aspectos de la doctrina, de los evangelios, de la misma Biblia, etc., con los curas y sacerdotes, tanto de la escuela como de los “boy scouts”, que se terminaban con un grito de desesperación que vomitaba mi garganta en forma de una frase repetitiva, y que hoy se mantiene más viva que nunca: “No puedo creer en Dios por coacción, por temor a la muerte, a la redención de mis pecados, al Juicio Final, etc. Solo puedo creer en Dios por Amor, y el amor es un supremo acto de libertad. Solo puedo creer en Dios porque le Amo, porque es mi amigo, mi hermano, mi padre, porque Estoy en Él”.
Verás, Sergio, como decía en mi respuesta del otro día, muchos desesperados en aquellos años 50 - 60 buscábamos una alternativa al oscurantismo religioso y nos negábamos radicalmente a dejarnos someter por cualquier forma de miedo. Fueron los años de los viajes masivos a la India, aunque yo nunca estuve allá. Al principio nos acercamos a budismo tibetano, al Yoga, unos encontraron allí la paz, yo seguí algo más adelante hacia el Tao y las artes marciales del Ai-ki-do, antes de descubrir el sufismo, donde nadie va a salvarte de nada más que tú mismo y gracias a la constante conquista de grados de libertad.
Déjame añadir que tengo amigos íntimos que pertenecen a esas comunidades que se autodenominan cristianos de base, que leyeron a Hans Küng, a Leonardo Boff, a Casaldáliga, a Vicente Ferrer, a Juan XXIII, con quienes no hace demasiados años compartí retiro monacal en Montserrat, en Silos, etc. No me refería a ese ejercicio religioso con mi exclamación de “El Totalitarismo de la Iglesia Católica”, ellos me habrían entendido, pero ellos, claro, me conocen porque hemos rezado juntos y ayudado a la misa.
Ah, otra cosa interesante que dices, “De hecho, es curioso, se busca la espiritualidad en todos lados menos en el más cercano........curiosa esta sociedad occidental.....no obstante, que cada cual encuentre su camino de la forma que mejor considere. El católico, es muy exigente........”. En efecto, en Oriente se encuentra la espiritualidad en casa. Podríamos otro día reflexionar sobre esto. Y yo, desde luego de católico fui demasiado exigente, ya ves lo lejos que me llevó mi exigencia.
Y eso es todo amigo mío, repito, yo no soy nadie para criticar a nadie y menos cuando busca su identidad en la oración, solo estaba contando una experiencia en ese viaje interminable hacia la libertad, es decir hacia el Amor.
Sergio Gonzalez
# Sergio Gonzalez
martes, 10 de febrero de 2009 10:09
Juan, he leido apasionado y atento tu respuesta y no puedo mas que agradecer y aprender de lo escrito. Desprendo que viviste otra época, y estoy de acuerdo que La iglesia ha pasado por épocas atroces de oscurantismo, intransigencia y nefasto ejemplo. No obstante, yo he vivido la Iglesia generosa, de superación, de sacrifico personal, la del amor por los demás, la del ejemplo y la de la austeridad y humildad. Otra cosa es el seguimiento que hagamos cada no de lo que nos enseñan. Lo único que apunto, es que si bien es bueno y necesario buscar la espiritualidad, no es malo seguir un sendero que consideres correcto. Lo que no podemos hacer, es ir cambiando de tercio cada vez que la búsqueda de la espiritualidad exija esfuerzos o verdaderas muestras de voluntad. O sí, que cada uno vea.
Juan Trigo
# Juan Trigo
martes, 10 de febrero de 2009 10:37
Estimado amigo, muy agradecido por tu aportación. Ciertamente todos los caminos llevan a Dios, porque es el mismo para judíos, cristianos y muslmanes, siempre que el caminante sea sincero con sigo mismo. Llevó ya 28 años en el camino sufí y agradezco a mis maestros que me sigan acogiendo como discípulo hasta el fin de mis días en la Tierra, para recordarme que solo hay un maestro, el que llena mi corazón, el Único. Se puede lleer el Corán que venimos de Dios, transitamos un momento por la Tierra, y luego volvemos a Dios.
Un fuerte abrazo, hermano.
Usuario Anónimo
# Usuario Anónimo
martes, 10 de febrero de 2009 13:32
Yo, hace muchos años, detestaba las confesiones. Fueran cuales fueran. La palabra religión me horrorizaba, a pesar de mi educación católica y de la simpatía familiar hacia la teología de la liberación. Pasados los años, mi interés por las religiones y la espiritualidad fue creciendo. Encontrando muchas respuestas en el cuarto camino del Gurdjieff y en el sufismo. Hoy puedo decir que, al margen de las distintas confesiónes, me merece todo el respeto del mundo y, sobre todo, mucha más confianza aquel que cultiva su espiritualdad por medio de la confesión que sea. Sólo me continúa causando una profunda preocupación aquella espiritualidad excluyente, integrista o fundamentalista. Pero ese no es un problema ni de la espiritualidad ni de las confesiones. Sólo es un problema del que no vive el amor como única forma de vida.
Carlos Sánchez
# Carlos Sánchez
martes, 10 de febrero de 2009 13:34
El usuario anónimo soy yo. Me olvidé de entrar como ususario. Pues eso.
Juan Trigo
# Juan Trigo
martes, 10 de febrero de 2009 18:05
A mi entender lo has puesto en sus justos términos. El Amor es expansión de la conciencia, única vía posible a la experiencia mística.
Gracias, Juan

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