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No es posible la libertad sin una relación social y, por lo tanto, no podemos pensarla fuera de los límites de un determinado orden social. Cualquier tipo de sociedad para pervivir necesita de un “marco de referencia”, de un determinado sistema de control para discernir los amigos de los enemigos.  Con sus fronteras, más o menos permeables, delimitan una red de seguridad que guarece a sus miembros de las inclemencias de la barbarie.

En el debate entre la oposición entre heteronomía y autonomía, control y autocontrol, regimentación y libertad se planea la metáfora del Panopticon, que nos legó Jeremy Bentham. El panóptico etimológicamente viene a ser “el ojo que todo lo ve”, mientras un significado más esclarecedor podría ser “esa máquina controladora universal”.  Para Bentham, al panóptico no le interesa lo que piensan los internos, sólo lo que hacen. Así, en nombre de la “paz y la calma” se puede anular o limitar la libertad personal de los miembros. Cuando lo que importa es la homeostasis (equilibrio) de un determinado organismo erradicamos las malformaciones y, del mismo modo, en nombre de la seguridad el panóptico engulle a los individuos descarriados y perturbadores.

Los guardianes del panóptico saben que sus internos no son meros cuerpos encadenados, pues reconocen que son seres pensantes y calculadores. Entienden que  tienen voluntad y que su conducta siempre es una elección. Los guardianes tratan de hacerles comprender que la única elección razonable es buscar la dicha en el confortable panóptico. Apelan a que renuncien a su libertad en nombre de su seguridad. Saben que adiestrándolos en tareas anodinas anestesian y erosionan paulatinamente su voluntad. Podríamos plantearnos: ¿qué pasa cuando el panóptico no es capaz de proporcionar una mínima seguridad a la mayoría de sus internos? Quizá podremos entender cómo en algunos países los guardianes se desmoronan y los internos se abastecen de una voluntad que les impele a ser protagonistas de su propio destino.

La esencia del panóptico, según Bentham, consiste en “la centralidad de la situación del inspector, combinada con los bien conocidos y muy efectivos aparatos de ver sin ser vistos”. “Ver sin ser vistos” implica la asimetría del conocimiento: el inspector lo sabe todo de los internos, mientras que los internos no saben nada del inspector.  La maniobra más audaz del panóptico es que todos  se conciban bajo inspección, es decir en una aparente omnipresencia del inspector.  Acostumbrados a ser vistos llega un momento en que sin ser vistos actúan como si fueran vistos. Podríamos plantearnos: ¿qué ocurre cuando los inspectores pierden el monopolio del conocimiento? En una sociedad que se define como la sociedad del conocimiento parece que casi todo, hasta las maniobras de los inspectores, puede ser visto. En la actualidad parece que una mayoría nada desdeñable no quiere “ver sin ser vistos”, por el contrario anhela a ser “visto insistentemente”. Hoy, presumiblemente la invisibilidad es el peor augurio para quien aspira al poder.   

Los inspectores gozan de cierta libertad y poder sobre los internos, pero están sometidos, por la asimetría del conocimiento, a sus inspectores superiores. Bentham se pregunta: ¿quién custodia al guardián superior? Su lucidez premonitoria se patentiza cuando entiende que el diseñador del panóptico tiene que ser un empresario libre, que dirige una empresa con el objetivo de obtener beneficios. Nos podemos preguntar: ¿Hasta qué punto somos unos sencillos o complejos engranajes de un sistema insaciable que depreda a todo aquel que no sea rentable? La rentabilidad implica “utilizar los medios más adecuados para la consecución de un fin”.  Soy libre cuando escojo mis propios fines, mientras soy esclavo cuando soy un medio para otros fines.

En el trasfondo del panóptico subyace la idea que la libertad es privilegio y poder.  Así, los puestos difieren en los grados de libertad que ofrecen; unos nacen para hacer las leyes y otros para obedecerlas. En cierto modo la reglamentación implica la certidumbre, mientras que la ausencia o escasez de normas convierte la conducta en difícil de predecir. La libertad exige de cierta voluntad disruptiva, aderezada con la consustancial incertidumbre que acompaña a cualquier decisión. 

 

Publicado en: Filosofía
Email del autor: svillarp@gmail.com

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German  Pinto
# German Pinto
viernes, 04 de marzo de 2011 7:52
El miedo a la libertad,el miedo a la incertidumbre,el miedo al que pasará,el miedo al poder omminodo de los estados que cada vez es mas evidente y axfisiante,el miedo a que la gente piense por si misma,en éstos tiempos se prefiere la falsa seguridad a la libertad y con ésos mimbres hacen éstos cestos los estados cobardes sometidiendo a los ciudadanos a prohibiciones-chorradas como aqui con Zapatero y sus mariachis y palmeros pero se empiezan prohibiendo chorradas y se llega a algo más grave.La democracia española pierde puntos a pasos de gigante,la corrupción cabalga desbocada pero todo está bien nada altera la falsa calma del españolito ramplón,botijero y conformista.que sigue durmiendo la siesta mienytras se hunde su casa.
chus
# chus
viernes, 04 de marzo de 2011 8:50
Ningún ojo puede ver más allá de las cataratas de sus propios prejuicios.
Esther Ibáñez
# Esther Ibáñez
lunes, 07 de marzo de 2011 14:19
Gracias Santi por traernos el concepto de panóptico de Bentham.
Curiosamente tenemos pocos comentarios a tu artículo. No creo que sea debido a una falta de interés hacia el control panóptico que sufrimos en nuestra sociedad, sino al desconocimiento de cómo Bentham influyó con su idea en un tipo de control político y social.

Revisé quién fue Bentham y que era exactamente el panóptico ya que lo desconocía. Aclaro para aquellos que sufran de la misma desinformación al respecto, que el panóptico fue un modelo nuevo de prisión diseñado por el filósofo Bentham en 1791, coincidiendo con la Revolución francesa. El concepto de este diseño permite a un vigilante observar (-opticón) a todos (pan-) los prisioneros sin que éstos puedan saber si están siendo observados o no. Resulta familiar ¿no?

Lo más interesante en relación a este concepto fue la publicación de Michael Foucault en 1975: “Vigilar y castigar. El nacimiento de la prisión” y he encontrado un interesante artículo sobre él:
http://bonobeando.blogspot.com/2008/09/michel-foucault-y-la-sociedad-panptica.html

Extraigo un párrafo para incitar a su lectura a quién le interese:

“Ahora bien, la tesis verdaderamente central de Vigilar y castigar es extraída por Foucault mediante la ampliación o extrapolación del dispositivo panóptico a la generalidad de los sistemas sociales e institucionales de las democracias modernas. Este modelo, sin dejar de conservar ninguna de sus peculiaridades, "está destinado a difundirse en el cuerpo social; su vocación es volverse en él una función generalizada" [211]. La radicalidad del filósofo francés reside por lo tanto en su defensa de que nuestras sociedades libres han sido construidas como una red panóptica, que reproduce a todos los niveles y en relación con todos los individuos que la componen las mismas técnicas de coerción que se emplean en las cárceles desde el siglo XIX. Pues el panóptico supone principalmente la posibilidad de una implementación difusa, múltiple y polivalente de los sistemas disciplinarios en el cuerpo social. Ya en la sociedad de principios de siglo XX el poder "democrático" se ha instalado sirviéndose de los instrumentos que posibilitan una "vigilancia permanente, exhaustiva, omnipresente, capaz de hacerlo todo visible, pero a condición de volverse ella misma invisible" [217]. Para Foucault, de esta forma, la génesis de la sociedad moderna coincide con la génesis de una sociedad disciplinaria.

A mi juicio, Foucault ofreció con esta obra una de las claves que nos permite entender aspectos importantes de la sociedad en la que vivimos. A pesar de su prematura muerte en 1984, sus análisis ofrecen un marco teórico para enjuiciar el desarrollo de los mecanismos de control tras los desarrollos tecnológicos de las últimas décadas.

Foucault advertía que la ampliación del dispositivo panóptico a todos los niveles del cuerpo social no se apoya necesariamente en unas condiciones arquitectónicas. Este dispositivo se encuentra presente en una sociedad si un gobierno consigue implementar, de la forma que sea, esa maquinaria que permite disociar la pareja "ver - ser visto". Y el desarrollo de la tecnología y la informática en los últimos años permite una perfección de esta maquinaria hasta límites que reproducen con demasiada fidelidad el panorama descrito por George Orwell en 1984.”
chus
# chus
lunes, 07 de marzo de 2011 18:21
Empezamos bien: “No es posible una libertad sin una relación social.” Premisa a tragar. Premisa falsa en mi opinión. Premisa encarrilante. Simplemente, establece la cortina de fondo de que la libertad no es posible y que va a estar condicionada por todo lo que se suelte a continuación.

Señores y señores: la Libertad ya ES. No tiene otros límites que los que queramos o asumimos ponerle para expresarla y CONOCERLA, y si experimentamos algún tipo de límite, el mismo es derivado de nuestro uso inconsciente de la misma y de nuestro aprendizaje al respecto. La libertad no está en la caja de Pandora ni en el cielo ni en el infierno, ni en el tarro de las esencia de las escuelas de los filósofos librepensadores… Y si alguien la posee, estoy seguro de que no vendría a imponerla, sino que respestaría nuestro actual proceso de aprendizaje que tiene como fin el que la hagamos nuestra, que sea nuestro descubrimiento.
La libertad es un ejercicio de nuestra naturaleza humana. Por mucho que la definan los filósofos, los místicos, los religiosos, los dogmáticos, a todos ellos se les va a escapar entre los dedos, como el aire, como el mercurio, porque ninguno tiene la experiencia práctica completa de su ejercicio, experiencia que le capacite para dictar tesis, dogmas, opiniones ni planteamientos. ¿Por qué? Porque solo la conocen por su falta, por su carencia, por el sufrimiento que experimentan, y no creo que se vaya a definir tal libertad señalando a los presuntos culpables, a sus presuntas redes, a sus presuntos guardianes, porque, a poco que se profundice, se podría observar que todos estos mismos carecen de ese misma libertad que se postula. Ninguno de ellos ayuda a otra cosa que a definir la carencia y a exaltar el sufrimiento que indudablemente produce.

Ah, pero ¿Es que conocéis a algún ser libre que os pueda dar lecciones? ¿Reconocéis alguna autoridad al respecto suficientemente capacitada? Por favor, mandadme un link, o un tube, o un twitter, (a @chusantis) porque no conozco a muchos y molaría cualquier referencia. Y si se me presenta alguno con la premisa de que existe una supuesta autoridad que todo lo ve, que todo lo vigila, y que todo lo controla, y que no tiene otra cosa que hacer que tenernos privados de libertad, le pediría que me dé nombres y apellidos, y alguna prueba más fehaciente que las múltiples derivadas de lo que semejante paranoia (¡ups!) puede engendrar en el terreno de la teoría y de la deducción sobre premisas cuestionables que por lo visto, es políticamente correcto seguir y reproducir.

Vamos a ver… ¿Quién es el panóptico? ¿Dónde está? ¿Cómo se llama? ¿Es Dios? ¿Es Zapatero?
Por lo visto, tiene “guardianes.” Supongo que en nómina… ¿Quién les paga? ¿Lo saben ellos? Porque saben muchas cosas… Y hacen muchas cosas, los guardianes… Cada vez que eligen a uno en un país, supongo que le llega un mensaje del panóptico y le mete en nómina… Aunque supongo que lo elegirá el panóptico, sin ser visto…
Ver sin ser vistos… Pero vamos a ver, (supongo que me estarán viendo cuando veo que no veo)

¿Sabéis que se me ocurre? Que la teoría del panóptico es un "remake" del miedo a la libertad. En la misma línea teórica, el panóptico sería como “el ojo que todo lo ve,” ese del símbolo del sello de USA, el triángulo sobre la pirámide.
En el fondo, esa visión de un demiurgo controlador que tanto nos ha pesado culturalmente, es la visión del “culpable definitivo” al que hemos estado acostumbrados a someter el destino de todo en nuestras vidas, por activa y por pasiva, por conciencia o por obediencia... Ahora que dios ya no es políticamente correcto y que nuestro poderoso intelecto se ha liberado de sus cadenas, aún persiste la necesidad de encontrar y señalar un culpable último de todos los males que aquejan nuestras vidas, y derivar sobre él la responsabilidad de nuestra presunta falta de libertad y de todos los sufrimientos que padecemos. Pues bien, mi idea es que tanto el uno como el otro, son construcciones de la mente humana, proyecciones de sus complejos de miedo, de poder, de ignorancia, y sobre todo, del mal uso o desconocimiento de lo que es nuestra libertad y nuestra responsabilidad.
Porque curiosamente, tanto el demiurgo como el panóptico, verifican nuestra coartada respecto a estas dos cosas: libertad y responsabilidad. Ya tenemos al culpable. Y si no, nos buscaríamos otro, sin duda.
Tengo la intuición de que el presunto panóptico es como la luna. Siempre está ahí, nos vé nos ve a todos, aunque es vista y sabemos que está ahí a pesar de las nubes. Pero por mucho que nos vea, no tiene ni idea de nuestras filosofías. Y por muy listo que fuera el presunto panóptico, estoy seguro de que no tiene ni el conocimiento, ni la capacidad para comprender mi pensamiento ni mi filosofía, ni mi creencia. No le llega, no le da, como les pasa a muchos panópticos secundarios o a sus guardianes. Me tomaría por loco, a la luz de su óptica tan poco abarcante que no le da para entenderme.

¿No puede ser que este panóptico sea la proyección colectiva, negativa y nebulosa del miedo a la libertad y a la responsabilidad de quien lo teoriza o se refiere a él desde la multióptica? ¿Otro dios a imagen y semejanza del hombre?

La libertad… ¿Pero es que somos tan ilusos que creemos que nos la van a dar, o que nos la merecemos y nos la quitan, porque ya hay alguien que sabe lo que es y se preocupa de ocultárnosla? Simplemente, repito, no sabemos lo que es. Solo alcanzamos a reconocer su falta, y cuando vencemos alguna de las limitaciones que nos causa su falta, mediante el ejercicio de alguna dosis de libertad que ponemos en práctica, haciéndonos responsables de la misma y de nuestros errores, y por lo tanto aprendiendo, respirando la libertad, ¿vamos y nos dedicamos a construir teorías y conspiraciones sobre lo que presuntamente nos la quita? ¿Y encontramos la preciosa coartada de unos poderes invencibles, invisibles e irreconocibles que siempre nos la van a ocultar? ¡Qué casualidad! Justo lo que necesitaba para el tribunal del auto-juicio inconsciente…
Buscad lo que hay de real, de verificable en la teoría del panóptico. Ah, si, es muy sencillo: es algo que “todo lo ve y que no es visto” ¿Y quién lo ha visto para ofrecer tal seguridad y tal desarrollo deductivo?
Yo solo veo un castillo en las nubes, que se llama “Miedo a la libertad.” O miedo a fallar, como nos ha pasado cada vez que encontrábamos un consenso trabajosamente logrado, lo poníamos en marcha y sufríamos los desgastes entrópicos consiguientes.
Y también veo otra clase de panóptico: el que está configurado por el sumatorio colectivo de todas las visiones individuales de todos los seres humanos, todas, incluídas las de los poderes fácticos, las de los filósofos y teóricos, las de todos los niveles de desarrollo, visiones con un coeficiente de integración más o menos exitosa, en el complicado ejercicio de la consecuencia y de la responsabilidad, sobre todo en esas fronteras en las que la libertad y la visión personal se frota y se raspa con la del prójimo, y sobre todo, allí donde la consecuencia y la responsabilidad se templan en la forja de un compromiso colectivo que se lleva a cabo de aquella manera…
Disculpad la aspereza y las confianzas que me tomo. Me siento libre para expresar estas ideas, tanto como para escuchar y respetar cualquier discusión o rebate de las mismas.
Panabrazo luminoso
Chus
Santiago Villar Pallás
# Santiago Villar Pallás
lunes, 07 de marzo de 2011 21:06
Gracias Esther por aclararnos la relación con Michel Foucault. Su idea, como afirmas, es que la ampliación del dispositivo panóptico a todos los niveles del cuerpo social no se apoya necesariamente en unas condiciones arquitectónicas. Digamos que su hipótesis plantea un tipo de tiranía que podríamos tildar de "dulce y dúctil", que es capaz de inmovilizar a sus moradores. Germán atina cuando comprende que hay ponóptico cuando hay miedo.
Gracias Chus por ofrecernos una buena argumentación sobre la libertad. En primer lugar, la premisa "no es posible una libertad sin una relación social" presupone que "el individuo libre, lejos de ser una condición universal de la humanidad, es una creación histórica y social". Así, la afirmación que la libertad existe sólo como una relación social quiere dar a entender que en lugar de ser una propiedad, una posesión del individuo mismo, es una cualidad relativa a cierta diferencia entre individuos. Lo más interesante es atender a las premisas que nos presentas; "la libertad es un ejercicio de nuestra naturaleza humana". Ciertamente, la idea que el panóptico (el big brother o cualquier otra metáfora) podría ser una excusa para no ejercer lo que de naturaleza nos pertenece. En este sentido creo que el concepto de alienación (enajenación) de L. Fuerbach expresa "como expulsamos unos atributos (que nos pertenecen) a una entidad trascendente (Dios)" podría mostrarnos el inusitado impulso por eludir nuestras propias responsabilidades (quizá por miedo). Estoy de acuerdo, es mucho más fácil definir la libertad desde la carencia que dibujar sus contornos (y mucho más encontrar algún ejemplo). La idea del panóptico, como metáfora, la he propuesto para desmontarla (en cierto modo) cuando al final del artículo intento proponer "la libertad exige de cierta voluntad disruptiva, aderezada con la consustancial incertidumbre que acompaña a cualquier decisión". Así, que no estamos en las antípodas..., he sido la más aséptico posible en la presentación del panóptico, aunque entiendo que "el miedo a la libertad" es realmente lo que nos empuja a crear estas (y muchas más) ficciones. La propuesta del panóptico era ofrecer una "forma de mirar", pero no impide pensar que hay "otras formas de mirar". Realmente me interesé por Michel Foucault a través de un pensamiento que me encandiló "lo importante es pensar lo que se deja de pensar cuando se piensa", es decir... pensar "lo que se excluye" (los locos, los homosexuales...). Cualquier relación social presupone establecer unos criterios para diferenciar los amigos de los enemigos..., es allí donde veo la utilidad del panóptico... como un modo de excluir silenciosamente ("ver sin ser vistos") a los descarriados. Muchas gracias por los comentarios.
Abrazos.

Santi
chus
# chus
lunes, 07 de marzo de 2011 21:51
Santi, aquí si que planteas dinamita con Foucault... "Pensar en lo que se excluye." Una cualidad del panóptico considerado como un conglomerado de visiones sincrónicas, "lo que ahora mismo" se ve a la vez desde el prisma de miles de millones de facetas, o a través de su refraccion conjunta de la luz de la consciencia, más o menos mediatizada, es que la óptica es egocéntrica. "lo que se excluye" (los locos, los marginados, los 'otros', los de la oposición), incluso la propia visión individual respecto a la consideración de un panóptico tipo el-ojo-que-todo-lo-ve (y lo manipula y lo comanda) es egocéntrica, y por lo tanto, carece de contraste. Hasta ahora. Porque creo que la naturaleza de la evolución en cuanto a la revolución de la comunicacióny de la información, está potenciando como nunca el que la atención, por milenios cautiva de la naturaleza humana de la individualización de la conciencia, se vuelque tanto en el exterior y en el impacto de "los otros" y de sus actuaciones y estímulos, que empieza a medrar la consideración de que, ni todo es "yo", ni todo está dominado por un sistema jerárquico tiránico impenetrable. Los "otros", sin necesidad de que sean líderes, figuras descollantes, guías, jefazos, gente de las esferas superiores frente a las inferiores, esos "otros" que son más o menos como "nosotros", empiezan a tener influencia, impacto, trascendencia, consideración, y respeto como iguales. Ni como superiores ni como inferiores. Es un movimiento muy lento, y en capas heterogéneas según los espacios, pero con cierta continuidad en la influencia. Y conlleva mucho desgaste porque siempre se sigue enfrentado con la órbita egocéntrica. Pero la apertura es tremenda. Es difícil darse el lujo de ignorar al otro, o pensar en excluirlo, más bien empieza a ser más difícil vivir con tanta información y procesarla positivamente.
Yo ando ultimamente con el twitter. Es alucinante en muchos casos, quizá alienante en otros. Pero es alucinante su velocidad, su instantaneidad, y la proyección de tantísimos individuos respecto a un solo tema en cuestión de instantes. Los periódicos, incluso los digitales, las agencias de información, las TVs, simplemente van detrás. Y en cuestión de un par de clicks, puedo leer lo que opina (en menos de 140 caracteres) cualquier tip@ en todo el mundo respecto al tópico que seleccione, si es que existe. Y una cualidad de ese medio, es que surge la necesidad de "el otro" como fuente de opinión y contraste, como iniciador o continuador de un tema o tópico. Al "big brother" no le daría tiempo a reaccionar. Solo a suprimir, a cortar, y a exponerse a la crítica que ello supondría en un medio con tanta agilidad. Van detrás, si es que van, literalmente, no les da tiempo. Y mira la que se ha montado en Africa septentrional...
En cualquier caso, un placer.
Abrazos luminosos
Chus
Nemo
# Nemo
miércoles, 16 de marzo de 2011 0:06
Ver sin ser visto. Percibir(percipi) sin ser percibido(percipere). La óptica panorámica. La Panóptica integral. La óptica del todo. La visión de la totalidad.
El vigilante universal que todo lo ve. El ejercicio del control absoluto. La perpetuación del dominio del dominante.

Cualquier sistema social organizado, necesita controlar el grado de adhesión que el individuo tiene a dicho sistema. Y la manera más fiable de ejercer ese control, es la visión directa del acto individual.

El panóptico o big brother, que el sistema pone en su propio beneficio, no es sino una forma más de vigilancia. En realidad, en el mundo desarrollado, una gran ciudad puede llegar a tener cierta similitud con un recinto carcelario. Las cámaras de vigilancia (o de seguridad) nos observan continuamente, en las calles, en los bancos, en las carreteras, en los locales, etc.

Si nos atenemos a todo lo anterior, podriamos decir que vivimos en una libertad vigilada, en donde la privacidad se reduce a los metros cuadrados del domicilio particular de cada uno.

Incapaz de conocer el pensamiento de cada individuo, el panóptico se conforma con dar fe de sus actos. Y lo hace no por la seguridad del ciudadano -como el sistema proclama- sino por la "buena" marcha del sistema mismo. Ante la seguridad social, la libertad individual siempre ocupará un segundo plano: en una sociedad es el "bien" común lo que prevelece.

La libertad es un concepto de difícil definición. Jean-Paul Sartre la consideraba como algo inherente a la naturaleza humana ("Estamos condenados a ser libres", decía). Spinoza, inspirado en la ley de la gravedad de Isaac Newton, decía que el hombre tenía la conciencia de un piedra. Es decir, que si la piedra tuviese conciencia de que está cayendo, creería que lo está haciendo por voluntad propia.

El ejercicio de la libertad requiere un pensamiento autónomo y organizado, y el reconocimiento de una voluntad propia. Ocurre, sin embargo, que, a veces, la voluntad, a través de la cotidianidad, la monotonía y la costumbre, se va transformando, poco a poco, en puro automatismo.





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