
La privatización de las Cajas y su futura salida a bolsa, son un jugoso pastel para los Bancos, que irremediablemente serán los mayores inversores de las mismas, incluso hasta cotas de participación que los harán dueños de las mismas.
No es ya el problema de que la Obra Social de las Cajas desaparece, pues su privatización significa que el destino de los beneficios, irá a parar a los accionistas, que obviamente buscan la rentabilidad de sus inversiones, sino que fondos de ámbito global se harán con los mayores paquetes de acciones, en una vorágine inversora de la que desconocemos cual va a ser el resultado. Tenemos un ejemplo bastante claro con los fondos que invirtieron en las titulaciones hipotecarias en los EEUU, en los que algunos han quebrado y otros han llegado a perder hasta el 70% de su valor. Pensando en que la historia pueda repetirse, estos fondos arrastrarían de forma inexorable tras de sí a las entidades antes Cajas y luego Bancos, como ha ocurrido en la actual crisis. Y es la vuelta a la cultura del “pelotazo”, en esta ocasión bancario, y me explico.
La Caja de una determinada Comunidad Autónoma, viene desempeñando un papel social desde su creación, importante en la región a la que pertenece. Los beneficios de la misma revierten sobre el conjunto de la población mas necesitada, como son los colegios de huérfanos, asociaciones de discapacitados, de mujeres maltratadas, de educación especial, y en una parte importante en las acciones sociales de sus miles de empleados, creando campamentos vacacionales para familias, paquetes estructurados de ayudas, etc., que influye en la sociedad de tal manera que se genera un movimiento económico del que la sociedad en su conjunto se beneficia. Ahora bien, esta Caja, se privatiza y se convierte en un Banco, que no es ni mas ni menos que una Sociedad Anónima. En ésta intervienen agentes económicos, desde el ciudadano particular que decide invertir sus ahorros en dicha entidad, pasando por las ingentes probables participaciones de otros bancos, de manera que supongan ser los mayores accionistas y por ende, propietarios de la caja convertida en Banco, e incluirla en el Grupo Bancario; hasta Fondos Globales, al acecho de una rentable inversión. El significado de todo esto es que los beneficios de la anterior caja, ya no revierten en la Obra Social, sino en las rentabilidades de los inversores, que en su publicidad nos dirán que siguen la obra social, pero que todos veremos será mentira. Una más. Una mentira que será callada por los intereses generados a los inversores, pues las cotas de mercado que ostentan la cajas, es muy importante en su demarcación, y tendrá toda clase de críticas, siendo los mas débiles, es decir los antes beneficiarios de la Obra Social, los que menos voces tendrán en esas críticas, ya que los ciudadanos inversores verán que sus ahorros ha aumentado de forma escandalosa y elogiarán esta forma de actuación.
Existen Lobbies bancarios interesados en que esta reforma de las cajas se lleve a cabo cuanto antes, pues algunos bancos ven en ello su salvación, y veremos como estos bancos seguirán comprando en el interbancario al 1%, para ya no comprarle deuda al Estado al 4%, sino para comprar acciones de las Cajas, y así apoderarse de las mismas, ganando una cota de mercado hasta ahora inalcanzable. Tanto con los organismos oficiales de las respectivas Comunidades, como de los particulares que siempre han confiado más en estas entidades sociales, que los Bancos Anónimos de frías respuestas ante los problemas sociales. Intuyo que este cambio nos deparará mayor restricción del crédito y el circulante tanto para Pymes como para particulares, provocando un estancamiento económico que perdurará en el tiempo, más allá de la barrera de la segunda decena de nuestro siglo. Y es una intuición fundamentada en que los recursos que se emplearán para la compra de las cajas por parte de los bancos, son los recursos que en teoría podrían ser dispuestos a favor del movimiento económico social, en el lento progresar de la salida de la actual crisis. Dado que es indudable que tras las masivas compras de Cajas, le sigue la obvia reestructuración empresarial, en la que se podrán cerrar muchas plazas y sucursales, con despidos, traslados, reorganización territorial, división de estructuras organizativas, y mejora de los procedimientos administrativos, agilizando gestión con menor personal. Todo ello no traerá sino mayor pobreza social para los menos favorecidos y mayor riqueza para los más afortunados.
Otra vez la mentira del poder, es la verdad de los poderosos. Los poderosos, el sistema financiero y bancario, está determinando el rumbo político presente y futuro. Y esto está ocurriendo ahora, ante nuestras narices. Y es una actuación plausible para los políticos que se encuentran maniatados, ante la envergadura de lo que se está cociendo en las cocinas del poder, el auténtico poder. Un ejemplo de muchos años atrás lo tenemos con la antigua Caja Postal, que fue incluida en Argentaria para luego ser absorbida por el grupo bancario BBVA, con unos beneficios declarados que rozan lo inmoral en la actual crisis. Pero que ya en aquel momento, supuso el mayor espaldarazo económico para el Banco, que lo situó en el segundo mayor grupo bancario de España, y entre los mayores del mundo. Pero que supuso la pérdida de nivel salarial para los empleados de Caja Postal de hasta el 30%, a favor de la integración en un grupo que propició la integración en Argentaria del BEX, del antiguo Banco Hipotecario de España, que era un referente hipotecario en el mercado nacional, en el que se basaban las demás entidades en las operaciones hipotecarias, y otros. Pensar en la atrocidad política de unir a una Caja y a un Banco en un Grupo (Argentaria), para que otro grupo se haga con el resultante de todas estas operaciones, sólo me lleva a suponer los ingentes beneficios de la entidad absorbente, en este caso BBVA, como un predador financiero, que ha pagado altísimas comisiones políticas, a costa de la “reestructuración” salarial de los absorbidos.
Y algo parecido me temo pasará con las actuales Cajas de Ahorros. Probablemente algunos políticos ya han asegurado sus pensiones futuras, en el voto a favor de la restructuración del sector financiero en lo que respecta a las cajas, en detrimento obvio de los empleados de las mismas, en un cinismo del que ya no nos sorprende de nuestra casta política.
Y mientras todo esto ocurre, la sociedad española se debate entre quién se comió el Faisán, quienes recibieron trajes del Gürtel, o los cánticos de una libertad árabe que seguramente dinamitará la zona, sin que veamos que la realidad de quienes nos gobiernan tienen su futuro en las Caimanes o Santo Domingos, paraísos terreno-fiscales, repletos de planes jubilatorios para ineptos de cargo pero avispados reptiles de saliva venenosa.