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[Amador Fernández-Savater, coeditor de Acuarela Libros, fue invitado (por azar, por error o por alguna razón desconocida) a una reunión con la ministra de Cultura y otras figuras relevantes de la industria cultural española para hablar sobre la Ley Sinde, el tema de las descargas, etc. En este texto cuenta lo que vivió, lo que escuchó y lo que ha pensado desde entonces. Su conclusión es simple: es el miedo quien gobierna, el miedo conservador a la crisis de los modelos dominantes, el miedo reactivo a la gente (sobre todo a la gente joven), el miedo a la rebelión de los públicos, a la Red y al futuro desconocido.]

La semana pasada recibí una llamada del Ministerio de Cultura. Se me invitaba a una reunión-cena el viernes 7 con la ministra y otras personas del mundo de la cultura. Al parecer, la reunión era una más en una serie de contactos que el Ministerio está buscando ahora para pulsar la opinión en el sector sobre el tema de las descargas, la tristemente célebre Ley Sinde, etc. Acepté, pensando que igual después de la bofetada que se había llevado la ley en el Congreso (y la calle y la Red) se estaban abriendo preguntas, replanteándose cosas. Y que tal vez yo podía aportar algo ahí como pequeño editor que publica habitualmente con licencias Creative Commons y como alguien implicado desde hace años en los movimientos copyleft/cultura libre.

El mismo día de la reunión-cena conocí el nombre del resto de invitados: Álex de la Iglesia, Soledad Giménez, Antonio Muñoz Molina, Elvira Lindo, Alberto García Álix, Ouka Leele, Luis Gordillo, Juan Diego Botto, Manuel Gutiérrez Aragón, Gonzalo Suárez (relacionado con el ámbito de los vídeo-juegos), Cristina García Rodero y al menos dos personas más cuyos nombres no recuerdo ahora (perdón). ¡Vaya sorpresa! De pronto me sentí descolocado, como fuera de lugar. En primer lugar, porque yo no ocupo en el mundo de la edición un lugar ni siquiera remotamente comparable al de Álex de la Iglesia en el ámbito del cine o Muñoz Molina en el de la literatura. Y luego, porque tuve la intuición de que los invitados compartían más o menos una misma visión sobre el problema que nos reunía. En concreto, imaginaba (correctamente) que sería el único que no veía con buenos ojos la Ley Sinde y que no se sintió muy triste cuando fue rechazada en el Congreso (más bien lo contrario). De pronto me asaltaron las preguntas: ¿qué pintaba yo ahí? ¿En calidad de qué se me invitaba, qué se esperaba de mí? ¿Se conocía mi vinculación a los movimientos copyleft/cultura libre? ¿Qué podíamos discutir razonablemente tantas personas en medio de una cena? ¿Cuál era el objetivo de todo esto?

Con todas esas preguntas bailando en mi cabeza, acudí a la reunión. Y ahora he decidido contar mis impresiones. Por un lado, porque me gustaría compartir la preocupación que me generó lo que escuché aquella noche. Me preocupa que quien tiene que legislar sobre la Red la conozca tan mal. Me preocupa que sea el miedo quien está tratando de organizar nuestra percepción de la realidad y quien está tomando las decisiones gubernamentales. Me preocupa esa combinación de ignorancia y miedo, porque de ahí sólo puede resultar una cosa: el recurso a la fuerza, la represión y el castigo. No son los ingredientes básicos de la sociedad en la que yo quiero vivir.

Por otro lado, querría tratar de explicar lo que pienso algo mejor que el viernes. Porque confieso desde ahora que no hice un papel demasiado brillante que digamos. Lo que escuchaba me sublevó hasta tal punto que de pronto me descubrí discutiendo de mala manera con quince personas a la vez (quince contra uno, mierda para...). Y cuando uno ataca y se defiende olvida los matices, los posibles puntos en común con el otro y las dudas que tiene. De hecho me acaloré tanto que la persona que tenía al lado me pidió que me tranquilizara porque le estaba subiendo la tensión (!). Tengo un amigo que dice: “no te arrepientas de tus prontos, pero vuelve sobre los problemas”. Así que aquí estoy también para eso.

Quizá haya por ahí algún morboso preguntándose qué nos dieron para cenar. Yo se lo cuento, no hay problema, es muy sencillo. Fue plato único: miedo. El miedo lo impregnaba todo. Miedo al presente, miedo al porvenir, miedo a la gente (sobre todo a la gente joven), miedo a la rebelión de los públicos, miedo a la Red. Siento decir que no percibí ninguna voluntad de cambiar el rumbo, de mirar a otros sitios, de escuchar o imaginar alternativas que no pasen simplemente por insistir con la Ley Sinde o similares. Sólo palpé ese miedo reactivo que paraliza la imaginación (política pero no sólo) para abrir y empujar otros futuros. Ese miedo que lleva aparejado un conservadurismo feroz que se aferra a lo que hay como si fuera lo único que puede haber. Un miedo que ve enemigos, amenazas y traidores por todas partes.

Quien repase la lista de invitados concluirá enseguida que se trata del miedo a la crisis irreversible de un modelo cultural y de negocio en el que “el ganador se lo lleva todo” y los demás poco o nada. Pero no nos lo pongamos demasiado fácil y pensemos generosamente que el miedo que circulaba en la cena no sólo expresa el terror a perder una posición personal de poder y de privilegio, sino que también encierra una preocupación muy legítima por la suerte de los trabajadores de la cultura. Ciertamente, hay una pregunta que nos hacemos todos (1) y que tal vez podría ser un frágil hilo común entre las distintas posiciones en juego en este conflicto: ¿cómo pueden los trabajadores de la cultura vivir de su trabajo hoy en día?

Lo que pasa es que algunos nos preguntamos cómo podemos vivir los trabajadores de la cultura de nuestro trabajo pero añadiendo (entre otras muchas cosas): en un mundo que es y será infinitamente copiable y reproducible (¡viva!). Y hay otros que encierran su legítima preocupación en un marco de interpretación estrechísimo: la industria cultural, el autor individual y propietario, la legislación actual de la propiedad intelectual, etc. O sea el problema no es el temor y la preocupación, sino el marco que le da sentido. Ese marco tan estrecho nos atrapa en un verdadero callejón sin salida en el que sólo se puede pensar cómo estiramos lo que ya hay. Y mucho me temo que la única respuesta posible es: mediante el miedo. Responder al miedo con el miedo, tratar de que los demás prueben el miedo que uno tiene. Ley, represión, castigo. Lo expresó muy claramente alguien en la reunión, refiriéndose al modelo americano para combatir las descargas: “Eso es, que al menos la gente sienta miedo”. Me temo que esa es la educación para la ciudadanía que nos espera si no aprendemos a mirar desde otro marco.

Tienen miedo a la Red. Esto es muy fácil de entender: la mayoría de mis compañeros de mesa piensan que “copiar es robar”. Parten de ahí, ese principio organiza su cabeza. ¿Cómo se ve la Red, que ha nacido para el intercambio, desde ese presupuesto? Está muy claro: es el lugar de un saqueo total y permanente. “¡La gente usa mis fotos como perfil en Facebook!”, se quejaba amargamente alguien que vive de la fotografía en la cena. Copiar es robar. No regalar, donar, compartir, dar a conocer, difundir o ensanchar lo común. No, es robar. Traté de explicar que para muchos creadores la visibilidad que viene con la copia puede ser un potencial decisivo. Me miraban raro y yo me sentía un marciano.

Me parece un hecho gravísimo que quienes deben legislar sobre la Red no la conozcan ni la aprecien realmente por lo que es, que ante todo la teman. No la entienden técnicamente, ni jurídicamente, ni culturalmente, ni subjetivamente. Nada. De ahí se deducen chapuzas tipo Ley Sinde, que confunde las páginas de enlaces y las páginas que albergan contenidos. De ahí la propia idea recurrente de que cerrando doscientas webs se acabarán los problemas, como si después de Napster no hubiesen llegado Audiogalaxy, Kazaa, Emule, Megavideo, etc. De ahí las derrotas que sufren una y otra vez en los juzgados. De ahí el hecho excepcional de que personas de todos los colores políticos (y apolíticos) se junten para denunciar la vulneración de derechos fundamentales que perpetran esas leyes torpes y ciegas.

Tienen miedo a la gente. Cuando había decidido desconectar y concentrarme en el atún rojo, se empezó a hablar de los usuarios de la Red. “Esos consumidores irresponsables que lo quieren todo gratis”, “esos egoístas caprichosos que no saben valorar el trabajo ni el esfuerzo de una obra”. Y ahí me empecé a poner malo. Las personas se bajan material gratuito de la Red por una multiplicidad de motivos que esos clichés no contemplan. Por ejemplo, están todos aquellos que no encuentran una oferta de pago razonable y sencilla. Pero la idea que tratan de imponernos los estereotipos es la siguiente: si yo me atocino la tarde del domingo con mi novia en el cine viendo una peli cualquiera, estoy valorando la cultura porque pago por ella. Y si me paso dos semanas traduciendo y subtitulando mi serie preferida para compartirla en la Red, no soy más que un despreciable consumidor parásito que está hundiendo la cultura. Es increíble, ¿no? Pues la Red está hecha de un millón de esos gestos desinteresados. Y miles de personas (por ejemplo, trabajadores culturales azuzados por la precariedad) se descargan habitualmente material de la Red porque quieren hacer algo con todo ello: conocer y alimentarse para crear. Es precisamente una tensión activa y creativa la que mueve a muchos a buscar y a intercambiar, ¡enteraos!

Lo que hay aquí es una élite que está perdiendo el monopolio de la palabra y de la configuración de la realidad. Y sus discursos traducen una mezcla de disgusto y rabia hacia esos actores desconocidos que entran en escena y desbaratan lo que estaba atado y bien atado. Ay, qué cómodas eran las cosas cuando no había más que audiencias sometidas. Pero ahora los públicos se rebelan: hablan, escriben, se manifiestan, intervienen, abuchean, pitan, boicotean, silban. En la reunión se podía palpar el pánico: “nos están enfrentando con nuestro público, esto es muy grave”. Pero, ¿quién es ese “nos” que “nos enfrenta a nuestro público”? Misterio. ¿Seguro que el público no tiene ninguna razón verdadera para el cabreo? ¿No es esa una manera de seguir pensando al público como una masa de borregos teledirigida desde algún poder maléfico? ¿Y si el público percibe perfectamente el desprecio con el que se le concibe cuando se le trata como a un simple consumidor que sólo debe pagar y callar?

Tienen miedo al futuro. “¿Pero tú qué propones?” Esa pregunta es siempre una manera eficaz de cerrar una conversación, de dejar de escuchar, de poner punto y final a un intercambio de argumentos. Uno parece obligado a tener soluciones para una situación complejísima con miles de personas implicadas. Yo no tengo ninguna respuesta, ninguna, pero creo que tengo alguna buena pregunta. En el mismo sentido, creo que lo más valioso del movimiento por una cultura libre no es que proponga soluciones (aunque se están experimentando muchas, como Creative Commons), sino que plantea unas nuevas bases donde algunas buenas respuestas pueden llegar a tener lugar. Me refiero a un cambio en las ideas, otro marco de interpretación de la realidad. Una revolución mental que nos saque fuera del callejón sin salida, otro cerebro. Que no confunda a los creadores ni a la cultura con la industria cultural, que no confunda los problemas del star-system con los del conjunto de los trabajadores de la cultura, que no confunda el intercambio en la Red con la piratería, etc.

Eso sí, hablé del papel fundamental que para mí podrían tener hoy las políticas públicas para promover un nuevo contrato social y evitar la devastación de la enésima reconversión industrial, para acompañar/sostener una transformación hacia otros modelos, más libres, más justos, más apegados al paradigma emergente de la Red. Como se ha escrito, “la inversión pública masiva en estudios de grabación, mediatecas y gabinetes de edición públicos que utilicen intensivamente los recursos contemporáneos -crowdsourcing, P2P, licencias víricas- podría hacer cambiar de posición a agentes sociales hasta ahora refractarios o poco sensibles a los movimientos de conocimiento libre”(2). Pero mientras yo hablaba en este sentido tenía todo el rato la sensación de arar en el mar. Ojalá me equivoque, porque si no la cosa pinta mal: será la guerra de todos contra todos.

Ya acabo. Durante toda la reunión, no pude sacarme de la cabeza las imágenes de la película El hundimiento: encerrados en un búnker, sin ver ni querer ver el afuera, delirando planes inaplicables para ganar la guerra, atados unos a otros por fidelidades torpes, muertos de miedo porque el fin se acerca, viendo enemigos y traidores por todos lados, sin atreverse a cuestionar las ideas que les arrastran al abismo, temerosos de los bárbaros que están a punto de llegar...(3)

¡Pero es que el búnker ni siquiera existe! Los “bárbaros” ya están dentro. Me gustaría saber cuántos de los invitados a la cena dejaron encendidos sus ordenadores en casa descargándose alguna película. A mi lado alguien me dijo: “tengo una hija de dieciséis años que se lo baja todo”. Y me confesó que no le acababa de convencer el imaginario que circulaba por allí sobre la gente joven. Ese tipo de cosas constituyen para mí la esperanza, la posibilidad de razonar desde otro sitio que no sea sólo el del miedo y los estereotipos denigratorios. Propongo que cada uno de los asistentes a la próxima cena hable un rato sobre el tema con sus hijos antes de salir de casa. O mejor: que se invite a la cena tanto a los padres como a los hijos. Sería quizá una manera de sacar a los discursos de su búnker, porque entonces se verían obligados a asumir algunas preguntas incómodas: ¿es mi hijo un pobre cretino y un descerebrado? ¿Sólo quiero para él que sienta miedo cuando enciende el ordenador? ¿No tiene nada que enseñarme sobre el futuro? El búnker ya no protege de nada, pero impide que uno escuche y entienda algo.

Amador Fernández-Savater (11-1-11)

Publicado en: La tecnología, Denuncia
Email del autor: carmencc3@yahoo.es

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Comments

German  Pinto
# German Pinto
lunes, 31 de enero de 2011 7:44
Vamos a ver ,qué supone la lay Sinde? que los sitios web que faciliten la descarga y faciliten la descarga y sin permiso de peliculas podran ser perseguidos y cerradas esas web.Esto atenta fundamentalmente contra la libertad de comunicaciones y acceso a internet.Esta ésta ley al servicio de las multinacionales cuya cabeza mas visible el Teddy Bautista que cobra 250.000euros,si habeis leído bien,de sueldo.Es una ley impuesta nadie salvo cuatro la quieren.Si quieren que compremos haced más baratos los productos que sacan al mercado.Esto se parece mas a China que restringe internet dia si y otro tambien.Señora Sinde el inventor de la fregona sigue cobrando derechos de autor?Esto es una tomadura de pelo.......luego sigo..
Esther
# Esther
lunes, 31 de enero de 2011 11:40
Qué lenta (e interesadamente) cambia a veces las mentalidades... Una lástima que quieran volver a "vender" la tierra o el aire que respiramos. Para mi sorpresa (me han regalado un E-book por navidad) comprar un libro en formato pdf me cuesta lo mismo que en formato papel, cuando no ha sido necesario plantar árboles, talarlos, transportarlos, convertirlos en papel, imprimirlo, pagar derechos (nuevamente) de autor, gastar en tinta, en transporte y almaccenaje en las librerias, en empleados en cada una de las etapas del proceso de producción... un monton de pasos se eliminan pero el libro cuesta lo mismo. Me lo expliquen. Gracias, Carles. Me gustan mucho tus aportaciones en este espacio.
chus
# chus
lunes, 31 de enero de 2011 11:48
Yo comprendo ese miedo, Carmen. Como comprendo el miedo de miles de casos de trabajadores de empresas en las que se plantea algo así como: "los tiempos están cambiando, nuestros productos compiten en un nuevo mercado, con unas nuevas reglas y productores más baratos, así que vamos a tener que reducir plantilla..." Y el cambio les pilla en fuera de juego y les deja helados a ellos y a sus familias, helados de miedo y desesperación, porque se enfrentan a la total impunidad de los usos del nuevo panorama, usos, prácticas e intercambios que, al ser nuevos, no están sometidos a regulaciones basadas en consensos, ni esperan a estarlo para producirse, y generar determinados beneficios, o que en su desembarco novedoso y evolutivo, se preocupan de esquivar tanto las leyes como los consensos, por no hablar de los respetos y la conciencia sobre el dañio que se les puede estar generando a los productores y procesadores del material que manejan, y si acaso, reducen al segundo plano todo en nombre de la libertad, "su" libertad. Y se suben por las paredes ante la mención de la palabra "ley."

Es un tema cuyo debate es peligroso porque enseguida se acude a los extremos, o a extrapolar otro tipo de conflictos e implicaciones. Pero es necesario.
Yo también he traducido textos al español, en determinados ámbitos, porque no estaba disponible, ni lo iba a estar, su traducción, y He dedicado tiempo y esfuerzo, pero la difusión de la traducción no ha implicado que determinados agentes hagan negocio, ni que tal actividad influya en la trayectoria profesional de otras personas.

Entiendo el miedo, y que se responda provocando "miedo", pero no se trata de un terror de estado, ni de una represión, sino del miedo que se genera en quien sea consciente de incumplir una ley y tener que arrostrar las consecuencias.

Entiendo el miedo de un creador, musical, literario, artístico, etc., que ahora mismo, al plantearse no solo crear, sino recibir a cuenta algo más que palmaditas o comentarios de su bondad creativa, tiene que dedicar un esfuerzo suplementario al de su creatividad, para adaptarse al "nuevo paradigma" (je, qué bonito eufemismo) en el que su obra pude ser manipulada y difundida en términos libertarios para algunos, y cuidadito con lo que dice, porque igual incurre en delitos de cultura multimedia tales como la traición, el peseterismo, la opresión por su alianza con los poderes fácticos, y el ansia material. Encima de cornudo, apaleado. ¿Es que no es comprensible ese miedo? ¿Y no da miedo el que la cultura esté derivando al bazar chino?

El otro día pensaba... Bueno, un libro, o una buena peli... ¡No tengo por qué comprármela, ni soltar ni un céntimo! Y lo puedo hacer legalmente, ¡SIN MIEDO!
¿Sabéis cómo? Me saco el carnet, me voy a una de las riquísimas bibliotecas públicas que hay en mi ciudad, con extensos catálogos, y allí me prestan lo que sea, y allí lo comparto con quien quiera compartirlo. Y no me tengo que llenar la estantería o el disco duro con el material. Lo asimilo, y forma parte de mi para siempre (como en Farenheit.)
Pero claro, ese paseito, ese desplazarme a esa maravillosa biblioteca y acomodarme a sus usos, que pueden ser maravillosos, igual es que es demasiado trabajo para mi libertad, igual prefiero tenerlo más a mano, en peor calidad, navegando un rato entre anuncios, publicidad, virus informáticos, pagando mi banda ancha etc., pero claro, como "los tiempos cambian y hay que ponerse al día..."
Hay mucho que debatir, pero también hay mucho que aprender a respetar. Pero que la especie del creador y de su entrono productivo inmediato está afrontando peligros, peligros parasitarios importantes, a mi me queda claro.
German  Pinto
# German Pinto
lunes, 31 de enero de 2011 12:11
Este fin de semana venia una noticia en la prensa del Pais Vasco que decia que la hacienda vizcaina habia"aplazado" las cotizaciones empresariales a muchas empresas por importe de 840 millones de euros por problemas en relación a la crisis.Al final no pagaran ni un duro a la seguridad social solo los trabajadores aportaremos al sistema.Con ése dinero la de cosas se podrian hacer.Con la excusa de la crisis aquí el que no corre vuela...
Joaquim Braulio Mayals
lunes, 31 de enero de 2011 12:14
Seamos claros y precisos. Tienen miedo, y punto, y creo que no hay más que decir.
Tiene miedo los políticos, tienen miedo los empresarios, tienen miedo los sindicatos, tienen miedo los maestros, tienen miedo todos los que no ven ni entienden que los tiempos que vienen son apasionantes, emocionantes y excitantes porque TODO CAMBIARÁ.
Ayer por la tarde Twitter era la gran fiesta de la comunicación entre seres humanos informándonos mutuamente, horizontalmente, verticalmente, espontaneamente y con todos los "mentes" posibles sobre lo que ocurría en Egipto. Encima tuve tiempo de ver y oír gracias a Facebook a los jóvenes de Gaza bailando y cantando su MANIFIESTO donde ellos explotaban humanamente y sinceramente con sudores de libertad.
Claro que tienen miedo por que han vivido como dioses y ahora tienen que pensar, innovar, convivir y cambiar sus negocios pues encima se les han acabado las subvenciones.
Amador, gracias a tu padre, del que hoy discrepo en todo, eduqué a mis hijos recomendándoles las lecturas que fomentaban la libertad bajo tu nombre. Hoy esa libertad es la que da miedo y Baugman lo describe muy bien y Manolo Castells en "Comunicación y Poder", también.
Sigamos, sigamos, sigamos y actuemos que ellos solos se perderán...bueno, ya están perdidos.
chus
# chus
lunes, 31 de enero de 2011 12:19
Querida Esther, ¿no te han explicado (a mi tampoco, no es crítica, ¿eh? :-) de qué minas y con qué procedimientos han sacado los materiales con los que se fabrica el E-Book, ni cómo se recicla el trasto, ni qué gastos o procedimientos y tiempo empleado implica en cuanto a actualizaciones, baterías, durabilidad, reparaciones, mantenimiento, dependencia de redes de descarga, formatos de descarga y compatibilidades, tarjetas de memoria, etc., ni de eventuales problemas de exposición a nuevos materiales, rutinas y energías?
¿Ecológico?
¿Árboles? Las Landas están llenas de millones de ellos tumbados por la ciclogénesis explosiva de hace un par de años, que los regalan a quien quiera llevárselos... Mi Pais Vasco está lleno de pinos que ya no son rentables y que nadie asume cuidar ni reciclar... Ni para papel higiénico, o de cocina, de doble capa absorvente...
No todo lo nuevo es mejor. Ni tiene por qué reemplazar a lo viejo.
Un libro es para siempre. Y lo puedes dejar, regalar, dedicar, incluso lo puedes quemar si un día nos cortan la electricidad que sobreconsumimos.

Y los "empleados de cada etapa de producción", qué bien, nos los quitamos de encima, nos sale más barato a "todos", un problema menos. Como solo son "pasos que se eliminan," pues que viva el progreso ecológico.

Y luego, el libro que se lee ¿cuesta lo mismo? ¿Y por qué no casi gratis si se han solucionado tantos problemas. Y ya puestos...

Vender, vender, vender. Vender a veces es vendar (los ojos)
German  Pinto
# German Pinto
lunes, 31 de enero de 2011 12:45
Cuando el teddy ése s e ponga un sueldo normal como todo hijo de vecino y los discos y demas cuesten lo que tienen que costar yo seguuiré descargando lo que me dé la gana y no pienso pagar una burrada a éstos sinverguenzas.
Carolina
# Carolina
lunes, 31 de enero de 2011 13:24
Estoy con Chus en las bibliotecas y espacios que faciliten el acceso a la cultura sin tener que arruinar la economía familiar (yo no puedo comprar según que cosas) o sin tener que quedarse con las ganas porque no hay dinero. Las bibliotecas son un gran trampolín que la gente ahora empieza, creo, a valorar, aunque aún queda mucho trecho y las bibliotecas deben también mejorar de modo importante sus fondos, porque algunas se quedan muy justas. Pero aún así las bibliotecas pueden ser uno de lo protagonistas de este cambio en la manera de enfocar la cultura, sobretodo para que no acabe siendo cosa de las gentes con más dinero y el que no tenga se joda, este punto debemos evitarlo y más con todas las herramientas de que disponemos.

Por otra parte debo decir que me bajo libros por internet que ya no se encuentran en el mercado ni en las librerías de viejo. Si sale reeditado al cabo del tiempo, espero a tener dinero y me lo compro a pesar de tenerlo en formato pdf, y tan contenta, pero entiendo que cuando hay material que no encuentras e internet te lo ofrece, ¿porque no usarlo? A mi me ilusiona encontrar libros que he buscado por todas partes, incluso llamando a editoriales para saber si tenían pensado reeditar o les quedaba alguno en el almacén, etc., y hallarlos en internet cuando ya lo daba por perdido. Y nadie muere por no leer tal o cual libro ciertamente, pero me da la impresión que muere parte de nuestras ganas de saber. Hablo de libros que no se encuentran en las bibliotecas públicas, al menos en las de Barcelona. Por eso digo que los fondos de las bibliotecas deben mejorar, ampliarse, crecer, ser variados, porque la mayoría de libros que busco no los hallo en la biblio, soy un poco gafe en ese sentido.

También me he bajado alguna cosa de música, no mucho, cada vez menos y alguna película que ya no se vende. Y así la tentación de bajarlo todo por internet deja paso a un uso más racional y acorde con las circunstancias. Aunque no estoy en contra de la gente que se baja contenidos que sí están en el mercado, creo que se debe encontrar un entente para que esto siga siendo posible en el futuro.

También hay que buscar más afinidad con los creadores y no depender tantísimo de intermediarios. Es decir, buscar nuevas maneras de hacer llegar la cultura sin dejar a gente en el camino de la miseria pero sin quedarnos nosotros sin acceso a esa cultura. Creo que es como todo, hay que darle un uso inteligente y encontrar un punto de encuentro.
Pero en este tema se mezclan tantas cuestiones y tan complejas que parece difícil por ahora hallar un punto de entente que no acabe criminalizando a los usuarios de internet.

Creo que el saber y el conocimiento, la cultura en todas sus formas, no debería poner muros a su alrededor ni reducirse todo, absolutamente todo al negocio o si es negocio por lo menos que no sea solo para la gente de dinero.

También me entra el pronto de pues si está al alcance usémosla, pero también pienso sobretodo en los pequeños creadores. Creo como decía más arriba que no hay que ponerle muros a la cultura, en todo caso encontrar nueva maneras de disfrutar de ella. Y es importante compartir saberes, y cada vez hay más formas de hacerlo sin tener que vivir en el p+++ miedo, con perdón. Porque al final lo que pasa es eso, que el miedo que sienten los que quieren poner muros, se lo trasladan al usuario de Internet para que se amilane.

La cultura no debe estar basada en la ley del más fuerte o del más rico, el acceso a la cultura es un bien de todos y se debe cuidar tanto por unos como por otros, de ahí mi voluntad de encontrar nuevas formas.

Estoy con Joaquim, las cosas están cambiando muy deprisa y eso es lo que les da miedo, tener que cambiar su propia manera de enfocar el tema. Miedo al cambio, aunque ese cambio pueda ser beneficioso para todos a la larga y no tan larga.

Y que puñetas, no es el fin del mundo, pero hay cambios importantes y debemos empezar a adaptarnos a ellos, y eso implica un cambio de la mentalidad y del modo de difundir y transmitir que no pasa por desembolsar siempre dinero y más dinero para poder acceder al conocimiento.
Y no me gusta las posibles leyes Sinde, porque ahí no se busca proteger al creador, no nos engañemos, se busca apretar un poco más a los usuarios y forzarles a seguir siendo meros consumidores, se fiscaliza el conocimiento y el acceso a éste, a favor de unos pocos que se forran a costa de unos muchos que se comen los mocos (y no me refiero sólo a los usuarios, sino a otros tantos pequeños creadores que son fagocitados por la capacidad acaparadora de los grandes creadores, los que se forran mucho, e intermediarios y se tienen que comer los mocos).

De ahí mi voluntad de hallar un punto de encuentro donde se den nuevas formas que no impliquen miedo y más miedo, y donde la creación no esté reñida con la transmisión.
chus
# chus
lunes, 31 de enero de 2011 13:42
Fuera aparte del debate, no quiero dejar de comentar que me ha impresionado la foto escogida para el artículo: Tarzán, el hombre salvaje educado en la pureza de la naturaleza, liberado de la jaula de la civilización depredadora de recursos por un elefante, Ganesha, y gritando, pidiendo ayuda. Ganesha, según la milenaria tradición y cultura hindú:
"Como es el caso de cualquier otra representación de dios en el Hinduismo la figura de Ganesha (relativa al elefante) es un arquetipo cargado de múltiples significados y simbolismos que expresan un estado de perfeccion, así como los medios para obtenerla. Ganesha de hecho es el símbolo de aquel que ha descubierto a la divinidad dentro de sí mismo. Representa el perfecto equilibrio entre las energías masculina y femenina (Shiva-Shakti), entre fuerza y bondad y entre fuerza y belleza. También representa la capacidad discriminativa que otorga la capacidad de percibir las distinciones entre la realidad y la ilusión, entre lo real y lo irreal."

Por cierto, que lo entrecomillado, lo he copiado de una web y lo he pegado para compartirlo.
Y que viva el progreso, dentro del equilibrio.
carmen cayuela
# carmen cayuela
lunes, 31 de enero de 2011 18:39
Hola, gracias por vuestros comentarios.

Antes de nada decir que Avaaz ha iniciado una campaña de apoyo al pueblo egipcio https://secure.avaaz.org/es/democracy_for_egypt/?cl=929867459&v=8313

Chus, es un tema complicado, yo también entiendo el miedo al cambio porque lo he vivido ¿alguien no? El ego se empeña en apuntalarse sobre seguridades, el ser sabe que vive en el cambio permanente, que es puro proceso ¿a cuál de ellos atendemos? Sin duda hay que buscar y encontrar el equilibrio.

Germán,Esther, Joaquim, Carolina, plenamente de acuerdo, la cultura no puede estar sólo al alcance del dinero. Durante un año,hace unos cuatro, descargué pelis antiguas y música. después se pasó la fiebre, compro y me regalan libros y pelis, la música la obtengo a diario de radio clásica y radio tres y de vez en cuando me doy un capricho. Es evidente que l@s creadores tienen que vivir, no conozco las soluciones, como dice Amador " creo que lo más valioso del movimiento por una cultura libre no es que proponga soluciones (aunque se están experimentando muchas, como Creative Commons), sino que plantea unas nuevas bases donde algunas buenas respuestas pueden llegar a tener lugar. Me refiero a un cambio en las ideas, otro marco de interpretación de la realidad. Una revolución mental que nos saque fuera del callejón sin salida, otro cerebro. Que no confunda a los creadores ni a la cultura con la industria cultural, que no confunda los problemas del star-system con los del conjunto de los trabajadores de la cultura, que no confunda el intercambio en la Red con la piratería, etc. "

Joaquim, he de decirte que trabajo en la enseñanza y no tengo miedo a este cambio que estamos viviendo, el miedo no creo deba medirse por sectores profesionales.

Un abrazo
Joaquim Braulio Mayals
lunes, 31 de enero de 2011 19:10
Carmen por alusiones. En ningún momento he pretendido sectorizar el miedo, pero es cierto que cojas el sector que cojas... tienen miedo, el mio, por ejemplo , el sector de la comunicación donde las tecnologías están causando estragos personales y pánico al desconocimiento.
He puesto a los maestros como hubiera podido mencionar a los arquitectos, que también tienen miedo, pero da la casualidad que, por mí especialidad la Comunicación y Educación para el Desarrollo Sostenible, éste es un sector con el cual hemos mantenido muchos diálogos en profundidad con maestros para detectar tendencias con las cuales poder desarrollar programas educativos y contenidos fomentadores de Valores para niños y jóvenes, y créeme, hemos detectado miedo. Que tu no lo tengas como comprenderás no es representativo.
Saludos
Alfonso
# Alfonso
lunes, 31 de enero de 2011 21:09
No he leído todos los comentarios, lo siento. Y lo único que puedo decir después de leer el artículo es, por un lado, que Amador Fernández-Savater da argumentos muy pobres y, por otro, que escribe bastante peor que su padre.

Un saludo.
chus
# chus
lunes, 31 de enero de 2011 21:48
Efectivamente Carmen, el miedo es miedo al cambio, a la muerte de algo, a la transformación. Las expectativas, el proyecto, la "imagen" de vida que se mantiene, lleva una especie de pegamento sicológico de "estabilidad." Y cuando algo cuestiona esa imagen, cuestiona los fundamentos y los apoyos habituales, que suelen implicar dependencia sicológica, y al tensarse esos asideros, surge el miedo, la indefinición, el cuestionamiento de la expectativa, el planteamiento de variables negativas que enturbian ese poder de expectativa que es la imagen que mantenemos de nosotros y del mundo.
Muchas veces, y con la que está cayendo, cuando dentro de las expectativas, ya no hay nada que perder, el miedo se disuelve en la acción que impulsa el cambio y su energía se invierte desde la compresión y la represión hacia la expresión y la revolución.

Creo que en este debate se plantea el problema de la visión global de la sociedad y de sus protagonistas, el problema de la responsabilidad colectiva. En el asunto de las descargas y del uso "libre" del material creado por quienes hacen de ello su medio de vida, se echa de menos el reconocer y salvaguardar los intereses de los demás, además del propio interés consumista del individuo.
La red de internet es bastante libre, ágil, vigorosa, fresca, joven y vital. Su movimiento no se va a parar por este tipo de legislaciones. Y que se denuncie la eventual regulación legislativa y la represión que establezca, de deterrminadas prácticas de descargas, como el advenimiento del Gran Hermano, también es una forma de usar y extender el miedo, una forma escandalosa y desorbitada a mi juicio.
No llego a ver que tantísimas formas creativas de compartir se tengan por qué ver afectadas.
Y si que llego a ver algo de miedo en el autor del artículo, que parece que por el hecho de discrepar contra quince, o de ser invitado, o de catalogarse a si mismo de aquellas maneras, se encuentra en una situación incómoda.

Por cierto, pregunto a la gens astrológica... ¿Ha habido alguna configuración o efemérides últimamente que pueda explicar o ejemplificar estos accesos revolucionarios en el panorama?
M CARMEN
viernes, 04 de febrero de 2011 10:35
No he leido los comentarios para no dejarme influir por otras opiniones y dar la mía personal. Yo peco de ser muy "abogada del diablo" es decir siempre me pongo en la situación de los dos bandos, y siempre hay algo en una y otra situación en la que encuentras razones convincentes. En cuanto a este tema, (como en tantísimas cosas en este país), la cuestión es prohibir y atemorizar, y aprovechar para sacar algun beneficio (económico claro), que eso si que saben hacerlo bien. Se tendría que educar y regular. Estoy completamente de acuerdo con las descargas de internet pero tampoco hay derecho que se puedadan bajar películar que aún están en estreno en las salas de cine, como por ejemplo esta semana yo vi El discurso del rey bajada de internet con una calidad y sonido impresionante. Que pongan medidas, que regulen, que se informen del porque se hacen las cosas y todos saldremos ganando. Para acabar, me imagino a Amador en la situación que vivió en esta reunión, fué muy valiente en enfrentarse y defender su postura, y en su caso es normal que se alterara, y si al compañero le subió la tensión estando arropado por otros catorce, ¿como habrá acabado Amador?.
Ahora voy a hechar un vistazo a los comentarios.

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