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El liberalismo o neoliberalismo es ley natural, darwinismo puro. Pero es un claro ejemplo de error de la naturaleza, en este caso de la naturaleza humana, que puede conducir a la extinción de nuestra especie.

A estas alturas, decir que el neoliberalismo conlleva aplicar la ley del más fuerte es una obviedad. Dado que vivimos en un mundo de desigualdades, el más fuerte será el que ya es más poderoso y, de esta manera, acrecentará aun más su poder. El neoliberalismo reivindica a los teóricos liberales de los siglos XVIII y XIX. Es obvio que no tienen nada que ver las situaciones de esos siglos con la del siglo XXI, y que lo que para Adam Smith o para David Ricardo podía tener sentido en su época no lo tendría ahora. La Mano invisible del Mercado es una idea desarrollada por Smith, según la cual la sociedad en su conjunto obtiene el máximo beneficio al que puede aspirar cuando permite que cada individuo persiga libremente su propio beneficio. El beneficio de la sociedad sería, según esta doctrina, la suma de los beneficios de los individuos y éstos, si se les deja, se comportan de un modo racional y obtienen cada uno el máximo provecho al que podrían aspirar. Ésta sigue siendo hoy la “doctrina oficial” del neoliberalismo, con la que justifica su pretensión de reducir el tamaño del Estado al mínimo imprescindible y de promover el laissez faire. 

Me parece interesante remarcar que en las demás especies animales el neoliberalismo sí funciona, porque en ellas coinciden el principio de conservación del individuo y el principio de conservación de la especie. Es decir, cuando cada individuo persigue su propio beneficio la especie sale ganando. En el caso del Homo sapiens es evidente que esto no funciona.

En los animales el principio de conservación del individuo está, de modo natural, subordinado al de conservación de la especie. Esto ocurre tanto en el caso de los insectos sociales como en el de algunas especies superiores. Entre estas últimas llaman la atención las aves que cantan incluso por la noche (el ruiseñor, por ejemplo) para atraer la atención de los depredadores; así éstos no descubrirán el nido donde la hembra incuba los huevos o cuida de los pollos. En otras muchas especies, en las que a primera vista se diría que prevalece el interés individual, a la larga, en condiciones de equilibrio ecológico, es la especie en su conjunto la que gana. Incluso en casos de extrema crueldad, como el de los leones que matan al líder de una manada y a sus cachorros, lo relevante desde el punto de vista genético es que son los jóvenes leones que acaban de tomar el poder quienes propagan sus genes. En muchas especies los individuos defienden su territorio, es decir, el espacio donde obtienen alimento, agua y refugio, de otros congéneres, llegando a provocarse heridas muy graves e, incluso, la muerte. Esto lo hacen desde el poderoso tigre hasta el dulce petirrojo.

En los demás animales sociales, como primates, leones, lobos o hienas, los líderes de las manadas no disponen de habilidades para engañar al resto de su grupo hasta el punto de poner en peligro su supervivencia. Su inteligencia no da para tanto y sus comportamientos son, en esencia, los mismos que practicaban sus antepasados hace mil años y, dentro de otros mil seguirán siendo (con el permiso de los humanos) prácticamente igual que los actuales.

En el caso humano el equilibrio entre la búsqueda del beneficio individual y la búsqueda del beneficio para la especie no surge, como en los animales, de forma espontánea. Y menos aún desde que inventamos las armas de destrucción masiva y poseemos la capacidad de desequilibrar el clima y agotar y contaminar recursos esenciales para la vida. Al perseguir nuestro beneficio inmediato dañamos directamente al planeta del que dependemos para sobrevivir y, por desgracia, también en muchas ocasiones dañamos a otros seres humanos. Los animales también se dañan entre ellos en sus luchas, pero el perjuicio se limita a los individuos que combaten entre sí.

Lo peor de todo es que no podemos confiar en nuestros líderes. Es evidente que no siempre persiguen el interés general; y cuanto menor es el desarrollo de la democracia, mayor es la corrupción y el descuido de los intereses generales. Somos el único animal en el que ha dejado de funcionar una ley natural: el interés del individuo, al menos tal y como lo conciben las sociedades individualistas y consumistas occidentales, ya no casa con el interés de la especie a la que pertenece. Por tanto, el laissez faire, el neoliberalismo, no tiene sentido. En términos evolutivos, el neoliberalismo es un atraso y un estorbo para la evolución de la conciencia, pues impide el rápido desarrollo de esa facultad humana, que ha de progresar a la par que nuestro cerebro, ya que de lo contrario estamos condenados a la extinción.

Publicado en: Economía, Filosofía
Email del autor: miguel.ortega@reforesta.es

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German  Pinto
# German Pinto
miércoles, 26 de enero de 2011 8:04
Gracias Miguel Angel por tu artículo efectivamente el fracaso del neoliberalismo despues de la caida del muro de BERLIN con todas sus consecuencias politicas,económicas y de confuiguración de un nuevo mundo hace ya dos décadas ,éso implicó una crisis financiera larvada que se gestó hace 3 años arrasando todo lo que se ponia por delante,haciendo visible y palpable el enorme fracaso del neoliberalismo y la cantidad de vidas destruidas que ha dejado.En el origen de ésta crisis del neoliberalismo está el afán egoista,usurero ,individualista del ser humano al que la naturaleza no echaria de menos si desapareciesemos.Y éstos mismo quieren refundar el capitalismo,estamos ante lo mismo se impondrá la necesidad de un sacrificio global"por nuestro bien".El neoliberalismo seguirá imponiendo sus reglas a todos con el aval de muchos gobiernos incados de rodillas defendiendo el status quo que a éllos como casta interesa,mientras la naturaleza sigue su curso aunque más degradada que nunca.
Lali
# Lali
miércoles, 26 de enero de 2011 8:34
Gracias Miguel Angel por escribir y colgar este artículo, ignoro si hay otros economistas y concejales que opinan como tú, pero está claro que el neoliberalismo nos ha demostrado ya cómo funciona: agrava las desigualdades económicas de los humanos.
Si queremos poner fin a esta espiral, habrá que aplicar otras ideas más igualitarias y equitativas...si es que es posible.
Y sí, Miguel Angel, es cierto que la especie humana es la única que atenta contra las leyes de la naturaleza, no hay más que convivir con animales para darte cuenta: ellos no se disocian de sus necesidades básicas, el hambre, la sed, el sueño o descanso...¿qué hace un perro, un gato o un infante ante el olor que desprende un vaso de wisky? Arrugar la nariz.
Nosotros, los adultos, hemos aprendido desde hace mucho a desconectarnos de nuestros deseos básicos, ¿de qué manera podemos gestionarir los deseos de otros seres humanos?
Malamente, como se ve. Tan malamente que nos lo cargamos casi todo: las relaciones, la economía, el placer de vivir...hace tiempo que sabemos que el hombre es un lobo para si mismo, comprobarlo en las propias carnes hace que nos llevemos un shock....así está la mayoría de la población, en estado de shock....
Los dirigentes de hoy en día tienen una gran oportunidad, a mi juicio. A lo largo de la historia el ser humano ha demostrado ser capaz no solo de lo malo, sino también de grandes avances en todos los sentidos (tecnológico, económico, social...)....de momento muchos de estos avances solo nos han servido para ser más egocéntricos (casa, coches, avances médicos, etc) y manipular con estas nuevas herramientas, sin embargo creo desgraciadamente (porque esa fe muchas veces me hace padecer) que podemos trascender nuestro egocentrismo, a mucha gente le está ocurriendo, y es en esta etapa precisamente en la que estamos, a mi parecer...ante la falta de sentido del "montaje", cada uno encuentra el sentido de su vida en otro lugar....yendo hacia dentro y compartiéndose.
Sí, creo que los dirigentes de hoy en día tienen una gran oportunidad de instaurar una nueva manera basada en la escucha al ciudadano, la transparencia y claridad y la firmeza en la acción en beneficio del conjunto. Valores que por cierto, están en alza, por lo que parece. Valores femeninos como la escucha, la paciencia, la empatía, la receptividad, la espera atenta....difícil de aplicar estos valores en política, dado el ritmo de vida a que se les somete...por ahí hay que empezar: recortando privilegios, sueldos y horarios.
Muchas veces nos olvidamos que los políticos también son seres humanos que han asumido una responsabilidad que no pueden cumplir dadas sus circunstancias...padecen una estructura organizativa vertical que maniata nuevas visiones, nuevas maneras de hacer, nuevas iniciativas...
Veremos lo que pasa, supongo. Mientras tanto, cada uno en su pequeño mundo cumpliendo con lo que le toca...y disfrutando al máximo de esta preciosa vida cuyo materialismo nos ha ahogado incluso las ganas de vivir, el disfrute básico de la vida.
Saludos matutinos
chus
# chus
miércoles, 26 de enero de 2011 8:40
Estoy de acuerdo con el planteamiento de Manuel.

Creo que las tesis y los productos del neoliberalismo entran dentro de una fase de la evolución del individuo. En le reino animal, casi no existe la conciencia de individuo, quizá solo en los primates y en algunos mamíferos. En el reino humano, el cuarto reino, es donde se desarrolla esa conciencia de ser yo, y de yo soy. Todas sus experiencias son expresiones de esa conciencia, de esa identidad. La cruz (literal) de la experiencia es que aún así, el individuo no está separado, aunque para las primeras experiencias de esa conciencia, el sentido de la separación es incluso necesario. Pero es una misma experiencia que se está dando a la vez en todos los individuos. Y más allá, hay doctrinas espirituales que declaran que esa experiencia es la de una misma cosa que se experimenta a si misma como identidad a la vez en todas las experiencias individuales. En las contrapartes esotéricas de las religiones, a esa meta-conciencia o meta-identidad, se la designa como Cristo, Atman, Horus, Hiram Abiff, etc.,
Pero esa conciencia no se alcanza por evolución natural, la genética no la provee de una generación a otra. Se alcanca por el entendimiento obtenido en la experiencia de la identidad individual, que transforma al individuo. Y una de las formas o procesos en los que se plasma ese acceso es la prueba y experimento, el error y el acierto, y arrostrar las consecuencias de las identificaciones individualistas y separatistas de la conciencia. El neoliberalismo es una de esas identificaciones erróneas que debemos afrontar. Sus consecuencias son los frutos de nuestras semillas, y tales frutos amargos nos impelen a reaccionar y a construir otro tipo de identificaciones. Impelen a nuestra conciencia a adoptar y a probar otro tipo de modelos en los que se pruebe y se reconozca la identidad común del ser humano.
chus
# chus
miércoles, 26 de enero de 2011 8:43
Perdón, pero me he hecho un lío entre el que firma el artículo (Miguel Angel Ortega) y el que lo envía (Manuel ángel García.) Gracias a los dos.
Lali
# Lali
miércoles, 26 de enero de 2011 9:06
Eso, gracias a los dos, Manuel y Miguel Angel, jejejeje, comparten el mismo apellido ;-)
(por qué seguimos pidiendo disculpas al equivocarnos, si es el único método de aprendizaje?)))
Esther
# Esther Ibáñez
miércoles, 26 de enero de 2011 10:33
Perdón, me equivoqué con las prisas. El autor es Miguel Angel Ortega. Ya lo he cambiado.
Angel Luis Alonso
# Angel Luis Alonso
miércoles, 26 de enero de 2011 11:40
Sería interesante saber hacia qué evolucionamos. Cual es esa conversión social, como y cuando. Hacia qué consecuencias nos arrastra. A quien implica, si a la masa social en su conjunto, si a la clase política, o a la élite económica.
Porque ahora, estamos caminando a ciegas.
Alfonso
# Alfonso
miércoles, 26 de enero de 2011 12:33
No estoy muy de acuerdo en que el animal sea la única especia que atente contra la naturaleza. Ésta está llena de ejemplos en los que lo animales cambian el estado de los ecosistemas (y no siempre a mejor, puntualización que ya es algo relativo de los humanos)
Una de las razones por la que que existe la idea generalizada de que el humano es el único que atenta contra la naturaleza, responde, en mi opinión, a una especie de narcisismo de la culpa: queremos ser responsables y protagonistas de todo, aunque sea de lo malo.
En el reino animal, el neoliberalismo no funciona. O funciona perfectamente, pero no porque la especie salga ganando (que no siempre es así), sino que simplemente se da: persiguen sus instintos, mientras que los humanos, además de tener conciencia y orientarnos por el deseo de los otros (por eso no nos comemos a los demás, porque somos conscientes de nuestro yo), no nos regimos por los instintos, sino por un más allá de los instintos, más allá de la necesidad. El humano come más de lo que necesita, mata más de lo que necesita, ama más de lo que necesita.
Y por eso somos humanos.
Lali
# Lali
jueves, 27 de enero de 2011 0:15
No sé si realmente es la UNICA especie que atenta contra la naturaleza, aunque de lo que sí estoy segura es de que es el único con la posibilidad de una conciencia evolucionada que se comporta a lo largo de siglos y siglos como una especie sin esa posibilidad de evolución, dando por normal que comer más de lo que se necesita y matar más de lo que se necesita es la razón por la cual somos humanos. Me resulta triste esta definición del ser humano, Alfonso, y reduccionista...Además, para mí el que ama más de lo que necesita es que no ama de verdad, pues un exceso de atención hacia otra persona u objeto (como el dinero) es simplemente una distorsión del amor.
Totalmente de acuerdo con ese narcisismo de la culpa que has definido, gracias por el concepto Alfonso, me gusta.
Angel Luis, cierto es que caminamos a ciegas, como Tiresias...quizás debamos aceptar tal ceguera y aprender a caminar sin seguridades aparentes para poder recibir las "sorpresas" de la vida...cuánto nos perdemos en aras de este nuevo valor, la seguridad, del que se ha apropiado papá o mamá estado para vendernos seguros, reaseguros y mandangas, más casas, más alarmas y más medidas de protección.
Ante estos tiempos la única vacuna es la confianza en uno mismo y en que todo esto tiene algún sentido...como dice Chus, también intuyo que el neoliberalismo era una etapa necesaria que ahora está dando las últimas patadas (espero) de la pataleta antes de saltar hacia otra "ideología" más justa y equitativa....ojalá sea así, Angel Luis.
Alfonso
# Alfonso
jueves, 27 de enero de 2011 10:51
El concepto de narcisismo de la culpa lo leí, si no recuerdo mal, de Fernando Savater. Gracias.
No sé si es triste o no la definición que he dado del ser humano; no entro a valorar si eso es amor o no lo es (algo que creo bastante complicado de definir: si fuese por la cantidad de gente que ama así, quizá lo normal sería eso). Otra cosa es cómo nos gustaría que fuese el amor o cómo nos gustaría ser. Pero que el hombre está descarrilado por naturaleza, que ama más de lo que necesita, come, folla y odia más, es algo que me parece evidente, al margen de si eso es lo mejor; de hecho, eso nos hace sufrir, pero también disfrutar.

Para finalizar, quiero expresar otra posición respecto a lo de las especies: creo que caemos (por la misma razón que comenté en el post anterior) en el error de dar por hecho que el estado normal de la naturaleza es el orden, cuando realmente el orden natural de la naturaleza (valga la redundancia) es el caos, y ese, para mí, es el error de base desde el que parten muchos ecologistas: hay glaciaciones, meteoritos, calentamiento natural, cambios de ecosistemas, sequías, muertes por plagas naturales, etc. El hombre tendrá algo de participación en esos cambios (creo que mucho menos de lo que queremos creer), no lo dudo, pero ¿es que no somos parte de la naturaleza? ¿Es que tenemos que ser también únicos en no influir en absoluto en la naturaleza? De hecho creo que el miedo nos lleva a resistirnos al destino de la naturaleza.
Leí una vez: "La gente [...] hace pie en ideas así: los humanos somos tan hijos de puta... Tan perniciosos para el planeta... Luego, cuando el bosque se quema, los animales huyen y el hombre se queda, en pie, entre las llamas, al calor de la muerte. Ningún animal ha muerto por salvar un árbol."
Según esto, los animales serían culpables de no conservar las especies ni la naturaleza.

Perdón por la simpleza.
chus
# chus
jueves, 27 de enero de 2011 17:52
Alfonso, no estoy de acuerdo con que el orden natural sea un caos. Más bien es al contrario. Sus desarrollos formales parten de unos arquetipos comunes presentes en todos los reinos. Las armonías musicales, la naturaleza de la escala tonal y su generación se encuentran en el reino vegetal en la forma de crecimiento de las plantas.
Una vez vi con mis ojos una planta que imitaba la forma y los colores de las abejas para atraerlas y provocar la polinización, y me preguntaba cómo podría saber una planta el color de una abeja. La consciencia humana es el aspecto diferencial. Nosotros podemos deducir los efectos de las causas y adaptarnos, podemos imaginar e incorporar cambios, pero siempre nos aprovechamos de un orden preexistente, que solemos pertubar de modo irreversible (por ejemplo, introduciendo especies nuevas invasoras que destruyen un habitat antes de que este tenga capacidad de adaptarse en su ritmo natural).
Nueestro cuerpo físico es natural, una maravilla. Nuestra consciencia es capaz de abstraer aspectos de ese orden natural y experimentarlos como belleza en una sensación gratificante y elevadora; es capaz de abstraer esos arquetipos de orden que se repiten en todas las formas de manifestación, desde una galaxia hasta un átomo.
El problema se plantea cuando se mezclan los instintos básicos de supervivencia con la conciencia separada que aún no es capaz de integrarse en un colectivo armónico.
Alfonso
# Alfonso
jueves, 27 de enero de 2011 18:14
Hola.
Al decir que el estado de la naturaleza es el caos, quería decir que el caos (como el orden) de la naturaleza es una interpretación humana. La naturaleza, en sí misma, puede destruirse sin ser el humano el culpable. Somos culpables de muchas cosas en ella, estoy seguro, pero huracanes, erupciones volcánicas destructivas, lluvias torrenciales, glaciaciones, calentamiento...todo esto ha ocurrido y ocurrirá con la participación del hombre o sin ella.
En cambio, cuando cualquier de estas cosas ocurre, es siempre culpa del hombre. La inestabilidad natural del planeta es culpa del humano...: no lo creo.
Me parece asombroso y curioso observar, por ejemplo, cuando se produce una catástrofe (siempre que no muera nadie, lo que no me produce ningún placer) natural como una erupción volcánica pues es una de las pocas cosas de las que no nos podemos hacer responsables: la "gente" se queda sin saber muy bien a quién mirar. ¿A la naturaleza, quizás? E igual que esto, un día podría haber una erupción que destruyese el planeta entero y todas las especies (o un meteorito).
Existen, por otro lado, innumerables ejemplo de especies que se extinguen (concepto que el humano ya trata como algo nocivo) porque la acción de otras, porque el curso de la naturaleza. Nosotros lo tomamos como algo a subsanar cambiando, ahora sí, la evolución natural porque la queremos a nuestro antojo.
En resumen, creo que el neoliberalismo (o ley del más fuerte, en relación a este post) lo practicamos todos los animales (incluido el humano), la naturaleza, etc, con la misma crueldad, pero lo que sería esperable es que el humano lo controlase un poco.

Un saludo y gracias.
Alfonso
# Alfonso
jueves, 27 de enero de 2011 18:43
Algo más que se ma ha ocurrido:

Es precisamente el humano el que, por el hecho de serlo, debería evitar la ley del más fuerte pero, no lo olvidemos, luchamos contra los instintos animales (como animales que hemos sido y somos) que están presentes en la naturaleza de la forma más cruel.
Así que es un esfuerzo constante y, lamentablemente, hay muchos que no se diferencian nada de un león.

chus
# chus
viernes, 28 de enero de 2011 8:35
La crueldad es también una creación de la mente humana, que no existe en la naturaleza por sí misma. Los fenómenos naturales a veces son catástrofes, también según ese parámetro. Y lo que caracteriza esa calificación es nuestra fútil pretensión de permanencia. La vida sigue. Sus formas nacen, se mantienen y desaparecen. La diferencia en nuestro caso es que podemos conocer nuestros instintos e influir sobre ellos. Incluso se podría decir que nuestra compasión puede ser un desarrollo del instinto de conservación de la especie por encima de otros instintos, seleccionado, adaptado y desarrollado. Y bajo este, aparece una especie de instinto básico de la naturaleza: la interconexión entre todo. Algo que también estamos aprendiendo a comprender, a respetar y a adaptar.
Alfonso
# Alfonso
viernes, 28 de enero de 2011 14:17
Sí, tienes toda la razón, la crueldad es propia del ser humano.

Quería decir que las catástrofes y comportamientos animales son crueles desde el punto de visto humano. Pero es así.

Gracias.
MAO
# Miguel Ángel Ortega
viernes, 28 de enero de 2011 16:03
Hola a tod@s y gracias por leer el artículo.
Creo que es evidente que la conciencia colectiva de la sociedad humana, marcada por valores muy individualistas y hedonistas, va muy por detrás de la "conciencia puntera" de una minoría de individuos. Es normal, porque esa conciencia colectiva sería una media. Yo creo, como Chus, que hay que quemar etapas. Que la conciencia evoluciona, al igual que lo hace la materia biológica. Y que, por desgracia, esa evolución implica sufrimiento. La conciencia colectiva está aún atrasada, especialmente porque, curiosamente, los auténticos líderes son aquellos que tienen el instinto más depredador, es decir, los que han reunido grandes sumas de dinero gracias a su competitividad (amén de ventajas de cuna y otras cosas). Esos líderes de facto influyen en los políticos y el resultado es una sociedad cortada a su medida. Pero precisamente las tensiones que eso origina son la fuerza impulsora de los cambios. Porque el cambio y la evolución no surgen de la comodidad, sino de la necesidad de quienes necesitan mejorar o no empeorar. La crisis es la semilla del cambio, tal como dicen las impulsoras de esta web. La naturaleza es contradictoria, y ello hace que la más avanzada de las criaturas conocidas deba luchar contra una parte de su naturaleza para evitar su propia desaparición. Y en eso consiste la educación: la violencia, la agresividad y otras fuerzas presentes en la naturaleza también lo están en nosotros, pero nuestra capacidad de dañarnos a nosotros mismos y de alterar el medio en que vivimos es tan grande que no podemos dejar que la naturaleza siga su curso en nosotros, sino que debemos erigirnos es escritores de nuestro propio guión, y no permitirnos el lujo de aceptar el dictado de nuestros instintos competitivos y agresivos.
chus
# chus
viernes, 28 de enero de 2011 19:15
AMEN Miguel Angel.
Hoy precisamente leía que quizá los homídos de los que procede la rama de nuestro cuerpo animal, evolucionaron... Porque no se estancaron. Porque se encontraron con peligros, retos, cambios, que aprendieron a afrontar como colectivo, estimulándose en ellos el poder de adaptación y la inteligencia, a mayor velocidad que los ritmos de la evolución "darwiniana."
De hecho, osaría plantear que desde entonces, la evolución darwiniana, o la selección natural, etc., etc., se acabó, mientras exista el homo sapiens. O que queda en suspenso mientras este homo sapiens no ascienda otro escalón.
Es otro reto que aparece en el panorama, un reto que antes podía afrontar una pequeña comunidad de homínidos, pero que ahora afecta a la especie completa y a su responsabilidad planetaria, el desarrollo de la interacción entre la consciencia individual y la colectiva, en la administración de la vida, en un punto en el que no hay marcha atrás.
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