
Para la inmensa mayoría de los portugueses, el próximo año será el más difícil de sus vidas. Recortes durísimos, superiores a los que están teniendo lugar en España, anuncian una desertificación de la economía lusitana. No se percibe una estrategia: se trata sencillamente de amputar las piernas a las personas, sin darles silla de ruedas. Después esos miembros se ofrecerán en el altar de los grandes mercados, a ver si se calman con tanta sangre.
Nuestros políticos no han decidido nada: sencillamente, han asumido como propias decisiones exteriores. No vale la pena mencionarlos: hoy los presidentes del Gobierno, en su mayoría, no pasan de bedeles del gran juego económico mundial. Hace décadas, el dinero tenía que ser humano y pagar el alquiler de los territorios por donde circulaba, porque estos eran escasos: el bienestar general era ese alquiler.
Hoy el espacio del capital es casi el mundo entero, y las inversiones circulan con tanta fluidez que no resultará equivocado afirmar que el dinero ha adquirido una dimensión atmosférica. Se trata de la atmósfera de nuestro tiempo. ¿No es lo que se está diciendo cuando se habla de la “volatilidad” de los mercados? El dinero vuela con una tal facilidad que se ha trasformado en nube. Y hoy por hoy es la única meteorología que tiene importancia.
El año que viene, en Portugal, con nuestras piernas cortadas, todos bailaremos una danza de la lluvia a ver si las nubes financieras se dirigen hacia nuestro país: todos deseamos un chaparrón de inversiones. Sabemos que, si no actuáramos de este modo, vendría una voz fatal del cielo que decretaría: “En Portugal habrá sequía por muchos años”. Y en ello están muchos países europeos. Sus líderes reciben unos mensajes del más allá, que bajan desde esas nubes financieras y les dicen: “Nada, chico, hay que cortar por lo sano: si no sequía, ya sabes”. Y nuestros líderes obedecen. ¿Pero quiénes son estos dioses de la actualidad, que están reduciendo los políticos europeos a conserjes de sus respectivos países? Yo los llamo los señores del aire: aquellos que tienen poder sobre el movimiento de las nubes financieras.
Por consiguiente, si uno es joven, lo que debe hacer es corretear por los aeropuertos, viajar en avión todo lo que pueda, coger carrerilla a ver si penetra en esa órbita monetaria. Se trata de encontrar algún empleo estratosférico y hala: ya estamos flotando en la nube dorada. Asunto resuelto.
Pero ¿qué destino espera a quien haya pensado en una biografía de trabajo serio y empleo estable en su ciudad de toda la vida? En Portugal, la mayoría de esta gente se siente agonizando. Y en España creo que también. Se viven en el alma de estos ciudadanos emociones horrorosas. Porque todo el mundo ha comprendido que el futuro será la esclavitud contemporánea.
Los señores del aire, los dioses atmosféricos, no se van a calmar con nuestros presentes sacrificios. Pedirán más, como buenas divinidades sanguinarias. Nuestros políticos oirán cosas como esta: “Bien, chico. En lo del déficit, te has portado. Ahora toca la reforma laboral, si no...”.Y habrá que amputar más derechos y ponerlo todo, chorreante de sangre, en el gran altar económico.
Para mucha gente, este sistema es perfecto. El dinero se mueve por el cielo, en suave forma nubosa, dirigiéndose hacia las áreas donde hay mejores condiciones. El mundo se equilibra: se desarrollan zonas que no lo estaban, y las demás tienen que adaptarse, porque su riqueza era, a todas luces, “pecaminosa”. Como una escena de Kubrick: todo muy dulce y flotante.
Hay que tener cuidado con Merkel, a lo mejor resulta que es, sencillamente, la sacerdotisa de los señores del aire. Lo que los portugueses, que no somos nadie, sentimos es muy claro: hoy en día existe una desproporción muy peligrosa entre el sistema económico, que se ha globalizado, y el sistema democrático, que sigue siendo básicamente nacional.
Que lo diga Obama. Se ha atrevido a tener ideas propias, y esto es lo peor que puede hacer un político actual. En campaña, pase; pero, al llegar al poder, ni se te ocurra. Gobernar es sintonizar con la emisora de los señores del aire. Por eso a Obama ya lo están barriendo del escenario.
O sea, la democracia está en la edad de piedra de la modernidad –todavía funcionando de un modo decimonónico– mientras la economía viaja en las naves espaciales de la posmodernidad. Si no actualizamos la democracia dándole rasgos transnacionales, todos seremos víctimas frágiles de los señores del aire. ¿Cómo se globaliza la democracia? Pues ni idea, amigos. De momento yo soy un portugués escribiendo en un periódico catalán que circula en España. Algo es algo. No es un proyecto imposible. Y es indispensable. Durante las próximas décadas, habrá muchas cosas nuevas que se tienen que hacer, sin que se sepa cómo se hacen. Tenemos que inventarlas. Se hace camino al andar, lo dijo el poeta. Y también al tropezar, lo dice un servidor, que es lusitano y melancólico.
G. MAGALHAES, escritor portugués
Publicado en La Vanguardia 27/11/2010