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Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
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El nuevo poder de la sociedad civil

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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
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La formación en diferentes materias es imprescindible para descubrir nuestro propio poder y esas cualidades únicas, que cada uno de nosotros tenemos. Estamos intentando que personas especializadas en diferentes materias nos hablen sobre distintos temas que puedan ser importantes para nuestro desarrollo: economía, política, historia, filosofía, sociología, psicología, espiritualidad...

También es importante que nos envieis vuestros artículos para publicarlos en esta sección.

Somos conscientes, que en muchas ocasiones, algunos artículos pueden resultarnos difíciles de leer por falta de algunos conocimientos de base en ese tema específico. Nuestra intención es ir comentándolos entre todos y facilitar la labor de comprensión. No dudeis en preguntar sobre cualquier término o concepto que no os resulte comprensible, por básico que os parezca.

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El análisis de lo que llamamos poder nos puede abrir una senda fructífera para comprender la experiencia humana. Más allá de optar por definición restrictiva de poder, nos referimos a la posibilidad de analizarlo como algo que circula y funciona en cadena. Un régimen de funcionamiento que no se detiene al análisis de los que ostentan el poder y de quienes no lo tienen, sino en la hipótesis que los dispositivos del poder pernean la sociedad entera. Su ubicuidad nos permite comprenderlo como una pasión universal que posee la capacidad de definir el sentido de nuestra existencia.

Puede parecer osado supeditar la epistemología a la sociología, es decir proponer la tesis que nuestras creencias, nuestros valores u órdenes de verdades se originan en un determinado contexto social. Un contexto social que se puede comprender en relación a su correlación específica entre los distintos poderes enfrentados.  Atribuimos al poder la capacidad de discriminar, de imponer una determinada dinámica de funcionamiento. Así, en cuanto premia unas acciones, castiga a todas aquellas que se sitúan más allá de sus lindes.

Nos parece sugerente una genealogía que rastrea el origen de la lucha entre los distintos poderes que han configurado nuestro específico sistema de verdades. La reflexión filosófica estriba en una lectura lenta de nuestro régimen de funcionamiento para desentramar aquello que se oculta deliberadamente. La tarea crítica nos permite entrecomillar lo evidente para aflorar lo marginado. La maniobra más audaz del poder es la necesidad de un orden para la convivencia humana, mientras la reflexión filosófica genera más incertidumbres que certezas. 

Realmente, la historia de la ideas nos demuestra que el proceso de vaciado de lo vigente, iniciado por la mayoría de los ideólogos, es una argucia para instaurar un nuevo régimen de verdades más adecuado. 
La crisis actual pone de manifiesto las grietas del orden vigente, de unas correlaciones de poder contradictorias, que no son capaces de dar respuesta a las demandas de sus miembros. El poder ubicuo se comprende en la medida que el hombre se alegra cuando su poder aumenta y se entristece cuando disminuye. Realizar una distinción entre el poder benéfico que nos proporciona autonomía y el poder maléfico de utilizar a las otras personas para nuestros proyectos es difusa por nuestra intrínseca sociabilidad. Nuestra identidad es indisoluble a la pertenencia a una determinada comunidad.

Esclarecemos el doble sentido del poder:

a.- Poder sobre alguien, a la capacidad de dominarlo.

b.- El poder de hacer algo, de ser potente.

La importancia de la acción, de la posibilidad de cambio se funda en el mismo dinamismo íntimo que posee la vida: tiende a extenderse, a expresarse, a ser vivida. Fromm entiende que cuando la tendencia se ve frustrada, la energía encauzada hacia la vida sufre un proceso de descomposición y se muda a una fuerza dirigida hacia la destrucción. La hostilidad se puede explicar como un producto de la vida no vivida. 

Cuando el poder se hace difuso, como en nuestras sociedades, su capacidad ansiolítica se desvanece. Ante la crisis actual no sabemos muy bien quien toma las decisiones porque a los que ejercen el poder nadie les pide responsabilidades. 
Si entendemos la libertad psicológica como la posibilidad de liberarse de controles externos, apuntalando los controles propios implica lo que podríamos llamar la maduración de la “fuerza individual”. La preponderancia de una “fuerza pública” difusa y plenipotenciaria puede ser un obstáculo para nuestro autocontrol personal. La hipótesis más plausible es plantearse la educación como el camino más conveniente para imprimir el gusto por la independencia personal.

Vamos a señalar tres ideas fundamentales que incluye la democracia para dilucidar un modo posible de alcanzar cierta “maduración individual”:

 a.- Democracia social: estado social de igualdad.

 b.- Democracia política: participación de los ciudadanos en la política

 c.- Democracia liberal: diferentes poderes que se controlan.

La democracia como sistema político implica la idea que un poder sin contrapesos tiende al absolutismo. La sociedad civil puede agrupar a unos individuos, que aislados serían insignificantes. Tenemos dos alternativas:   
      
a.-  Unirse al mundo en la espontaneidad del amor y el trabajo creador

b.- Buscar alguna forma de seguridad que con unos determinados vínculos destruirían su libertad y la integridad de su yo individual.

Fromm entiende que la estructura de la sociedad moderna afecta simultáneamente al hombre de dos maneras:

a.- Lo hace más independiente y más crítico

b.- Lo hace más solo, aislado y atemorizado.

La sociedad civil puede ser el antídoto para alejar al individuo del aislamiento y de sus temores. La independencia es un proceso arduo que se construye en la medida que somos capaces de desembarazarnos de las dependencias que nos atan. La distinción entre una libertad positiva ─la posibilidad de realizar un proyecto que se considera valioso para el conjunto de la sociedad o de la humanidad─ demanda de la pasión por el poder, mientras una libertad negativa ─la no interferencia por parte del poder público en mis proyectos individuales─ conduce a una cierta repugnancia hacia el sometimiento o el ejercicio del poder. La pregunta más acuciante ¿qué tipo de poder estamos dispuestos a otorgarnos para contrarrestar el poder ubicuo de una “fuerza pública” difusa y plenipotenciaria?
 


Publicado en: Filosofía
Email del autor: svillarp@gmail.com

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Comments

Andres
# Andres
jueves, 15 de enero de 2009 14:18
La sociedad esta en su fase adolescente, ha conseguido ciertas cuotas de libertad pero sin responsabilidad. Sigue esperando que los "papas gobiernos" arreglen todoslos problemas,pero "los papas gobiernos", que son los que realmente ejercen el poder, se preocupan solo de sus problemas y no de la sociedad. Los ciudadanos deben asumir la responsabilidad, que junto a la libertad le conducirá a la madurez y podrá formar un nuevo poder que controle a los que ya estan establecidos.
Libertad y responsabilidad, permitirá hacerse cargo de los muchos problemas que nos adolecen.
roberta
# roberta
viernes, 16 de enero de 2009 8:38
Es díficil cambiar la mentalidad para cambiar las relaciones de poder. Esto no ocurre solo a nivel político y social, lo v.emos cada día en todos los ámbitos. El laboral es uno de ellos y funciona igual que el político, son relaciones de poder verticales, desde arriba se oprime a los de abajo. El miedo es el motivo principal para doblegarse ante el poder, sino eliminamos ese miedo y restauramos la confianza en nosotros como individuos, no podremos cambiar la verticalidad
Dario
# Dario
viernes, 16 de enero de 2009 21:34
¡Bravo Roberta! El miedo es nuestro principal enemigo,vivimos atemorizados por todo pero esta crisis nos va a llevar a aprender a convivir con nuestros miedos o quizás a reconvertirlos en algo diferente y mucho más creativo.
André
# André
miércoles, 21 de enero de 2009 14:52
Santi, me encantan tus "notas".

André
Max
# Max
jueves, 22 de enero de 2009 23:09
Citando a un célebre político podemos pensar en aquello "hay que tener miedo al propio miedo". El miedo es el mejor argumento para socavar la "maduración de la fuerza individual". Los atemorizados siempre se unen al rebaño protector. Cuando de un modo u otro alzamos una nota discordante nos situamos en el límite, en un espacio fronterizo.
Si no somos capaces de ir más allá del "confort psicológico" que nos proporciona pertenecer a un grupo (que es punitivo con los descarriados) nos adormecemos..., y al levantarnos sentimos la náusea de no haber sido auténtico con nosotros mismos.
#
martes, 24 de febrero de 2009 15:51
Me gusta lo del miedo. Los políticos lo han utilizado a lo largo de los siglos. Son expertos en gestión del miedo.

El principal miedo, es a la libertad.
Libertad significa inseguridad, no saber que va a ser de uno. Libertad te lleva a ser el responsable de tu vida y de tus actos. Y eso es el problema. Nadie quiere ser responsable. Es más fácil echarle la culpa a los demás.

Vivir en una mentira, pero la mentira de todos. La libertad hay que ejercerla.

Hay que tener coraje para vivir peligrosamente libres. Es un bonito precio que vale la pena pagar.

He de decir que a nivel de empresa se están consiguiendo mejores resultados que a nivel político. Aunque todavía no es para tirar cohetes.

Un cordial saludo a tod@s.
Nemo
# Nemo
jueves, 28 de mayo de 2009 23:01
En la libertad negativa, que es proyecto individual, es donde el verdadero poder cobra sentido. El poder debe ejercerlo el individuo sobre sí mismo; es lo que podría denominarse autocontrol o autopoder. Este tipo de poder permite estructurar un orden interno de valores, capaz hacer frente a nuestros miedos e inseguridades.

Los otros tipos de poder, los que no atañen exclusivamente a nosotros, los que necesitan la participación de los demás, son poderes dependientes que coartan nuestra la libertad y prostituyen los verdaderos valores. Además, estas clases de poderes, basados en falsas ambiciones, nos aíslan de los demás.

El poder público, político, social o empresarial es siempre jerárquico, y el individuo, en estos casos, es un medio. Es decir, es objeto y en ningún caso alcanza la categoría de sujeto.

El poder real está relacionado con la confianza, no con la posesión. Nunca hay que confundir "poseer" con "ser". Poseer, en el sentido de acumular, no garantiza nada al individuo. Al reves, le vuelve más temeroso y desconfiado, más inseguro, menos persona.

El hombre se alegra cuando su poder aumenta. Sí, pero su poder interno; es decir, su confianza, su seguridad, su autoestima. La tristeza es más propia del que acumuló y subió socialmente utilizando a los demás, porque en esa burda ascensión dejó mucho atrás, y sólo al coronar su triste y ridícula cima pudo darse cuenta de su absoluta soledad.

El proyecto individual debe siempre prevalecer sobre el proyecto social. La identidad social no garantiza la identidad personal -a veces, incluso, nos desvincula de esta.

El poder-jerarquía en la sociedad es omnipresente. Es decir, tiene el don de la ubicuidad. Se manifiesta en cualquier ámbito de la misma. El hombre, como individuo, debe evitar asimilar este tipo de poder. Los valores sociales que nos inculcan con la educación, generan dependencia. Un individuo bien educado es un peligro para el orden del que se sirve el poder

Tanto la dependencia, como el poder mal entendido, ponen en riesgo la libertad del individuo, que es la que de verdad puede dotar de sentido su existencia.

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