posted on enero 13, 2009 05:00

Los líderes políticos no pelean entre sí para tener poder, sino para realizar la gestión que se espera de ese poder, puesto que éste se ha desplazado desde el público al mundo de la economía y, especialmente, de las finanzas.
Este poder es posible gracias al pensamiento único: “la traducción en términos ideológicos de pretensión universal de los intereses de un conjunto de fuerzas económicas, especialmente los del capital internacional”.
La globalización ha superado a los Estados. De los cincuenta individuos más poderosos del mundo, no puede identificarse ni a un sólo político.
Y los foros, como el de Davos, los reúnen entre sí. En este panorama son necesarios nuevos poderes y los medios de comunicación constituyen una vía muy trascendente de poder.
“La conquista de audiencias masivas a escala planetaria desencadena batallas homéricas”.
Los Estados totalitarios de las décadas de los treinta y cuarenta mostraron sin tapujos los efectos de los procesos de adoctrinamiento. Desde entonces, la tecnología ha superado los peligros de manipulación que anunciaban George Orwell, Thomas Mann, Theodor Adorno, Walter Benjamin... se han quedado cortos.
Hoy, las estructuras de normalización que se encargan de garantizar el pensamiento único van más allá del efecto de la familia El primero de todos ellos es la nueva canguro: la televisión.
Uno de sus consecuencias más notables y que más impresionan a la opinión pública es la violencia, como en el caso de los niños homicidas que imitan los asesinatos que ven en sus series y películas preferidas. La Asociación americana de psicología denunció en los años noventa que los niños estadounidenses ven en la televisión, en sus cinco años de escolaridad básica, unos ocho mil asesinatos y unos cien mil actos violentos.
Cifras igualmente elevadas se alcanzan al calcular la cuantía de emisiones violentas en todo tipo de programaciones y países. Hay que considerar que los niños sólo ven programas para niños en un 30% del tiempo que dedican a ver televisión.
La televisión impone también la emoción sobre la razón y ayuda a configurar los criterios sobre los bello, el bien, lo justo y lo verdadero. Uno de los recursos son los anuncios. Se calcula que un niño francés verá unos cien mil anuncios hasta sus doce años de edad.
La publicidad ha llegado a tal punto que carece de sentido plantearse si dice o no la verdad, puesto que su campo de acción no es la lógica. La publicidad, por tanto, no es refutable.
“Los dibujos animados, de los que los niños siguen siendo grandes consumidores, no se refutan tampoco.
Si es cierto que algunos son de notable calidad poética y una riqueza para la imaginación, muchos otros presentan un modo simplista, maniqueo, atestado de prejuicios y extremadamente violento
(41 actos de violencia por hora, de promedio, en los dibujos animados americanos)”
Otra fuente de aprendizaje la constituyen los videojuegos. Las tres cuartas partes de los niños franceses suelen jugar a ello regularmente. Y suelen consistir en la recreación de enfrentamientos, donde hay que aniquilar al enemigo para sumar puntos. No nos extraña pues que siga aumentando el número de delitos cometidos por jóvenes en Francia y EEUU.
Las técnicas de persuasión “tienen por objeto permanente la domesticación de las mentes”. Ejemplos son la publicidad, los sondeos y el marketing.
Los sondeos recogen información útil para tomar decisiones sobre qué pensamos, qué opinamos o qué sentimos y, sobre ello construir acciones concretas. A su vez, la publicación de los resultados ayuda a que la población de indecisos tienda a alinearse con la mayoría.
Y el marketing pone en marcha procesos impresionantes para conseguir que incrementemos el consumo y de una forma determinada. La disposición espacial de los hipermercados, la música de fondo, la organización de los estantes... todo obedece a un plan, nada se deja al azar.
La coacción se complementa con la vigilancia y su ejercicio se ha sofisticado y diversificado enormemente.
Proliferan las cámaras de vídeo por las calles y centros de trabajo. Los departamentos de recursos humanos llevan fichas de los empleados con sus estados de ánimo, opiniones, creencias religiosas... Y los servicios de policía llevan sus propias cámaras en manifestaciones y situaciones especiales.
“Y cuando el condicionamiento masivo, la vigilancia y el control se vuelven ineficaces, queda, como se ha podido ver en la película de Milos Forman Alguien voló sobre el nido del cuco, una última herramienta de la ingeniería del consentimiento: los tranquilizantes y los ansiolíticos”. En 1993, se consumieron 80,9 millones de cajas de psicotrópicos en Francia.
“Agotados por el trabajo, horrorizados por el paro, angustiados por el porvenir, hechizados por la televisión, aturdidos por los tranquilizantes, los ciudadanos sufren un adoctrinamiento constante, invisible y clandestino”
Antes, la prensa era una esperanza, pues contaba los acontecimientos y suministraba los parámetros pertinentes para comprenderlos (¿Qué? ¿Quién? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Causas?
¿Consecuencias? ¿Contexto?...) Pero la televisión ha impuesto su discurso a la prensa: asistir en directo a los acontecimientos bajo el lema ver es comprender.
Pero aunque veamos al Sol salir, es la Tierra la que se mueve. La razón y el razonamiento son los que hacen comprender, no los ojos. Volvemos a la era prerracional, que ahora llamamos era de la imagen. Ahora parece que estar informado es ver una selección de imágenes de cosas que ocurren en tiempo real. La información es imagen, la actualidad es imagen, el momento es el ahora y la veracidad es la repetición: cuanto más se repite algo, más verdad parece.
Pero los informativos de televisión se estructuran como una ficción, con el objetivo de distraer, no de informar.
La densidad y velocidad de sus imágenes sobreinforma y desinforma al mismo tiempo y su efecto es más publicitario que cívico. “Informarse cansa y a este precio el ciudadano adquiere el derecho de participar inteligentemente en la vida democrática”.
“El sistema de información se ha pervertido; dominado por la televisión, cogido en la trampa de las apariencias, muestra sin comprender, y excluye, de hecho, del campo real aquello que no muestra”.
La impresionante capacidad efectiva de influir y manipular hace de
los medios de comunicación un bocado exquisito para el poder económico, de tal forma que se suceden las fusiones y las compras de medios, muchos de ellos a manos del mundo de las finanzas.
La información es una mercancía.
Y se genera tal sumisión en los ciudadanos que la indiferencia resultante se ha bautizado como consenso. Y esto no es asunto de la democracia, no hay guardias ni control. Es el mercado.
“A sus ojos, el poder político no es sino el tercer poder. Antes está el poder económico y luego el poder mediático. Y cuando se posee esos dos, como bien ha demostrado el Italia el Sr. Berlusconi, hacerse con el poder político no es más que una formalidad”.