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“Comprender entraña inevitablemente razonar. Tenemos que “leer” lo que sentimos y lo que parece que vemos, y preguntar qué indican esas percepciones y cómo podemos tenerlas en cuenta sin sentirnos abrumados por ellas.”

Amartya Sen. “La idea de justicia”

Una gran parte de las teorías de la justicia se han planteado la naturaleza de la justicia perfecta, mientras han obviado el mejoramiento y la superación de la injusticia en los contextos históricos y sociales. Amartya Sen nos propone un razonamiento práctico que nos permita reducir la injusticia y avanzar hacia la justicia, en lugar de orientarse tan sólo a la caracterización de sociedades perfectamente justas.

El argumento central del enfoque contractualista (Hobbes, Rousseau, Kant o Rawls) es la posibilidad de identificar unos esquemas sociales perfectamente justos. Por otra parte, el enfoque comparatista (Smith, Condorcet, Bentham, Marx o John Stuart Mill) se centra en comparar las diferentes maneras en que las personas podrían orientar sus vidas.

El enfoque comparatista propuesto por Sen no presupone el rechazo frontal del razonamiento y el escrutinio imparcial (eje central la justicia como equidad de Rawls). Un enfoque comparatista, sin la posibilidad de el escrutinio imparcial de las distintas posiciones enfrentadas, puede conducirnos a la “tolerancia indiferente” (“tú tienes razón en tu comunidad y yo tengo razón en la mía). La realidad tozuda (con sus desmanes constantes) abona el escepticismo acerca de la efectividad práctica de la discusión razonada. Podemos plantearnos la hipótesis que el alto grado de sinrazón que nos envuelve depende, en gran parte, de nuestra insólita capacidad para adornar con algún tipo de razonamiento nuestros prejuicios. Así, la sinrazón no consiste en abandonar por completo el uso de la razón, sino más bien en confiar en razonamientos muy primitivos y defectuosos.

El envite de Sen es la posibilidad de la existencia de un espacio para el encuentro razonado, a pesar de que es consciente que muchas personas rehusarán participar en el desafío. Entiende que “razonar no es más que pasar de la observación de una tragedia al diagnóstico de una injusticia”. La objetividad de una teoría de la justicia puede descansar en la sensatez, de modo que ser más sensatos nos ayuda a pensar con mayor claridad sobre nuestras preocupaciones y responsabilidades sociales. No cabe duda que la pasión puede ser a veces más poderosa que la razón, de hecho parece ser que la primera percepción de lo justo y lo injusto no puede ser objeto de la razón, sino de los sentidos y los sentimientos. La “senda de la razón” no excluye la valoración de las reacciones instintivas, ni el papel de nuestras pasiones.

La “senda de la razón” ha sido explorada por Adam Smith con el espectador imparcial y por Rawls con la justicia como equidad. En este texto vamos a plantear la posibilidad de una teoría de la justicia en base a una ética de la responsabilidad. La libertad exige tanto la posibilidad de elección como la responsabilidad en relación a las decisiones adoptadas. Actuamos sensatamente cuando nuestra ética descansa tanto en el principio que asume “dejar que los otros sean” (el polo de la libertad) como el que “no puede eludir mi responsabilidad en relación a las injusticias que se comenten” (el polo de la responsabilidad).

La sensatez puede ayudarnos a entender no sólo el interés en sí mismo (a pensar mejor nuestros fines, objetivos y valores) sino también cómo las vidas de otros pueden ser fuertemente afectadas por las propias acciones. La hipótesis de la “senda de la razón” con la sensatez implica que el sueño de la imparcialidad puede resultar muy oneroso. La imparcialidad puede entenderse como un principio ético, pero quizá la propuesta de una ética cimentada en la libertad consustancial de todo ser humano y la responsabilidad nos proporcione la posibilidad de una teoría de la justicia que no obvia los ideales de la ilustración (la posibilidad que la razón nos haga mejores) y, a su vez, sea capaz de atajar los excesos de las ideologías (que en nombre de un proyecto liberador se olvidan del sacrificio de innumerables vidas humanas).

 

Publicado en: Filosofía
Email del autor: svillarp@gmail.com

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Comments

German
# German
lunes, 03 de mayo de 2010 7:16
Totalmente de acuerdo,conozco el nuevo libro de Amyta SENN y dice verdades que nadie quiere oir,sin embargo nos enfrentamos a una justicia corrompida que solo está al servicio de los poderosos y que deja de lado a"miles de victimas".Sin ir más lejos,aquí en España,lo que está pasando con el juez gARZÓN Y LA MEMORIA HISTÓRICA ES DE VERGUENZA.Qu e unos fascistas puedan llevar a juicio al único juez que se ha atrevido a a ello,dá una idea tenebrosa del estado judicial de España.En éste caso y en otros la razón y la sensatez brillan por su ausencia.Si éso pasa en un país del llamado primer mundo que no pasará el los del tercer y cuarto .Pero si en otros se pudo hacer,por qué aquí no?.La justicia está superideologizada y desde luego muchisimas veces la sinrazón campa a sus anchas.
adolfo
# adolfo
martes, 04 de mayo de 2010 1:16
Lo siento Germán, discrepo de tu perspectiva en el tema del juez Garzón. Desde luego la justicia está superideologizada cuando un grupo social es capaz de defender a un juez solo por el hecho de que sus dictamenes se muestren a favor de la postura ideológica que ese grupo defiende, aunque ni siquiera fueran su jurisdicción, olvidando además que el citado juez a usado durante años su cargo y sus funciones para hacer, deshacer, favorecer a unos o perjudicarles cuando le interesaba. Aparte de que dicho juez, que precisamente por su repercusión y su posición de elevada responsabilidad habría que suponerle un sólida formación ética, está también encausado aunque los medios parecen olvidarlo, que casualidad, por haber solicitado dinero de forma directa al director de un banco para pasarse un añíto sabático en NY, para al volver a su juzgado archivar una querella que implicaba a dicho banquero de forma directa. Solo dicha acusación de la que con los datos que existen y son públicos a día de hoy, no sé si se le podrá condenar judicialmente, pero para mi como ciudadano es culpable moralmente, sería bastante para que la gente se lo pensara un poco antes de salir a la calle a partirse la camisa por el personaje.

En cuanto a lo de intentar defender al personaje basándose en la descalificación de los que le acusan volvemos al punto de partida. Si esto es una democracia no podemos hacer distinciones, aquí no hay buenos ni hay malos, todos somos iguales en derechos y pese a que tanto a tí como a mí nos parezcan deplorables los principios ideológicos que estos grupos defienden, tienen todo el derecho a usar la justicia si lo creen oportuno.¿o que democracia y que justicia es esta que de entrada ya decide quien tiene derecho a acusar y quien no basándose en la supuesta bondad de una postura ideológica?

Si el señor garzón es inocente lo dirán los tribunales que nos han servido y en los que hemos confiado hasta ahora y si no lo es tendrá que pagar como cualquier ciudadano. Eso es la democracia. Lo otro, es ese frentismo ciego al que una izquierda sin argumentos , perdón he debido decir un PSOE, partido que de izquierda ya no le queda más que la referencia ideologica instrumentalizada para fines electorales, está llevando a la sociedad para sacar tajada electoral de unas heridas que estaban cerradas y que estos insensatos no han tenido reparo en reabrir.
adolfo
# adolfo
martes, 04 de mayo de 2010 1:19
Perdón "Ha usado", disculpad la patada ortográfica.
Nemo
# Nemo
viernes, 21 de mayo de 2010 22:08
Cualquier ideología no es más que la colectivización de una o varias ideas. Por lo tanto, lo verdaderamente importante no es la ideología en sí, sino su vertiente gregaria.

Las ideas compartidas, cuando alcanzan una dimensión "crítica", corren el peligro de dogmatizarse. Y, como es sabido, los dogmatismos son excluyentes, rígidos, intolerantes e intolerables. La idea muere en el dogma, porque pierde su carácter dinámico y su particularidad : las razones que desarrollaron la idea se han vuelto rígidas, han cristalizado; y ahora prevalece la fuerza del colectivo.

En una sociedad puede haber tantas ideologías como colectivos, pero la relación existente entre éstos siempre es de fuerza, porque cada uno de ellos atiende a intereses diferentes. La labor de la justicia consiste en establecer un equilibrio entre las diferentes fuerzas que forman el mosaico ideológico.

El espacio para el "encuentro razonado" que propone Sen, en realidad es como un tablero de ajedrez en donde el valor de las piezas y su posición determinan el resultado de la partida. En el fondo, este espacio propuesto por Sen no es un encuentro razonado, sino "negociado" en función de la fuerza de cada "adversario" ideológico.

La justicia, en su ideal de imparcialidad, trata de imponer la ética del respeto, de la objetividad. Porque, aunque parezca una contradicción, para poder ser hay que dejar que los demás también sean. Quizá la razón sea sólo un adorno pasional del ser humano: la excepción que confirma la regla de su irracionalidad.

Es posible que, poco a poco, extrayendo esa veta de racionalidad, de sensatez que se alberga dentro de cada individuo, la sociedad consiga apartarse de los excesos ideológicos que pervierten la justicia. Tal vez entonces el individuo logre responsabilizarse de su libertad, pues no puede haber libertad sin justicia ni justicia sin libertad.


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