Toni Pons posted on diciembre 31, 2008 05:00

Tras la bomba de "Hiroshima", tras esa catástrofe provocada por el hombre, la percepción del arte en Japón se modificó como si la radioactividad se hubiera inoculado muy adentro de los espíritus creativos de ese pueblo.
El pueblo japonés había desarrollado durante centenares de años una tradición ininterrumpida de artes escénicas y teatrales. Las más recientes o conocidas por los occidentales, eran el teatro Kabuki y el teatro "no", estos dos sistemas de teatro habían atraído poderosamente la atención de occidente, muchos escenográfos occidentales se dejaron impregnar por su estética, reflexiva y gestual. Sin embargo, después de la bomba atómica fue surgiendo en el teatro japonés una variante "escalofriante" de esos sistemas tradicionales, al cabo de varios decenios se fue configurando lo que hoy se llama "el butho", la última y nueva entrega dentro de la cadena de escenografía japonesa .
La danza butho surge de la observación de los cuerpos al recibir un fuerte impacto imprevisible. Surge en parte de las fotografías de los cuerpos, algunos captados en el mismo momento o poco después de la explosión atómica. Muchos cuerpos se desintegraron y dejaron en el suelo a modo de sombra o fotosíntesis tras el impacto, sus contorsiones, sus siluetas a guisa de una enorme sábana santa, dejaron impresos sus cuerpos, dejaron sus sombras como una escritura, como un texto, donde se pueden leer en gestos humanos el epilogo de la escalofriante destrucción que provocan instantáneamente las fuerzas desatadas, las energías desbocadas de los hombres.
Los creadores japoneses se zambulleron en esos gestos, intentando encontrar un código, un mensaje de esos cuerpos volatizados. Se dijeron: "los cuerpos han sido engullidos por el espacio, es el espacio en sus laberintos interiores, los que en sintonía con los cuerpos desenrollan el movimiento, allí dentro de ese espacio donde desaparecen los cuerpos se encuentran los arcanos de las emociones y los gestos, cabe por lo tanto conocer ese espacio que atrae a los cuerpos, que de alguna forma los dirige y los conduce, solo tenemos una posibilidad de resurgir ante tanto sin sentido y horror, y es el de dar valor y sentido a los que sufrieron de la bomba, y ese sentido y valor de tantas vidas, solo es posible si leemos sus cuerpos, sus sombras y alcanzamos una nueva comprensión del espacio y de los gestos, y de los ritmos anudados a los sentimientos".
Toda esa topología de la danza "butho" nos abre hoy un camino.
Tanta energía destructiva para un solo cuerpo, tanta desproporción y caos por centímetro de cuerpo, deja una huella en todos los cuerpos, un conocimiento amargo que impregna a modo de red a todos los cuerpos del género humano, de los que viven y de los que están por venir.
Y hemos de aprender de ese amargo conocimiento para que no se vuelva a repetir una onda expansiva así en todos los cuerpos de la tierra. Hace dos mil años aproximadamente, el Vesubio estalló, arrasó y subsumió Pompeya de ceniza, y lavas candentes… aún hoy podemos ver esos cuerpos carbonizados, sus gestos, sus momentos. Muchas historias se han escrito sobre ellos, está vez sorprendidos por una catástrofe natural, la única diferencia es que esos hombres, esas figuras retorcidas o acurrucadas, aún conservan el volumen y sus gritos congelados en la mueca de sus rostros.