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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
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La creatividad puede abordarse desde cuatro aspectos: el producto creador, la personalidad creadora, el proceso creador y la situación creadora.

Definir una actividad como creadora comporta un juicio de valor. Un juicio de valor es una apreciación que se cimienta en determinados ideales. Así, parece que necesitamos un determinado “marco de referencia” para emitir juicios de valor y apreciar las actividades creativas. Por otra parte, una actividad creadora como tal se sitúa en los límites de nuestro “marco de referencia”. En cierta manera podemos plantearnos la hipótesis que la tensión entre lo familiar y lo extraño definen las actividades creativas.

Un producto creador nos produce tanta extrañeza como familiaridad. Solemos reconocer la relación inédita que nos desvela, a la vez que nos proporciona una novedosa respuesta a una cuestión aparentemente resuelta. Detrás de un producto creador encontraremos un determinado ideal, que con su voracidad ha ido dando forma a una peculiar elegancia. Más allá del perfil del producto creativo como novedoso, adaptable u original, planteo el criterio de la elegancia, entendida como en “su aparente simplicidad se oculta una gran complejidad y en su complejidad esconde una enorme simplicidad que envuelve muchos elementos en un todo sencillo”.

La propuesta es atender a la elegancia como un estilo, como una actitud más que una aptitud. Todos nos hallamos en un principio dotados de un potencial creador, pero parece que lo vamos soterrando con el paso de los años. En la conducta infantil puede apreciarse el poder creativo como algo universal, mientras que en los adultos es una cualidad excepcional. Nuestra primigenia elegancia se manifiesta en la actitud sempiterna de asombrarnos por lo que acaece (no en vano, filosofar es la actitud de plantear preguntas insistentemente). Con el pasar del tiempo, vamos limitando nuestra capacidad para abrirnos a nuevas experiencias (desgraciadamente creemos que sabemos demasiado), nuestra actitud independiente se doblega a las exigencias del guión adulto (nos muestran que el precio de la independencia es el aislamiento) y, finalmente, nuestro yo debilitado por los innumerables reveses se acomoda a la anodina fuerza de la supervivencia (nos enseñan que vida tiene que vivir por nosotros). La elegancia como actitud es un fruto que emana de lo que los psicólogos han teorizado como lo tres rasgos de la personalidad creadora: apertura a la experiencia, independencia de juicio y fortaleza del yo.              

Una creatividad circunscrita en el ámbito de la excepcional capacidad de producir creaciones originales no nos permitiría distinguir (como Maslow nos propone) entre la “creatividad debida a un talento especial” de la “creatividad de las personas que se autorrealizan”. Al centrarnos en la autorrealización podemos plantearnos la creatividad como una actitud que deviene de la “disposición a nacer cada día” (Fromm). Una actitud que enfrentándose a una realidad compleja y conflictiva busca liberarse de las dependencias ambientales uniformantes para alcanzar un régimen de vida en el que el Yo lleva las riendas del comportamiento por medio de la voluntad creadora. El grito nietzschiano por la voluntad creadora nos emplaza a liberarnos de la “ruta” que nos han asignado por nacer en un lugar y un momento determinado. Una liberación que puede resultar dolorosa, pero que nos permite “montar nuestro propio espectáculo”. Tomar conciencia implica aceptar nuestros condicionamientos y tener el valor de escribir nuestro propio “guión”.

Podemos ser conscientes de nuestro propio “guión” y sentirnos angustiados porque no tenemos fuerzas para ser sujetos de nuestro propio destino. Suele ocurrir que ante sucesos vitales primordiales nos planteemos el sentido de nuestra propia vida. Así, la crisis son unas épocas de mutación que reclaman insistentemente la elegancia de los actos creativos.

Al sentirnos objetos convergemos y nos vemos incapaces de producir un pensamiento divergente (Guilford). La elegancia nos impele a combinar el pensamiento convergente con el divergente. La elegancia de los actos creativos estribaría en la posibilidad de desestructurar o desconfigurar para volver a reestructurar o reconfigurar. Nos podemos preguntar  ¿Dónde podemos encontrar la elegancia necesaria para estos tiempos de mutación?

 

Publicado en: Filosofía
Email del autor: svillarp@gmail.com

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Comments

Lali
# Lali
jueves, 25 de febrero de 2010 10:38
Santiago, al leer tu artículo me has remitido a un poema que escribí hace poco, y que a mi juicio (individual) tiene que ver con lo que estás explicando: con las identidades que hay que dejar morir en nosotros, para ser verdaderamente creativos, para volver a ser niños que se asombran de todo y no enjuician ni se enjuician. Ahí va:


Desde que entró la razón en mí
creí que si hacía
lo que me decían
tenía valor:
el valor que me daban los demás.

Por mí misma,
por ser y existir,
sin hacer,
tan sólo vivir,
no valía nada,
no servía.

No celebrábamos
la alegría de existir,
de estar vivos.

Así pasaron los años
y a base de repetir
me lo creí.

Así sufrí
durante mucho tiempo,

por creerte
por quererte
y no reconocer
cuán lejos estábamos
de la realidad
toda la humanidad.

Mi cuerpo se abrió al placer,
disfruté de otros cuerpos,
de amar y entregarme,
de vivir, de ser madre,
aunque algo faltaba:
la simple alegría
de estar viva,
sin necesidad de cumplir,
de servir.

Me casé, entonces, con la muerte,
con el adiós y el fin
de lo que empieza
sin definir

y durante años, una década,
vagué por el desierto
de la nada,
muriendo y resucitando
para, de nuevo, resurgir
visitando la paz del infierno,
la vida de Caín
sin Abel,
deambulando sin rumbo
alegrándome de hallarme perdida
del todo, por fin.

Aunque el cuerpo proseguía
su vida,
mi yo quería morir,
morir para fundirme contigo
de nuevo
y renacer sin yo,
sin piernas ni corazón
que me llevasen, de nuevo,
a la eterna rueda de existir
sin sentido,
sin sonido,
vacía de mí.

Imposible:
la rueda del samsara
derrotó al mí
al yo
y ahí morí,
cuerpo con cuerpo,
olvidada de mí,
de ti ,

hasta que sin buscarlo
el verbo nació
en cada nueva respiración
para volver a morir
sin sentido aparente,
sin mi-yo vida conceptos
sujetos al mí, al ti,
al nosotros

para proseguir

sintiendo
respirando
pensando
creando
percibiendo,
siendo,
dejándome llevar
eternoaprendiendo

sin aparente razón.
Monica
# Monica
jueves, 25 de febrero de 2010 11:27

Gracias a los dos, Santiago y Lali, los dos mensajes, cada uno empleando un lenguaje tan distinto del otro, se conectan como las ramas de un arbol.
Que curioso que sea tan complicada la sencilla celebración de la vida...cómo es que olvidamos sentirnos vivos y pasan los dias, los meses y los años en esa desmemoria.
"Tener el valor de escribir nuestro propio guión con elegancia creadora...sin aparente razón".
Monica
# Monica
jueves, 25 de febrero de 2010 11:27

Gracias a los dos, Santiago y Lali, los dos mensajes, cada uno empleando un lenguaje tan distinto del otro, se conectan como las ramas de un arbol.
Que curioso que sea tan complicada la sencilla celebración de la vida...cómo es que olvidamos sentirnos vivos y pasan los dias, los meses y los años en esa desmemoria.
"Tener el valor de escribir nuestro propio guión con elegancia creadora...sin aparente razón".
Maria Oliver
# Maria Oliver
jueves, 25 de febrero de 2010 20:29
...ala! le di a una tecla tontamente y borré un larguísimo comentario.... bueno, a lo mejor se trata de que mande ahora una elegante síntesis...
Estoy con Mónica en los agradecimientos a Lali y Santi.
Santi desarrolla, tira de un hilo, plantea una cuestión... y Lali, poeta, ofrece pa muestra su botón. Gracias a los dos.
Me gusta especialmente el concepto de elegancia que maneja Santi. Si entiendo bien, esta emanaría naturalmente de un sujeto que fluye, que confía en sus actos, en la alineación de estos: a su deseo --creatividad-- y a su poder (poder hacer, capacidad... talento y límites). El fluir es elegante. por eso hay que tener valor para escribir nuestro propio guión, como señala Mónica vitando a Santi...
tener valor: ser valientes para deshacerse de corsés, de prejuicios, de creencias, de los mil moldes externos que nos dan forma i figura y recuperar nuestra esencia, sin olvidar los límites... hace falta mucho valor, mucha firmeza.. valor, valentíua y valor de valer, hay que sentir que uno vale su peso en oro, con humildad, como todo hijo de vecino vale su peso en oro... uf! eso es tan difícil!!!
En finb, voy cortando, que la cosa da pa muscho! y más cuando se expone cpon tanta sutileza

La cosa es responder a la retórica pregunta del final... Y la respuesta es una: en nosotros, en todos y cada uno de nosotros... siempre que hayamos decidido escribir ese guión... siempre que nos hayamos prometido a nosotros mismo, todos y cada uno en su fuero interno, fluir con elegancia, con la transparente elegancia de la simplicidad... y siempre que no cejemos, aun con los obstaculos, meandros y errores, de intentar vivir en esa elegancia... (que no es sino transparencia del fluir, no?)
Maria Oliver
# Maria Oliver
jueves, 25 de febrero de 2010 20:40
Y SI, ANTE LA CRISIS, ELEGANCIA... Afrontar une metamorfosis con elegancia, esa es la clave....
aprovecho y agradezco de nuevo artículo y comentarios... que me he quedado como flotando, bailando suave en torno a esta cosa de el baile de la mutaciones... que al revoloteo de la mariposa lo precede el esfuerzo de la pupa por deshacerse de la crisálida... para que la mariposa sea y vuele, debe la ninfa deshacerse de la cáscara en que ha madurado y desechar esa fieja y, ahora, estéril forma... debe vaciarla, dejarla hueca.... ¿No será esa la forma? Abandonar las formas que nos han permitido madurar (capitalismo, familia convencional, yoes varios, falsas identidades...), vaciarlas de contenido, ahuecarlas, para echar a andar, a volar....
uffff, un abrazo... mil gracias, esto de hoy es puro pensamiento piético! (poiein, significa crear en griego...)
Gabriel
jueves, 25 de febrero de 2010 21:11
Grande, inspirador, ciertamente muy elegante!!
Gracias!
G
Luis
# Luis
viernes, 26 de febrero de 2010 0:51
Bonito, sí; y emotivo y, hasta diría que cierto.
Aún así, somos seres sujetos a una homeostasis (mantenimiento de un equilibrio fisiológico) que nos obliga a satisfacer necesidades elementales (nutrirnos sería la única indispensable, junto al descanso) y nuestra organización nos obliga a pasar por un aro para conseguir satisfacerlas. Éso es una esclavitud y cada uno tenemos nuestra propia esclavitus según el nivel de satisfacciones que queremos alcanzar. El mendigo que tiene una cultura mayor que la mía (por ejemplo) ¿es más o menos libre que yo? el broker que viaja todo el año por los mejores hoteles pero que no descansa ni cuando duerme ¿es más o menos esclavo que yo?
Cualquiera puede ser esclavo en un paraíso o libre en una cárcel según él lo determine pero lo que yo entendía en "Así habló Zaratustra" era que, cualquiera que fuera ese guión del que hablais, deberíamos aprendernoslo a la perfección y ejecutarlo con toda la maestría de la que fueramos capaces. Y éso es VIVIR con mayúsculas y ¡claro que perdemos la inocencia de la infancia y la bisoñez de la adolescencia! y ¿qué más no perderemos en este largo camino? Pero es en VIVIR el guión (sea el que sea) aunque sea cambiando con plenitud de conciencia el que se nos había asignado, donde está la gracia y precisamente donde la sabiduría del viejo nos enseña su aplomo y su comprensión del sentido de la vida y de sus cambios, involuciones, revoluciones y evoluciones incluídos:
No sé si será ésta la vida que yo habría elegido vivir pero es la que he VIVIDO y sabiendo que nada tiene retroceso pués el tiempo avanza inexorable, de qué me servirá quejarme, a quién plantearé mi queja (quien tenga dios ya sabe).
Disfrutad de lo que haceis y, si no podeis porque os lo impide vuestar esclavitud de vuestra idelogía, de vuestros principios, de vuestras modas (cada cual tendrá las suyas) cambiad de guión tan rápido como podais ¡y llevaos a quien sea por delante! (ya dirá el tiempo si os debeis o no arrepentiros) eso sí, con VUESTRA ÉTICA si no la considerais otra esclavitud más. Pués esa ética será a la que sí nos ceñiremos para juzgarnos a nosotros mismos por mucho que la enterremos con la rutina. Pero ése es nuestro guión y nosotros los creadores. Y si ahora toca cambiar y hacer de ejcutivo agresivo éso seré y si mañana QUIERO SER un monje éso seré y si, mi rebelión me empuja a ser un poscrito actuaré en consecuencia.
Ahí está, Santiago la ELEGANCIA que buscas (creo) en la aceptación de esa batalla diaria o mensual o atemporal por mantenernos aquí ante cualquier circunstancia y hasta en la no aceptación, me atrevería a decir.
Saludos, 3 12 24 27 36 42
Nemo
# Nemo
viernes, 12 de marzo de 2010 17:24
La experiencia se alimenta de lo cotidiano, de la repetición. Para el hombre, la experiencia, junto a su instinto gregario, forman la base de su seguridad. Pero, ¿qué ocurre cuando esa cotidianidad se rompe?, ¿qué pasa cuando esa seguridad y ese gregarismo se ven amenazados?

Los tiempos de mutación, los tiempos de crisis, nos brindan la oportunidad de abandonar esa convergencia inconsciente e instintiva de "objeto", y diverger elevándonos a la categoría de "sujeto".

Las crisis nos dan la posibilidad de contactar con lo más íntimo de nuestra personalidad; nos permiten salirnos de "el guión" para crear nuestro propio guión. La creatividad es siempre pensamiento divergente (en términos intelectuales, es imposible crear sin haberse desvinculado, sin haber destruído previamente los lazos con lo cotidiano).

El hombre creativo es explorador, fugitivo, furtivo y desertor. Desertor de un guión que sólo permite pensar de una determinada manera. El hombre creativo sabe que la seguridad no existe; que la confianza ha de estar depositada en uno mismo, y no en los demás; y que las ideas, los ideales y los valores pertenecen, única y exclusivamente, al ámbito de lo privado.

Crear es dejar de lado el gregarismo objetivo para intentar afirmarnos como sujetos. El individuo creativo es capaz de cuestionar cualquier "guión". Ese guión es sólo parte de su pensamiento, pero no la totalidad del mismo. Es decir, el individuo creativo abarca mucho más que ese guión. El individuo que no es creativo, es abarcado en su totalidad por un guión que no es el suyo.

Las crisis sociales son consecuencia de la falta de creatividad individual. Cuando todo el mundo piensa de la misma manera, cuando todos queremos lo mismo, cuando la mayor parte de la sociedad tiene las mismas creencias y valores, entonces se produce el colapso social.

Las crisis -como muy bien dices, Santi- son épocas de mutación que reclaman la elegancia de los actos creativos. Si la elegancia consiste en la gracia, la nobleza y la sencillez de nuestros actos creativos, que mejor creación que la de crear nuestro propio modo de vivir, nuestra propia vida.



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