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Después de hacer mi repaso diario a la prensa digital, la lectura de las noticias internacionales me deja de nuevo esa sensación de que la humanidad está llegando a una línea divisoria en la historia. El mundo que hemos creado ya no es sostenible: o cambia o se destruirá. La pregunta ya no es si habrá un cambio, sino cuándo ocurrirá y a qué precio.

Pero las noticias puntuales no nos pueden hacer olvidar que hoy, en un sólo día, más de 100 especies animales o vegetales se han extinguido, alrededor de 20.000 personas han muerto de hambre, más de 3.000 personas han muerto por agua contaminada y más de 10.000 han sido infectadas de SIDA. Son sólo algunos datos de un mundo que o cambia o se autodestruye.

Las tendencias actuales hacia la superpoblación, el consumo de recursos, la militarización, la injusta distribución de la riqueza, y la degradación del medio ambiente hacen que nuestro futuro no esté asegurado. O creamos un sistema de organización social, económico y político pacífico y sostenible, una nueva civilización planetaria, o descendemos hacia la propagación del terrorismo, el crimen y la guerra, con crecientes choques culturales, conflictos políticos, crisis financieras, interrupción de los suministros de energía y degeneración ecológica con más catástrofes naturales producidas por los seres humanos. Todavía tenemos la capacidad de optar por uno u otro camino.

El mejor camino hacia la civilización planetaria es un camino cultural: el camino de la adopción de valores y comportamientos adaptados, un cambio/evolución de la conciencia. Esto debe surgir en una masa crítica dentro de la sociedad civil; porque en ausencia de dicho cambio cultural, los líderes políticos y de negocios permanecen impotentes para efectuar los cambios necesarios. Los primeros por falta de apoyo popular y los segundos por falta de la adecuada demanda en el mercado.

Nuestra conciencia articulada no constituye una parte integrante permanente: según el testimonio de la antropología cultural, se ha desarrollado, de forma gradual, en el transcurso de los milenios. En la historia del ser humano su cuerpo no ha cambiado significativamente, pero la conciencia humana sí, y si la humanidad sobreviviera el tiempo suficiente, evolucionará aún más.

Los diferentes niveles de conciencia humana, con su progresiva evolución desde el nivel más bajo hasta el más alto, han sido previstos por casi todas las grandes tradiciones espirituales. Por ejemplo, de acuerdo con las culturas de las tribus nativas americanas Maya, Cherokee, Tayta, Xingue, Hopi, Inca, Seneca, Inuit y Mapuche, nos encontramos viviendo actualmente bajo el Quinto Sol de conciencia pero a punto de alcanzar el Sexto Sol. Este último nos traerá una nueva conciencia y, con ella, una transformación fundamental de nuestro mundo.

Algunos pensadores han intentado definir los pasos o etapas específicas en la evolución de la conciencia humana. En la India el sabio Sri Aurobindo mantuvo la idea de que se producirá la emergencia de la superconciencia en ciertas personas como un próximo paso; en la misma línea, el filósofo Jean Gebser habló de la llegada de la conciencia integral. El místico americano Richard Bucke describió la conciencia cósmica como la siguiente etapa revolucionaria en los humanos. El proceso evolutivo en seis niveles de Ken Wilber nos describe la evolución de una conciencia física hasta la conciencia última. Y la dinámica espiral de colores de Chirs Cowan y Don Beck ve la evolución de la conciencia contemporánea desde la etapa naranja "estratégica" que es materialista, consumista, preocupada por el éxito, la imagen y el estatus, es decir, orientada al crecimiento, hasta la etapa verde "consensual" del igualitarismo y la orientación hacia los sentimientos, la autenticidad, la solidaridad, la generosidad, dentro de la comunidad, yendo hacia la etapa amarilla "ecológica" centrada en la naturaleza, el cooperativismo, las realidades múltiples y el conocimiento. Este proceso culminaría con la etapa holística "turquesa" que se caracterizaría por el individualismo en colectividad, la espiritualidad cósmica y los cambios terrestres.

Todas estas visiones tienen una idea central común. La evolución de la conciencia se lleva a cabo desde un ego limitado hasta una forma transpersonal. Si esto fuera así, sería una fuente de grandes esperanzas, podría cambiar el mundo. Una sociedad caracterizada por la conciencia transpersonal no tiene tendencia a ser materialista y egocéntrica, el sistema basado en naciones estado se transformaría en otro más global y coordinado, respetando la diversidad y el derecho de todas las gentes y culturas a la autodeterminación. Los sistemas económicos seguirían diversificados pero no fragmentados, se produciría una combinación de la autonomía local con la coordinación global, con unos objetivos que sirvieran a todas las personas y a todos los países del mundo. Como consecuencia, las diferencias en el nivel de riqueza y poder se moderarían, y la frustración y el resentimiento que sienten actualmente tantas personas y pueblos se verían disminuidos, a la vez que la criminalidad, el terrorismo, la guerra y otras formas de violencia. Las sociedades serían más pacíficas y sostenibles, ofreciendo a todos sus miembros muchas posibilidades vitales y de bienestar, tanto a las generaciones vivas como a las futuras.

¿Utopía?, sin duda. Pero lo que sí podemos asegurar es que si la humanidad no destruye su entorno vital y tampoco diezma sus poblaciones, la conciencia dominante de una masa crítica evolucionará desde los límites del ego hasta la etapa transpersonal.

Esta evolución dejará su sello en la gente y la sociedad. Si nuestros hijos y nietos consiguieran graduarse con una conciencia transpersonal, se abriría una nueva era más pacífica, justa y sostenible para la humanidad.

¿Qué opinas tú de todo esto?

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Comments

Maria Oliver
# Maria Oliver
viernes, 16 de octubre de 2009 10:47
Cristóbal, mil gracias por tu excelente artículo. Expones con claridad esa utopía-motor de muchos, ese "no lugar" aun poir el que much@s faenamos (Çeste blog es una de esas tareas en pois de ese salto, no?) y que topa con la necesidad de "programa", de concreción, con el ansia por recibir órdenes, recetas etc de tant@s (una misma incluida a veces, cada vez menos, pero aun a veces)....
Creo que el quid está en CONFIAR en que se está produciendo esa "...evolución de la conciencia (que) se lleva a cabo desde un ego limitado hasta una forma transpersonal. Si esto fuera así, sería una fuente de grandes esperanzas, podría cambiar el mundo."
Aunque sepa, por experiencia --como tant@s otr@s!-- que ese ir del ego limitado a esa forma transpersonal, no es tarea fácil y menos, que se vaya hacer de forma masiva... es cosa del gota a gota de la conciencia y sólo espero y aspiro a que tengamos tiempo... que los restos del naufragio, aquello que quede en un futuro, sea suficiente para que nietos y biznietos vivan en armonía con un entorno bello...Eso es lo que pienso de esto... aunque tu lo expresas mil veces mejor, mil gracias!
guy
# guy
viernes, 16 de octubre de 2009 11:18
Dices para los 80 milliones pobres en la Union Europea: "mas consiencia" ???
En España 470.000 hogares estan en situacion de mergencia...HOPI, Maya ?
Teneis no pre-ocuparse para tu pan de mañana, verdad ?
Nacho
# Nacho Rivera
viernes, 16 de octubre de 2009 11:37
Guy, el tercer mundo es cualquier lugar donde se pasa hambre. Ya sea Somalia como los suburbios de cualquier gran ciudad española, como el empresario que se ha quedado con deudas y sin negocio. Todos ellos tienen nuestro amor, ayuda y compasión. En eso no hay fronteras.

Gracias Cristóbal,
Correcta exposición, como no, el gran Ken Wilber.

Bueno, yo de entrada me conformaría con llegar a una auténtica visión mundicéntrica, y no a la visión económico-teórica del término, que es donde estamos actualmente. A una auténtica consciencia global. Que muchos ya han alcanzado, pero que otros, cuando se despistan, siguen cayendo no más lejos de la punta de su nariz. Seguimos aferrados a nuestra tribu y ello es culpa de nuestro políticos que todavía le ven rédito político al asunto. Algo que se ha demostrado con esta crisis.

Todo ello sin olvidar la importancia de la ciencia y tecnología y el uso que se haga de ella. Sin un equilibrio entre ésta y la naturaleza es evidente que el futuro será muy sombrío.

Y por último no nos olvidemos de nuestro yo interior, sin un buen conocimiento de uno mismo todo el trabajo colectivo será un fracaso. Citando a Wilber un equilibrio entre el YO, el Nosotros y el Ello.

Un abrazo Cristóbal y compañía.
Carles Nebgen
# Carles Nebgen
viernes, 16 de octubre de 2009 12:51
Preciosa utopía, Cristobal. De cada uno de nosotros depende hacerla realidad.
Me ha gustado especialmente cuando dices que la evolución de la conciencia llevaría a grandes cambios al mundo, y el sistema de naciones estado se transformaría en otro donde se respetaría la diversidad y el derecho a todas las gentes y culturas a la autodeterminación.
Pero para transformar y mejorar el mundo hemos de transformar y mejorarnos primero nosotros mismos. Algunos no lo tienen claro, y argumentan constituciones y otras argucias del sistema para acallar el derecho a las persnas y las culturas para obtener su libertad.
Sergio Gonzalez
# Sergio Gonzalez
viernes, 16 de octubre de 2009 13:21
Carles.....que te he visto.......comparto todo lo que dices en el plano individual, pero en el social, algo hemos de hacer, ya se ha demostrado que el anarquismo es inviable.
Carolina
# Carolina
viernes, 16 de octubre de 2009 13:31
Pienso como Carles, depende de cada persona que ese cambio se realice algun dia. Si cada ser humano cambia de forma radical su modo de ver y de vivir el mundo, hacia una consciencia más profunda, más soludaria, más luminosa en definitiva, será posible ese cambio.
Y creo sinceramente que ese cambio se va a producir, no se cuando ni de que modo, pero se conseguirá una humanidad mejor, en la que la violencia ya no sea la norma del dia, en la que los recursos se respeten y se repartan equitativamente y en la que cada persona pueda desarrollar todas sus potencialidades para su propio bien y el del resto de criaturas de este planeta.

Me ha encantado el artículo, siempre viene bien que alguien te recuerde esto tan importante de vez en cuando, ya que hay días que una parece olvidar que no todo está perdido ni mucho menos. A veces es fácil perderese en el barullo de este caos cotidiano en que vivimos inmersos.

No creo que sea una utopía pensar en la posibilidad real de este cambio, ya que se estan gestando dinámicas en muchas personas en esta dirección, y esto nos debe dar esperanza y fuerza para actuar sin miedo y de forma creativa.

Felicidades por el artículo!
Cristóbal Cervantes
viernes, 16 de octubre de 2009 17:29
Gracias amigas y amigos por vuestros comentarios, tengo que deciros que el artículo tiene ya dos años, si lo escribiera hoy no quitaría nada pero quizá añadiría un par de cosas importantes.

Esa nueva conciencia necesaria de la que habla el artículo hace ya tiempo que está surgiendo, este blog es un signo de ello, pero hay más, psicólogos sociales, parapsicólogos experimentales, sociólogos pero también médicos e investigadores del cerebro están descubriendo últimamente un tipo diferente de percepción y de conocimiento en las personas, especialmente en los más jóvenes, en los niños, lo llaman «conciencia integral», «mente abierta», «conciencia no-lo-cal», «mente holotrópica», «mente infinita», o «mente sin límites», ¿no os suena a algo?,

por otro lado, de forma incidental, que no accidental, los físicos están descubriendo que el éter, hace un siglo, fue injustamente descartado cuando fallaron los experimentos para medir la fricción que se preveía que éste causaba en la rotación de la Tierra. El puesto del éter no es reemplazado por el espacio vacío, el vacuum. Lo que los físicos llaman el quantum vacuum está muy lejos de ser espacio vacío: según las Teorías de la Gran Unificación es el campo unificado, el regazo de todos los campos y de todas las fuerzas de la naturaleza. Contiene una asombrosa concentración de energía y propaga y transmite información altamente esclarecedora.

En la filosofía sánscrita e hindú, el éter era considerado el más importante de los cinco elementos, aquél sin el cual los otros no pueden subsistir (los otros cuatro son el agua, tierra, fuego y aire). El éter era conocido como Akasha, el elemento que también conecta todas las cosas -el «campo akashico»- y conserva la memoria de todas las cosas, la «crónica akashica». Actualmente, en forma de campo cósmico de energía e información, el éter recupera el estatus de preeminencia del que disfrutó hasta hace cinco mil años. Una importante tarea de esta era será entonces aprender a sentir, a apreciar la energía en cada cosa, en todos y cada uno: personas, plantas, animales.

Una conciencia que reconoce nuestras conexiones con el éter -una conciencia akashica- es una conciencia de unión y pertenencia, en definitiva, a la unidad que forman las personas y la naturaleza. Es la conciencia transpersonal de la visión de los filósofos, predicha por los mayas, y apoyada hoy por los descubrimientos de la más avanzada frontera científica.

Todo esto es motivo de esperanza, la utopía puede estar más cerca, los cambios científicos, entre otras cosas, pueden provocar "saltos" en la conciencia individual y colectiva, como lo fue la primera imagen del planeta desde el espacio, por ejemplo,

pero como dijo alguien, la utopía es algo que vemos en el horizonte pero cuanto más caminamos más lejos la vemos, por lo tanto sirve para mantenernos caminando, es como el sabio que cuanto más sabe más consciente es de lo que no sabe, hasta que "sólo sabe que no sabe nada", o "el que habla no sabe y el que sabe no habla", o también como el buscador espiritual que descubre lo que busca cuando deja de buscar,

gracias de nuevo por vuestros comentarios,

un abrazo de Cristóbal

Sergio
viernes, 16 de octubre de 2009 19:50
Hola Cristóbal,

Acudo con frecuencia a un centro de Meditación con influencia Indú. Sostienen que actualmente estamos en la "edad de hierro", dominada por la conciencia de cuerpo, y énfasis en lo material. (De ahí el avance de las tecnologías, la medicina etc..). Conciben el tiempo de forma circular, de manera que una etapa da paso a otra, en un movmiento cíclico. Dentro de la edad de hierro hierro se produce el despertar de la conciencia, por parte de unos cuantos, lo que llaman "la edad de la confluencia", que inicia un nuevo ciclo, dentro de la edad de oro, la de máximo esplendor espiritual. Significa el reencuentro con los valores espirituales originales, de paz, amor, sabiduría, pureza etc... valores todos espirituales.

"Cuando cambias el mundo cambia" dicen, y si lo practicas te das cuenta de que es así. El cambio no es gratuito, requiere dedicación (con infinitos beneficios sutiles de bienestar y dulzura). La humanidad entera está llamada a este cambio, de manera que este despertar puede realizarse de forma gradual y voluntaria, o realizarse de forma "forzada" (la vida es un ciclo para todos...) y por tanto con mayor sufrimiento.

Tanto lo que explicas como esto último me reafirman en la creencia de que el cambio de lo universal sólo puede llevarse a cabo medinate el cambio en lo particular (personal), con inciencia directa en al día a día.

Creo que nos hemos olvidado de quienes somos. ¿Somos cuerpos con entendimiento o somos almas con cuerpo? Independientemente de que se crea o no en el alma, hay algo innegable, el mundo gira al revés, lo natural es la excepción (la comida natural, la medicina natural, el seguimiento de los ciclos naturales...) y lo excepcional es lo habitual (el estrés, la competitividad, todo lo extremo), de manera que exista o no el alma (yo pienso que sí existe), la situación actual se cae por sí sola.

La transformación requiere introspección, silencio, conexión con esos valores espirituales y fe para ponerlos en práctica.

Me he alegrado al comprobar en tu escrito, que este pensamiento al que he tenido la suerte de acercarme, tiene sus paraelos en otras culturas. ¡Practiquémoslo!
alfredo astort
# alfredo astort
viernes, 16 de octubre de 2009 21:43
¿Porque callarme?. Todo lo que hay enfrente lo hemos creado nosotros; o permitido y facilitado, lo que es lo mismo. Cada uno de los que aquí estamos hasta el mas insignificante es el constructor y el destructor del mundo que tiene delante. Lo que esta dentro esta afuera como lo que esta arriba esta abajo. Y de la misma manera cada uno tiene en su mano el cambiarlo. ¿Como cambiarlo para mi es la pregunta?. Porque al aspirar a una nueva construcción, hoy en día imperiosamente necesaria, urgentemente necesaria,
( lo que hemos construido se nos cae delante de nuestras narices y probablemente cuando antes se derrumbe menor será el daño) debemos concebir nítidamente el mundo que queremos, tener ante nosotros un modelo claro, definido, determinado, para que se den todas las probabilidades de éxito.
Porque el futuro es hoy y mañana es demasiado tarde.
Carles Nebgen
# Carles Nebgen
lunes, 19 de octubre de 2009 19:11
Sergio: Disculpa la tardanza en la respuesta.
Reconozco que tengo un punto de provocador, pero es que una frase de este artículo ha puesto las bolas en línea, esperando que yo golpee con el taco y haga la carambola. Me alegro que lo hallas encajado con deportividad. Por mi parte, cuenta con mi total simpatía, a pesar de las discrepáncias.
Pero como decimos los astrólogos (y Alfredo,más arriba), igual arriba que abajo y igual dentro que fuera. Lo que aplicamos en el campo personal, es el punto de partida para el campo social. No podemos decir que el individuo puede y debe desarrollarse libremente como tal, y a una cultura o a una nación se le niega ese derecho.
Por lo demás, no se por qué haces ese comentario sobre el anarquismo. Yo no soy anarquista. Soy consciente de las muchas contradicciones que tiene el anarquismo como tal y muchos de los que se manifiestan anarquistas como tales.
Walter Trujillo
miércoles, 21 de octubre de 2009 18:10
Al parecer estamos regresando al punto CERO,
al punto donde nos encontramos con la individualidad colectiva,
al encuentro con uno mismo, su yo original, su verdad original.
Hoy nos podemos expresar abiertamente, sin tener que ser encasillados
o encajonados.
Muchas cosas que fueron escritas hace 10 años o más, hoy son actuales,
no fueron discernidas, entendidas o aprovechadas, pero es tiempo de recobrarlas,
sin temer a pensar que estamos volviendo al pasado.
Cuando vivimos en espiritualidad y atentos al desarrollo de la conciencia,
vivimos en el futuro del yo propio, pero en el presente del yo colectivo.

Muchas cosas las hemos logrado entender a través de la ciencia, sin descartar el hecho
que muchos tratados filosóficos, psicológicos, sociológicos cayeron en el olvido latente
fueron definidos como innecesarios o inentendibles.

La espiritualidad la encontramos a la vuelta de la esquina de la realidad virtual,
la informática, los alcances tecnológicos de la medicina y la psicología.

La nueva generación de jóvenes están desarrollando su espíritu critico, su autonomía verbal y no verbal, su manera de ver al mundo más allá de la filosofía, religión o moral.

No podemos aceptar que estamos topando límites, aceptar que todo ya esta dicho, que no hay nada que cambiar, que el mundo esta perdido o enteramente contaminado. Vale pena dedicar energía y fuerza en ver florecer el alma perfecta/ideal fuera de nosotros y caminar con ella rumbo a lo nuevo o no visto.

Saludos y un abrazo fuerte para Cristobal
Cristóbal Cervantes
miércoles, 21 de octubre de 2009 20:25
Gracias por tu maravilloso comentario, Walter, y un fuerte abrazo para ti también

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