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Somos conscientes, que en muchas ocasiones, algunos artículos pueden resultarnos difíciles de leer por falta de algunos conocimientos de base en ese tema específico. Nuestra intención es ir comentándolos entre todos y facilitar la labor de comprensión. No dudeis en preguntar sobre cualquier término o concepto que no os resulte comprensible, por básico que os parezca.
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Santiago Villar Pallás posted on septiembre 15, 2009 05:00 
Tocqueville en su “Democracia” entiende que en el “hombre democrático actúan incesantemente dos pasiones opuestas; sienten la necesidad de ser conducidos y el deseo de permanecer libres”. Parece que estás dos inclinaciones contradictorias nos definen y nuestro único consuelo es elegir a las personas que nos tutelan (los que nos conducen adquieren la autoridad para gestionar gran parte de nuestras libertades individuales).
Ufanos por vivir en un sistema democrático nos apenamos por aquellos que viven en sistemas totalitarios. Pensamos que un sistema totalitario erradica las libertades individuales en nombre de una supuesta ideología redentora y nuestra supuesta paz nos posterga en una plácida superioridad moral. No cabe duda que el poder tiránico desprecia a sus súbditos al comprenderlos como “objetos”, con la única la utilidad de servir como una pieza más de un engranaje que responde a los designios de unos dignatarios sin dignidad. Así, sentimos que nuestro sistema democrático al tratarnos como “sujetos” atiende a nuestro deseo de permanecer libres, pero al no poder dejar de sentir el vértigo por nuestra independencia exigimos a nuestros dirigentes que nos aseguren nuestro futuro.
Permanecer libres implica la posibilidad de decidir, de escoger nuestro propio modo de vida entre distintas opciones. Así la pluralidad es un prerrequisito que a primera vista parece antitético al pensamiento único. En el trasfondo de la globalización económica se produce una homogeneización de valores que permite una nueva tiranía dulce y dúctil. Parece que acostumbrados a estar excesivamente protegidos se desvanecen nuestras ilusiones por la independencia personal. Nos doblegamos en nombre de una supuesta comodidad material que adormece nuestro espíritu.
El descontento generalizado es la espoleta que nos impele a buscar nuevas alternativas, a comprender que nuestra independencia personal se difumina en los innumerables esfuerzos diarios para sobrevivir en una sociedad que nos exige una inquieta actividad. Mientras la inquieta actividad en las sociedades democráticas implica un movimiento aparente, la auténtica independencia personal exige “un individuo que no permanece encerrado en el círculo de su tesis, que no teme poner en duda sus iniciales afirmaciones y es capaz de perder de vista las referencias que había fijado”. La independencia personal exige entrecomillar nuestra herencia, nos permite sentir que no decide el destino, si no el carácter.
Nos podemos preguntar: ¿no cabría pensar que la libertad no es más que una ilusión: la ilusión por la independencia? Una respuesta perspicaz sería entender que somos libres de escoger nuestras propias esclavitudes, que condenados a vivir enjaulados escogemos la jaula que se adecua a nuestro carácter. Realmente no podemos escapar de nuestras propias ilusiones y dependencias. El peligro en las sociedades democráticas es que la libertad desaparezca bajo el poder social, que nuestras dependencias destrocen nuestras ilusiones.
La propuesta es que sólo el deseo de conocer puede afrontar el riesgo de que el pensamiento se petrifique en sistema, o, formulado de otra manera, que sólo en el riesgo podemos encontrar recursos contra los riesgos que esconden el pensamiento o la libertad. Es obvio que en la propuesta subyace la idea que sin la inquietud del pensamiento no podremos alcanzar nuestra independencia personal.
La mayoría de las ideologías redentoras se asientan en una teoría del progreso y en nombre de la certeza de unas creencias inquebrantables nos exigen sacrificar nuestra autonomía. Una auténtica independencia personal exige tener conciencia de la ambivalencia de cualquier innovación, de la imposibilidad de encontrar la solución definitiva. ¿No cabría pensar que la ilusión por la independencia es lo que realmente nos puede definir como parcialmente libres? Quizá el miedo con sutileza y persistencia lacera desde nuestra tierna infancia el instinto por la independencia personal.
Publicado en: Filosofía
Email del autor: svillarp@gmail.com
martes, 15 de septiembre de 2009 10:39
Suscribo totalmente el artículo, creo que da una definición precisa y sobria de una democracia... muchos políticos aficionados deberían leerlo
martes, 15 de septiembre de 2009 12:27
Estoy muy de acuerdo con lo expuesto.De hecho,resulta mucho más cómodo delegar responsabilidades y si algo sale mal, siempre podemos criticar a quien hemos delegado, por incompetente. Ahora todos criticamos a los políticos por la crisis, pero, ¿quien ha colocado a los políticos por acción u omisión en sus puestos sino nosotros mismos? Pero no vamos a criticarnos.Eso significaría empezar a asumir responsabilidades.Y es trabajo.Ademas nos puede bajar la autoestima si reconocemos que nos hemos equivocado.Es mejor dejar las cosas como están y seguir criticando. ¿O no? Si queremos que el sistema cambie, primero hemos de cambiar nosotros mismos.Si no,todo se convierte en un gran ejercicio de hipocresía.

martes, 15 de septiembre de 2009 14:19
Santiago, merci, me encanta que cites al gran Tocqueville, qué gran libro de cabecera hoy! qué olfato, en los albores de la democracia americana --la moderna, que la de las asambleas de los irokeses --o eran los cherokees?-- ya hacía siglos que funcionaba!-- qué buen análisisel de ese francés en tierra de yankees... En fin, bien por Tocqueville y bien poir traerlo hasta aquí. Creo que la clave de la cosa, como señalan Casimiro y Carles es la responsabilidad y está en tu último párrafo: "¿No cabría pensar que la ilusión por la independencia es lo que realmente nos puede definir como parcialmente libres? " Me parece fantástica esta conclusión --amen de la puntualización sobre los infantiles miedos. estoy por hacerme una pancarta y colgarla de la entrada! Hay en ella dos sintagmas clave: ILUSIÓN por la independencia y PARCIALMENTE libres. No somos totalmente libres, nunca, ni siquiera en lo ideal... y es justamente una ilusión (una aspiración a la par que un señuelo "lúcido"), lo que nos da esa libertad parcial... Razón para ejercerla, radicalmente, a pies juntillas y sin ceder un ápice. Y eso, como indica Carles implica cambiarnos nosotros, ejercer esa responsabilidad hasta las últimas consecuencias. Creo que los políticos, salvo contadísimas excepciones --y que generalmente trabajan en organismos internacionales o de "aspiración universal", o en ayuntamientos, en cercanía o en partidos verdes-- son siempre "aficionados", amateurs no conscientes, incapaces de responder, con el corazón en la mano, en su fuero interno, a por qué, real y honestamente han elegido eso; por qué no se cuestionan hondamente, sin miedo, su supuesta voluntad de servicio y cambian! o se dedican a otra cosa, o lo hacen bien... Gracias Santiago, un placer leerte, como siempre... un argumento más, y brillante, para seguir en la dura y feliz vía del cambiar.

martes, 15 de septiembre de 2009 16:43
Si mi vida es maya; una ilusión, entonces cualquier búsqueda de libertad que esté dentro de esa ilusión no será más que otra mentira más. El primer paso hacia la libertad es saber quiénes somos. Encontrar nuestra verdadera identidad fuera de cualquier condicionamiento y apego exterior. Un claro ejemplo es cuando nos preguntan quienes somos, y solemos contestar; soy médico,abogado,maestro,catalán,español,alemán, padre,madre, socialista,liberal... nos identificamos con lo que no somos porque hace mucho tiempo olvidamos, abandonamos nuestra esencia. Buscamos mesías,dioses, gurús a los que aferrarnos, porque en el fondo tenemos miedo a la libertad. Y como muy bien han dicho María, Carles... la libertad requiere de mucha responsabilidad. Y ése es un precio que muchos no quieren pagar. Y sobre todo libertad es aventura, saltar al vacío, no hay nada asegurado No hay mapas. Pero queremos seguridad, una vida planificada, gris, triste. Tenemos miedo a lo desconocido y buscamos apoyos constantemente, apoyos que acaban siendo grilletes... La vida continúa con mil y una incertidumbres. Eso es libertad. No lo llames incertidumbre, llámalo prodigio. No lo llames inseguridad, llámalo libertad. Gracias por el artículo. Un abrazo a tod@s.

martes, 15 de septiembre de 2009 19:56
Comparto con alegria vuestros comentarios sobre compartir la independencia personal, ya que a mi modo de ver (independentista por herencia y convicción) la independencia es lo contrario a la segregación, a la separación, y consiste simplemente en ganar los suficientes grados de libertad para poder decir la verdad. Prefiero compartir la diversidad que vivir en la uniformidad. Prefiero un racimo de banderas diferentes que la bandera única. El hombre sojuzgado por un uniforme (bajo las reglas de un imperio) ha de mentir para poder sobrevivir. Tal como interpreto lo que dice aqui Carlos Nebgen, no podemos mirarnos hacia adentro para descubrir que somos nosotros quienes hemos puesto a los polítcos donde están porque eso nos dolerá en las entrañas y además nos dejará en el vacío de no saber qué hacer. Es necesario por tanto refugiarnos en una ilusión, por ejemplo, como empezó a decirse a finales del año paado, que la crisis económica nos llevará a la transformación personal y social, a la refundación del capitalismo (Gordon Brown dixit) y a toda esa sarta de ilusiones para disfraar nuestra actual impotencia de ver que la crisis se superará sin haberse resuelto ni enfrentado los roblemas de fondo, y volveremos a lo mismo pero conotro uniforme. "El pueblo no renuncia nunca a sus libertades sino bajo el engaño de una ilusión", Edmund Burke Y la que cito a Burke: "Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada".
martes, 15 de septiembre de 2009 22:00
La independencia no está detrás de ninguna bandera. La independencia es algo individual, no una herencia de tus padres, éso es condicionamiento. La heréncia cultural es condicionamiento, tú no la has elegido, te la han impuesto. Por qué banderas?? Ni una ni 100. No es necesario una bandera para que yo tenga unos rasgos diferentes a alguién que se encuentra en la otra parte del mundo. No es necesario etiquetarme, yo soy mi propia etiqueta. Todos somos iguales y al mismo tiempo diferentes. El Tao que se puede desviar no es el Tao verdadero.
martes, 15 de septiembre de 2009 22:07
Gracias Santi,por tu artículo y por recordarnos nuestra ilusión por la libertad que vendemos a diario por nuestras dependencias. Bajo mi punto de vista, has tocado la base del problema, nuestra dependencia hacia una seguridad material y hacia la comodidad, ambos estandartes de esta sociedad actual. No puede haber cambio sino soltamos y no podemos soltar si estamos apegados a la seguridad. Por eso creo que la posibilidad de ser independientes solo puede llegar bajo una situación forzada de inseguridad materialy de incomodidad. De todas formas, hay esperanza, porque no creo que podamos volver a lo mismo por pura sosteniibilidad.

martes, 15 de septiembre de 2009 22:53
Hola Nacho. El Tao solo es Uno, el que NO se puede desviar, el innombrable. ¿Recuerdas?: "Si subes no podrás ver su cabeza, si bajas no veras los pies, si le das la vuelta no verás la espalda". Lo demás, lo que se puede desviar, es decir nombrar no sé lo que es, a arte de un producto de consumo. ¿Que decías de las banderas? Ah, vale, claro. Bueno, no hay para tanto, la gente del primer milenio le tenía afición por las banderas. No pasa nada. Es solo un símbolo. Jung decía que el hombre necesita reconocerse en algún símbolo. Y la bandera más independentista es la que no necesita colores, ni tela, ni palo. Porque... ¿cuales son los colores del corazón? Herencia cultural. Oh, sí, por supuesto que no es más que un conunto de condicionamienos, las capas de acero inoxidable que forman la coraza del Ego. Jamás me atreví a decirle a mi padre lo que pienso de la cultura porque le amaba demasiado y no podía soportar que oyera de mi algo que pudiera herirle, porque cualquier cosa que yo dijera lo tomaba por sagrado, porque me amaba demasiado. Solo en discursos ácratas, y despues de muerto, puedo decir que para mi la cultura es la gran asesina de la libertad personal, de la autogestión, de la independencia. ¿Aclarado Nacho?
martes, 15 de septiembre de 2009 23:29
Bueno, bueno, simple curiosidad... Cosas más raras he visto... Uno tiene que estar prevenido. El sufí, el hombre que se viste de lana, el ropaje de los animales, y un sufí es aquel que se ha vuelto tan inocente como un animal. No veía mucha inocencia detrás de una bandera... Pero ya me lo has aclarado. La cultura impuesta es asesina, hay otra más sutil que no le hace daño a nadie... Pero ésa no divide, no interesa a la purria política. Aclarado. Un cordial saludo.
miércoles, 16 de septiembre de 2009 1:23
Me gustan vuestras reflexiones sobre la libertad... Muchas veces me pregunto ¿Quién soy? si elimino las capas que me condicionan... Empezando por la familia, la educación recibida, la sociedad en la que estoy inmerso y la cultura que me rodea... Muchos maestros dicen que ¿Quién soy? es la única pregunta que vale la pena hacerse y la única que no tiene respuesta... O sí la tiene, pero que nunca encontraremos en la televisión. Para hallarla debemos contactar con nuestro "dios interior"...esencia o como queramos llamarlo, que en este caso el nombre poco importa... Un abrazo y muchas gracias por este lugar tan luminoso

miércoles, 16 de septiembre de 2009 3:21
Permitirme disentir de algunos comentarios. Al final aqui cada uno arrima el ascua a su sardina,siempre ha pasado,la ilusión de la libertad es multiple y diversa,cada cristal a traves del que se mira da una percepcion diferente. Al final,lo que subyace, es que la libertad es una ilusión,que no existe en la realidad,que hay mil formas diferentes de interpretarla y diez mil de percibirla. Cada vez que nos organizamos,que convivimos,que establecemos un bien común,estamos estableciendo una percepción de ese bien común,y en virtud de una mayoría (vaya usted a saber si cualificada o nó) creamos una tiranía de la mayoría sobre los que no piensan igual(al fin y al cabo esa es la democracia). Cualquier sometimiento a la ley,cualquier ley,significa un menoscabo de la libertad de unos en beneficio de lo dictado por otros.Leyes que son promulgadas en virtud de una autoritas adquirida de la forma que sea,hoy serán impuestas ,y respetadas, y mañana pueden no serlo. Para eso,para hacerlas respetar el Estado tiene la prerrogativa de la fuerza. ¡Cuantos crímenes se han cometido en nombre de la libertad! Por eso estoy de acuerdo con el contenido de este artículo que me parece extraordinariamente lúcido:Todos debemos ceder parcelas de nuestra libertad ilusoria para poder convivir.Cuanto antes aprendamos esto,antes estaremos de acuerdo. Alguien dijo que la política es el arte de lo posible,sin duda la transaccion,la cesión,la negociación y el compromiso subyacen en la esencia de la convivencia: la vida en sociedad es comercio. En la Antigua Grecia,los Sofistas eran profesionales de la enseñanza política,y uno de ellos ,Protágoras ,decía en su Verdad que "el hombre es la medida de todas las cosas"y no lo hacía como una reivindicación del humanismo,sino como una reivindicación del individuo y su percepción de la realidad.Platón y Sócrates le atacaron duramente por ello y Platon en su diálogo Protágoras (334a-c) razona que la bondad de las cosas no es absoluta,sino que depende de a quien se dirijan o para que se utilicen. Este relativismo lleva a la necesidad del acuerdo entre los hombres para asegurarse la convivencia. Como podeis observar nada nuevo bajo el sol. Saludos a todos Ramon
miércoles, 16 de septiembre de 2009 15:23
Excelente reflexión! Me inspira para un post. ¿Suelto o Atado? abrazo, Pablo

jueves, 17 de septiembre de 2009 17:41
Hace ilusión sentir que todavía tenemos ilusión. Gracias por exponer vuestras ideas, por hacer hincapié en la necesidad de pensar la libertad en relación a la responsabilidad..., parece que la seguridad nos exige el sacrificio de la libertad (Hobbes)...., así nuestra libertad implica responder al miedo consustancial de la tarea del vivir. Posiblemente la libertad, la independencia total, sea una quimera (un sueño de la fantasía), mientras, como María afirma, la libertad parcial sea una utopía (un sueño de la razón). La ilusión tiene que ver con lo verosímil...., me inspiraba en aquella frase enigmática de Aristóteles "prefiero lo no probable verosímil, que lo probable no verosímil"..., mientras la razón se atiene a los hechos y la fantasía a un mundo doblegado a nuestros designios, la ilusión se refiere a la capacidad de entender que tenemos unos límites, pero dentro de los límites somos soberanos. Gracias a todos por vuestros comentarios. Un abrazo. Santi

lunes, 21 de septiembre de 2009 20:54
¿Es la independencia una ilusión? ¿Es una ilusión la libertad? ¿Es la libertad una creencia? ¿Es la creencia una contradicción de la razón? ¿Es la razón una ilusión del sentimiento? El hombre no es un ser contradictorio, el hombre es un ser dual: racional e irracional a la vez. Es un ser subjetivo y sentimental que se esfuerza por conseguir una racionalidad aceptable, aunque siempre imperfecta. El hombre necesita - atendiendo a esa dualidad que es - ser igual que los demás hombres y, a la vez, diferente. Necesita cultivar ese carácter gregario que tiene (necesidad de pertenencia) y, también, reafirmarse y diferenciarse respecto a los demás. El hombre sería contradictorio si su motivación fuera cambiante y emanara de una sola fuente. Pero no es el caso: la motivación del hombre emana de dos fuentes diferentes, el sentimiento (corazón) y la razón: el corazón tiene razones que la razón no entiende. La independencia, sea ilusión o no, es tan necesaria como la dependencia, porque nadie es autosuficiente. Con la libertad ocurre lo mismo: no existe la libertad sin compromiso; como tampoco es posible decidir sin responsabilidad. La libertad sin compromiso, la libertad sin límites no es más que una forma de tiranía. ¿Cómo sería posible nuestra libertad sin la libertad de los demás? Gracias a que el hombre es un ser limitado, finito es posible la libertad. Pero, tanto la libertad como la independencia son, en esencia, actitudes, actitudes mentales. Y es el pensamiento el que juega el papel más importante. Tanto el conocimiento como la fe son formas estáticas de pensamiento. El verdadero pensamiento, el pensamiento dinámico, se alimenta de la duda. Y es la duda la que genera alternativas, la nos obliga a elegir, a equivocarnos, a ejercer nuestra responsabilidad; en una palabra: a ser libres. La independencia y la libertad son reales dentro de los límites de la propia persona; fuera de ella, son pura ilusión. Es algo parecido a lo que ocurre con la seguridad. Otro excelente artículo, Santi. Sigue así.
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