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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
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También es importante que nos envieis vuestros artículos para publicarlos en esta sección.

Somos conscientes, que en muchas ocasiones, algunos artículos pueden resultarnos difíciles de leer por falta de algunos conocimientos de base en ese tema específico. Nuestra intención es ir comentándolos entre todos y facilitar la labor de comprensión. No dudeis en preguntar sobre cualquier término o concepto que no os resulte comprensible, por básico que os parezca.

16

El actual modelo de mercado imperante en casi todo el mundo necesita del consumo como mecanismo realimentador del ciclo producción-consumo-producción.

La especie humana siempre ha consumido para poder subsistir, por lo cual no podemos considerar el consumo como un elemento maligno per se. Antes de la revolución industrial, la especie humana vivía utilizando los recursos bióticos que le brindaba la fotosíntesis y demás materiales de su entorno. Sin embargo, con posterioridad a ese hito histórico,  la humanidad se alejó del modelo de funcionamiento de la biosfera cuando empezó a utilizar los combustibles fósiles para acelerar las extracciones de la corteza terrestre y extender el transporte a todo el planeta.

Ante esta situación el mecanismo de mercado debería de tener en cuenta, a través de su herramienta principal que son los precios, la inviabilidad física de perseguir un crecimiento infinito sobre un planeta único que dispone de unos recursos limitados y finitos. Sin embargo, hasta el momento los precios de los recursos siguen sin incorporar en ningún caso el coste de reposición de unos elementos que han tardado cientos de miles de años en generarse

El argumento que plantean los economistas que abogan por el crecimiento ilimitado cuando tratan de defenderse contra la premisa inicial del límite físico, es lo que denominan “desmaterialización”. Esta queda definida como “el avance hacia un tipo de sociedad cada vez menos dependiente de los recursos naturales” (Carpintero). Sin embargo, lejos de producirse ésta, existen numerosos estudios que contradicen esa hipótesis. Incluso en las sociedades más avanzadas donde racionalmente este proceso debería de haberse iniciado, el consumo de recursos sigue creciendo (a tasas más bajas, eso si), por no entrar a hablar del consumo de recursos en las economías emergentes (que es donde se han deslocalizado las actividades productivas para el consumo de las sociedades del primer mundo).

Demografía

A finales del siglo XIX se alcanzaron por primera vez los mil millones de habitantes en nuestro planeta. A partir de ahí, la población ha aumentado exponencialmente. En 1925, sumó dos mil millones; en 1962, tres mil ; en 1975, cuatro mil; en 1986, cinco mil; y en 1999, seis mil. La expectativa de los expertos es que en poco tiempo se alcancen los siete mil millones, y en 2019, los ocho mil. Se supone que a mediados del siglo XXI se estabilizará entre los diez a doce mil millones de habitantes. Esto, sin ningún atisbo de duda, es un resultado positivo de nuestro sistema económico actual. Sin embargo, el aspecto positivo tiene una contrapartida muy oscura, que no es otra que la sobreexplotación a la que estamos sometiendo a los recursos finitos del sistema cerrado en el que habitamos. ¿Hasta cuándo podrá nuestra tierra abastecer nuestras necesidades vitales (agua, aire limpio, energía, materias primas)? La respuesta no es sencilla, pero es un comentario muy común el que se necesitarían de cuatro planetas a pleno rendimiento para suministrar a la población mundial, si toda ella consumiera actualmente al ritmo de los ciudadanos norteamericanos.


 
¿Por qué consumimos? El aspecto psicológico del consumo

La estadística que estima que el 20% de la población mundial consume el 80% de los recursos, mientras que el 80% restante se tiene que conformar con el 20% de los recursos, nos viene estupendamente para iniciar este análisis. La mayoría - que supone el 80% de la población - consume fundamentalmente para subsistir (y afortunados son los que lo pueden hacer), mientras que el 20% restante (los ciudadanos de las economías desarrolladas) deben de tener otras razones para hacerlo y, sobre todo, en una forma tan compulsiva una vez cubiertas sus necesidades básicas.

Voy a enfocarme en este último punto que es el más cercano a nuestro entorno y el que nos tiene que preocupar en estos momentos. Para ello voy a seguir el acertado análisis de Antonio Zugasti, que parte de la premisa de que el consumo se ha convertido en el gran legitimador del sistema capitalista en el que funcionamos en las sociedades del primer mundo. Viene a comentar que los otros pilares en los que se apoyaba el sistema de mercado se están progresivamente debilitando:

• El sistema de mercado ha estado inseparablemente unido al concepto de democracia y libertad de los ciudadanos: Sin embargo, hoy somos cada vez más conscientes de que la “democracia realmente existente” (Gustavo Bueno) es cada vez más una partitocracia supeditada al poder creciente de los grandes lobbys financieros. La libertad de los pueblos para decidir en las grandes cuestiones económicas y sociales que afectan diariamente a sus vidas está cada vez más limitada por el poder económico, que se oculta bajo la pantalla de las decisiones de mercado. Si a ello, le añadimos el fenómeno del terrorismo que ha venido a facilitar el recorte de estas libertades, nos deberíamos preguntar qué le queda al individuo.

• Hasta hace pocos años, la automatización de los procesos productivos permitía acariciar la idea de una sociedad de ocio, donde la cantidad de trabajo que cada persona tendría que aportar para el adecuado funcionamiento de la sociedad sería cada vez menor. Pero nos encontramos que el anunciado fin del trabajo se ha convertido en el trabajo sin fin, las jornadas ilimitadas, el trabajo precario y la inseguridad agobiante. Y todavía dando gracias porque las empresas generosamente nos den trabajo y nos permitan salir del agujero negro del paro. Esto unido a una competencia desenfrenada que rompe fidelidades, y que aumenta las tensiones sociales a todos los niveles, nos lleva a un clima que favorece la ansiedad y el estrés. Lo dicho, ¿qué le queda al individuo?

Pues eso, consumir. El consumo se convierte así en el compensador de todas las tensiones y esfuerzos a que nos somete este sistema neoliberal de competencia individual y que abomina con efervescencia de todo lo que se pueda categorizar como cooperativo y social (impuestos, servicios públicos, redistribución de la renta, socialización de los beneficios de la tecnología…….). El individuo tiene toda la libertad del mundo, pero para elegir entre una marca u otra. Esta es toda su limitada soberanía.

 

Efectos sobre el individuo inserto en el imperio del consumo (La perversión de la publicidad)

Aquí seguiré un análisis de Eduardo Galeano. Su tesis de partida es que vivimos bajo la dictadura de la uniformización obligatoria, puesto que la diversidad es enemiga de la rentabilidad (leitmotiv único del sistema económico vigente) . De este modo, los seres humanos se convierten en fotocopias del consumidor ejemplar cocinado a fuego lento por las órdenes de consumo que emite nuestra pantalla del televisor. Los expertos del marketing son enormemente hábiles para convertir a las mercancías en mágicos conjuros contra la soledad intrínseca del ser humano (convenientemente enfatizada por la sociedad individualista en la que vivimos). Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca te falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y no sólo eso: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social. Cuánto más exclusivas  sean, mejor: las cosas te eligen y te salvan del anonimato de la masa. Ya la publicidad no te informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar?

Modas y Residuos (Zygmant Bauman)

Para que este ritmo de consumo se perpetúe, las estrategias de comercialización han situado la novedad por encima de lo perdurable. Han estrechado el intervalo transcurrido entre el momento en que una posesión o pertenencia resulta útil y deseable y aquel otro en que se torna inútil y es motivo de rechazo (Obsolescencia planificada)

Frente a lo fútil del consumo, se da la paradoja que lo más sólido, lo que permanece en el tiempo, lo más perdurable son los residuos. El envase de plástico donde nos llega la comida en los centros comerciales es un buen ejemplo de ello. 


Bueno, ¿y qué? Si no nos dejan otra……….por lo menos consumimos

Pues, en principio, es cierto. Sin embargo, tenemos que volver a valorar dos aspectos ya mencionados:

1.- La injusticia irracional en el reparto de la capacidad de consumo: Esta es una decisión más moral que otra cosa. El que unos se puedan comprar entre risas un computador portátil incrustado de diamantes (BBC Mundo : Los millonarios se van de feria) y otros no tengan para comer pues es un evidente sinsentido. Pero, evidentemente, es una decisión personal de cada uno. El consumidor compulsivo puede perfectamente olvidarse de que existen los negritos famélicos del África tropical y seguir en su dinámica compradora. Allá cada uno con sus valores. Eso sí, que luego no se queje de que el negrito del África subsahariana utilizando su libertad como individuo (sí, sí , esa de la que se llena la boca el individuo occidental al uso) se meta en un cayuco con dirección a lo que le han vendido como el paraíso occidental. Y es imposible poner barreras al mar cuando hay hambre.

2.- Y por otra parte, ¿cómo se puede uno olvidar de nuestro habitat , de nuestro entorno, de la tierra que podemos dejar a nuestra especie? Existe una inviabilidad física de perseguir un crecimiento infinito de la producción -alentada por este consumo despilfarrador - sobre un planeta único que dispone de unos recursos limitados y finitos.

Bueno, vale, ¿y los pobrecitos de nosotros qué podemos hacer?

• Si queremos plantearnos un enfrentamiento radical contra este modelo despilfarrador y ausente de vida, tenemos que acabar con su principal fortaleza, el Imperio del consumo. A veces hablamos de promover una desobediencia civil en un campo determinado, pero la desobediencia civil más radical y efectiva sería la desobediencia al consumo. No consumir lo que quieren que consumamos, ni como quieren, ni donde quieren que consumamos (Antonio Zugasti)

• Hay toda una serie de preguntas que al hacérselas cada uno en el momento del acto de consumo pueden implicar el planteamiento de un consumo responsable: ¿Necesito lo que voy a comprar? ¿Estoy eligiendo libremente o es una compra compulsiva? ¿Cuánto lo voy a usar? ¿Cuánto me va a durar? ¿Puedo pasar sin ello? ¿Puedo pedírselo prestado a un familiar o a un amigo? ¿Cómo me voy a deshacer de él una vez que haya terminado de usarlo? ¿Está hecho con materiales reciclables? ¿Las materias primas que se usaron son renovables? ¿Te has informado de quién y en qué condiciones se ha realizado el producto? (Boletín Ecodes)

• Adquisición de producto ecológico, producto artesano, y por supuesto producto local (que no necesita consumir innecesariamente combustibles fósiles en el transporte), a ser posible en los mercados y pequeños comercios

• Apagar la televisión

• Ralentizar nuestra vida

• Ser conscientes de que cada uno de estos hábitos, amplía el margen de actuación que todavía nos queda para mejorar globalmente nuestro medio, el único planeta del que disponemos.

 

Publicado en: La sociedad, Denuncia
Email del autor: mentorde1966@gmail.com

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Comments

Nacho
# Nacho Rivera
jueves, 16 de julio de 2009 10:19
Gracias Rafael por el artículo.

Los sistemas los creamos las personas. Detrás del neoliberalismo, que bien queda en tiempos de crisis, hay personas, consumidores que avalan ese sistema. Así que se convierten en cómplices y por tanto en neoliberales.

Yo no conozco a nadie que se llame neoliberal, una etiqueta más, pero sí que conozco personas dormidas, que vagan por el mundo quejándose del sistema cuando ellos con sus actitudes le dan fuerza a ese sistema.

Yo elijo. Me niego a pensar que ese sistema piensa y actúa por mí. La libertad tiene esas cosas. Una de ellas es la valentía y el coraje de actuar de forma diferente a la de mis vecinos. Y eso es muy duro. Así que me lo pienso, no actuó en consecuencia y me dejo arrastrar por ese sistema, al que claro está, criticaré con todas mis fuerzas. Esa es la actitud de la oveja: soy una pobre víctima en manos del destino y no puedo hacer nada por cambiarlo, y todo el mundo tiene la culpa menos yo.

Así que tenemos un sistema maligno, unas ovejitas que no tienen la culpa de nada y " los otros", esos que te defenderán de ese sistema, viviendo de ese sistema y creándote un nuevo sistema a tu medida de oveja, claro. Pero de libertad nada. Ya te cuidaremos nosotros. Que tú, eres una pobre ovejita.

Y de esta manera vagaremos de sistema en sistema, por los siglos de los siglos...

¿de quién es la culpa, del sistema o de las personas?

Un abrazo a tod@s.
axelle verges
jueves, 16 de julio de 2009 19:27
Totalmente de acuerdo con lo expuesto en el artículo y comentado por Nacho. El sistema son las personas y cada uno de nosotros tiene su responsabilidad por supuesto. el tema es saber unirse para tener acceso a otras opciones. Si nos quedamos cada uno por su cuenta, aunque cada uno tenga en el o a su alcance muchas posibilidades (si las sabe buscar y encontrar!), para mi es muy importante la UNION con los demás. La constitución de "grupo de compradores" permite por ejemplo compartir la información sobre los productos y por lo tanto elegir mejor, comprar cantidades más importantes a repartir entre varios, limitar por lo tanto los envases individuales, reducir los gastos de transportes y desplazamientos para ir a adquirir el producto, y por supuesto ahorar.
¿ Porqué no traer de regreso de nuestras escapadas varias, algunos de estos productos que no se suelen encontrar en la gran distribución?.. seguro que hay mucha gente dispuesta a compartirlos y consumirlos! (Estoy pensando en productos a los cuales no tenemos acceso localmente por supuesto)

Rafael Rodriguez
# Rafael Rodriguez
jueves, 16 de julio de 2009 19:51
Pues aquí andamos, Nacho , intentando despertarnos a nosotros mismos y a los que puedan acercarse por este blog con el debate de estos temas. Y sí, lo necesario es empezar por uno mismo, y como bien dices, no es fácil ir a contracorriente . Pero, ¿quién dijo que fuera fácil? Los textos de donde entresaqué este cúmulo de ideas me sirvieron para sistematizar mi visión sobre las irracionalidades que motivan muchas veces mis decisiones personales (no vivo en una isla), así como para ofrecerme una serie de propuestas para no caer en ellas sin pensarlas. Al menos a mí me sirvió, y cuando me ofrecieron la posibilidad de escribir algo aquí, me plantee si podría servir a otros simplemente por cuestionarselas/cuestionármelas.

Con eso, trato de responder a tu pregunta sobre culpabilidades (aunque francamente no me gusta mucho ese concepto). Pero dicho esto, las personas (los "culpables" , y lo entrecomillo) nos formamos como tales dentro de unos específicos idearios sociales (llamémosle "el sistema" por decirlo de alguna forma) que nos calan hasta los huesos y subyacen detrás de todas nuestras actuaciones individuales. Y el actual ideario social se aleja notoriamente de lo que pasa por mi mente (por irracional) y de mis valores morales.


Un saludo
Rafael Rodriguez
# Rafael Rodriguez
jueves, 16 de julio de 2009 20:07
Bueno, Axelle, las cooperativas de consumidores funcionan ya en muchos sitios cerca de nosotros. Yo tengo una cerca de casa (vivo en Madrid) que con frutas, verduras, panes y otros alimentos ecológicos traidos de productores cercanos haces un pedido y lo recojes la semana siguiente. Si como hacer , podemos hacer infinidad de cosas.......y las que podemos inventar si nos dámos la posibilidad de pararanos un poco y plantearnos individualmente modificar el rumbo. Eso sí, para eso necesitamos eliminar "el miedo al otro" tan imbuído en el ideario social predominante, por aquello de que maximizando tu egoismo natural maximizaremos el beneficio social.

Un saludo
Esther Ibañez
# Esther Ibañez
jueves, 16 de julio de 2009 22:58
Gracias Rafael, por tu excelente artículo sobre un tema que creo es importantísmo que profundicemos: nuestro consumo. Ya que éste, el consumo de todos nosotros es el que mantiene el sistema con todos sus defectos. Solo saliendo de esta rueda conseguiremos mejorar el sistema, es además nuestra fuente de poder, no nos pueden obligar a consumir. Nos pueden manipular, pero no obligar. El problema es que todo el sistema esta tan interconectado, que tocando una pieza clave, lo derrumbas todo y los efectos secundarios pueden ser extremadamente dolorosos.
Por otro lado, encuentro muy difícil cambiar radicalmente mi forma de vivir. In tento aguantar todo lo que puedo sin encender el aire acondicionado en casa, pero finalmente sucumbo y como este os podría dar infinidad de ejemplos que me hacen sentir mal. A veces, pienso que todos necesitamos esta crisis para poder salir de esta rueda.
En el barrio de Gracia en Barcelona también existen un par de cooperativas de consumo ecológico y tengo entendido que venden hasta gel de ducha ecológico. Estas cooperativas tienen un número determinado de vecinos y una vez se ha completado ya no puedes acceder. Todo el trabajo se distribuye entre los miembros de la cooperativa para poder hacerla funcionar,por lo tanto deben dedicar unas horas semanales.
Un saludo
Rafael Rodriguez
# Rafael Rodriguez
viernes, 17 de julio de 2009 11:00
Hola Esther,

Yo creo que no se trata de sentirnos mal con determinadas actos de consumo sino simplemente cuestionárselos a uno mismo y ser consecuentes en la medida de nuestras posibilidades , y cuando se pueda (ya sé que no es fácil porque parece que siempre vas de Pepito Grillo ) mostrar esas cuestiones a nuestra gente más cercana (familia, amigos, vecinos....... ) sin ningún ánimo de adoctrinamiento ("sin buscar el fruto de la acción"para tu ego, en terminología oriental).

Un saludo

Maria Oliver
# Maria Oliver
viernes, 17 de julio de 2009 22:39
Hola, me incorpoiro tarde, pero con ganas... mil gracias Rafael, qué buen artículo! Y gracias por los comentarios, también...
Lo del consumo responsable es un tema de capital impoirtanvcia, creo...
1. es un termómetro fácil de conciencia
2. contribuye a reforzarla (en un estupendo bucle) y beneficia a los buenos productos, luego a la buena industria, al buen artesano etc etc... e implica decrecimientoç
3. ya que el sistema insiste en reducirnos a meros cobnsumidores (haciendo equivaler, en perversa ecuación, ciudadano a consumidor... de lo que sea!), demos la vuelta a la tortilla y ejerzamos a conciencia un consumo responsable... eso es revolucionario!! Literalmente, pervierte la estrategia que "el sistema" había previsto, ejerzamos el consumo como una forma de ética, ala, toma corte de mangas, jajja!!

En fin, que me rechifla lo que aquí se plantea, y me parece un gesto preñado de eficacia y futuro, y, sobretodo: fácil e ideal de divulgar así, en plan tranqui a famili, amigos, vecinos...

Y, movimiento por ujn consumo responsable lúdicofestivo, muy en la linea de lo happy de la costa oeste de los EUA: www.carrotmob.com
Un abrazo

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