En tiempos revueltos, de cambios, incertidumbres y crisis, un buen Reconocimiento es una potente herramienta que ayuda indudablemente a incrementar las ventas.
Las prisas, el ahora, el ya, no pueden hacernos olvidar que las personas existen, y que el apoyo emocional, es tanto, o más necesario, que el de los medios materiales y publicitarios que las empresas facilitan a sus empleados.
Volviendo a Barcelona desde Madrid en el AVE, voy sentada en mi asiento, centrada en mis problemas cuando, de pronto, escucho sin querer, la conversación del caballero que ocupa el sillón que tengo detrás. Con voz suave, sin prisas, dejando silencios y respetando las pausas habla con cada una de las personas que dependen de él. Al parecer tiene responsabilidad sobre un equipo de ventas de un importante laboratorio farmacéutico. Es la última semana del mes de abril y les llama por teléfono, uno a uno, para explicarles los resultados obtenidos fruto de sus acciones comerciales.
Me sorprende que sus primeras palabras sean siempre las mismas: “José, no sé si te cojo en un buen momento”, “María cómo lo tienes para hablar un ratito” (y son sólo las 17h de un día laborable),… “pero como es fin de mes he pensado que antes de que empiece el fin de semana te gustaría saber los resultados alcanzados”.
(¡Ojo al dato!) ¡El jefe pide permiso!
Y yo me pregunto: ¿de qué planeta habrá venido dicho ser extraterrestre?.
De la tierra no puede ser; pues a mi me han explicado que los jefes sirven para imponer su criterio, para chillar, y que, por supuesto, jamás se dignan a pedir permiso. Y mucho menos si su responsabilidad laboral está relacionada con el mundo de las ventas en el que todo es prisa por conseguir más y más, por exprimir lo inexprimible. ¡Y no sólo me lo han explicado, sino que he tenido la sensacional experiencia de experimentarlo en mi propia piel!
Lógicamente, después de escuchar estas palabras que me hacen dejar a un lado mis problemas, es imposible decir que no es una persona que se esté poniendo en el lugar de los demás con empatía, y con un cuidado exquisito.
Los resultados han sido los que han sido, y mi “ídolo extraterrestre” ha ido comentándolos con las 7 u 8 personas de su equipo, después de recibir el permiso de cada uno de los técnicos-comerciales. Les explica el resultado del mes de abril y el acumulado del año con mimo y un cariño envidiable. Les felicita, y en algunos casos, les invita a mejorar, pero siempre mirando hacia delante, y teniendo en cuenta su potencial.
Me sorprende comprobar (¡según mi propia experiencia en conversaciones similares en el mundo empresarial!) que nunca los compara entre ellos diciéndoles que van mejor o peor que tal compañero.
Por como fluye la conversación, intuyo que ellos sí que están interesados en saber cuál es el resultado alcanzado por el equipo. El les contesta a nivel global del territorio nacional o como máximo de una zona suficientemente amplia como para no personalizar los resultados, y dar lugar a agravios comparativos
¡Este “director-ídolo extraterrestre”, de manera inconsciente, está creando equipo: No enfrenta a sus colaboradores, les da feedback y les apoya a nivel técnico y dándoles soporte emocional!
Me emociona ver el trato (en este caso oír) con el que se dirige a cada miembro de su equipo. En los comentarios no tiene prisa, deja que le pregunten, se incluye como parte implicada y no mira el tiempo que pasa con cada uno de ellos.
Y para terminar (después de los 15- 20 minutos que ha destinado a cada colaborador), ¡les desea que pasen un buen fin de semana!
Da la casualidad de que estoy creando un contenido para un curso de formación empresarial sobre el reconocimiento laboral, y como observadora (o “escuchadora”) acabo de experimentar cada uno de los pasos clave para que el Reconocimiento sea una poderosa herramienta de motivación:
- Pedir permiso
- Comunicar sinceramente (bidireccional)
- Lanzar retos alcanzable
- Dar apoyo emocional (transmitir que pueden contar contigo)
- Individualizar el reconocimiento en el sentido de que cada colaborador es diferente (hacerlo de la forma que más le convenga por su estilo personal y profesional).
Y me pregunto: ¿a quién no le gustaría trabajar para alguien así?; trabajar para una persona profesional y exigente, pero a la vez humana y cercana.
Afirmativamente: ¡A mí sí!
A este jefe, le Felicito efusivamente, porque en la sociedad de las prisas ha dedicado tiempo a las personas, porque NO ha utilizado frases amenazantes, en tono agresivo (“o vendes más o te despido”), porque va en el mismo barco que su tripulación. Se que si dedicásemos un tiempo a nuestro cliente interno (compañeros, subordinados, otros departamentos de la empresa …), las ganancias a nivel externo se verían ampliamente compensadas.
Y doy las gracias por haber sido testigo de que los jefes “humanizados” continúan existiendo.