Gabriel Gutierrez posted on junio 24, 2009 05:00

Aunque hay indicios claros de cambio, el tipo de empresa que hoy en día mayoritariamente subsiste continúa siendo jerárquica y orgánicamente medieval. Su modelo ha quedado obsoleto, es caro y no hace felices a las personas; sin embargo esta tipología es todavía aplastantemente frecuente. Clama al cielo que otro modelo es posible y necesario. El artículo de Ignasi Alcalde complementa este hecho:
http://www.crisiseconomica2010.com/Inicio/tabid/36/articleType/ArticleView/articleId/189/Conciencia-reevolucion-y-redes-sociales.aspx
Este otro texto que este enlace refiere, también apoya esta idea:
http://blog.consultorartesano.com/2009/06/dilema-exito-reputacion-empresarial.html
Por otro lado, además, nuestro país es de los de más baja productividad y con el mayor número de horas de presencia en el puesto de trabajo, algo que es más que una mera chifladura organizativa.
El modelo en el que todavía estamos –la idea actual de empresa- surge de la última mitad del siglo XIX, momento en que los imperios caen o ceden su monopolio a favor de la iniciativa privada. De esta misma época es la caída de las murallas que constreñían el crecimiento de las viejas ciudades para dar paso a los ensanches; coincide con ello que también cae el monopolio vaticano y surgen, por ejemplo, la Teosofía y otras corrientes alternativas. También cae un modelo organizativo –el del estado como único empresario- y va siendo sustituido por otro que es el que más adelante cimentó la economía liberal. Sin embargo, aún con esta revolución organizacional, el modelo imperial quedó improntado en las empresas que se fueron creando.
Como curiosidad citaré que de dicha época es cuando surge la fotografía, que libera a la pintura de la “obligación” figurativa. El inconsciente empieza el camino de su liberación –cae su muralla- a través del arte y del psicoanálisis. Caen las barreras pero no los límites, que se hacen más intangibles. Sin embargo, y por esto mismo, el funcionamiento interno de esas empresas nuevas sigue inspirado en aquellos imperios desamurallados. El capitalismo es imperio sin muralla.
A lo que iba. En la empresa tradicional, el producto o servicio y la ganancia conforman su razón de ser. A tal fin incorpora a personas que puedan ejercer la función que esa razón necesita. Dicho de otro modo: el modelo maquinista (o maquinizador) concibe a los trabajadores como máquinas sin alma, cuya utilidad es satisfactoria en la medida en que encajan y funcionan como piezas en un motor. El marxismo ya habló bastante de ello. Pero ahora, con la crisis, surge la necesidad de otro modelo organizacional más horizontal y democrático.
Imagínense, ya que también se está reivindicando, el papel del talento y de la creatividad, que la empresa del futuro no surgiera como consecuencia de un producto, sino que éste surgiera como consecuencia de la relación de afinidad entre personas, y que tal relación y suma de talento de todas ellas fuera lo que determinara el diseño de su producto y no, como hasta ahora, en el que el encaje del trabajador-máquina en el catálogo de funciones preconcebidas mata su talento y su alma. Si un día se llegara a generalizar este modelo, las personas pasarían de ser maquinalmente explotadas a felizmente aprovechadas (en el mejor sentido de la palabra).
Entre los lectores, ¿hay alguien que esté participando en una empresa cuyo producto sea emanación de la suma de talentos y no de una función preconcebida?
De estos dos modelos se puede hacer una metáfora: la empresa tradicional en la que cada uno de sus miembros toca un instrumento que debe seguir una partitura con contenidos preconcebidos; y la empresa de nuevo cuño, cuyos componentes forman parte de un grupo de jazz, capaces de improvisar siendo a la vez fieles a un espíritu colectivo.