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Santiago Villar Pallás posted on diciembre 11, 2008 05:00 
No son muchas las ocasiones en que sentimos que estamos ubicados en el lugar adecuado, saboreando un tiempo que nos pertenece. La mayoría de nuestra vida la dedicamos a cumplir con las expectativas que consideramos imprescindibles para sobrevivir en la sociedad que nos ha tocado. Más allá de la necesidad de cumplir con el mandato biológico de nuestra propia supervivencia, tenemos la capacidad de relacionarnos con nuestro centro (que podríamos denominarlo alma, espíritu, esencia o consciencia).
Así, la propuesta es pensar en la posibilidad de una consciencia que incluya tanto “ser consciente” (darse cuenta) como “tener consciencia” (hacerse cargo).
Parece que el tributo del éxito social y económico es vivir ajenos a nuestra textura interna, a “tener consciencia” (hacerse cargo) únicamente del papel que tenemos que representar para que nuestras organizaciones adquieran una inercia que vaya más allá de los designios de las personas que las componen. Las organizaciones desalmadas desaniman a sus miembros, transfigurándose en apisonadoras despiadadas de los sueños de sus moradores.
La nueva dirección por consciencia (DpC) es un proyecto que surge auspiciado intelectualmente por eutôpia (http://www.eutopia.es/es/) que pretende potenciar un diálogo que permita una nueva forma de “ser consciente” (darse cuenta). La DpC pretende facilitar la sinergia entre la triple cuenta de resultados: económicos, ético-sociales y emocionales. Su objetivo es hacer realidad la esperanza colectiva de que “otro mundo sea posible” a partir de que “otra empresa sea posible”.
Más allá de la evolución de un capitalismo “salvaje” a un capitalismo “sostenible”, la DpC propone el oxímoron de capitalismo “sensible”. Un capitalismo “sensible” que pretende combatir dos formas muy recurrentes de insensibilidad: no darnos cuenta de lo que nos rodea y darnos cuenta sin hacer nada al respecto. El diálogo es el primer escalón para “ser conscientes”, para despertar y expandir una nueva “perspectiva”.
Una “perspectiva” que va más allá de la Responsabilidad Social de la Empresa (RSE), situando a la persona como un fin en sí mismo, más allá de contemplar a los seres humanos y a la naturaleza como un mero recurso a optimizar o maximizar. La propuesta de DpC no es un decálogo de de instrucciones, es la posibilidad de plantearse un “nuevo mapa”.
Nuestro cerebro sólo es capaz de ver aquello que considera posible y, por consiguiente, no distinguimos entre la realidad exterior y la realidad interior. Entrecomillar “lo evidente” es el primer paso para entender que los límites de los imposibles son franqueables. El esfuerzo de reflexionar nos conduce a plantearnos unos “nuevos mapas” que nos permitan entendernos como protagonistas de nuestra propia existencia. El primer requisito es una exhaustiva crítica de los resortes que sustentan nuestros “viejos mapas”, para tener la capacidad de plantearnos la gran cuestión que dota de significación a la vida humana; ¿qué queremos ser?
La DpC propone una nueva sensibilidad, una “mirada” que nos permita volver a plantearnos nuestra textura más intima (alma, espíritu, esencia o consciencia). Trazar los perfiles de nuestra consciencia es una tarea en la que todos tenemos que participar. A modo de propuesta la DpC propone tres niveles de consciencia, cuya integración considera determinante para la dirección de la empresas en nuestra época:
a.- consciencia de supervivencia. La categoría más básica de consciencia humana está en relación a nuestras necesidades fisiológicas y de seguridad física. Las personas con este tipo de consciencia se definen por la insaciabilidad, por su incapacidad de escuchar a los que disienten, por una exacerbada necesidad de controlarlo todo, por la desconfianza sistemática de sus semejantes, suelen estar en guardia permanentemente y, lo más triste, experimentan frecuentes sentimientos de vacío y soledad.
b.- consciencia de relación. Nuestra sociabilidad intrínseca nos conduce a crear vinculaciones significativas entre nosotros. La conciencia de relación se expresa en los valores ético-sociales: honestidad, generosidad, respeto o cooperación. El peligro de este tipo de consciencia es que se cimienten en miedos profundos, que intentemos buscar constantemente señales de afecto y reconocimiento. La propuesta kantiana de la “insociable sociabilidad” señala el polo de la necesidad de aunar nuestra supervivencia individual y la pertenencia en una determinada comunidad.
c.- La transformación personal o autorrealización. Maslow ha definido la autorrealización como “un estado evolutivo en que la persona llega a ser más ego-trascendente y más independiente de las necesidades inferiores”. Su conducta deja de ser defensiva y se erige en el portador de un “sentido de existencia”. Algunos indicadores psicológicos son la claridad y percepción eficiente de la realidad, la espontaneidad, la expresividad, la creatividad, el talante democrático, la apertura a nuevas ideas y, ante todo, la capacidad de confiar. La confianza es imprescindible para disolver los miedos que nos agazapan.
La autorrealización presupone que la felicidad no estriba en aferrarse a un hedonismo chato (búsqueda exclusiva de un placer sorpresivo y fugaz), ni en una serenidad (materializado con el desapego budista) ajena a los acontecimientos, si no el compromiso con una causa exterior que nos trasciende. Lamentablemente la introspección que nos permite plantearnos nuestro sentido de la existencia proviene de situaciones límites (un acontecimiento vital desgarrador, una experiencia laboral inusitada o cualquier hecho que nos haga replantearnos los fines últimos de nuestra vida). Así, el estado de consciencia de autorrealización nos permite contribuir significativamente desde nuestra textura interna a un proyecto que nos permita “tener consciencia” (hacerse cargo) de lo queremos llegar a ser.
Publicado en: Filosofía
Email del autor: svillarp@gmail.com
viernes, 12 de diciembre de 2008 2:19
Creo que lo del budismo, por lo que se sobre budismo tibetano de la rama Karma Kagyu (camino del diamante), no encaja para nada con lo que crees que es realmente el budismo. Precisamente, en el budismo se aboga por ver las cosas tal y como realmente son y eso es totalmente lo contrario a lo que tu por lo visto crees sobre budismo diciendo que estos están ajenos a los acontecimientos, si eso fura cierto, no podrían ver las cosas como son. Para mas referencias al respecto, leer "las cosas como son" Lama Ole Nydahl. o bien para más info link en google con: "lama ole nidahl las cosas como son libro"
viernes, 12 de diciembre de 2008 12:16
Hola Santiago, a releer el texto que te he escrito me he dado cuenta de que he sido excesivamente irreverente contigo.Te pido mis más sinceras disculpas. De hecho me deje llevar. La verdad es que el budismo es un tema del que la mayoría de la gente imagina más que sabe, y estos malentendidos sobre algunas afirmaciones de esta "filosofía" que se hacen de oídas me quitan de quicio, deberé intensificar mis meditaciones ;) Un abrazo y un cordial saludo, Manel Vilaseca
viernes, 12 de diciembre de 2008 19:20
M.Vilaseca, te felicito por este acto de reflexión que haces, pidiendo disculpas al autor. Indica tu talla humana.
domingo, 14 de diciembre de 2008 20:52
creo que invita a hacer un alto y reflexionar, tambien pienso que sólo sí te implicas con la vida ella es generosa contigo.

viernes, 08 de mayo de 2009 21:52
La DpC (Dirección por consciencia) pretende introducir en la cultura de la empresa un nuevo concepto que podría denominarse "humanismo empresarial". Intentando, de esta manera, englobar los diferentes aspectos que atañen a la personalidad humana dentro del mundo de la empresa. El objetivo de esta DpC busca una mayor implicación por parte del trabajador, aumentando o estimulando la sensación de pertenencia, para mejorar su rendimiento en la empresa. Sin embargo, aunque este nuevo concepto triunfase - y el trabajador llegara a desarrollar un sentido de pertenencia o una sensación identitaria fuerte con la empresa y a la postre resultara más productivo para la misma-, todo ello no sería más que una ocultación eufemística de la realidad. En el fondo, la realidad seguiría siendo la misma: la empresa habría conseguido mayor productividad por parte del trabajador, y el trabajador no habria logrado un mayor grado de independencia. El individuo seguiría siendo un recurso más de la empresa - humano, eso sí -, y por tanto un medio y no un fin. La dirección por consciencia es sólo eso: una forma más de dirigir. El trabajor, como individuo que es, debe adquirir un mayor grado de consciencia a través de la reflexión. Este ejercicio supremo nos brinda la posibilidad de adquirir el protagonismo de nuestra propia existencia. No existe un lugar adecuado en el que podamos sentirnos ubicados, o en el que nuestra necesidad de pertenencia sea vea satisfecha. Porque la realidad del individuo no se reduce a un lugar adecuado, sino a un pensamiento adecuado. La consciencia lograda a través de la reflexión, hace que el individuo se haga más visible a sí mismo; aumentando, de esta manera, su capacidad volitiva, y adquiriendo un mayor protagonismo en su propia vida. No se trata, pues, de desarrollar un sentido de pertenencia hacia un grupo o entidad, sino perfeccionar el sentido identitario hacia uno mismo. Sólo así, incrementando la consciencia hacia uno mismo, podremos llegar a saber lo que realmente queremos: lo que queremos llegar a ser.
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