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Vivimos en un mundo interdependiente. Si el ámbito de experiencia de la mayoría de nuestros antepasados no iba más allá de la comunidad local, hoy nos afecta lo que ocurre en lugares remotos y nuestras acciones tienen también repercusiones globales. Disciplinas tan dispares como la física cuántica, la ecología y la geopolítica confirman día a día la interdependencia de cosas que hasta hace poco veíamos como separadas. Simultáneamente, a la vez que la economía, la experiencia y el conocimiento expanden su marco parece también expandirse lo que podríamos llamar nuestro horizonte ético: el horizonte que abarca a todos aquellos que identificamos como nuestros semejantes. 

 En la antigua Atenas el horizonte ético solo abarcaba a los hombres libres allí nacidos: mujeres, esclavos y forasteros no eran ciudadanos de pleno derecho. Cuando, a finales del siglo XVIII, Mary Wollstonecraft publicó un ensayo defendiendo la igualdad de derechos de la mujer, un irritado varón replicó que si las mujeres habían de tener derechos también podrían tenerlos los animales. En las últimas décadas han cobrado fuerza iniciativas que aspiran a ampliar el horizonte ético más allá de lo humano, afirmando nuestra responsabilidad hacia los animales (especialmente los primates), los ecosistemas o la Tierra entera. Ya en 1975, el filósofo australiano Peter Singer (hoy catedrático de bioética en Princeton), desde una fría perspectiva utilitarista daba alas al movimiento por los derechos de los animales con su clásico Animal liberation. En Francia, Michel Serres planteó considerar el mundo como sujeto de derecho en Le contrat naturel (1990), mientras que Bruno Latour proponía un “parlamento” de la naturaleza en Politiques de la nature (1999). Hoy se plantea crear una “jurisprudencia de la Tierra” que reconozca al planeta como pleno sujeto de derecho. Uno de sus impulsores es el norteamericano Thomas Berry, para quien “el mundo no es un conjunto de objetos sino una comunidad de sujetos”.

 Por más que queda mucho por hacer para que la Declaración Universal de los Derechos Humanos sea algo más que una declaración, esta Carta Magna aprobada en 1948 refleja presupuestos culturales que hoy empiezan a ser obsoletos: el ‘individuo’ al que se refiere es un ser acósmico, huérfano de naturaleza, que parece vivir sin aire ni agua y cuya única relación con el mundo es el derecho de propiedad. Hace ahora veinte años, la Comisión de Medio Ambiente y Desarrollo de Naciones Unidas pidió la elaboración de una nueva Carta Magna que pusiera al día nuestros principios éticos y sentara los principios de una sociedad sostenible. Ello dio lugar, durante más de diez años, al proceso de consulta más abierto y participativo que jamás haya generado una declaración internacional. Aportaron propuestas y revisiones cientos de organizaciones de la sociedad civil y miles de personas de todo el mundo, incluyendo políticos de prestigio (Mikhail Gorbachev), empresarios (Maurice Strong), académicos (Steven Rockefeller, Mary Evelyn Tucker) y líderes indígenas. En junio del año 2000 se presentó oficialmente en La Haya el texto final de la Earth Charter o Carta de la Tierra, bajo los auspicios de la reina Beatriz de Holanda. Desde entonces, el texto ha ido recibiendo el apoyo de miles de organizaciones de todos los ámbitos y, mientras se espera que sea aprobado por Naciones Unidas, cuenta ya con el apoyo de su brazo cultural y educativo, la UNESCO. 

 Descartes quiso convertirnos en maîtres et possesseurs de la nature; para ello, la revolución ontológica del siglo XVII dejó al mundo sin vida y lo convirtió en suma arbitraria de objetos, listos para ser poseídos, clasificados, manipulados y consumidos. Hasta hace poco hemos soñado con ser señores de la naturaleza: nos hemos creído muy superiores, y nos hemos ido sintiendo cada vez más solos. Hoy sabemos que nuestro rumbo no es sostenible a nivel económico, ecológico o psicológico y que, como afirma la Earth Charter, “estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra” y necesitamos transformar profundamente “nuestros valores, instituciones y formas de vida”.

 Entre las muchas iniciativas para promover la Carta de la Tierra destaca la del maestro de escuela mallorquín Guillem Ramis i Moneny, que junto con otros educadores y desde el programa Vivim Plegats ha elaborado diversas adaptaciones infantiles y juveniles de este texto para su uso en escuelas (a partir de los tres años de edad) de las que hay versiones en catalán, castellano, euskera, gallego y otras ocho lenguas. Entre 2000 y 2004 unas ochenta escuelas de Mallorca, Menorca, Eivissa y Formentera participaron en el proyecto, que desde entonces se ha extendido por España y a nivel internacional. Dos Fòrums d’Infants celebrados en Mallorca incorporaron principios de la Carta de la Tierra, enseñando a los niños a respetarse a sí mismos, al mundo y a los demás a través de juegos, cuentos, diálogos, dibujos y canciones. Desde Madrid la Fundación Valores promueve activamente la Carta de la Tierra en colaboración con Leonardo Boff y Federico Mayor Zaragoza, ambos miembros de la Earth Charter Comission.

 La Carta de la Tierra refleja un cambio de sensibilidad que parece estar amaneciendo, sigilosamente, bajo el estruendo de las guerras e injusticias contemporáneas. Hace algo más de tres cuartos de siglo, en la última página de su última obra, D.H. Lawrence anunciaba una creciente conciencia planetaria: “Mis pies saben perfectamente que soy parte de la tierra, y mi sangre es parte del mar… No hay ninguna parte de mí que exista por su cuenta, excepto, tal vez, mi mente, pero en realidad mi mente es solo un fulgor del sol sobre la superficie de las aguas”. Por los mismos años, durante un atardecer en el África tropical, el filósofo, teólogo, músico y médico alsaciano Albert Schweitzer avanzaba a través de una manada de hipopótamos cuando, de repente, la expresión “reverencia por la vida” (Ehrfurcht vor dem Leben) amaneció en su mente. Durante el resto de su vida este premio Nobel de la Paz consideró que la reverencia por la vida era lo que más necesitaba el mundo. Hoy parece todavía más necesaria. Tal vez se trate, como afirma la Carta de la Tierra, de aprender a vivir “con reverencia ante el misterio del ser, con gratitud por el regalo de la vida y con humildad con respecto al lugar que ocupa el ser humano en la naturaleza”.

Publicado en: Filosofía
Email del autor: jordi2048@yahoo.co.uk

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Comments

Juan Trigo
# Juan Trigo
viernes, 29 de mayo de 2009 13:43
Gracias Jordi. Lo he dicho en alguna ocasión, la escuela y por ende cualquier sistema educativo es solo complemento de formación doméstica de los niños. Y como no se puede hablar, por utópico, de la necesidad de una “escuela de padres”, cualquier sistema educativo, por bienintencionado y culto que sea, como se ha hablado aquí del famoso Sistema Montesori está llamado a repetir todos los fracasos sobradamente conocidos. El sublime enunciado de la Carta de la Tierra con que terminas tu artículo provoca, como provocó en las conciencias idealistas, la Declaración Universal de los Desechos Humanos, la honda inquietud de su imposibilidad de aplicación y desarrollo. Por supuesto que no hay más remedio que tomar esas iniciativas y expandir ese tipo de acciones, pero si no se logra incidir en la evolución de la conciencia del ciudadano medio seguiremos necesitando de grandes declaraciones, idealistas eventos y demás grandezas públicas, pero en la práctica tendremos que seguir asistiendo horrorizados a lo de siempre.
Entonces: ¿Cómo se pueden aplicar, por ejemplo los principios de esta Carta de la Tierra, sazonadas con las inspiradas reflexiones de Lawrence, Schweitzer, Russell, Bohm, Shakespeare, y tantos largos etc., a la vida cotidiana de las personas para que algo cambie en las relaciones padres e hijos? Si no tenemos respuesta a esto a nivel colectivo, ¿de qué sirve estrujarse las mientes en crear un sistema educativo tras otro?
Disculpa mi impaciencia, pero ¿a qué nivel se ha aplicado desde su fundación en el hogar la Declaración Universal de los Desechos Humanos?
Una vez más, apoyo sin reservas todas esas iniciativas sublimes, pero yo necesito ir más adelante, mucho más adelante. No me tranquiliza en absoluto el haber tranquilizado mi espíritu después de meditar en declaraciones semejantes, simplemente porque no quiero tranquilizar mi espíritu cuando la realidad les lleva la contraria.
Carlos Sánchez
# Carlos Sánchez
viernes, 29 de mayo de 2009 14:21
Te felicito por este mararvilloso artículo Jordi. Este es el cambio que todos y cada uno de nosotros debemos procurar individualmente. Sólo cuando alcancemos una masa crítica suficiente se producirá el milagro. Mientras tanto, vamos a mandar luz y buenos pensamientos a nuestro prójimo y a todo lo que nos rodea, como me dijo Joaquin Tamames esta semana y como luego le oi volverlo a decir en una conferencia que dio en EADA y que despertó aplausos sinceros. La frase del final de tu artículo resume perfectamente cuál debe ser nuestro trabajo individual. Si lo pensamos detenidemante, no requiere un esfuerzo sobrehumano porque son valores que, aunque no los escuchemos a menudo, habitan en nuestro interior.

Un fuerte abrazo y buen fin de semana a todos,
Nacho
# Nacho Rivera
viernes, 29 de mayo de 2009 14:25
Hasta las buenas intenciones son nocivas si no dan lugar al error, a la experimentación, a la búsqueda individual. Para saber lo que es la luz primero he de saber lo que es la oscuridad.

Nos falta lo más importante y es el aprendizaje. Hacemos las cosas por que son ley, son obligaciones. No hemos aprendido nada en absoluto, ni a nivel individual, ni colectivo. Hemos aprendido a obedecer y eso es muy peligroso.

Eso nos ha llevado a recelar de nosotros mismos. De nuetro hijos, de nuestros vecinos.

De ahí la lentitud del cambio. Debemos tropezar muchas veces hasta que por fin transcendamos a algo superior.

Paciencia Juan...es difícil ver el cambio cuando se está dentro del cambio. Como muy bien dice Jordi; está amaneciendo sigilosamente...

Un abrazo.
Maria Oliver
# Maria Oliver
viernes, 29 de mayo de 2009 15:02
Gracias Jordi, mil gracias, tu artículo es agua de mayo... de esa que ayuda a brotar... Gravcias por recordarnos esa Carta de la Tierra --carta astral, mapa, misiva, acuerdo-- (amén de todo lo demás)

Juan, dejemos de pensar en resultados inmediatos, en aplicativos... eso equivale a someterse al dictat de la angustia... "quiero resultados y los quiero ya"... El arquero zen medita, respira y con los ojos vendados, atina... toma tiempo para dar en el blanco. Si quieres derribar una muralla, deja que un pequeño cauce (a poder ser invisible) erosione sus cimientos... todos conocemos la imagen... ¿cuántos creemos en ella a pies juntillas? ¿Cuántos sabemos lo que cuesta esa fe, especialmente hoy y aquí, en este punto de nuestra civilización? ¿Cuánto hemos tardado en hacerlo?

La orvalla, el chirimiri, pueden calar más que una tormenta de verano... la urgencia, el corto plazo, el ojo en el resultado son formas de intolerancia al vacío... y... a una crisis Ninja, habrá que aplicarle un remedio Zen, no?
Un abrazo
Jordi Pigem
# Jordi Pigem
viernes, 29 de mayo de 2009 16:24
Juan, entiendo tu impaciencia. Si algunas de estas cosas no están al alcance, creo que al menos nos sirven de horizonte y de brújula. Y por otra parte las cosas cambian cuando uno menos se lo espera. Estuve en Berlín este y oeste en agosto de 1989, y no había nadie en ese momento, ni entre los ciudadanos ni entre los politólogos, que sospechara que el muro iba a caer en menos de tres meses. Espero que los muros que nos separan de la naturaleza, del corazón y de la luz también caigan pronto.

Un abrazo,

Jordi
Lucio
# Lucio
sábado, 30 de mayo de 2009 12:10
Lo primer
Quiero ese texto :D.
si podéis pasarme el link al adaptar para niños, de todas formas, en cuanto acabe este mensaje lo buscare.
lo quiero por que mi novia es educadora ambiental su trabajo es intentar despertar la sensibilidad de los niños por la naturaleza.

Y por otro lado lo quiero por que puede que organicemos un curso para profesores de infantil y me encantaría tocar ese tema.


Sobre la ampliación de la moral y las ansias de Juan Trigo por el cambio, me parece que intentamos abarcar mucho, intentamos cambiar el curso de un río con nuestras manos.

Soy profundamente partidario del "piensa globalmente y actúa localmente" , creo que en nuestra propia naturaleza esta el concepto de grupo y territorio, y el sistema actual nos han robado a todos nuestros territorios.
por eso,
Por que no lo sentimos como nuestro
y nosotros como suyo ,
no lo respetamos
y por eso no somos un grupo,
y recelamos de nuestros vecinos.

Me reitero. Piensa globalmente y actúa local mente , así notaremos los cambios mucho antes de alcanza esa masa critica de la que habla CarlosSanchez, así aremos los pequeños orificios imperceptibles, localizando nuestro esfuerzo.
Ejemplo con la educción.
Si fuesen los miembros de una comunidad los que eligiesen a los profesores, directores , programa educativo valores... si los padres conociesen a los maestros personalmente y viceversa , si la ecuación moral que tienen en casa se reforzase con la del colegio (Nacho,estoy pensando en niños, de momento necesitan coherencia, en la adolescencia necesitarancontradiccion, oscuridad y replantearselo todo para hacer su propio mundo tal y como lo estamos intentando nosotros)
¿no seria mejor?
esto pensando en la frase , se necesita todo un pueblo para educar a un niño.
No seria mejor crear un colegio privado (¡¡¡ala que palabrota!!!) que intentar cambiar el sistema educativo de todo el país.
Juan Trigo
# Juan Trigo
sábado, 30 de mayo de 2009 12:21
Estimados viajeros, buscadores en el camino, gracias por vuestra pasión (a Eduardo le pareció meterse en un avispero, todo lo contrario, la sinceridad parece agresiva cuando es verdaderamente sincera). He sido impaciente desde que nací (mi madre solía decir y agradecerme en público que empujé tanto y con tanta rabia que finalmente pudo haber parto; bueno, eso solo son palabras de una madre apasionada también por la vida, y por lo tanto impaciente, no sé si es cierto, pero ella lo decía a todos en cada uno de mis cumpleaños), y seguiré siendo impaciente hasta el final, mi actual mujer lo sabe bien, en cuestiones del espíritu soy absolutamente irreductible, y me encanta serlo. No entiendo la vida si pasión por ella. Es como con una bella mujer, no quieres dejar de pensar en ella ni relajarte, ni tranquilizarte, no quieres dejar de sufrir porque eso es la muerte, y no la Muerte Blanca (de la cual algún día hablaremos) sino la extinción por obediencia, como dice Nacho. La pasión por la vida es como la pasión por una mujer, te llena los poros, te posee.
Oh, Maria, gracias por recordarle el arte del tiro con arco, qué recuerdos me trae. Estudie con Deshimaru hace un siglo, y aprendí que no se trata de esperar conscientemente sino de estar permanentemente atento para detectar el momento en que te sientes uno con el arco, la flecha y la diana. Es un momento mágico, como solo lo puede producir la conciencia humana, en que te sientes perfectamente diana, habiéndote sentido arco, madera, cuerda, flecha. No se trata de paciencia, decía el maestro, es posible que al terminar de describir el cuarto de círculo en el aire con el arco y la flecha en progresiva tensión, al llegar a enfocar el punto de la diana te sientas ese mismo punto y ningún pensamiento te ordene soltar los dedos sino que son ellos mismos, los dedos que sostienen la cuerda, los que simplemente al sentirse uno con la diana, suelten la flecha. No es paciencia, ni fe, sino conocimiento, y no importa el tiempo, ni cronos ni kairós, solamente sentir y dejar que la conciencia ejecute lo que ha aprendido. La fe es echar a andar por un camino extraño para el ego, el resto es aprehender las claves que vas encontrando por el camino.
Es de lo que tú hablas, Jordi, de ese Berlín pre-glasnost y del momento en que se ejecutó la magia. Recuerdo en mis años de estudio del budismo, con Emilio Salas, en la escuela Nagaryuna de Barcelona, como nos uníamos en meditación al grupo de trabajo que meditaba para frenar la escalada armamentística, en aquellos tiempos de la Guerra fría (crisis de los misiles en Cuba) en que parecía inminente la destrucción de la Tierra por una contienda nuclear. Jon Blofeld y su equipo nos decían que no padeciéramos porque a la “Estrella de la Mañana” (o “Cuerpo Celeste” como recogió del Mazdeísmo Lovecraft para su Teoría de Gaya) no la destruyen los hombres no evolucionados, los “robots” que diría hoy Gurdjeff.
No me preocupa la suerte que pueda acarrear a la Creación (la Tierra), porque está demasiado por encima de nuestras posibilidades de acción, sino al tiempo de la evolución del ser humano en convertirse en humano. Y eso sí que nos toca a nosotros específicamente.
Un abrazo apasionado a todos
Jordi Pigem
# Jordi Pigem
sábado, 30 de mayo de 2009 18:02
Lucio, la Carta de la Tierra (que seguramente ya habrás encontrado) la tienes en:
http://earthcharterinaction.org/contenido/pages/La-Carta-de-la-Tierra.html
En internet hay versiones en más de treinta idiomas, inclòs català eta euskera.

Pues eso, Juan, a convertirnos en (bodhisattvas) humanos.
Nacho
# Nacho Rivera
sábado, 30 de mayo de 2009 19:16
El niño obediente es elogiado por sus padres, por sus profesores, por todo el mundo, y el niño juguetón es censurado. Sus ganas de jugar podrían ser totalmente inofensivas, pero es censurado porque existe un peligro potencial de rebelión. Si el niño continúa creciendo con total libertad para ser juguetón, acabará siendo un rebelde. No será fácilmente esclavizado; no le podrán reclutar fácilmente en un ejército para matar gente, o para que le destruyan.
El niño rebelde se convertirá en un joven rebelde. Entonces no podrás obligarle a que te vote; no podrás obligarle a aceptar un determinado empleo; no se le podrá obligar a satisfacer los deseos incompletos y los anhelos de sus padres. La juventud rebelde seguirá su propio camino. Vivirá su propia vida de acuerdo con sus deseos más íntimos, no de acuerdo con los ideales de otra persona.

Lucio hablas de tu moral, de tu coherencia y de tus valores...¿No crees que eso es manipulación?
Lucio
# Lucio
domingo, 31 de mayo de 2009 12:24
Contesto a nacho.
Creo que es el medio natural por el que los principios y los valores evolucionan.
Creo que los niños están habidos de ejemplo de que se les diga que se espera de ellos (unos mas que otros, la educación no debería ser como una cadena de montaje donde todas las piezas reciben el mimo tratamiento) , imitan a sus padres, a sus hermanos mayores ...
Es luego en la adolescencia, cuando en la mente, pide replanteárselo todo, y entonces coge los valores que les han inculcado, los vuelven del derecho, del revés, los cribas , y se forman su propio sistema de valores.
Creo que en la especie humana este sistema de transmisión de la cultura es innato, natural y no nos convienen negar nuestra propia naturaleza.
Reincidentes:

-Toma mi humilde legado
No hagas caso a la totalidad
Perdóname si te he fallado
Y que tengas suerte en tu largo caminar.

Si no se les ofrecen esas señales, que les indican por donde ir, seguirán las primeras que vean, y hoy por hoy las señales de la publicidad, de los masmedia, y en mucha menor medida la institucionales son las que van a encontrar.
Por otro lado no olvides que los valores que se pueden inculcar son los de la carta de este post.
Aunque yo creo que deberían ser distintos en cada sitio
para conseguir
Diversidad
Libertad de opción
Selección natural
Evolución
Ramon Fernandez-Cid
# Ramon Fernandez-Cid
jueves, 04 de junio de 2009 1:42
Creo que el problema es que tenemos muy arraigado el Derecho de Propiedad.Cualquier Estado establece que dentro de sus limites territoriales cualquier cosa es de su propiedad.
Eso esta bien cuando se refiere a un concepto abstracto,pero los gobernantes tienden a convertirlo en algo real y tangible.A partir de ahí cualquier cosa se transforma en un bien,y por lo tanto,puede tener una cuantificación económica.La economía moderna ha ido mas allá,pues ha generado derechos, que a su vez pueden ser cuantificados y comercializados.
El problema es que los límites de los Estados no son estancos,las cosas que se hacen dentro de los límites de un Estado en aplicacion de su legislación pueden estar creando una relacion causa efecto que vulnere la legislacion de otro Estado.
Puede ser legal que dentro de los límites de un Estado se construya una industria contaminante ,cuyas consecuencias negativas las pague la población de otro Estado.Las fronteras entre Paises ,como dije antes,no son compartimentos estancos.Por ello es necesaria una vision global del problema.No puede ser unilateral.
Creo que se debería cambiar el concepto de propiedad cuando nos referimos a nuestro entorno natural.Incluido el del Estado.
Nosotros no somos propietarios,somos únicamente usufructuarios de lo que nos han legado las generaciones anteriores, y por lo tanto,tenemos una obligación moral con las generaciones futuras.
Yo creo que esa obligación moral se debería transformar,ademas,en una obligación legal con expresión jurídica propia.
Lucio
# Lucio
jueves, 04 de junio de 2009 18:14
Completamente de acuerdo , solo matizo, el ambito de actuacion que tenemos es limitado, tenemos que ser responsables sobrobretodo de los que nos rodea , y procurar que los demas sean responsables de su zona.
Marisilla
viernes, 05 de noviembre de 2010 14:11
Hola Jordi!
Aunque metidiña en "mil fregaos" también me paso por aquí a leer tus palabras, tus pensamientos...
He leído todos y cada uno de los comentarios, y realmente comparto un poquito de cada uno de ellos...
Lo importante, bajo mi punto de vista es que todas las declaraciones, protocolos y demás, no se queden en eso simplemente y que pasen a materializarse en acciones.
Da igual que sea despacio, da igual que sea poco a poco...lo importante es despertar y actuar.
Amigo Juan Trigo, me encantaron tus palabras, desprendes una dulzura inmensa.
Gracias a todos por vuestros comentarios, son muy gratificantes ;-)

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