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Jordi Pigem posted on mayo 12, 2009 05:00 
La especie homo sapiens se ha mudado a un nuevo hábitat. Desde 2008, por primera vez en la historia, más de la mitad de la población mundial habita en ciudades. El género humano pasa a ser mayoritariamente género urbano, homo urbanus. Hablar de mutación parece exagerado. Pero lo cierto es que en trescientas generaciones hemos pasado de un mundo con miles de culturas y ninguna ciudad —solo poblados apenas distinguibles de su entorno— a un mundo con cada vez más ciudades y menos lenguas y culturas. Los 25 millones de ciudadanos de principios del siglo XIX cabrían hoy de sobra en la aglomeración urbana de Tokio. Megaciudades del siglo XXI como Nueva York y Los Ángeles, Bombay y Calcuta, São Paulo y Shanghai son algo insólito en la historia de la Tierra, inimaginables no solo para el pastor y el campesino, sino también para el ciudadano de la polis griega, de Pataliputra o del Pekín imperial.
La ciudad era hasta ahora el modelo de todo lo civilizado y metáfora de las mejores esperanzas y utopías: La ciudad de Dios (Agustín), La ciudad del Sol (Campanella). Pensadores tan diversos como Sócrates, Kant, Marx y Spengler no hallaron nada digno de atención fuera de los límites de la ciudad. Otros le han visto un lado oscuro. “La ciudad es la repetición de la caverna con otros medios” (Blumenberg, Salidas de la caverna). Un psiquiatra francés denunciaba en 1819 que “las ciudades de cuatrocientos o quinientos mil habitantes son desviaciones de la naturaleza”. También en 1819 el poeta Shelley comparaba a Londres, a populous and smoky city, directamente con el infierno. Doscientos años después, no es lugar para ángeles el Los Ángeles de 2019 en el que transcurre Blade Runner, un mundo sin rastro de luz natural o vida rural y donde lo único que queda de la naturaleza es la lluvia continua acarreada por el cambio climático. Es notable la capacidad de prever el futuro de aquella película de 1982 (y de la novela en la que se basa, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?): la arquitectura futurista y la densidad humana de Blade Runner empiezan a asomar ya hoy en megaciudades asiáticas como Tokio o Seúl.
Los antiguos trazaban ritualmente los límites de cada nueva ciudad con el arado, que debió ser la primera herramienta de diseño urbano (urbem designat aratro, escribe Virgilio de Eneas). Mucho han crecido las ciudades desde entonces, y hoy saben tan poco de límites como de arados. Lo humano es etimológicamente humus, tierra viva y fértil, cada vez más pavimentada. Históricamente el lenguaje se ha nutrido de un sustrato de metáforas agrícolas y rurales: hablamos de cosechar frutos, de sembrar esperanzas o de la raíz de un asunto. La imaginación tecnourbana, en cambio, quiere ponerse las pilas, desconectar y cambiar el chip.
En 1900 solo el 10% de la población mundial era población urbana. En 1950 la proporción llegaba al 29%, en 2000 al 46,6% y en 2008 se cruza el umbral que deja a lo rural en minoría. Pero la ciudad solo tiene sentido en relación a un Hinterland rural que la provee de agua, alimentos, materias primas y energía. Occidente se urbanizó a costa de exportar ese Hinterland rural a los campos y minas de las colonias. No todo el orbe puede ser urbe. ¿Hasta dónde es sostenible la urbanización de la humanidad?
El instante exacto en el que se cruza ese umbral solo lo sabremos dentro de un par de años, cuando se hayan contrastado suficientes censos. Otro récord contemporáneo: en 2007 la población de las favelas, bidonvilles y slums alcanzó los mil millones de personas. Por cada Manhattan y Chelsea hay cientos de barrios de miseria. Más del 40% de los habitantes urbanos de los países del Sur duermen en chabolas, sin un mínimo de servicios básicos y de seguridad, en asentamientos informales en laderas empinadas (como las favelas de Río de Janeiro, acosadas por los deslizamientos de tierras y el narcotráfico), construidas en vertederos (como en Manila) o en terrenos sujetos a inundaciones (como en Yakarta). El nuevo hábitat es la urbe de asfalto y acero, de cemento y ladrillo —o de chatarra, tablones y uralita.
A medida que las ciudades crecen también se vuelven más parecidas unas a otras: los mismos centros comerciales, vehículos, estilos arquitectónicos. El carácter único de cada lugar, el genius loci, tiende a ocultarse cuanto más se elevan los rascacielos. Se pierde también el arraigo en un cosmos más amplio: las pautas vitales no vienen ya marcadas por el ascenso y el ocaso de los astros, sino por el ritmo de los semáforos y los horarios de apertura. Las formas premodernas de medir el tiempo tenían en cuenta los ritmos locales y la distinta duración del día y la noche según la estación (largas eran las horas de los días de verano y las noches de invierno, cortas las de los días de invierno y las noches estivales). Las horas uniformes del reloj mecánico (la máquina clave del mundo moderno, según Lewis Mumford) se inventaron en el siglo XIII, cuando las ciudades europeas empezaban a exigir una rutina metódica. Desde entonces, la urbanización ha crecido a la par que la lógica de lo abstracto y mecánico. Las luces de la ciudad eran las luces del progreso.
Pero las ciudades, más allá del cemento y el reloj, están hechas de deseos y miedos, de sueños y creatividad. Las ciudades son asambleas en las que a diario, con su concentración de energía y aspiraciones humanas, emergen las leyes no escritas que rigen la polis y la política. Antes de estar representados en el Parlamento, los ciudadanos estamos directamente representados por el tipo de ciudad en la que paseamos y parlamentamos.
La democracia tangible es directamente proporcional al número de espacios públicos de convivencia e intercambio, ágoras, plazas y parques (e inversamente proporcional al imperio del motor de explosión sobre el ciudadano). La urbanización de la humanidad solo será sostenible si se humanizan las ciudades, dando primacía a peatones, bicicletas y transportes públicos y aparcando los modelos que dan preferencia al automóvil antes que a las personas (Bogotá, por ejemplo, ha potenciado el transporte público de forma innovadora). Por otra parte, las aglomeraciones urbanas transportan y transforman toneladas de materiales cada segundo: son la fuerza geológica más notable del planeta. Su voraz metabolismo solo podrá perdurar si logra reintegrarse en la biosfera.
Publicado en: La sociedad
Email del autor: jordi2048@yahoo.co.uk
martes, 12 de mayo de 2009 10:12
Llevo un tiempo escuchando mucho la canción de retorno al campo, a la vida rural. Y tiemblo, tiemblo porque si prospera la moda, nos cargamos lo poco que nos queda de naturaleza. Y este escrito me reconforta. Las ciudades requieren de creatividad, dialogo, humanidad, cualidades difíciles de encontrar en nuestros políticos. Las ciudades son el intelecto del planeta, de su buena salud depende el resto del mundo. Saludos.

martes, 12 de mayo de 2009 13:51
Un apunte: Creo que esta semana se celera aniversario (... 50? - no lo recuerdo) del Plan Cerdà. Para mí, el modelo de ciudad que planteaba, era respetuoso con lo que comentas. Las manzanas que se levantaban entorno a un especio común de ocio/naturaleza, que propiciaba el encuentro. Eran como pequeños minipueblos en medio de la ciudad, con espcios verdes en el corazoón de los edificios. Después se ha desvirtuado y construido en medio de estos espacios, y hoy en día su recuperación es costosa, porque se realiza a base de comprar a los propietarios los terrenos... Lo bueno de Cerdà era la filosofía: Ciudades donde vivir, compartir, con las personas como centro. Esta filosofía y no tento su plasmación en el ensanche, ¿tendría sentido hoy? Seguro... Pero, ¿Lo tiene? ¿Hay algo que se mueva en las ciudades en este sentido? Qué bonito sería vivir en la ciudad con mentalidad de pueblo. Encontrate a alguien y decir: ¿Conoces a Fulanito? sin que se te quede mirando cion cara de bicho raro...
martes, 12 de mayo de 2009 13:59
Muy interesante la vision histórica de la evolucion de la ciudad. Conociendo el pasado aprenderemos a construir el futuro, mas alla de la problematica campo-ciudad.

# Marcos Mancilla Gonzalez
martes, 12 de mayo de 2009 14:09
Proyecto Biosfera Este proyecto, llamado Biosfera, nace ante la inminente necesidad de reestablecer una conexión saludable y sustentable con nuestro planeta, ya que, la forma de vida que los hombres han adoptado durante los últimos siglos; basada fundamentalmente en la expansión y conquista de territorio, el desarrollo de la industria, la extracción indiscriminada del recurso natural, más un afán desmesurado de riquezas, así una larga lista de situaciones en las cuales el hombre, basado solo en una precaria y ambiciosa búsqueda de resolver su inmediatez; ha devastado y contaminado tanto su medio natural como su medio social, provocando un freno en su evolución. De esta manera surge nuestra iniciativa, que si bien fundamentalmente se enfoca a resolver y mejorar las condiciones contingentes, también estamos aprestos para dar solución a las problemáticas que nos depara el futuro. Ya que ambas situaciones se resuelven a través de una base común, la cual consiste en; el cuidado y correcto aprovechamiento de los recursos naturales. Y en esta línea, nuestra meta consiste en re-fundar el ecosistema, es decir, re-fundar las relaciones que se dan dentro de la comunidad natural, entre los seres vivos (bióticos) y el ambiente físico (abiótico), contemplando los flujos de energías y de materiales que son propios de esta relación. En palabras más simples, buscamos modificar la relación existente entre el hombre y su entorno, redireccionando su desarrollo tanto personal como social. Este cambio de relación que pretendemos lograr, esta pensado para una evolución acorde con el eco sistema y evitar cambios radicales en la forma de vida del hombre, con el fin de hacer de este proyecto algo realmente plausible y útil. No pretendemos sacar al hombre del concepto de ciudad, sino que modificar el concepto de ciudad en sí mismo, desde el viejo concepto de empalizada para resguardarse de los enemigos y guarecerse de las inclemencias del clima, que poco a poco se fue tornando en un elemento hostil, para con el entorno natural, hacia los conceptos de BIOSFERA y ECOSISTEMA. El acercamiento a este tipo de comunidad exige el uso de nuevas formas de manejar los flujos de energías y de materiales que se dan en el medio natural. Así que en este campo recurrimos a desarrollos que se han dado a través de los años en el campo de las ENERGIAS RENOVABLES. En todas sus modalidades aplicables con el fin de generar una ciudad que rompa con los modelos de planeamientos energéticos centralizados. Para lo cual esperamos contar con la colaboración de muchos de ustedes. Próximamente le invitaremos a un evento de participación y colaboración en este proyecto y una cordial bienvenida a todo aquel que desee participar. Mis agradecimientos a quienes colaboran con sus ideas y su valioso tiempo y muy especialmente a mis hijos quienes, por su juventud y visión son la sangre nueva que requiere la evolución asía un futuro participativo. Marcos Mancilla G Marcos Mancilla G Rodrigo Mancilla G Sebastián Mancilla H
martes, 12 de mayo de 2009 19:15
Excelente artículo, Jordi, tienes el don de escribir de maravilla, saludos de Cristóbal
martes, 12 de mayo de 2009 20:44
Interesante artículo, sobre todo la frase, "La urbanización de la humanidad solo será sostenible si se humanizan las ciudades, dando primacía a peatones, bicicletas y transportes públicos".
martes, 12 de mayo de 2009 23:24
Escuché por ahí que hace algunos cuántos siglos proponían que las ciudades debían tener tantos habitantes como amigos puede unos ser capaz de hacer uno puede hacer durante una vida. Me resultó más que interesante. Muy sostenible. Me imaginé en algún momento que esa sociedad ideal era una sociedad de armonía,amor y solidaridad... Las leyes eran impensadas. Nadie haría algo que le afecte a un amigo y reinaría el respeto como un valor jerárquico sólo en el consciente colectivo.

miércoles, 13 de mayo de 2009 2:03
...Detrás de la Piazza Navona, en Roma, está Santa Maria della Pace (el Chiostro da Brabante), a su entrada puede leerse el salmo 72: SUSCIPIANT MONTES PACEM POPULO ET COLLES IUSTITIAM ("Las montañas darán paz al pueblo y las colinas, justicia")... Esa es la fe en la urbs (romana, de Dios después...)... Hoy, como afirma Jordi y resalta Begoña, "La urbanización de la humanidad solo será sostenible si se humanizan las ciudades, dando primacía a peatones, bicicletas y transportes públicos" porque hemos saltado a la dimensión global, porque los avatares del "sueño" civilizador han sido los que hoy padecemos y porque la historia ha avanzado sobretodo en una linea ilusoria de depredación.... Para que la humanidad se urbanice --devenga ciudadana--, hay que rehumanizar las ciudades, sí, y hoy, la humanización pasa --urgentemente-- por la sostenibilidad... Es humano, lo que es sostenible, pues eso nos hace habitantes CONSCIENTES, lo otro es destrucción del medio, luego de la especie... Una especie que será nuevamente civilizadora; el cambio de paradigma, necesario, insoslayable, pasa necesariamente hoy, por la ecología... Insistir en la ilusión de que vivimos en un medio de recursos infinitos es pueril, acientífico y absurdo: lleva a la extinción absoluta- Por ello la propuesta de Marcos, enhorabuena! es muy estimulante, coherente y necesaria y espero que nos vayas informando más concretamente. Espero ansiosa ese evento que anuncias! Gracias Jordi Pigem por este magnífico artículo y por insistir y recordarnos la esencia civilizadora de la urbe: " La democracia tangible es directamente proporcional al número de espacios públicos de convivencia e intercambio, ágoras, plazas y parques (e inversamente proporcional al imperio del motor de explosión sobre el ciudadano)"
miércoles, 13 de mayo de 2009 2:25
Y: la gran frase de Nacho: "Las ciudades son el intelecto del planeta, de su buena salud depende el resto del mundo". Bingo! Y ya que Sergio cita a Cerdà... ¿qué hay de los nuevos urbanistas? No los esclavos de ayuntamientos y sus normativas... los utopistas, los iluminados, como Cerdà (o como los que proyectaron "ciudades-jardín"... inspirándose en el socialismo naciente o primerizo) en fin, qué ha sido (qué es?) de aquellos que usan el trampolín del crecimiento "necesario" para inscribir en sus proyectos la escala humana, social... Se pervirtió ese espíritu, como se pervirtió el pla Cerdà... Habrá que recordar a nuestros ayuntamientos que no basta con el bicing o con obligar a los edificios de nueva construcción a que implementen placas solares.... queremos más! ¿intervenir en el trazado de esas nuevas ciudades? que los concursos sean realmente públicos, que se sometan a nuestra opinión y aportaciones... que los consensuemos... eso es público.

miércoles, 13 de mayo de 2009 10:15
Jordi, te felicito por el artículo. El otro día tuve una rica conversación con Toni Pons, a quien espero que conozcas en breve. Toni me explicó que fruto de un estudio que han llevado a cabo él y otros colaboradores (Toni es psicólogo, entre otras muchas cosas, y el equipo de investigadores está compuesto por historiadores y antropólogos), han podido comprobar cómo ciertos patrones aquitectónicos y de actividad se repiten una vez tras otra en los mismos lugares como si hubiere un campo de fuerzas formativas que vigila o transmite información y que hace que la evolución de una ciudad, a pesar de los siglos, mantenga un patrón concreto por zonas. Es decir, que si aquí hubo una casa romana de un noble de la época, hoy, en la misma ubicación encontraremos una arquitectura muy concreta que nos hablará de lo que hubo en el pasado. Toni habla del concepto de fractalidad aplicado a las ciudades. Este es un tema apasionate que da para mucho. Pero de una cosa estoy seguro: tenemos una deuda con nosotros mismos y con nuestra calidad de vida. Debemos poder recuperar nuestra ciudad para que no nos aleje si no que nos mantenga unidos a los cilcos naturales,a a lal climatología y a los astros, al espacio v verde no marginal, y a un ritmo que no sea frenético. Y no puedo estar más de acuerdo en que, sobretodo, que sea sostenible en todos los sentidos. Gracias por este brillante artículo Jordi.
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