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Jordi Pigem posted on abril 01, 2009 05:00 
Imaginemos que en este Año Internacional de la Astronomía se produjera en pleno día un eclipse de sol que nadie había previsto. No bastaría con dar un tirón de orejas a los profesionales de la astronomía. Sería evidente que la teoría astronómica requiere un cambio de paradigma, como el que en su día introdujeron Copérnico, Kepler y Galileo en la cosmología medieval. En vez de remendar la vieja teoría astronómica con más epiciclos, deferentes y excéntricas, habría que transformarla por completo.
En 1989 se dijo que todos los politólogos tendrían que dimitir por no haber previsto ninguno la inminente caída del muro de Berlín. También se ha dicho ahora que los grandes profesionales de la economía deberían dimitir por no haber previsto la magnitud de la crisis global en la que hemos entrado. Aparte de Nouriel Roubini (tachado de excéntrico y apocalíptico) ningún economista convencional la vio venir a tiempo. Lo reconoce incluso Paul Krugman, el reciente Nobel de Economía. No menos grave que la crisis del sistema económico es el colapso de las teorías económicas convencionales, que se han visto completamente desbordadas por la realidad. Las caras largas del último encuentro de Davos no solo tienen que ver con el deterioro de la economía. Tienen mucho que ver con el hecho de que los mapas que usábamos ya no sirven. Los dioses que adorábamos resultaron ser falsos. Aunque nos empeñemos, por inercia, en seguir dando crédito a los mismos métodos y a los mismos expertos.
Un periodista del Corriere della sera, Federico Fubini, hizo este año en Davos una encuesta a directores de bancos centrales y otras figuras clave del sistema financiero global. Les preguntó si creen que han hecho algo a lo largo de su vida “que pueda haber contribuido, aunque sea mínimamente, a la crisis financiera”. No, respondió sin titubeos el 63,5 por ciento. David Rubinstein, cofundador y director ejecutivo del Carlyle Group, comentó irónicamente: “Creí que el cien por cien dirían que no tienen nada que ver”. Al fin y al cabo, es habitual que quienes se aferran a un paradigma obsoleto no se den cuenta de su propia responsabilidad o de lo que hay ante sus ojos. Tampoco los teólogos de hace cuatro siglos veían nada cuando miraban a través del telescopio de Galileo.
Hay una burbuja mucho más antigua y mucho mayor que la burbuja bursátil y la burbuja inmobiliaria. Es la burbuja epistemológica: la burbuja en la que flota la visión economicista del mundo, la creencia en la economía como un sistema puramente cuantificable, abstracto y autosuficiente, independiente tanto de la biosfera que la alberga como de las inquietudes humanas que la nutren. En este sentido, la crisis del sistema económico tiene su origen en una crisis de percepción. La economía ecológica de Joan Martinez Alier y la psiconomía de Àlex Rovira son lentes correctoras de ambos tipos de miopía. La solución a la crisis económica no puede ser solo económica.
Hoy se habla de volver a Keynes. Pero hace setenta años Keynes ya criticaba que todo se reduzca a valores económicos: “Destrozamos la belleza de los campos porque los esplendores no explotados de la naturaleza no tienen valor ‘económico’. Seríamos capaces de apagar el sol y las estrellas porque no nos dan dividendos”. En sus últimos años Keynes señaló a un joven economista alemán como el más indicado para continuar su legado. Se trataba de E.F. Schumacher, que en los años setenta publicaría un libro de referencia de la economía ecológica, Lo pequeño es hermoso, en el que criticaba la obsesión moderna por el gigantismo y la aceleración y proponía algo insólito: “una economía como si la gente tuviera importancia”. Schumacher sabía que las teorías económicas se basan en una determinada visión del mundo y de la naturaleza humana. Y todavía hoy, en el siglo XXI, pese a la física cuántica y la psicología transpersonal, la economía imperante se basa en una ontología decimonónica: ve el mundo como una suma aleatoria de objetos inertes y cuantificables, es reduccionista y fragmentadora y tiende a oponer a los seres humanos entre sí y contra la naturaleza. Schumacher ya diagnosticó en 1973 que “la economía moderna se mueve por una locura de ambición insaciable y se recrea en una orgía de envidia, y ello da lugar precisamente a su éxito expansionista”, y añadió que hoy la humanidad “es demasiado inteligente para ser capaz de sobrevivir sin sabiduría”.
No pocos bioeconomistas y economistas ecológicos, conscientes de que el crecimiento económico se había convertido en una carrera contra la geología, contra la biosfera y contra el sentido común, veían venir esta crisis desde que se aceleró la globalización. Otros parecen haberla intuido mucho antes. El economista suizo Hans Christoph Biswanger analizó en Dinero y magia la segunda parte del Fausto de Goethe como una crítica premonitoria de la fáustica economía moderna. El dinero (nuestro símbolo favorito de inmortalidad) se vuelve adictivo y el individuo entrega su alma por él. En el cuarto acto Fausto define así su deseo más profundo: “¡Obtendré posesiones y riquezas!” (y anticipando nuestra sociedad hiperactiva añade: “La acción lo es todo”). La alquimia ha sido sustituida por la especulación financiera: se trata de crear oro artificial que a partir de la nada pueda multiplicarse sin límites.
Goethe aparte, hoy sabemos que nuestro rumbo no es sostenible a nivel económico, energético, ecológico o psicológico. Mientras la economía crecía creíamos poder ignorar el incremento de las desigualdades y el deterioro ecológico, o soñar que serían resueltos por la bonanza económica. Ahora ya no. La burbuja epistemológica empieza a desvanecerse: el mundo real existe y llama con fuerza a nuestras puertas, por ejemplo en forma de imprevisibles cambios climáticos y de escasez de materias primas. Las crisis interrelacionadas del mundo de hoy nos sitúan, a escala planetaria y a escala personal, ante un rito de paso sin precedentes. Nuestra sociedad tiene mucho de rebelión e hiperactividad adolescentes: rebelión contra la biosfera que nos sustenta y contra un cosmos en el que nos sentimos como extraños, hiperactividad en el consumismo y en la aceleración que nos lleva a posponer la plenitud a un futuro que nunca llega. La crisis como rito de paso nos desafía a alcanzar una madurez sostenible y serena que redescubra el regalo de la existencia en el aquí y ahora.
Hace ahora cuatro siglos, en el año 9 del siglo XVII, Kepler publicó su Astronomia nova y Galileo empezó a explorar los cielos con su telescopio. Ambos sentaron las bases de una astronomía que sabe predecir con precisión los movimientos planetarios. Pero el método se llevó a un extremo, identificando el mundo con un libro escrito en lenguaje matemático y reduciendo la realidad a lo que es cuantificable. De modo que los colores, olores, sabores, toda apreciación de sentido o de belleza y todo lo que constituye nuestra experiencia inmediata del mundo serían sólo ilusiones. La geometrización del mundo nos ha brindado un enorme poder, sin duda. Pero hemos acabado reduciéndolo todo a códigos de barras, cifras, estadísticas y redes de abstracciones. Como las que rigen la economía, cada vez más ajenas a la experiencia concreta de tierras y gentes. Ajenas, incluso, a sus propias crisis.
La palabra crisis viene del griego krinein (decidir, distinguir, escoger), raíz también de crítica y criterio. Durante las crisis resulta decisivo saber usar nuestro mejor criterio. Uno de los significados de krisis en griego era el momento decisivo en el curso de una enfermedad, cuando la situación súbitamente mejora o empeora. Este sentido médico es el sentido principal que crisis tuvo en latín y en la mayoría de lenguas europeas hasta el siglo XVII, y sigue siendo el primero que da el Diccionario de la Real Academia (hay que esperar al siglo XVIII para que surja en francés el sentido político de crisis, aplicando metafóricamente al cuerpo social lo que era propio del cuerpo humano). Durante siglos se ha hablado con toda naturalidad de la “buena crisis” que conduce a la curación del enfermo. Joan Coromines recoje algún ejemplo del siglo XVII: “lo malalt ha tingut una bona crisa”. En este sentido, una crisis es una oportunidad. O una especie de viaje por los espacios que analiza la Teoría del Caos, en los que una pequeña fluctuación puede dar lugar a desarrollos sorprendentes y duraderos. Lo único que está claro en un momento de crisis es que las cosas no seguirán igual.
Los años venideros están llamados a ser un rito de paso para la humanidad y la Tierra, un tiempo crucial en el largo caminar de la evolución humana. Podemos imaginar que participaremos en transformaciones radicales y muy diversas, en amaneceres sorprendentes y crepúsculos intensos, y que el colapso de las estructuras materiales e ideológicas con las que habíamos intentado dominar el mundo abrirá espacios para la aparición de nuevas formas de plenitud.
En este rito de paso del final de la modernidad una mala crisis nos conduciría a extender la sed de control, la colonización de la naturaleza y de los demás y nuestro propio desarraigo. Una buena crisis, en cambio, nos conducirá a una cultura transmoderna, en la que una economía reintegrada en los ciclos naturales esté al servicio de las personas y de la sociedad, en la que la existencia gire en torno al crear y celebrar en vez del competir y consumir, y en la que la conciencia humana no se vea como un epifenómeno de un mundo inerte, sino como un atributo esencial de una realidad viva e inteligente en la que participamos a fondo. Si en nuestro rito de paso conseguimos avanzar hacia una sociedad más sana, sabia y ecológica y hacia un mundo más lleno de sentido, habremos vivido una buena crisis.
Buena crisis y buena suerte. |
Publicado en: Filosofía
Email del autor: jordi2048@yahoo.co.uk

miércoles, 01 de abril de 2009 10:15
La delgada línea de la buena y mala economía... Es tan fácil y complicado al mismo tiempo, como que cada uno haga bien su trabajo. Hormiguitas trabajando en un bien común, aunque no lo sepan. Pero cada continente, país, individuo tiene su propio ego y ambiciones y poner todo eso de acuerdo es sumamente difícil. Hasta ahora todo se mide a traves de la economía, pero a nivel de la conciencia hay diferencias significativas. Y es ahí donde hay que enfocarse. Es curioso como culturas tribales han accedido a la alta tecnología con resultados catastróficos. Hoy en día, casi cualquier tribu étnica u orden feudal puede acceder a las armas nucleares, biológicas y químicas,que jamás hubieran podido producir por sí solos, con resultados más que lamentables. Para llegar al fin de la historia que citaba Fukuyama(lugar en donde el nivel de bienestar global y mundial fuera de difícil superación) sólo se podrá producir cuando la mayoría de la población mudial esté en un nivel superior al etnocéntrico. Y eso es el 70% de la humanidad. Así que el camino es largo... Buen artículo Jordi y un saludo.

miércoles, 01 de abril de 2009 15:48
¡Que lindo artículo Jordi! Que bueno volver a mirar la relación entre la parte y el todo. Me parece perfecta la analogía entre la enfermedad del cuerpo, la de la sociedad y la del planeta. Cuesta creer que podamos sanar al mundo, si no logramos hacernos cargo de nuestros propios dolores, malestares y enfermedades El planeta, que es sabio, no va a morir. Solo va a padecer una fuerte fiebre (calentamiento), tras la cual va a despertar sano. (Quisiera creer que con seres humanos). ¿Qué hace que, tras ese punto crucial (crisis) en el proceso de la enfermedad, la persona sane o muera? ¿Qué debe pasar para avanzar desde el analgésico al cambio de conducta? ¿Cuánto dolor podemos soportar? ¿Cuánto más tienen que crecer la industria farmacéutica, la cosmética, la de la moda y todas las fabricas de sucedáneos para el bienestar? Éstos solo prolongan la enfermedad y la empeoran. La experiencia debiera movilizarnos hacia la acción. Ya hemos atravesado por enfermedades desde la infancia y aprendimos que la curación pasa por hacer cambios de conductas. ¿Cómo volver al aquí y ahora? Renunciando al “allá, mañana”. Renunciando a la necesidad de control. Renunciando a las caretas, los disfraces y a la “imagen”, que reemplaza al ser. Renunciando a la necesidad de ser competentes y de competir. Laborando y colaborando. Respetándonos y amándonos a nosotros mismos, a los otros y al total. En ese orden.
miércoles, 01 de abril de 2009 16:23
Muy interesante. Enhorabuena por el buen artículo Jordi. En efecto, buena crisis, que cada uno saque lo mejor de si mismo para salir del letargo del Estado del bienestar mal entendido, me explico. Éste no quiere decir que el estado se encarga de todo, sino que yo, con mi esfuerzo, determinación, voluntad y participación, renunciando a lo individual, me hago cargo, con los demás, de la sociedad. Comunismo ?, fascismo ? socialismo ? diferentes etiquetas a lo mismo que han caido en una nefasta interpreatación si bien entiendo bienintencionada. Por que ??...que cada uno piense por qué......

miércoles, 01 de abril de 2009 17:56
Gracias Jordi, y recordando tan solo el título de una de las obras de Erich Fromm, "¿Podrá Sobrevivir el Hombre?", me atreveríaa aportar una reflexión al hilo de tu frase: "... visión economicista del mundo, la creencia en la economía como un sistema puramente cuantificable, abstracto y autosuficiente,..." cuya crisis me sugiere la de la física mecanicista de Newton, en la que todo parecía atado y bien atado (perdon por el recuerdo a lo franquista) por un "Deus est Machina", que se derrumbó al aplicarle el microscopio cuántico-relativista. Es decir, de lo cuantificable y autosuficiente hemos pasado a la elocuente indeterminación con la que actualmente definimos el electrón. En otras palabras, del egoísmo separatista de la cultura de la competitividad para la cual solo vales lo que tienes, parecemos estar pasando a la cultura agregadora de la cooperación, para la cual vales lo que eres. Entonces, y ampliando tu etimologia del vocablo griego "crisos", en crisol o atanor alquímico, probablemente el "licor" en el que deba disolverse la esencia de lo que es realmente el ser humano para separar la escoria y permitir que florezca la "Estrella de la Mañana" (Nicolas Flammel dixit) sea el paso de la cultura mecanicista que postula que las cosas en este mundo son independientes y autosuficientes, a la cultura relativista de Einstein segun la cual el universo es un "continuum" donde todo esta en todo y todo esta relacionado con todo. Una vez más es en el Taller de la Educación donde la alquimia puede empezar su "Obra", dando la importancia a la mecánica clásica solo en el campo en el que la tiene, en la tecnología, y aplicando mucha más intensidad en la profundización del Conocimiento a la cuántica y la relativistica, que dan una explicación más completa al mundo.
miércoles, 01 de abril de 2009 19:03
Sintonizo perfectamente con tu articulo, se puede decir más alto, pero no más claro. Felicidades Jordi.
miércoles, 01 de abril de 2009 19:46
Muy interesante análisis y reflexión. Ojalá seamos muchos los que estemos dispuestos a aceptar y empujar un cambio de paradigma.
miércoles, 01 de abril de 2009 22:03
Gracias Jordi por este fabuloso artículo. La actitud de las personas ante las crisis de todo tipo varía considerablemente. Algunos se aferran con intensidad a lo conocido, a lo que siempre le ha proporcionado una seguridad, sienten miedo ante lo desconocido y aunque pudiese resultar sugerente no confían. Por eso al final los grandes cambios sociales y peronales provienen del sufrimiento, forzados por las circunstancias, no son por libre elección. En estos momentos existen pequeñas pulsiones sociales a favor de un cambio de paradigma, de un cambio de valores, reclamando de nuevo el sentido trascendental del ser humano. La rapidez con la que proliferan a medida que avanza la incertidumbre de esta crisis, como un impulso dormido que va despertandose en diferentes fases y que acabará arrastrando a los más resistentes sugieren que este cambio de paradigma real esta más cerca de lo que creemos.

miércoles, 01 de abril de 2009 22:51
Sostengo que la tarea filosófica presupone una tarea crítica. En cierto modo la emergencia de un paradigma nuevo se asienta sobre la ruinas del vigente..., aunque seamos capaces de crear una "nueva mirada" no podemos olvidarnos de las que nos han sostenido durante mucho tiempo. Como Aristóteles afirma "los hábitos son una segunda naturaleza". Nuestros hábitos nos proporcionan una determinada identidad, nos producen un determinado "confort psicológico". Cuando la crisis adviene el malestar nos empuja (motivación proviene de "movere") a buscar "nuevas miradas". Así, la crisis del mismo modo que nos acongoja es capaz de producir "catarsis". Creo que la distinción entre lo "aparente" y lo "sustancial" puede servirnos para comprender cuando una crisis nos conduce a una catarsis o un mero cambio de apariencias. ¿Estamos ante un cambio sustancial?. Realmente parece que la conciencia de la crisis se extiende más allá de las apariencias. Me parece que la crisis no son ni malas ni buenas..., sencillamente se producen por agotamiento (cuando las fisuras se transforman en agujeros negros) de los paradigmas vigentes. La apuesta por una cultura transmoderna parece que nos puede conducir a una catarsis. Ahora es el momento de confeccionar una "hoja de ruta". La propuesta de Jordi merece ser pensada "una economía reintegrada en los ciclos naturales esté al servicio de las personas y de la sociedad, en la que la existencia gire en torno al crear y celebrar en vez del competir y consumir, y en la que la conciencia humana no se vea como un epifenómeno de un mundo inerte, sino como un atributo esencial de una realidad viva e inteligente en la que participamos a fondo".
jueves, 02 de abril de 2009 17:42
Felicitats,Jordi. Magnífico artículo. Buena crisis a todos. Carles
jueves, 02 de abril de 2009 18:06
Mal comienzo: "Imaginemos que en este Año Internacional de la Astronomía se produjera en pleno día un eclipse de sol...", puesto que los eclipses de sol sólo pueden ocurrir precisamente de día. ¿Tanto desdeñas al mecanicismo como para ignorar hasta este echo? Saludos.
jueves, 02 de abril de 2009 18:24
Antes de -en reciprocidad- me acusen de desdeñar a la ortografía como para ignorar sus reglas, corrijo mi párrafo de cierre: ¿Tanto desdeñas al positivismo como para ignorar hasta este hecho? Sí, soy quisquilloso.
viernes, 03 de abril de 2009 10:35
Jaime, salgo en defensa de Jordi. Dice asi: "...se produjera en pleno día un eclipse de sol que nadie había previsto". Eso era lo importante, el que ningún astrónomo fuese capaz de predecirlo denotaría que no lo tienen todo controlado, que el mundo es capaz de sorprendernos una y otra vez y de ahí el cambio de paradigma.
domingo, 05 de abril de 2009 11:43
Muchas gracias a todos por vuestros comentarios. Para Jaime: Además de lo que dice Esther (gracias), te corrijo aclarando que un eclipse de sol no tiene porqué producirse "en pleno día" (o sea cuando el sol esta más alto y brilla más). Puede producirse al amanecer o al atardecer. Pero "en pleno día" impacta más. Que te aproveche el mecanicismo, pero al menos aplícalo con precisión ;-)
domingo, 21 de marzo de 2010 18:35
Cuando leo un artículo de economía, siempre me pregunto lo mismo: ¿A quien favorecen las ideas expuestas? De hecho el dominio de la dialectica y la habilidad para expresar ciertas ideas, no es un hecho relevante a la hora de tener o no razón en un determinado análisis. Siento no ser tan listo, soy de los que piensa que todo esta inventado ya. También la economía.
lunes, 12 de diciembre de 2011 9:38
Las caras largas del último encuentro de Davos no solo tienen que ver con el deterioro de la economía.
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