Jorge Ramos posted on marzo 30, 2009 05:00

Hablar de economía regional es hoy en día casi una entelequia, porque la economía globalizada ha consolidado su liderazgo y, ahora más que nunca, se hace evidente el antiguo proverbio chino: "el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo". En esta ocasión la “mariposa” ha sido un producto crediticio, concretamente el constituido por las hipotecas de alto riesgo. La “Teoría del Caos” se ha confirmado de nuevo y ha dejado de ser teoría para convertirse en práctica evidente. Una pequeña causa puede provocar un gran efecto, al igual que una pequeña palanca puede mover grandes pesos. Arquímedes apuntó que si le daban un punto de apoyo podría mover el mundo. Este punto de apoyo ya existe, al menos para mover el motor que mueve al mundo, es decir, la economía. Y se ha movido tanto que ha perdido el equilibrio.
El aleteo frenético de los bancos afectados por la creciente y elevada morosidad en operaciones de alto riesgo ha afectado con rapidez a todos los continentes y ha provocado el pánico generalizado en los mercados bursátiles, ha disparado el paro, ha dado lugar a una recesión y amenaza generar una deflación.
Hoy en día menos que nunca podemos permitirnos el lujo de vivir de espaldas a la realidad. Nuestras empresas, nuestros trabajadores, ya no son de una sola nacionalidad. Las multinacionales son cada vez más poderosas y numerosas. La creciente inmigración ha disparado los porcentajes de trabajadores foráneos y los cruces de capitales entre distintos países desdibujan en ocasiones la bandera del accionista principal.
El frenético afán de algunos bancos por hacer caja ha provocado el efecto contrario y en Estados Unidos muchas entidades crediticias han quedado noqueadas, extendiéndose la “enfermedad” a los sistemas financieros mundiales que están sufriendo un preocupante déficit en liquidez como consecuencia de los crecientes impagados por créditos a clientes sin suficientes recursos para hacer frente a sus compromisos.
Un antiguo proverbio dice que ningún ser humano es una isla y que no puede vivir aislado. Esta máxima se hace extensible ahora a las economías regionales y tenemos que dejar a un lado los localismos porque son boomerang que se nos pueden volver en contra.
Circunscribir la actividad empresarial a un territorio es generar una endogamia y limitar el crecimiento de nuestras empresa, pero al tiempo que es imprescindible salir a los mercados exteriores es igualmente imprescindible estar constantemente informados de sus fluctuaciones, de sus virtudes y defectos, de las ventajas y de sus inconvenientes, si no queremos que una pequeña mariposa en una remota parte de este planeta provoque un maremoto en la economía mundial como el que sufrimos actualmente.
Hoy en día no podemos seguir defendiendo posturas nacionalistas y mucho menos todavía localistas, salvo que seamos avestruces y nos guste meter la cabeza en agujeros para no ver la realidad. Las fronteras son cada día menos reales y pasan a ser meras líneas sobre un mapa que unos cuantos seres humanos cruzan en pateras, a nado, caminando o por carretera.
La libre circulación de trabajadores y de capitales son hechos incuestionables que dejan en evidencia los planteamientos localistas.
La deslocalización es una consecuencia más de este proceso global y las mismas razones que llevaron hace años a muchas empresas a asentarse en regiones como Asturias (mano de obra barata, facilidades fiscales, expropiaciones y ayudas económicas, entre otras…) son las que ahora hacen que esas empresas se planteen marcharse a otros lugares.
La mejor forma de responder a estos desafíos es asumir la necesidad de una permanente actualización de conocimientos y una constante búsqueda de la calidad en nuestros productos combinada con un decidido apoyo a la inversión en I+D+i que nos permita salir a vender en cualquier parte del mundo.